Teletridente

Tres ‘folloneros’ y un biberón

  1. Jordi Évole
  2. Pablo Iglesias
  3. Pedro Sánchez
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¡Españoles, Phil, la inefable marmota vidente de Punxsutawney (Pensilvania) que protagonizó ‘Atrapado en el tiempo’, el filme del mítico Harold Ramis, ha muerto! ¡Falleció anoche, al filo de las nueve y media, frente a su pantalla, después de comprobar que los españoles, en materia telepolítica, estamos inmersos en un inacabable ‘Groundhog Day’ del que no podemos escapar! ¡Ocurrió así, de repente, tras un trémulo jamacuco que llevó al pobre roedor, de cabeza, directo al otro barrio! ¡Se nos jodieron, de pronto, todas las primaveras!

‘Salvados: partido de vuelta’, el programa de Jordi Évole de La Sexta, tuvo la culpa. ¿Quién puede sobrevivir al tedioso ‘déjà vu’ preelectoral en el que nos han metido? Nos libramos esta vez, por fortuna, del numerito del bar. “El Tío Cuco era una precampaña y ahora han pasado cosas”, coincidieron, ambos candidatos, en esta disculpa. Aunque no volvieron a coincidir en el resto del cara a cara. ¡Bares, fuera! Ahí estuvieron listos los ‘capillosextinos’. ¡Bares, qué lugares tan ingratos…! ¡Para ‘cuñadear’! Imagino que debieron pensar que ya tenemos ‘cuñadismo’ suficiente con el ‘cutrespot’ de C’s. ¡Otro clásico!

La cosa venía ya calentita de casa, desde luego. El Coletas y Naranjito habían pasado la tarde de domingo, a falta de nada mejor que hacer, propinándose tuitazos a cascoporro. Duelo a ‘retuitrancazos’ previo a la emisión del programa. Sacaron, ambos, ese follonero que, en el fondo de sus principios, llevan dentro. Lo que nadie esperaba es que este especial de ‘Salvados’, rollo ‘cara a cara’ entre los dos candidatos, acabase en un ‘cate a cate’ de lo más tabernario. El Coletas, Naranjito y Ébole. Vuelven los 80. Y lo hacen en plan ‘spin-off’ de ‘Perros callejeros’. Tres furibundos folloneros inmersos en una discusión repleta de perogrullos.

“Tú que tienes mano, que conoces a la gente del gobierno Maduro, ¡ayúdanos a sacar a los presos políticos!”, le pide Rivera a Iglesias. Y ahí se arma la marimorena. “A algunos os preocupan los derechos humanos según dónde”, tercia Iglesias. ¡Pimpampum! ¿Dónde quedó el buen rollito entre estos dos candidatos? ¿Era esta la nueva política? ¡Buh, pues vamos bien! “¿Tú qué dijiste del señor Amancio Ortega?”, Rivera. “¿Dónde he llamado yo criminal a este señor?”, Iglesias. Y en este plan. Golpe a golpe, colleja tras colleja, tracatrá sobre tracatrá.

“El problema de España tiene que ver con las pensiones, con los desahucios… Y no con el peligro del comunismo ni con la conjura masónica”, Iglesias. “El problema, Pablo, es que tú dices muchas palabras pero España no tiene gobierno porque Rajoy y tú os habéis dado la mano”, Rivera.

Y Évole, alucinándolo en colores, como el árbitro de un partido de tenis. Al borde de padecer una tortícolis espasmódica por culpa de tanto movimiento de cabeza. Eso sí, manteniendo, a duras penas, la cara de póquer. “¿De verdad queréis seguir en este tono?”, pregunta a sus chicos, en un momento dado. Esto, más que un debate, es el ‘debate’ de béisbol con el que Iglesias y Rivera resuelven su ‘cuñadismo’ ideológico. “A lo mejor el ‘cuñadismo’ es colocar a los amigos y a las novias”, suelta, en plan dardo punzante, Rivera. No había visto yo algo así desde aquel desternillante “alguien ha matado a alguien” de Gila.

Ruido. Demasiado ruido. Ruido venezolano y dictatorial. Tanto, como para perder varias veces el barriobajero hilo de un cara a cara que avanzaba a bocinazos. Me quedo con la calma chicha del ‘skyline’ del Madrid enjuniado y sin nubarrones que tenían al fondo. Ondeando, las banderitas de España del Ayuntamiento. Y el Pirulí, nuestro Pirulí. Con forma de gigantesco biberón hecho a la medida de trileros mamandurrias. No nos merecemos los españoles una política así. Rebosante de candidatos a los que se les rompe el amor, de tan poco ‘pactarlo’. De ‘cuñadismo’ guerracivilista y televisado. Repleta de tics onda ‘old school’.

No, desde luego que no hay segundas partes buenas. Y a la vista de todos quedó.

El Tío Cuco, por su parte, se plantea chapar del bar y abrir un club de la lucha.