Ayuntamiento de Madrid

Los niños de la Cañada Real, a Carmena: “No más peleas, queremos seguridad, alcaldesa”

60 niños han participado este viernes en un pleno en el Ayuntamiento de Madrid presidido por la alcaldesa.

Manuela Carmena y Antonio Miguel Carmona en el pleno que han visitado niños y adolescentes

Manuela Carmena y Antonio Miguel Carmona en el pleno que han visitado niños y adolescentes Efe

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Miradas al techo. Hundidos en las sillas del pleno, demasiado grandes para ellos. Estiran el cuello hacia al frente: “Está Carmena”. Curiosidad. Este viernes, 60 niños han cambiado las aulas por el salón más noble del Ayuntamiento. La alcaldesa de Madrid ha presidido la sesión, el secretario ha dictado los puntos y el tiempo ha corrido en las pantallas, como si los concejales ocuparan sus asientos.

Con la ilusión -y quizá la ingenuidad- de quienes creen que otra forma de hacer política es posible, han pedido a Carmena lo que más desean para Madrid, como si fuera una carta a los reyes magos. Pero entre los fines de semana de cuatro días, entrar al cole a las diez y que el cine sea gratis, un grupo de niños ha pedido de corazón, sin risas de por medio y generando un silencio incómodo, a veces doloroso. Han venido de la Cañada Real, uno de los barrios más castigados de España, y han reclamado a la alcaldesa menos violencia, una plaza donde jugar y una parada de transporte público que no esté a más de cuarenta minutos andando.

“Queremos una biblioteca en el barrio, una plaza para estar todos juntos”, han dicho en el atril ante la mirada de Carmena. La alcaldesa, al comenzar el pleno, les ha recordado que muchas de las cosas que piden se hacen y que el Ayuntamiento “está para cuidarles”. Después de revelar sus deseos, los niños de la Cañada han dicho esperanzados: “A ver si se cumplen”.

A sólo doce kilómetros de la Puerta del Sol, hay quienes viven sin luz ni agua. A veces, ni siquiera llega el Correo. En algunos puntos, las ambulancias no entran si no les acompaña la Policía.

Ángel tiene ocho años. Lleva una camiseta roja. Le gusta la cámara y se acerca a ella, aunque a la hora de hablar le vence la timidez. Tiene una sonrisa dulce y aparta continuamente el mechón de pelo que tapa sus ojos. Carlos, de siete años, es el más pequeño. Está al fondo y casi no se le ve. De vez en cuando pega un brinco para escuchar al compañero que habla. También están Jessica, Loli… Han venido a que se les escuche.

Quieren salas de juegos donde hacer amigos porque apenas pueden salir a la calle. Piden que les arreglen el camino. Mercados. No más peleas, están cansados. Llama la atención ver a un niño decir con tanta entereza: “Queremos seguridad”. Seguridad, una palabra difícil de olvidar cuando va en boca de quien no ha cumplido los diez años.

“Esperamos que lo haga”, dicen después de enumerar su lista de deseos y mandar saludos a la alcaldesa. Piden que se “arregle el mundo porque esto está fuera del mundo”.