El final de la legislatura

C's cava una trinchera en el centro: Rivera pasa al ataque y ahora tiene escuderos

Las tres preguntas que deberá responder Albert Rivera antes del 26-J si quiere conservar y ampliar su base electoral.

Albert Rivera, en el pleno de investidura.

Albert Rivera, en el pleno de investidura. Efe

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Albert Rivera está acostumbrado a defender sus ideas desde una trinchera. Lo ha hecho durante casi diez años en Cataluña sin eco mediático, ninguneado por el resto de partidos constitucionalistas y en circunstancias precarias. Ciudadanos quiere recuperar la frescura de sus raíces para el 26-J. Rivera no olvidará sus propuestas en positivo, pero saldrá al ataque en un tono menos presidencialista, consciente de que la polarización izquierda-derecha que retroalimentan Pablo Iglesias y Mariano Rajoy le hace mucho daño.

Rivera se enfrenta al reto de mantener los 40 escaños del 20-D y, en el mejor de los casos, ampliar la base electoral del centro. La mayoría de las encuestas premia la labor del líder de Ciudadanos en esta legislatura exprés, pero el partido naranja tiene un serio problema con las expectativas. Los sondeos son excesivamente benévolos con Ciudadanos, y el riesgo de una alta abstención perjudica sus aspiraciones.

La mejor noticia para Rivera es que ahora no está solo. En estos meses, Ciudadanos ha construido una marca más allá de su presidente. El partido ha fomentado una imagen de equipo con nuevos perfiles políticos que empiezan a estar en boca de la opinión pública. Son diputados como José Manuel Villegas, Juan Carlos Girauta, Luis Garicano, Toni Roldán, Marta Martín, Patricia Reyes o Melisa Rodríguez, que se unen a líderes territoriales con perfil nacional como Inés Arrimadas, Ignacio Aguado, Fernando de Páramo o Begoña Villacís. Ellos jugarán un papel fundamental para liberar a Rivera de la sobrexposición y el desgaste que le supuso ser el único dirigente verdaderamente conocido en la anterior campaña.

Por contra, Ciudadanos también ha pagado las prisas de su crecimiento. El partido está prácticamente roto en algunas regiones como el País Vasco, Aragón o Murcia, donde han sufrido las miserias habituales de la política. Y sus adversarios explotarán esas debilidades.En esta nueva campaña camino del 26-J, Rivera deberá responder tres preguntas para retener a su electorado y ganar nuevos apoyos.

1. ¿Vender o enterrar el pacto de 'El abrazo'?

Begoña Villacís, portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Madrid, decía en una entrevista a EL ESPAÑOL que el partido “ha perdido su inocencia” en este inagotable periodo electoral que comenzó hace más de un año con las autonómicas y municipales de mayo del 2015. Ciudadanos ha sabido gestionar un resultado que el 21 de diciembre parecía un fracaso. Y son copartícipes del único acuerdo de gobierno salido de las urnas.

Rivera y Sánchez, tras la firma del acuerdo.

Rivera y Sánchez, tras la firma del acuerdo. Efe

El pacto de 'El abrazo' puede ser, sin embargo, un arma de doble filo. Desde Ciudadanos dicen que Rivera pondrá en valor la voluntad de pacto, que incluye las líneas que no está dispuesto a cruzar en la negociación -referéndum, unidad nacional o déficit, entre otras-. Por otro, se arriesga a perder votantes del centro derecha. Rajoy ha demostrado con hechos que piensa atacar ese flanco.

No está clara cómo va a ser la dialéctica entre Sánchez y Rivera en esta nueva campaña. Desde el PSOE, el pacto se da por amortizado. Es una cuestión de cálculo electoral, con la idea de evitar el sorpasso de la casi segura candidatura conjunta de Podemos e Izquierda Unida y mantener la hegemonía de la izquierda. Rivera, en principio, no se guardará nada en campaña. Pero tampoco renegará del acuerdo.

2. ¿Es posible el acuerdo con Rajoy?

Rivera cerró la campaña del 20-D asegurando que Ciudadanos se abstendría para garantizar el gobierno de la lista más votada, fuera PP o PSOE. Pero el tiempo transcurrido desde entonces ha agrietado la relación entre el partido naranja y los populares.

Rivera fue especialmente duro con Rajoy en el debate de investidura. Afeó al PP los casos de corrupción y dijo que la negociación hubiera sido más fácil sin Rajoy. Algunos de sus colaboradores más cercanos, como Juan Carlos Girauta, han pedido con naturalidad que el presidente en funciones se haga un lado.

El último encuentro entre Rajoy y Rivera.

El último encuentro entre Rajoy y Rivera. Efe

Pero Rajoy es de nuevo el candidato del PP y parte como favorito para repetir victoria en las urnas, según todas las encuestas. Si PP y Ciudadanos suman una mayoría suficiente después del 26-J, la papeleta de Rivera será compleja. Lo más probable es que el líder de Ciudadanos trate de aparcar el debate al menos hasta el 27 de junio. Pero es posible que se vea obligado a posicionarse en los ataques que le lluevan desde su izquierda, incluido el de su hasta hace unas horas socio, Pedro Sánchez.

Los argumentos de Rivera serán que, a pesar de Rajoy, ellos trataron de sentar al PP a negociar hasta el último suspiro. Y que si no se dialogó con los populares primero es porque Rajoy declinó presentarse a la investidura. Sin embargo, Rajoy aprovechará la campaña para pintar a Ciudadanos como un partido “traidor”. Así lo han hecho en las últimas semanas. Cristina Cifuentes adelantó este lunes, en el día de la Comunidad de Madrid, el mensaje oficial del partido: "Votar Ciudadanos es votar socialismo".

Rivera deberá convencer al amplio sector del centro derecha que eligió Ciudadanos por su hastío con Rajoy y la corrupción que sacude al PP de que siguen siendo un valor de regeneración, pero leal a la Constitución y con sentido de Estado.

3. ¿Queda algo que le una a Pablo Iglesias?

Tanto Rivera como Iglesias presentaron la campaña del 20-D como un enfrentamiento maniqueo entre la nueva y la vieja política. Ambos explotaron ese mensaje en numerosas ocasiones. Ambos se sentaron juntos en La Sexta después del cara a cara entre Rajoy y Sánchez, chocaron sus manos y dieron por enterrado el bipartidismo.

Saludo entre Iglesias y Rivera en La Sexta.

Saludo entre Iglesias y Rivera en La Sexta. La Sexta

Hay un electorado joven y urbano que se disputan Podemos y Ciudadanos. Es un voto de castigo al PP y al PSOE que, más allá de la ideología, demanda un cambio en el statu quo. Iglesias ha arremetido con dureza contra Ciudadanos en estos últimos meses. Podemos ha culpado a Rivera de secuestrar al “verdadero” PSOE. En el debate de investidura, Iglesias fue especialmente duro con Ciudadanos, al que quiere retratar como la formación que precisamente apuntala el bipartidismo.

La distancia que separa a estos dos partidos quedó patente cuando se sentaron a negociar junto al PSOE en el último intento de lograr un acuerdo de gobierno. Iglesias tardó 24 horas en dinamitar esa posibilidad, convocando a sus bases a una consulta ganada de antemano. Sirva como ejemplo que la pregunta sobre el acuerdo de 'El abrazo' se presentaba como el pacto Rivera-Sánchez. Ciudadanos, por delante.

Si hay algo seguro de cara al 26-J es que esa alianza, si la hubo al menos en los mensajes, está completamente rota. Rivera piensa ahora, por un lado, llevar la iniciativa de los ataques contra Podemos y, por otro, responder a Iglesias siempre que pueda para no perder el espacio del cambio, que sigue vivo en un amplio sector de la población.