Jaime Giménez Arbe, El Solitario, durante su juicio

Jaime Giménez Arbe, El Solitario, durante su juicio Domenech Castelló Efe

Ante la justicia

Vuelve El Solitario: “Yo no era 'Billy El Niño', pero casi”

El atracador que mantuvo en vilo a la policía durante 13 años, se enfrenta a su último juicio.

Lorena Ortega

“Si yo hubiera querido matarlos, hubiera matado a cuatro o cinco (policías). Nunca he visto a gente tan incompetente (…) Mi técnica era superior. Yo no era 'Billy El Niño’, pero casi”. Jaime Giménez Arbe, el ‘famoso’ atracador de bancos conocido como El Solitario, que mantuvo en vilo a las fuerzas de seguridad del Estado durante 13 años con sus constantes asaltos (se le atribuyeron una treintena), se enfrenta desde este martes a lo que es su último juicio pendiente: el de un atraco a un banco de La Vall d’Uixó (Castellón) perpetrado en el año 2000 y donde se produjo un tiroteo en el que murió un policía local y otros tres resultaron heridos.

La justicia condenó a un policía por la muerte del agente. Fuego amigo de una bala perdida. Por los tres agentes heridos –y por el atraco-, el fiscal le pide 31 años de prisión. Le acusa de tres tentativas de homicidio y de un robo con violencia. Él ha admitido el atraco, a su manera: “Yo nunca lo denomino atraco, lo considero expropiaciones. Yo no robo, expropio”. Tampoco amenazó a los empleados con un arma para que le indicaran donde estaba el dinero, sino que les “conminó” con “la mayor educación posible” porque “amenazar siempre tiene un sentido de violencia física”. Y tampoco fue él el que provocó el tiroteo que acabó con un policía muerto y tres heridos.

Arbe, con su declaración en la primera sesión del juicio que se sigue en la Audiencia de Castellón, les ha responsabilizado de lo ocurrido al asegurar –en contra de la versión policial- que fueron ellos quienes dispararon primero. Estas son algunas de las frases que ha lanzado: “Se habían pasado de la raya porque me dispararon cuando no había sacado mi pistola", "En ningún momento quise matar a nadie, ellos me habían intentado matar. Yo fui más generoso y les disparé a las piernas", "Yo soy consciente de lo que hago y dentro de lo que cabe tengo una profesionalidad en lo que hacía. Era cauteloso", "Ellos disparaban como auténticos locos, como posesos".

Aquel funesto día de la Vall era un 10 de mayo de 2000 y nadie conocía aún a El Solitario. El mote llegó después, una vez que cometió el asesinato de dos guardias civiles en Castejón (Navarra) en 2004 y cuando ya era el atracador más buscado de España. Arbe utilizó en este crimen la misma arma que en la Vall: un subfusil de fabricación americana capaz de disparar 400 tiros en un minuto. Aunque en Castellón utilizó también una pistola semiautomática y un revólver con sistema de disparo de doble acción.

Arbe intenta demostrar que las heridas que han dejado secuelas a los agentes son lesiones consecuencia de un tiroteo del que él no es responsable, puesto que los policías disparaban a matar y él sólo a herir. “Hice un cursillo paramilitar en EEUU y saqué un 9,5, mi nivel era muy elevado. No era Billy ‘El Niño’, pero casi. Nunca hubo intento de homicidio”, ha asegurado presumiendo de "profesionalidad". Algo que, según ha dicho, carecían los policías por disparar cuando había gente por la calle y hacia su compañero, el policía fallecido por una bala perdida.

Periplo por las cárceles españolas

El Solitario fue detenido en 2007 en Portugal. Las fuerzas de seguridad del Estado llevaban años tras él. Su primer golpe se remonta a 1994. La justicia ha dictado ya siete condenas firmes contra él que suman penas de unos 70 años de cárcel. El de La Vall d’Uixó es el último juicio que tiene pendiente, si no se le imputa un nuevo caso. Su reaparición ante las cámaras (las ha saludado antes del juicio con un “gracias por venir”) se produce tras un periplo entre varias prisiones. Arbe fue trasladado de una cárcel portuguesa a España en septiembre del pasado año. Desde entonces cumple condena en Huelva. Su abogado, Javier Álvarez (el tercero que ha tenido), cuenta que para llegar a declarar al juicio ha sido trasladado de prisión en prisión. De Huelva a Valdemoro. De Valdemoro a Picassent. Y de Picassent a Albocàsser. “Y creo que aún me dejo una entre medias”, apunta.

Jaime Giménez Arbe ha sido tildado de ególatra y astuto, entre otras características de su particular personalidad que ya demostró tras su arresto al saludar con un “Hola a todos. Soy El Solitario. ¡Salud españoles!” y aparecer en la foto policial sonriente y con el pulgar hacia arriba.

Algo de esta personalidad ha demostrado también durante su declaración en el juicio. Ataviado con unos pantalones de chándal gris claro y sudadera azul marina, apenas ha dado tiempo al magistrado de la Audiencia de Castellón, ni al fiscal, a que le preguntaran nada. Ha comenzado directamente un relato que se ha alargado durante minutos, en el que ha detallado su historia gráficamente, mediante gestos, sin mostrar un ápice de arrepentimiento e interrumpiéndose él mismo para decirle al fiscal que si tenía algo que preguntar que podía hacerlo cuando quisiera. Y ha seguido hablando hasta que ha llegado a la parte del relato sobre cómo huyó y llegó hasta Javalambre. En este punto, el magistrado ha optado por cortarle pese a la insistencia de El Solitario por seguir con su historia:

“No he acabado todavía”.

“Hoy estamos aquí por lo que paso en La Vall; por dónde huyó usted es poesía”.

“Queda muy poquito”.

Y hasta ahí.

Según su relato, él entró en un banco y, educadamente, le pidió a un “caballero” que le indicara dónde estaba la caja. Se la enseñó una empleada, pero solo había monedas. “Yo no era chatarrero y no cogía monedas, así que, siempre con formas y educación, pregunté por la caja fuerte”. Luego insistió en que “por ética y estética” él no se lleva monedas. Sus ‘formas y educación’ las acompañó con un arma con el que, ha reconocido, “conminó” a los empleados. Finalmente se hizo con un botín de 3,4 millones de pesetas (20.422 euros) y se marchó porque sabía que habían activado la alarma que avisaba a la policía. La comisaría estaba a apenas doscientos metros. Que cometió el atraco ya lo había reconocido en el libro que publicó en 2009, estando en prisión, y que tituló Me llaman El Solitario. Autobiografía de un expropiador de bancos. Este martes lo ha citado en varias ocasiones durante el juicio. También ha recalcado unas cuantas veces que se ha leído el sumario de principio a fin.

Lluvia de balas

El Solitario salió a la calle llevando bajo el brazo izquierdo un maletín con el dinero y con dos pistolas encima. Fue entonces cuando empezó a cruzarse con los policías locales que iban al atraco. “El factor desencadenante fueron los disparos de ellos”, ha asegurado. Los agentes lo niegan. El fiscal, en su escrito provisional, sostiene que un policía desenfundó el arma, le dio el alto y Arbe respondió sacando un arma y disparándole en el muslo.

“Él, antes de yo terminar (de dar el alto), ya me disparó, me dio en la pierna”, ha declarado el policía que le dio el alto y que es uno de los tres heridos. Recibió un único disparo y El Solitario continuó su marcha. En ese momento vio a un compañero en el suelo. También había resultado herido. Realizó “dos o igual tres” disparos “al pecho” del atracador. Luego cogió una bolsa y se hizo un torniquete. Su compañero ha manifestado que fue Giménez Arbe quien disparó primero y que el agente que le dio el alto llevaba el arma fuera “en 45 grados”. Un extremo que el propio policía ha negado. Este agente también fue herido en la pierna y tiene secuelas por ello. Él llegó a realizar una decena de disparos.

El Solitario continuó su huida protagonizando otro tiroteo con otros tres agentes. Llega un momento en que tiene que cambiar de arma y sigue disparando. Intenta llegar a la plaza donde tiene aparcado el coche en el que va a huir, pero antes dispara en dirección a otro policía que va en el coche y que resulta herido en la cara por las esquirlas del cristal delantero. Arbe huye medio agachado pero volviéndose y disparando de vez en cuando, ha declarado este policía. “Era una persona armada, que había disparado a policías, yo le disparo cuando ya me había disparado a mí. El objetivo era abatirle”, ha dicho. Él realizó unos diez tiros.

En medio de este tiroteo a El Solitario se le abre el maletín y pierde todo o casi todo el dinero. En su día la policía recuperó del suelo 3,13 millones de pesetas (18.709 euros). Otros billetes fueron recogidos por vecinos de La Vall. Una actitud “totalmente incívica”, según el atracador.

Finalmente, Giménez Arbe llega a su coche y de ahí saca el subfusil con sistema de disparo automático con cadencia de 400 disparos por minuto y comienza una retahíla de tiros. “Están disparando sin ton ni son. La mejor defensa es un buen ataque. Se estaba convirtiendo en algo imposible, cogí el subfusil. Mi objetivo era simplemente asustarles, lo conseguí porque se quedaron absolutamente paralizados, sorprendidos”, ha contado. Y de ahí arrancó el coche y se dio a la fuga. El vehículo contaba con un escáner para escuchar a la policía. Cuando atravesó un coche policial en otra localidad, escuchó cómo decían: “Va en dirección a Burjassot”. Pero llegó a Teruel. Del tiroteo todavía queda rastro en las calles de La Vall d’Uixò, un municipio de unos 33.000 habitantes al sur de Castellón.

Giménez Arbe ha escuchado la declaración de los policías sin inmutarse. Apenas se ha girado un par de ocasiones para mirar al público de la sala del juicio. Al término de esta primera sesión, se ha levantado y se lo han llevado escoltado mientras él se dirigía a la prensa: “Adiós guapetonas”. El juicio continuará a lo largo de la semana.

"Todos somos Jaime Giménez Arbe"

El Solitario cumple condena en España desde septiembre de 2015, cuando logró que le extraditaran de una prisión portuguesa en la que estaba desde su captura en 2007. "Se encuentra muy deteriorado psíquica y anímicamente" por su estancia en la cárcel portuguesa, dice su abogado. Ahora está bajo régimen FIES, el Fichero de Internos de Especial Seguimiento, por lo que, según el letrado, tiene las comunicaciones controladas. “A él le gustaría dar clase de inglés a los internos, tocar la guitarra, pero en un FIES no le dejan hacer casi nada”, dice su letrado. Álvarez habla de su alto nivel cultural, de que sus capacidades cognitivas están perfectas y de su “concepto de lucha de clases” que fue lo que le llevó a lanzarse a lo que Arbe llama “expropiar” bancos. "Él asume lo que ha hecho pero no le gusta que le acusen de cosas que no ha hecho", afirma.

En este tiempo, asegura, el preso recibe cartas desde España y el extranjero de gente que se siente admiradora de él o atraída por su historia. De hecho, cita una página de Facebook con el grupo ‘Todos somos Jaime Giménez Arbe’ y que cuenta con 261 miembros.

El letrado intenta ahora trasladar a El Solitario a una cárcel de Madrid. Y avisa de que el acusado no ha dicho todavía su última palabra. “El último día del juicio, cuando le den el derecho a la última palabra, hablará”, dice anunciando lo que quizá sea una nueva jugada de El Solitario.