Andalucía

Podemos glorifica a Bódalo en Madrid, pero lo repudia en su feudo de Jaén

La Policía detiene al edil Andrés Bódalo entre gritos de libertad y cantos del himno de Andalucía.

El edil de Jaén en Común Andrés Bódalo, detenido este miércoles.

El edil de Jaén en Común Andrés Bódalo, detenido este miércoles. Efe

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“Enhorabuena a los vecinos de El Tomillo. Una vez más se demuestra que la ciudadanía tiene el poder”. Estos vecinos han conseguido que el Ayuntamiento de Jaén les abra su piscina pública y este es el mensaje que en los perfiles oficiales de Twitter y Facebook de Podemos Jaén aparece el mismo día en el que Andrés Bódalo, el concejal por Jaén en Común en el ayuntamiento de esta ciudad, ha ingresado en prisión por una condena de tres años y medio por agredir hace cuatro años a un ex concejal socialista del vecino municipio de Jódar.

Son cuentas con poca actividad, pero sorprende que no haya nada, ni un solo mensaje de apoyo para alguien que llegó a ser cabeza de lista en las generales del 20D. En cambio, sí se puede leer un mensaje del 18 de marzo para Rita Maestre. “Porque defender una enseñanza pública, laica y de calidad no puede ser delito. Fuerza”, reza el tuit.

Bódalo no es profeta en su tierra. Aunque desde el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) le han arropado, acampada indefinida mediante, y los apoyos en contra de su encarcelamiento le han llovido desde las más altas esferas de Podemos y aliados, desde Pablo Iglesias a Teresa Rodríguez, pasando por Ada Colau y los alcaldes de Zaragoza y Cádiz, Pedro Santisteve y José María González ‘Kichi’, respectivamente, también desde ERC y EH Bildu, o desde el mundo de la cultura, lo cierto es que en Podemos Jaén no le quieren. Y es algo que viene de lejos.

Podemos Jaén se desvincula

El pasado mes de febrero, Podemos Jaén celebró una reunión extraordinaria del Consejo Ciudadano en la que “por mayoría absoluta”, se acordó desvincularse de cualquier acción de Andrés Bódalo y romper con él. Aseguraron que la relación ha sido “nula”, le acusaron de no llevar sus mociones al Ayuntamiento, por lo que entendieron que “bajo ningún concepto puede afirmar que es concejal de Podemos”.

Bódalo no aceptó esa declaración y dijo sentirse respaldado tanto por Pablo Iglesias como por Teresa Rodríguez, que intentó mediar en este rifirrafe. No era la primera vez. Ya lo habían hecho con anterioridad, cuando se le atacó por esta condena que ahora le ha llevado a la cárcel y que salió a relucir cuando fue elegido cabeza de lista.

En aquella confección de las listas para las generales del 20D, la cúpula jienense se rebeló contra la decisión de que éste fuera su candidato, precisamente, por estar condenado. Quien promovía su candidatura era Teresa Rodríguez y formaba parte de aquel pulso interno que mantenía con el entonces secretario de Organización, Sergio Pascual, que ganó el ya defenestrado Pascual al colocar a más aspirantes que Rodríguez.

La dirección de la formación morada en Jaén no quería que este fuera su representante. No había sido el más votado en las primarias. De hecho, era el tercero. Pero su condena era lo que más pesaba. No obstante, se impuso su nombre. “Respetamos pero no compartimos la opinión de nuestro secretario general, Pablo Iglesias, puesto que nos resistimos a sentirnos orgullosos de un cabeza de lista que ha sido condenado por los tribunales por un delito de atentado a la autoridad y lesiones, a una pena de tres años y medio de prisión. Podemos tiene que ser coherente con sus principios y su código ético, no justificando la violencia en ningún caso”, recogía aquel escrito. Añadían que no se hacían responsables de los resultados electorales del 20D en la provincia de Jaén.

Bódalo, en el coche policial.

Bódalo, en el coche policial. Efe

En Podemos restan importancia a los desencuentros de Bódalo con la dirección provincial. Lo achacan a que es una formación políticamente muy joven para quienes el nombre de este sindicalista no es una referencia, como en cambio sí lo es para Teresa Rodríguez, que ha hecho una defensa encendida de Bódalo. No obstante, no le quedaba otra. Ella misma fue la que le colocó en el puesto de salida de una lista que quedó a pocos votos de conseguir escaño. De haberlo logrado, podría haber gozado de aforamiento, pero no ha sido así, y ahora sólo le queda la esperanza de que prospere su recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional (no pudo recurrir ante el Tribunal Supremo por un error) o el indulto.

Teresa Rodríguez, su gran defensora

Rodríguez ha capitaneado las acciones en defensa de este concejal, no tanto por el uso de la violencia que supuestamente hizo, sino por lo excesivo de la condena. Le han seguido muchos en su partido firmando una petición de indulto que tiene ya más de 5.000 firmas. Sin embargo, hay quien discrepa. Poniendo por delante que le parece “enormemente dura” la condena, el diputado de Podemos en el Congreso y juez en excedencia, Juan Pedro Yllanes, “no comparte algunos de los argumentos que se han empleado para pedir el indulto”. Yllanes ha dicho que es “enormemente crítico” con utilizar un instrumento como es el del indulto, y más cuando desde Podemos han predicado la necesidad de “revisar profundamente” este procedimiento.

Aunque desde IU, Alberto Garzón se ha sumado a la petición de indulto, también hay quien no guarda buen recuerdo del sindicalista del SAT en este partido. Vaya por delante que también les parece excesiva la condena, un forcejeo o un puñetazo no son razón para acabar en la cárcel, pero más de uno recuerda la asamblea de Salobreña (Granada) de 2008. Diego Valderas fue reelegido como coordinador regional de IU y le disputaba el puesto el parlamentario José Cabrero. Hubo empujones y algún que otro manotazo, y mucha tensión cuando un grupo de militantes de Mengíbar (Jaén), que habían sido expulsados, intentaron reventar aquel cónclave. En aquel tumulto aseguran que estaba Bódalo.

La condena de este edil tiene su origen una protesta pacífica a las puertas del ayuntamiento de Jódar en 2012, que al final derivó en un ataque al exteniente de alcalde socialista Juan Ibarra. Junto a Bódalo participaron otros 17 jornaleros, aunque al final sólo fueron condenados cuatro. La pena más alta fue para éste por reincidencia (tres años y medio de prisión y 1.800 euros de multa por “golpear con los puños” al concejal socialista, que también recibió varias patadas), mientras que otros tres condenados se saldaron con un año de cárcel y multas de 1.000 euros.