Debate de investidura

La metamorfosis de Pablo Iglesias: de la cal viva a la 'salsa rosa'

El líder de Podemos intenta seducir al candidato del PSOE. "Pedro, solo quedamos tú y yo". 

Pablo Iglesias, durante su intervención en el Congreso.

Pablo Iglesias, durante su intervención en el Congreso.

Pablo Iglesias vuelve a la senda del amor para intentar seducir al PSOE. Después del durísimo enfrentamiento que mantuvo el pasado miércoles con Pedro Sánchez, cuando incluso recordó el pasado de "cal viva" de Felipe González, este viernes el líder de Podemos ha arrumbado los ataques a los socialistas y ha propuesto un "gobierno a la valenciana" que podría alcanzarse mediante "el acuerdo del beso".

El secretario general de Podemos subía al estrado del Congreso de los Diputados con un rictus tranquilo y amable. En la primera parte de su discurso, un Iglesias más sonriente que nunca se centraba en intentar rebajar la tensión que él mismo generó contra el PSOE con su rifirrafe del anterior debate. Así, narraba que "el miércoles ocurrió algo perturbador, cuando Xavi Domènech y yo nos dimos un beso en los labios" en "una imagen que quedará para el recuerdo".

"Fluye el amor en la política española"

A su juicio, "a partir de ese beso la política se está calentando". Esta broma era la excusa perfecta para citar lo sucedido el jueves, cuando la diputada del PP Andrea Levy dijo en televisión que un diputado de Podemos -era Miguel Vila, pero ella no conocía su nombre- "era el más guapo". "Si quieren ustedes conocerse, pongo a su disposición mi despacho", bromeaba Iglesias. "Fluye el amor y la pasión en la política española; Pedro, solo quedamos tú y yo". Y terminaba diciendo que estas expresiones tenían por objeto "relajar el tono" tras la crispación del miércoles, en la que "asumo la parte que me toca".

Hechos los chistes, tocaba la política. La segunda parte de la intervención del líder de Podemos se centraba ya en lo que se esperaba: Iglesias tendería la mano a Sánchez para negociar un gobierno de izquierdas. No fallaron los pronósticos. El secretario general del partido de los círculos insistía en el Congreso en que "es posible la vía de un gobierno progresista" que, a su juicio, "contaría con más votos" y podría sacarse adelante con el apoyo, en forma de abstención, de los nacionalistas catalanes. "El señor Homs o el señor Tardá no son monstruos, son representantes de la soberanía popular, como usted y yo", argüía.

"Un gobierno a la valenciana"

Por ello, "podemos ponernos a trabajar en que haya un gobierno a la valenciana". Se trata, en suma, del gobierno de coalición entre PSOE, Podemos, IU y Compromís que Iglesias lleva defendiendo desde hace varias semanas. "Yo acepto el condicionante de que el PSOE esté en el gobierno -explicaba-, acepte también usted otro condicionante: que nosotros también estemos, cedamos todos y pongámonos a trabajar". "Atrévase señor Sánchez a ser un gobierno progresista de verdad", apostillaba.

El líder de Podemos insistía, pero con otras palabras, en su tesis de que el PSOE se olvide de su pacto con Ciudadanos y vire a la izquierda. "No es posible mirar a la izquierda para las políticas sociales y a la derecha para las económicas", afirmaba. Eso sí, tal y como él mismo explicaba este viernes y ha dicho en numerosas ocasiones, para que ese acuerdo de izquierdas se traduzca en que Sánchez sea presidente del Gobierno se necesita la abstención de los nacionalistas catalanes. Una posibilidad que la vieja guardia y los barones del PSOE no quieren ni oír.

Una vez presentada esta previsible oferta de cara a las negociaciones de los dos próximos meses, Iglesias volvía a ponerse jocoso para reforzar su propuesta y situarse lejos, muy lejos, del "odio" que Felipe González le ha afeado. "A veces las discusiones más agrias preceden a los momentos más dulces, ojalá el acuerdo al que lleguemos pueda llamarse el acuerdo del beso", remachaba Iglesias entre los aplausos fervientes de los suyos y la incredulidad creciente del resto de grupos parlamentarios.

Meses de negociación y presiones

Más allá del discurso, una vez consumado el segundo fracaso de Pedro Sánchez, se abre ahora un período de dos meses en los que unos y otros tendrán que negociar para que haya presidente del Gobierno. Podemos va a insistir en su tesis de reclamar al PSOE un gobierno de coalición "de cambio y de progreso" conformado junto a otros partidos de izquierdas y apoyado en formaciones nacionalistas.

Pablo Iglesias y los suyos presionarán una y otra vez al PSOE para forzarles a negociar esa alianza. Aunque ellos también recibirán presiones, externas e internas, para que apoyen a los socialistas. De hecho, este viernes trascendía que el exfiscal Anticorrupción y exeurodiputado del partido, Carlos Jiménez Villarejo, ha decidido desvincularse de la formación que lidera Iglesias tras el rechazo a apoyar al PSOE. 

Si no hay coalición de izquierdas, existe la posibilidad, como ha adelantado este diario, de que finalmente haya una abstención de Podemos in extremis que facilite que haya un Ejecutivo presidido por Sánchez.