Discurso de investidura

Sánchez presiona a Podemos: "El cambio puede empezar la próxima semana"

El candidato socialista desgrana sus medidas más sociales y advierte de que la mayoría de izquierdas que quiere Podemos no llega.

Pedro Sanchez durante su discurso.

Pedro Sanchez durante su discurso. REUTERS

“Todo esto lo podemos hacer a partir de la próxima semana”. La frase comenzó como una pequeña improvisación. No venía en las 42 páginas de discurso con el que el líder socialista subió a las 16:35 a la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados. Sin embargo, acabó siendo la coletilla, el interruptor que activaba los aplausos de los 90 diputados de su grupo y la terminante advertencia a Podemos. “Sólo hay dos opciones”, dijo Sánchez. “O no hacer nada y dejar al señor Rajoy y su Gobierno en funciones durante los próximos meses, o apostar por un cambio nacido del diálogo y del acuerdo”.

Todo su discurso se articuló en torno a un puñado de ideas clave.

1. La izquierda no suma

El primero de sus ejes fue dejar claro que la izquierda no suma mayoría en la cámara. "Que todos los votantes de izquierdas de este país lo sepan. No hay mayoría suficiente en este Parlamento para sumar un Gobierno de izquierdas. No suma. La izquierda no ha conseguido en estas elecciones el número de diputados suficiente para conformar un Gobierno de un único color político”.

Una rápida comprobación aritmética da la razón al candidato del PSOE. Las fuerzas de centro-derecha juntas superan el listón de la mayoría absoluta. Se trata del PP, Ciudadanos, PNV y Democracia y Libertad (DiL), la nueva marca de Convergencia Democrática de Artur Mas. Sánchez supera peor el examen de la hemeroteca. "España quiere izquierda y quiere cambiar", dijo en la noche electoral, cuando se embarcó en la para algunos misión imposible de gobernar con 90 escaños.

2. El cambio sí suma

Desde hace semanas, Sánchez ha enmendado el error y ya habla abiertamente de "cambio". Calca así paradójicamente el discurso de Podemos, que rechaza la terminología de izquierda y derecha en la que dice no enmarcarse.

Según él, las fuerzas del cambio son el propio PSOE, Ciudadanos, Podemos y sus confluencias, Compromís, el PNV, Izquierda Unida y Coalición Canaria. Juntos suman una aplastante mayoría de 208 diputados.

3. No al PP  

Sánchez ha cerrado la puerta, por enésima vez, a entenderse con el Partido Popular. “Nuestro único objetivo es el ayudar a la conformación de un Gobierno de cambio. Desde el PP se insiste una y otra vez en que ni el candidato, ni suspolíticas son negociables, que no se va a cambiar nada ¿Cómo vamos a sentarnos a negociar entonces sobre la base de que lo que queremos cambiar es innegociable?” se preguntó.

La propia pregunta es una trampa en la que Sánchez podría pillarse los dedos a partir de la próxima semana. Si el PP cede políticamente o jubila a Rajoy, ¿podría llegar a acuerdos con el PSOE? El interrogante flotó en la cargada atmósfera del Congreso, pero no obtuvo respuesta del candidato. Hoy por hoy, a quien busca Sánchez es a Podemos. Y esa es otra de las paradojas del Pacto de El Abrazo suscrito por el PSOE y Ciudadanos y que sin duda aflorará con fuerza en el debate de este miércoles. El PSOE veta al PP y quiere a Podemos, pero Ciudadanos veta a Podemos y corteja al PP.

4. La España posible e inminente

Como este martes era el turno del socialista, el candidato se afanó en mostrar su perfil más social, mostrando a la cámara la puerta de un prometedor futuro que sólo depende de una mayoría simple a su favor dentro de tres días.

Sánchez tardó algo más de media hora en llegar a las propuestas. No hubo conejo en la chistera. No hubo reclamo de última hora para convencer a Podemos sino una firme reivindicación de su acuerdo con Ciudadanos. “A todos ellos y ellas, en especial a su presidente, el señor Rivera, les doy públicamente las gracias por su valentía y coraje”, dijo Sánchez. Inmediatamente, los diputados socialistas aplaudieron con fuerza. Los de Ciudadanos se encogían de hombros ante un piropo quizás embarazoso. Los diputados de Podemos, muertos de risa, aplaudían también para boicotear el gesto de Sánchez.

Se modela a partir del acuerdo, no del asalto

El líder socialista se empleó a fondo en reivindicar decenas de promesas, aunque faltaron los números de muchas y la concreción de casi todas. Entre ellas están las derogaciones de leyes que no vienen en su pacto con Ciudadanos, pero que el PSOE considera así. Sánchez explicó que los aspectos más nocivos de la reforma laboral del PP serían suprimidos, así como los de la ley de Seguridad Ciudadana (conocida como “mordaza”). Avanzó un “plan de choque” para fomentar el empleo de los más jóvenes y de los que, en edad de trabajar, son considerados demasiado viejos. En el capítulo de lucha contra la desigualdad están el ingreso mínimo vital para 750.000 familias, subir el salario mínimo, acabar con los desahucios, introducir un bonus de cotización a las madres, hacer de la beca un derecho o una ley de la transexualidad.

Cuando en su discurso debía hablar de las Diputaciones, Sánchez decidió saltarse el párrafo.

El secretario general del PSOE anunció “una auténtica revolución en el nombramiento de cargos de designación parlamentaria”. Se trata de la única vez que utilizó esa expresión referida a una medida concreta. Para él, huir de maximalismos es entender la nueva política. “Esa nueva forma se configura a partir del diálogo, no de la imposición. Se modela a partir del acuerdo, no del asalto”, dijo en una clara referencia a Pablo Iglesias y su llamamiento a tomar el cielo “por asalto”.

Sánchez habló de Cataluña, pero para mostrar su lado más conciliador. No recordó que su pacto con Ciudadanos incluye impedir cualquier referéndum de autodeterminación sino que prefirió prometer que activará las comisiones bilaterales, que en el caso del Estado con la Generalitat de Catalunya no se reúnen desde el año 2011, según recordó.

Por último, apeló a la reforma de la Constitución, pero no esbozó siquiera un nuevo concepto del Estado federal que persigue. Y todo eso es posible a partir “de la semana que viene”, repitió machaconamente.

5. Diálogo y “mestizaje”, como en la Transición

El candidato socialista evitó dar lecciones al resto de líderes políticos. “A partir de ahora, en el debate que se inicia, soy uno más de los 350 aquí presentes”, llegó a decir al final de su intervención.

Todo su discurso fue una invitación al diálogo para un Gobierno de cambio, aunque paradójicamente él haya sido incapaz de llegar a la investidura tras haber hablado fructífermante con Podemos.

“El diálogo y el acuerdo exigen el reconocimiento de la dignidad moral del adversario, exigen el respeto al otro, exigen escuchar al otro. Exigen arriesgarse a un diálogo del que ninguno saldrá igual que cuando lo inició. Un diálogo, cuando es de verdad, exige asumir el riesgo de ser convencido”. He aquí otra de las referencias de Sánchez a Podemos, a quien acusa de enrocarse en su programa sin darle una oportunidad al Gobierno del cambio.

Pero ningún partido puede llevar a cabo su programa, porque ninguno tiene mayoría. “Tenemos que hacer mestizaje ideológico. Tenemos que hacerlo bien. Y descubriremos que el mestizaje enriquece; mientras la uniformidad, empobrece”, advirtió.

El candidato socialista no ahorró en elogios a la Transición. Dio las gracias “a quienes la hicieron posible desde las calles de nuestros pueblos y ciudades, desde los centros de trabajo y las universidades, y también a los hombres y mujeres que, desde esta Cámara, y desde diferentes opciones ideológicas, trabajaron pensando en lo que les unía y aparcando lo que les separaba, para consolidar la democracia española. Gracias”, insistió.

6. Cumplir con su deber, aunque pierda

Y Sánchez se miró en ese espejo, que él considera de la responsabilidad. Recordó que su obligación era decir “sí” al rey cuando le ofreció el encargo para poner fin al “bloqueo de la situación política a la que la falta de responsabilidad” de Rajoy había conducido.

Sánchez sabe que no tiene los votos. “Hoy todos sabemos de antemano el resultado de la votación final de esta investidura si nos atenemos a lo escuchado estos días. Sea cual sea ese resultado, quiero resaltar en esta tribuna que el PSOE se siente orgulloso de haber conseguido los objetivos que nos proponíamos al llegar hasta aquí”.

7. O Sánchez o elecciones

En otras palabras, el candidato socialista es consciente de que probablemente no sea investido. Pero, como dijo en la última frase de su discurso, cuando naufrague toda España sabrá “dónde está realmente cada uno”. Y ese es un coste que debería hacer reflexionar a Podemos, según los socialistas.

El argumento quizás más definitivo de los expresados por Sánchez fue al principio del discurso. Es posible que haya pasado desapercibido. Es este: “Cualquier fórmula de Gobierno pasa por la implicación del Partido Socialista. Somos 90 diputados. Ni más, ni menos. Pero, por nuestra posición ideológica, somos la piedra angular de nuestro actual sistema político. Cualquier solución de Gobierno pasa inevitablemente por nuestra participación directa”.

En otras palabras, o Podemos facilita su investidura o tendrá que explicar por qué no lo hace, ya sea esta semana o antes del 3 de mayo, cuando se disolverán las cámaras ante la falta de acuerdo. Y si Podemos no da su brazo a torcer, el que propiciará la repetición de las elecciones será el PSOE, pero habiendo trasladado a la sociedad que hizo todo lo que estuvo en su mano.

El líder socialista este martes en la tribuna del Congreso

El líder socialista este martes en la tribuna del Congreso Reuters