INVESTIDURA

El juego de la oca de Pedro Sánchez

El candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno ya ha avanzado varias casillas, pero su investidura puede tener varios saltos atrás. "Referéndum", ERC o Democràcia i Llibertat, las casillas más peligrosas.

Las casillas más difíciles: "referéndum", las independentistas y la aritmética.

Las casillas más difíciles: "referéndum", las independentistas y la aritmética.

Pedro Sánchez encara las negociaciones para la formación de Gobierno más complejas de la democracia con gran optimismo. Según su equipo, está convencido de que va a ser presidente del Gobierno. Lo presiente e incluso lo sabe, aunque todavía no tenga amarrados los votos. Según sus críticos dentro del PSOE, se trata de un acto de fe, una ensoñación que más pronto que tarde se convertirá en el mal trago de un cóctel amargo: el de la aritmética y el electoralismo de sus potenciales socios. 

La tarea de Sánchez es hercúlea y los obstáculos, de gran envergadura. Cualquier salto atrás puede ser letal para sus aspiraciones de convertirse en el primer candidato que llega a la Moncloa sin haber ganado las elecciones. 

La oca de Ciudadanos

El inicio de la negociación con Ciudadanos marcó un claro salto en las posibilidades de Sánchez. Entre Sánchez y Albert Rivera hay química y entre sus respectivos equipos negociadores, también. 

Fuentes de Ciudadanos y del PSOE aseguran en privado que los contactos están siendo productivos. El partido de Rivera está abierto a renunciar al contrato único y el PSOE, que ya tenía una posición moderada en cuanto a asuntos como impuestos, puso sobre la mesa un documento lo suficientemente genérico como para que sus interlocutores se sintieran cómodos. 

El salto es tal que Ciudadanos se anima ahora a presumir de lo mucho que coincide su partido con el PSOE en la Eurocámara. Según Juan Carlos Girauta, hoy portavoz en el Congreso y antes eurodiputado, no se entendería que "formaciones que nos entendemos en el 80% de los casos en el Parlamento europeo o que estamos juntos en la Comisión Europea y que estamos de acuerdo en el marco constitucional, impostemos diferencias, cuando de lo que se trata es de unir". 

Los dados mostraron una jugada que en realidad dependía poco del azar. 

La posada de Podemos

Hasta ahora, las negociaciones con Podemos han estado estancadas. Sánchez y Pablo Iglesias se reunieron, pero las conversaciones no han avanzado. Podemos reclama además que el PSOE decida entre Ciudadanos y el partido morado. Para Podemos, Ciudadanos no es más que una marca blanca del PP, con quien Sánchez acabaría pactando a la postre. 

Si en el juego de la oca en la posada se pierden al menos un par de turnos, Sánchez e Iglesias están perdiendo mucho más que un par de días. No hay avances ante la votación de investidura que se producirá en marzo. 

La cárcel del referéndum

Esta semana, el portavoz de En Comú Podem, Xavier Domènech, aseguró que sus 12 diputados no apoyarán un pacto con el PSOE que no incluya la palabra referéndum. "Nos importa que en el acuerdo final de investidura aparezca la palabra referéndum. Lo importante no es lo que aparezca en los documentos previos, sino en los compromisos finales", dijo este miércoles. 

Hasta ahora, la postura del PSOE ha sido la de aceptar dos consultas, pero después de una incierta reforma de la Constitución. En el primer referéndum votarían todos los españoles una nueva Carta Magna. En el segundo, los ciudadanos de Cataluña decidirían sobre el nuevo estatuto de autonomía que emanaría de la renovada Constitución. 

El conjunto del PSOE rechaza una consulta sobre la autodeterminación. Aunque el PSC la defendió en las pasadas elecciones autonómicas, ha renunciado a la iniciativa. Sería una línera roja para casi todos los barones socialistas, pero especialmente los de regiones como Andalucía o Extremadura.

El pozo del voto independentista

Fuentes cercanas a Convergència Democràtica de Catalunya, que en el Congreso tiene ocho diputados bajo la marca de Democràcia i Llibertat, aseguró en conversación con EL ESPAÑOL que su grupo estaría dispuesto a facilitar la investidura de Sánchez. También aunque fuese fruto de un acuerdo de coalición con Podemos. "No estamos al margen de las negociaciones en absoluto", aseguraron estas fuentes, que dudan, eso sí, de que Sánchez esté dispuesto a pagar el "precio" de su abstención. 

En una entrevista con este diario, Gabriel Rufián, portavoz adjunto de ERC, aseguró que su grupo no apoyará a quien no respete la soberanía del Parlament de Cataluña, que ha iniciado un proceso de desconexión de España.

El laberinto interno del PSOE

Sánchez confía en que camina sin trabas hacia la investidura, pero en su propio partido pueden ponérselas. Fuentes del PSOE cercanas a Susana Díaz aseguran que la presidenta de Andalucía no moverá ficha antes de la primera votación de investidura de Sánchez. 

La Constitución no marca un plazo concreto sobre cuándo ha de celebrarse la primera votación de investidura, que requiere un respaldo de la mayoría absoluta del Congreso. Sin embargo, sí indica que si naufraga, a las 48 horas deberá celebrarse otra para la que la mayoría simple es suficiente. 

El reloj se pone en marcha desde la primera votación. Según el artículo 99 de la Constitución, "si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas Cámaras y convocará nuevas elecciones con el refrendo del Presidente del Congreso". 

Por ese motivo, ese plazo de dos meses será crucial. Si el tiempo es un factor más en la negociación, es posible que Podemos y Ciudadanos apuesten por apurarlo en busca de mayores concesiones. Cuando se agote el plazo, Sánchez podría ser más proclive a las cesiones. 

El calendario del PSOE se entrelaza con el de la Constitución. Los socialistas tienen previsto elegir a su nuevo secretario general el 8 de mayo, por lo que la recogida de avales y la campaña interna se solaparía con ese plazo de dos meses. Será ahí cuando los aspirantes a sustituir a Sánchez deberán dar un paso. Si Sánchez fracasa en las dos primeras votaciones, puede que en su partido no le dejen volver a intentarlo.

La calavera del voto en contra

La muerte de la candidatura de Sánchez se llama voto en contra. Todo lo demás puede encajarse aritméticamente para evitar un nuevo Gobierno del PP. Si Podemos y Ciudadanos votan en contra de Sánchez, el PSOE no tendrá nada que hacer. 

Sin embargo, una abstención de ambos tampoco es suficiente, por eso el equipo negociador de Sánchez confía en el apoyo de uno y la abstención de otro. Dependiendo de la combinación, para el PSOE seguirían siendo vitales otros grupos, como IU, el PNV y los independentistas catalanes. 

La casilla final: La Moncloa

Sánchez podría convertirse en el líder de un grupo que con menos diputados más poder logra. Completaría así lo ocurrido en mayo del año pasado, cuando a pesar de retroceder en votos, el PSOE se hizo con siete presidencias de comunidad autónoma. El tablero de la nueva política permite que el partido más votado no llegue al poder institucional y que otros, con menos apoyos, lo consiga gracias a los pactos. 

En ese escenario, muchos tendrían que comerse sus palabras sobre el líder socialista, cuestionado dentro y fuera de su partido a pesar de llevar poco más de año y medio en el cargo. Su récord marcaría una nueva etapa en la vida política española y daría paso a un Gobierno de estabilidad incierta.