Pactos de investidura

'Es el Senado, estúpidos'

Pedro Sánchez augura una investidura "compleja". Pero la negociación a tres bandas no es el único escollo. La mayoría absoluta del PP en el Senado puede bloquear el sistema.

El pleno del Senado durante su constitución.

El pleno del Senado durante su constitución.

El día que Pedro Sánchez aceptó el encargo de formar gobierno sabía que la tarea no era fácil. El candidato socialista dijo este sábado que la negociación será "compleja y difícil" después de cerrar con el PNV una primera ronda de contactos. Sánchez ha priorizado el diálogo con Ciudadanos. Sus equipos trabajan ya en un programa de gobierno. El objetivo es quebrar uno de los lados de la sólida pinza con la que PP y Podemos estrangulan el pacto y apuntan a nuevas elecciones antes del verano.

Cuando Albert Rivera se empeña en sumar a Mariano Rajoy al acuerdo, tiene sus razones. Los problemas de Sánchez no terminan, sino que empiezan precisamente con la investidura. La mayoría absoluta del PP en el Senado aboca al país a una situación inédita en nuestra historia. El secretario general del PSOE aspira a lograr la confianza del Congreso, sabiendo de antemano que tiene al Senado en contra. La Cámara alta, en el punto de mira de muchos partidos por su teórica ineficacia, ganaría de repente el peso que no le dio la Constitución. No es la economía, que diría el asesor de Bill Clinton, es el Senado, 'estúpidos'.

"Es una situación inédita y puede significar el bloqueo del sistema", dice el catedrático de Derecho Constitucional de la Uned Antonio Torres del Moral. "Si la mayoría del Senado se dedica a no aprobar los proyectos de ley que le lleguen del Congreso las consecuencias pueden ser muy graves".

Retrasar y perturbar hasta lo imposible

Iñaki Anasagasti es probablemente el político español que mejor conoce las dos cámaras. Fue portavoz del PNV en el Congreso durante 18 años y sumó otros 11 en el Senado a su hoja de servicios. Anasagasti sugiere que el problema no es el veto de las leyes. La devolución de una ley obliga al Congreso a aprobar el texto de nuevo por mayoría absoluta. Pero pasados dos meses, la mayoría simple es suficiente.

"El PP no necesita vetar, puede tomar en consideración las leyes, trabajar enmiendas, comisiones y ralentizar hasta lo indecible la aprobación. La ley puede volver al Congreso completamente desfigurada con respecto al texto original al cabo de muchos meses", explica. "El PP tiene la capacidad de marcar tiempos y forzar debates para marcar su distancia ideológica".

María Chivite, ahora en el Parlamento navarro, fue la portavoz del PSOE en el Senado la pasada legislatura. En su opinión, es cierto que el PP marcaría un hipotético gobierno Sánchez y tendría la capacidad de hacer insostenible la legislatura. Una opción, tan posible como inviable, sería gobernar a golpe de Real Decreto. Lo mismo ocurre con la prometida reforma constitucional de esta segunda Transición. Sin el PP es imposible sumar las mayorías de tres quintos o dos tercios requeridas para las modificaciones que importan. 

"No se puede gobernar a golpe de decreto", dice Chivite. "¿Es una situación salvable? Sí, pero complicada también. Con el PP podemos acordar leyes. Hay leyes de amplio consenso".

El ejemplo de Estados Unidos

Las cámaras legislativas controladas por partidos diferentes no se dan en Europa. Pero sí en Estados Unidos. Demócratas y Republicanos están acostumbrados a ese reparto de poder entre la Cámara de Representantes y el Senado. Según Torres del Moral, España debería imitar ese modelo, negociando las leyes con el PP. 

"A pesar de que algunas veces, una cámara ha desautorizado a la otra, en Estados Unidos se suele imponer la negociación", dice Torres del Moral. "Pero ahí hay menos disciplina de voto y otros factores que no tenemos en España".

El error, en el origen

En España, la política (toda) se cocina en el Congreso. La Constitución creó el Senado pero no definió sus competencias. No funciona como cámara de representación territorial. Y la pasada legislatura, por ejemplo, de las 500 iniciativas parlamentarias a cargo de senadores, sólo tres fueron legislativas. Según Chivite, la comisión de las comunidades autónomas, teóricamente la más importante para el Senado, apenas se reunión dos o tres veces en los últimos cuatro años y a petición de la oposición.

Anasagasti cree que lo de "cementerio de elefantes" es un cliché a mitad de camino entre la realidad y la ficción. En su opinión, el Congreso nunca ha querido ceder la iniciativa al Senado, porque los líderes de los partidos políticos están en la Cámara baja. 

Torres del Moral explica que el Senado se ha convertido en una mera cámara de corrección. Se modifican y perfeccionan algunas leyes que han llegado mal redactadas o con errores del Congreso. Además, asegura que durante las mayorías absolutas de José María Aznar (2004-2008) y Rajoy (2011-2015), el Senado se ha usado "torticeramente".

"El Gobierno guardaba algunos artículos delicadas e importantes para una determinada ley y el partido con mayoría absoluta las introducía como enmiendas hurtando el debate al Congreso", dice.

La reforma del Senado

La reforma del Senado es una de esas asignaturas pendientes que siempre suspenden las instituciones. El presupuesto destinado para este año es de 52,5 millones de euros. La principal partida de gastos del Senado está destinada a las retribuciones de los senadores. Hay partidos, como Ciudadanos, que piden su eliminación.

El Senado tiene una reforma sobre su funcionamiento guardada en el cajón. Se trabajó durante dos años la pasada legislatura y daba a la Cámara alta mayores poderes. Nunca salió adelante. Incluso ahora, con un gobierno en funciones pero las nuevas Cortes constituidas, bastaría que PP o PSOE presentasen una iniciativa para recuperar los trabajos de aquella ponencia y simplemente ponerla en marcha.

Torres del Moral asegura que el Senado, más allá del protagonismo que podría tener esta legislatura si Sánchez llega a La Moncloa, necesita un cambio. En países descentralizados, un Senado con competencias bien definidas suele ser muy útil, pero no imprescindible. En la Segunda República, por ejemplo, se eligió un sistema unicameral.

"El Senado tal y como está ahora mismo es perfectamente suprimible. No aporta nada a lo que hace en Congreso como mero corrector de proyectos. En los Estados descentralizados, las segundas cámaras suelen representar a la población tomada por cada uno de los territorios que componen el Estado", dice. "Esta representación es muy deficiente en el Senado español. Lo cierto es que en Estados Unidos el Senado es muy fuerte pero, en general, las segundas Cámaras van cediendo funciones".