Hablando sobre España

Anson: "El gran problema de la clase política española no es la corrupción, sino la mediocridad"

A punto de cumplir 81 años, el periodista Luis María Anson repasa los problemas que asfixian a los españoles. 

Reportaje fotográfico: Moeh Atitar.

Reportaje fotográfico: Moeh Atitar.

Quien no conoce a Luis María Anson siempre se sorprende en la primera entrevista. Su memoria mastodóntica deslumbra cuando empieza a recitar los versos de Quevedo o a narrar literalmente discursos ajenos que fueron pronunciados siete décadas atrás. Pareciera que su cabeza es como un disco duro que almacena demasiados datos. Y cuando escucha tal o cual palabra, busca rápidamente el archivo correspondiente y lo suelta con gran celeridad. Hasta se hace complicado intercalar preguntas entre sus monólogos. Anson siempre presume de que "solo soy un periodista", pero la sensación perpetua es precisamente que, como presidente de EFE, director de Abc o fundador de La Razón, ha sido algo más que un informador. Ahora, a punto de cumplir 81 años, ve marchitarse los días desde su despacho de El Imparcial ubicado junto al Retiro madrileño. Allí, rodeado "con pocos, pero doctos libros juntos", recibe a EL ESPAÑOL y repasa las cuestiones que asfixian a esta tierra sembrada por Caín. 

¿Para usted cuál es el principal problema de los españoles hoy?

El régimen está agotado desde hace varios años y no se han tomado las medidas necesarias para cambiar de sistema. Si hace cuatro años se hubiera emprendido la reforma constitucional, tendríamos prorrogado ese sistema para otros 20 o 25 años.

El sistema del 78 está en una crisis evidente, ¿es más grave que la económica?

Cuando inició este periódico, El Imparcial, el primer editorial se tituló Reforma Constitucional. Puedes leerlo ahora y tiene plena actualidad. Un régimen que dura cuarenta años, el canovismo estuvo desde 1876 hasta 1923 y entre el 20 y el 23 estaba completamente agotado. Alfonso XIII tomó la peor de las soluciones: aceptar el golpe de Estado de Primo de Rivera en lugar de defender la Constitución. El franquismo duró de 1939 a 1975, pero a partir del 72 no quedaba nada más que un dictador envejecido respaldado a medias por el Ejército. Lo demás eran entelequias. El régimen que se creó fue una verdadera proeza: salir de una dictadura con un dictador que había sido amigo de Hitler y de Mussolini y llegar a una democracia pluralista y plena, todo ello sin grandes problemas ni traumas. Eso no se ha sabido potenciar ni defender. Hay una región española, y no es Cataluña, por cierto, que cuando coges su libro de historia ves que le dedica cuatro líneas y media a la Transición, a ese prodigio político, mientras a su presidente autonómico le dedica ocho páginas.

¿Cuál es esa región?

Prefiero no decirlo. Decía que las nuevas generaciones no tienen conciencia de lo que se hizo en 1978 con la Constitución. La gente se ha ido desilusionando con el sistema. Puede afirmarse sin exagerar que el 70 por ciento de las nuevas generaciones, de 35 años para abajo, está indiferente ante el sistema y el 30% está indignada. Y casi el 100 por cien están asqueados, sienten rechazo por lo que existe. Hay que incorporar a las nuevas generaciones, pero los partidos políticos han actuado con desdén y desprecio y se han convertido primero en un gran negocio, impregnado de corrupción además, y después en agencias de colocación. La gran preocupación que tiene ahora el PP es que ha perdido 50 o 60.000 cargos con la derrota autonómica y municipal. Y otros tantos con las generales. Ese asqueamiento general es el gran problema de España.

¿Lo tendría que haber hecho Rajoy?

Claro que podría haberlo emprendido. He escrito muchas veces que está claro que si no se hace esa reforma ordenadamente desde dentro, se hará desde fuera de forma revolucionaria. Todavía hay alguna esperanza, depende de cómo se forme el próximo gobierno, pero si no se hace esa reforma, tendremos una etapa muy incómoda de inestabilidad hasta que se cree un nuevo sistema.

Anson y el retrato de Juan de Borbón en su despacho de El Imparcial.

Anson y el retrato de Juan de Borbón en su despacho de El Imparcial.

¿Usted apostaría por una gran reforma o por un mero ajuste?

Una reforma muy profunda, que es la que quieren las nuevas generaciones. Juan Carlos abdicó en buena medida porque no podía pilotar esa reforma. Si el nuevo rey hubiera convocado a la gente que tenía que hacer esa reforma, que eran Felipe González, Zapatero, Duran Lleida, Roca, algún ministro como Bono, algún internacionalista como Solana y cuatro o cinco catedráticos de Derecho Constitucional. No nos olvidemos que la última vez que funcionó el espíritu de la Transición fue en la ley de abdicación de Juan Carlos y de proclamación del nuevo rey, con más de dos tercios de las Cámaras de acuerdo. En el pasado mes de septiembre esa mayoría podría haber funcionado para sacar adelante el primer tramo de la reforma. Luego, como el artículo 168 de la Constitución exige nuevas elecciones, esas habrían sido las del pasado diciembre; y muy probablemente para rematar la reforma hubiera tenido que hacerse un gobierno de coalición entre PP y PSOE. Por último, un referéndum nacional en que los catalanes hubieran ejercido su derecho a decidir con el conjunto de los españoles. Eso es lo que tenía sentido común y lo que había que haber hecho, pero a Mariano Rajoy no le dio la gana y no se ha hecho nada.

Se habla de la Monarquía como si el rey mandase mucho, cuando no puede nombrar ni al subdirector general de Correos

En la hipotética reforma de la Constitución tal vez algunos sectores pedirían abrir el debate entre Monarquía o República.

Alguien lo diría, pero se habla de Monarquía o República como si el rey mandase mucho, cuando no puede nombrar ni al subdirector general de Correos. Estamos en una Monarquía parlamentaria. Y no hay nada más fácil de defender ante una opinión pública seria. La ONU hace una clasificación por orden de calidad de vida y desarrollo entre los 198 países del mundo. Entre los diez primeros, hay siete monarquías parlamentarias. Y once entre los quince primeros. España ocupa el lugar 19. ¿Qué duda cabe de que entre los países más libres del mundo, socialmente más justos, económicamente más desarrollados, culturamente más progresistas están las monarquías europeas y asiáticas? Ahora, si me preguntas si prefiero la república austriaca o la monarquía del sátrapa de Arabia Saudí, prefiero la república. Si yo pregunto a un joven si prefiere la monarquía noruega o la república de Mobutu en el Congo o la de Kim en Corea del Norte, me van a contestar que la monarquía noruega. La clave del sistema político en España es que la soberanía nacional reside en el pueblo y es el pueblo el que hace las leyes. En la monarquía parlamentaria el papel del rey es de arbitraje y moderación. Te pongo un ejemplo en España: con Felipe González el presidente de la república hubiera sido Narcís Serra y con Aznar hubiera sido Federico Trillo. ¿Hay alguien que crea que hubieran podido ejercer esas funciones de arbitraje y moderación mejor que el rey? La monarquía no es que sea mejor, es más eficaz y más útil. El problema nace por lo que ocurrió en el año 36 y todavía vivimos las secuelas. Octavio Paz dijo que al final ganó lo que no querían ninguno de los dos bandos: un bando no quería la monarquía y al final se ha establecido la monarquía y otro bando, el de Franco, no quería la democracia y se ha establecido la democracia. El resultado de aquella guerra incivil en la que el Ejército secuestró la voluntad popular es que cuando el pueblo recupera la soberanía nacional gana lo que no quería ninguno de los dos bandos.

El resultado de aquella guerra incivil en la que el Ejército secuestró la voluntad popular es que cuando el pueblo recupera la soberanía nacional gana lo que no quería ninguno de los dos bandos

¿Debe Felipe VI liderar una segunda transición con esa reforma de la Constitución?

Tiene que liderarla el pueblo español. El rey no puede tomar ninguna iniciativa, se lo tiene que decir el presidente del Gobierno.

Si hay reforma, el modelo territorial de España será uno de los asuntos a tratar. ¿Qué solución propone?

Es irremediable ya la España de las autonomías, que está consagrada. De lo que se trata ahora es de poner las cautelas necesarias para que funcione. Por ejemplo, el déficit máximo al que pueden llegar. Hay que estudiar y limitar la fiscalidad de las autonomías. Y después hay algunas materias transferidas que ofenden a la unidad nacional, como es el caso de la educación. Tiene que haber libros de historia comunes para toda España. Eso son cuestiones de fondo. Y hay otras que requieren un tratamiento especial, como Cataluña, al igual que lo tienen el País Vasco y Navarra. En la Constitución debería establecerse un reconocimiento de la identidad histórica de Cataluña, que es real, que es cultural e idiomática. También debe establecerse un tratamiento fiscal especial. Teniendo en cuenta el principio, que viene de las Cortes de Cádiz, de que España no es una nación de territorios, sino de ciudadanos libres e iguales ante la ley.

En España el derecho a decidir nos corresponde a todos los españoles. Yo me siento con derecho a decidir sobre Cataluña

¿Qué le parece, ya que lo menciona, el célebre "derecho a decidir"?

Si lo estudias despacio, es una cosa completamente absurda. ¿Tiene Cartagena derecho a decidir si es independiente, como ya hizo una vez en el siglo XIX? ¿Tiene derecho Tarragona a ser independiente de Cataluña? ¿Y Torrelodones? ¿Puede decidir la ciudad de Murcia si el budismo puede estar establecido allí? El derecho a decidir está marcado por la historia. En España el derecho a decidir nos corresponde a todos los españoles. Yo me siento con derecho a decidir sobre Cataluña. Esto no se ha sabido explicar ni exponer, siempre se ponen a la defensiva.

Escudo en los gemelos de Anson.

Escudo en los gemelos de Anson.

Hoy hay más independentistas en Cataluña. ¿Por qué se han radicalizado, por la fiscalidad o por el uso de ese derecho a decidir?

La política de los distintos gobiernos respecto a Cataluña ha sido muy torpe. Suárez, González y Aznar han gobernado con el apoyo de los catalanes. Hubo exigencias por encima de lo que se podía ceder. No se ha sabido tratar, y mucho menos económicamente, lo que ha ocurrido durante todos estos años en Cataluña.

Decía Ortega que solo se puede conllevar el problema catalán, no acabar con él. 

Probablemente tenía razón. En el gran debate que tuvo con Azaña le dijo que cualquier cosa que haría sería insuficiente porque un partido nacionalista lo quiere todo. Se puede hacer algo más. Yo no soy partidario de la aplicación del artículo 155 y menos del 8, que es lo que aplicó la república. Eso es algo que se olvida. Se olvida que las reivindicaciones que ahora hace Pablo Iglesias son muy tímidas al lado de las que hacía Alejandro Lerroux, que envió al general Batet a dominar la Generalidad en 1934 y hubo ocho muertos. Alejandro Lerroux, cuando tenía menos de la edad que ahora tiene Pablo Iglesias, pronunció aquel discurso en el Paralelo barcelonés que todavía se recuerda: "Jóvenes bárbaros de hoy, entrad a saco en la civilización decadente y miserable de este país sin ventura a, destruid sus templos, acabad con sus dioses, alzad el velo de las novicias y elevadlas a la categoría de madres para virilizar la historia, penetrad en los registros de la propiedad y haced hogueras con sus papeles... No os detengáis ni ante los sepulcros ni ante los altares, luchad, matad". No hay un partido que se atreva hoy a decir eso, pues lo dijo Lerroux, que luego fue jefe de gobierno. Y cuando Companys proclamó, no la independencia de Cataluña sino el Estado catalán dentro de la República federal española, Lerroux aplicó nuestro artículo octavo actual, envió el Ejército. Yo no estoy de acuerdo con eso, creo que con Cataluña, a base de una negociación territorial, educacional, fiscal y económica en profundidad se puede llegar a una fórmula en que Cataluña quede integrada dentro de España sin lo que está ocurriendo ahora.

No parece sencillo ese acuerdo.

Yo no he conocido a lo largo de mi vida profesional un periódico que influya tanto como La Vanguardia en Barcelona. Ha hecho cosas inverosímiles en el periodismo universal, como por ejemplo no aceptar devolución de ejemplares. Cuando por primera vez en su historia, al principio de la crisis, perdió dinero, no hubo nadie en el Gobierno de la nación que dijera ‘vamos a ayudar a estos señores’. Le ayudó la Generalidad de Arturo Mas y La Vanguardia adoptó una posición de, vamos a llamarlo así, condescendencia con el secesionismo. Al final tuvo que intervenir el rey para decirle a Godó ‘pero qué estás haciendo’ y, por ello, se nombró al nuevo director, que tiene una actitud distinta. Es un ejemplo concreto de la torpeza con que se han tratado los asuntos catalanes. Arturo Mas no era independentista cuando vino aquí en febrero de 2012 a hablar con Rajoy lo único que quería era el dinero suficiente para pagar las nóminas de los funcionarios. Se encontró con una actitud desdeñosa y distante y lo que hizo fue hacer un congreso, después la Diada y dijo, en lugar de negociar desde 60 diputados, intentó sacar 80 en las elecciones. Perdió diputados y pacto con Esquerra Republicana para seguir como presidente. De ahí viene todo, de que no se le dio el dinero para salir de los apuros económicos que tenía. El Gobierno central estaba en muy mala situación, pero en un momento como ese había que sacar el dinero de debajo de las piedras.

Entonces, buena parte de culpa de lo que está pasando es de Rajoy.

No hay la menor duda. Hay algún culpable inicial, como Adolfo Suárez, que no supo ver lo que podía pasar. Suárez tiene mucha culpa de muchas cosas en la Constitución, como que no se estableciera que nadie puede ser presidente durante más de ocho años. Sobre todo, culpable es Zapatero, que dijo aquella frase inverosímil sobre que aceptaría cualquier Estatut que aprobase el Parlament, y de ahí viene el inicio del resquebrajamiento de la relación con Cataluña. Y, después, Rajoy, que en lugar de haber negociado con los catalanes para procurarles soluciones, actuó con ese desdén, esa soberbia, esa prepotencia que da la mayoría absoluta.

Tampoco se ha sabido regenerar y democratizar los partidos que han derivado, como los sindicatos, en un negocio y en agencias de colocación

Capítulo aparte es la corrupción. ¿Qué ha pasado en un sistema como este para que se haya corrompido de esta manera?

Ha faltado un artículo en la Constitución. Fíjate qué sencillo: ningún partido político ni ningún sindicato podrá gastar un euro más de lo que ingrese por las cuotas de sus afiliados. Se habría eliminado todo el problema. Eso ha sido sustancial. Tampoco se ha sabido regenerar y democratizar los partidos que han derivado, como los sindicatos, en un negocio y en agencias de colocación. La crítica a los partidos políticos que se está haciendo en España –en este momento, los partidos son el tercero de los problemas que agobian a los ciudadanos- debe hacerse con especialísimo cuidado. Porque es lo que ocurrió en el primer tercio del siglo pasado. Y la liquidación de los partidos trajo como consecuencia aquel discurso de Hitler en que dijo que terminaba con los partidos, trajo el nazismo en Alemania, el estalinismo en Rusia, el fascismo en Italia, el franquismo en España y el salazarismo en Portugal. Ese sistema del partido único es mucho peor que el que tenemos.

Eso está claro, pasemos a otro asunto…

No, te quería decir algo más. El problema de la clase política española no es la corrupción, aunque tiene asqueados a los españoles. Es verdad que es un problema que hay que atajar, pero no es el gran problema. El gran problema es la mediocridad. Oyes hablar a cualquier concejal de León y cualquier jugador de fútbol habla mejor que él. Es una cosa asombrosa la falta de preparación de gentes que, como no han podido triunfar en ningún área de la vida privada, acuden a la vida pública para vivir de ella. Hay gente magnífica y no se puede generalizar, pero la media es mediocre, es terrible.

El problema de la clase política española no es la corrupción, aunque tiene asqueados a los españoles. Es verdad que es un problema que hay que atajar, pero no es el gran problema. El gran problema es la mediocridad

¿Se han sentado las bases para salir de la crisis?

Yo creo que sí. Sería completamente injusto criticar a Rajoy por los asuntos económicos. Recibió un país con un déficit del 9,9% y Europa iba a intervenir, iba a enviar a la Troika. En julio de 2012, la prima de riesgo se elevó a 638 puntos. Había banqueros importantes que decían que había que aceptar la intervención de Europa. Rajoy se mantuvo firme y adoptó las reformas necesarias. En 2015 hemos crecido a más del 3%. Hemos contenido y después reducido de forma considerable el desempleo, aunque falte mucho por recorrer. Nos hemos convertido en una economía respetable. Eso no se le puede negar a Rajoy.

El problema de Rajoy es que no ha entendido que las gentes del centro derecha prefieren la unidad de España al bienestar económico y prefieren que no se toque la Iglesia, a la que van todavía once millones de españoles los fines de semana, a que se le haga daño. Pero no que se le haga daño por los matrimonios homosexuales, que a mí me parecen muy bien, o por el aborto, que a mí no me gusta nada, porque estas cuestiones son menores, sino por la educación, es decir por el concierto económico. Que los colegios religiosos no tengan que cobrar tres o cuatro veces más a los padres que quieren esa educación. Eso Rajoy no lo ha entendido y lo ha hecho muy mal. Hay que pensar que el 80% de los padres pide la educación en la religión.

El problema de Rajoy es que no ha entendido que las gentes del centro derecha prefieren la unidad de España al bienestar económico y prefieren que no se toque la Iglesia

Vamos con la religión, entonces…

Tampoco ha sabido plantear el tema de la religión. Es evidente que al niño no se le envía al colegio para que le enseñen el catecismo, eso que lo aprendan en la parroquia. Lo que hay que crear es una asignatura fundamental que sería la historia de las religiones, porque eso forma parte de la cultura general. Tú no puedes ir al Taj Mahal sin conocer lo que es la religión islámica, no puedes ver el Templo del Cielo en Pekín sin saber qué es el confucianismo, el budismo y el taoísmo, no puedes acudir a Marruecos y ver la Gran Mezquita que hizo Hassan II sin saber lo que es el islamismo, no puedes ver los grandes templos indios sin saber qué es el hinduismo y, para qué te voy a decir, entras en el Museo del Prado y quien no tiene una idea de lo que es la religión cristiana, no entiende nada. Para entender un 60% de sus cuadros necesitas un conocimiento elemental del cristianismo. Y ahora voy con una religión que me importa sustancialmente: el paganismo. Si usted no sabe quién es Zeus o Júpiter, Juno o Hera, Afrodita o Minerva, ¿cómo entiende la literatura, la escultura, la pintura y la arquitectura de la historia de la humanidad? Claro que es necesario conocerlo, al margen de que seas completamente ateo o completamente agnóstico. Lo que no puedes hacer es ignorar lo que significa desde el punto de vista cultural la religión. Sin conocer el cristianismo no se puede entender a Cervantes, a Quevedo o incluso a Sartre, que está contra el cristianismo, pero impregnado de él.

Si usted no sabe quién es Zeus o Júpiter, Juno o Hera, Afrodita o Minerva, ¿cómo entiende la literatura, la escultura, la pintura y la arquitectura de la historia de la humanidad?

Aparte de esta asignatura que propone, el problema de la educación en España es más profundo. ¿Qué se puede hacer?

Ese es el gran acuerdo de estado que había que haber hecho. No puede ser que cada cuatro u ocho años se modifiquen las leyes de educación. Hay que llegar a un consenso y eso es cada vez más difícil.

El periodista y académico de la Lengua, Luis María Anson.

El periodista y académico de la Lengua, Luis María Anson.

En la Transición, que ya no parece tan sacrosanta, quizás uno de los errores fue este tema, el de la educación…

No tengo la menor duda de eso. Ocurre que cuando haces balance entre los aspectos negativos y los positivos, la Transición es abrumadoramente positiva en la historia de España. Y la Constitución del 78 también. Claro que ha habido defectos y yo estoy combatiéndolos hace años.

Hay otros asuntos de carácter internacional que también afectan a los españoles. Uno es la crisis de los refugiados. ¿Qué le parece la respuesta de la Unión Europea, en general, y de España, en particular, a esta crisis?

Me avergüenzo. Siento vergüenza de la cicatería con los que está actuando Europa. Voy a hablarte de dos cosas, porque son distintas, los inmigrantes y los refugiados.

Sí, claro, son distintas.

Los refugiados es la gente que no puede vivir en un país en guerra y sale a otros países donde sus hijos puedan vivir en paz. Europa ha vivido unas guerras… En el caso de España, ¿qué hubiera pasado si al terminar la guerra incivil española el medio millón o los ochocientos mil refugiados que acudieron a Francia, Alemania y luego a América no hubieran sido acogidos? Tenemos que ser consecuentes con nuestra historia, la de España, la de Francia, la de Alemania… Que en estos momentos estemos siendo cicateros en una Europa próspera, en la que se tira el 30% de la comida que se podría utilizar, que no seamos capaces de acoger a una nación histórica ejemplar y extraordinaria como es Siria, de la que tanto hemos aprendido y a la que tantas cosas debemos, es increíble. Eso como primera providencia. Pero todavía me parece mucho más sangrante el caso de los inmigrantes.

Yo me avergüenzo de la posición europea respecto a los refugiados y a los inmigrantes. La Europa de los derechos humanos está actuando respecto a ellos con un salvajismo repudiable

Eso es, la inmigración de África hacia Europa que pasa por España.

Cuando veo a los negros saltando las vallas en Melilla y tienen unas púas enormes… ¿Pero tú sabes lo que ha hecho el Occidente cristiano con el mundo de la negritud? Es algo atroz. Nosotros hemos llevado en las ergástulas de los barcos negreros a América a 80 o 100 millones de negros para tratarlos como esclavos. En Estados Unidos tuvieron esclavos hasta más de la mitad del siglo XIX. La monarquía brasileña cayó en 1880 porque Pedro II abolió la esclavitud y los terratenientes se lo cargaron. Para que te hagas una idea, hay en el Archivo de Simancas una carta de Felipe V dirigida al rey de Portugal diciéndole que necesitaba diez mil esclavos para las plantaciones españolas en Cuba. El rey de Portugal le contesta con esta expresión: “los puedo cazar en Guínea”. Eso lo pide Su Majestad católica, no estamos hablando de un sátrapa, que escribe al rey cristiano de Portugal. Y luego Su Majestad católica escribe al rey cristianísimo de Holanda pidiéndole si tenía barcos. Esos barcos, por ciento, donde llevaban a los esclavos como lastre, es decir que si había temporal, los tiraban al mar. Y el rey cristiano de Holanda contesta al rey católico de España que sí, que tiene barcos y que cuestan “a tantos maravedíes la tonelada de carne humana”. ¡Ese era el lenguaje de los reyes cristianos de Europa! ¿Pero qué les hemos hecho nosotros? ¡Les hemos invadido, hemos roto sus etnias, les hemos despedazado, hemos creado naciones artificiales, nos hemos llevado todo de allí! Cuando esa gente, ese mundo de la negritud, ha podido desarrollarse, nos ha dado lecciones inmensas. Ahora ellos, después de cómo los hemos expoliado, ven en la televisión lo bien que se vive aquí y deciden venir. Y los maltratamos hasta herirles o matarles. ¡Cuánta gente muere en esas pateras o en esas vallas! Insisto: yo me avergüenzo de la posición europea respecto a los refugiados y a los inmigrantes. La Europa de los derechos humanos está actuando respecto a ellos con un salvajismo repudiable.

El gran desafío del siglo XXI es la justa distribución de la riqueza mundial. Es lo mejor para combatir el terrorismo, sea yihadista o de otro tipo

¿Y qué opina del terror que generan los yihadistas a nuestra sociedad?

El Corán es un monumento a la espiritualidad. Pero hay unos fanáticos yihadistas. Como, por cierto, hubo unos fanáticos cristianos que quemaban a la gente en las hogueras. El fundamentalismo religioso hay que combatirlo con todos los resortes de las sociedades democráticas. Existe también otro terrorismo no religioso. Hay que combatir todo eso con la justa distribución de la riqueza mundial. No puede ser que las naciones pobres tengan que conformarse con las migajas que da el Banco Mundial. Hay que poner impuestos en las sociedades más desarrolladas. Ese es el gran desafío del siglo XXI: la justa distribución de la riqueza mundial. Cuando eso se haga, se acabará con el 90% del terrorismo y con el 100% de la inmigración. Lo que no es justo es que mientras hemos tenido esta conversación se hayan muerto 20.000 niños de hambre en África.

Anson empieza a rememorar las encíclicas de los diferentes Papas que han defendido ese reparto justo de la riqueza. Podría hablarse con él durante horas sobre cualquier asunto. Pero todo lo que tiene que decir solo cabe en su disco duro, no en una entrevista. 

Anson, rodeado de papeles, en su despacho de El Imparcial.

Anson, rodeado de papeles, en su despacho de El Imparcial.