País Vasco

Se alquila palacete del Gobierno vasco para bodas

El alto coste y poco uso que se da a los dos palacios del Ejecutivo vasco son motivos de disputa política.

Patxi López preside un Consejo de Gobierno en Artaza en su etapa de Lehendakari.

Patxi López preside un Consejo de Gobierno en Artaza en su etapa de Lehendakari. Flickr

Los dos palacios adscritos a la Presidencia del Gobierno vasco se encuentran infrautilizados. Uno es Ajuria Enea, la residencia oficial del lehendakari, donde ya no vive regularmente Iñigo Urkullu; y el otro, Artaza en Leioa (Bizkaia), reconvertido en salón de bodas y con apenas una decena de usos al año.

Ambos edificios forman parte del patrimonio arquitectónico del Gobierno vasco pero languidecen por falta de funcionamiento y misión institucional, mientras se multiplican los gastos de mantenimiento y mejora que requieren los dos viejos caserones. La diferencia entre utilización y coste se ha convertido, sobre todo en el caso de Artaza, en un asunto recurrente en manos de la oposición y objeto de denuncia y debate político.

El último reflejo parlamentario es reciente, lleva fecha de enero de este año y obedece a la respuesta remitida por el lehendakari, Iñigo Urkullu, a la Cámara vasca a instancias del representante de UPyD, Gorka Maneiro, insistente en sus críticas sobre “el despilfarro” que supone mantener abierto el palacete de Artaza.

Muchos más gastos que ingresos

Los datos de la contestación son elocuentes. Los gastos corrientes del palacio de Artaza se elevaron el año pasado a 46.552 euros, mientras que los ingresos fueron únicamente de 10.500. A este importe asciende la factura que pagó el Ayuntamiento de Leioa por el alquiler del inmueble siete sábados al año para la celebración de bodas civiles en el municipio. La octava ocupación se produjo el 29 de octubre, fecha en la que se cedió de forma gratuita para la celebración del Día de Leioa.

A este coste hay que añadir el de los gastos extra, fruto de reformas o de reparaciones urgentes no contempladas, que cambian según los años. En 2014 y 2015 las obras en Artaza no llegaron a los 9.000 euros (8.765), pero en los tres ejercicios anteriores el gasto total anual del palacio fue mayor. Supuso 81.200 euros en 2011, 131.500 en 2012 y 59.700 en 2013: una factura global de 272.400 frente a unos ingresos seis veces inferiores, de 41.190. Y es que sólo el mantenimiento de sus imponentes jardines cuesta ya al erario público vasco 1.573 euros mensuales.

Sobre Ajuria Enea es difícil encontrar cifras pormenorizadas, aunque en esta respuesta parlamentaria Urkullu reconoce que su Gobierno ha invertido en obras de acondicionamiento del palacio más de 351.700 euros en los dos últimos años. El retejado de las cubiertas y las obras de pavimentación de un camino han sido las más costosas. La suma supera los 400.000 euros si se añade la cantidad de 50.699, empleada en 2013 para reparaciones, reformas y adecuación de la vivienda tras la investidura del nuevo lehendakari.

Artaza, un palacio de ilustres

La mansión de Artaza está situada en la Margen Derecha vizcaína, en el municipio de Lejona, y consta de un gran parque ajardinado. Se levanta sobre terrenos subastados por el Estado en 1894 y adquiridos por el industrial Víctor Chavarri Anduiza, marqués de Triano, que encargó su construcción al arquitecto Manuel María de Smith Ybarra.

El edificio, ubicado en un solar de casi 30 hectáreas, fue construido a partir de 1914 siguiendo el estilo inglés Reina Ana, en materiales de piedra y ladrillo rojo. El palacio fue inaugurado en 1918 por Alfonso XIII, que pernoctó en él, y durante la Guerra Civil española algunos batallones de gudaris lo emplearon como cuartel.

Los descendientes de la familia propietaria lo utilizaron hasta 1979 y lo vendieron diez años después al Gobierno vasco, que pagó 30 millones de las antiguas pesetas por su compra.

Durante la etapa en la que fue propiedad de la familia Chavarri vivió una época de esplendor de la que da cuenta el libro de firmas donde dejaron rastro de su paso las visitas ilustres. Ahora su utilización es escasa. Casi ya no hay actos oficiales -ninguno el año pasado- y su alquiler no está al alcance de cualquiera.

Sólo bodas y pocas

El Gobierno trató de rentabilizar su compra y estableció un régimen de explotación del edificio. Alquilar Artaza cuesta 3.000 euros al día, aunque el precio desciende a la mitad para instituciones, entidades y sociedades públicas. Al Ayuntamiento de Lejona no le sale gratis y ésta es una de las razones por las que concentra las bodas en un sábado de cada mes y cobra a los contrayentes, que pagan una tarifa de 127 euros si tienen relación con el municipio o celebran allí el banquete nupcial y de 536 en caso contrario.

A principios de los 2000 el palacete se puso de moda y el Ayuntamiento no podía atender la fuerte demanda, pero a partir de 2012 la mayoría de los matrimonios civiles empezó a tener lugar en la Casa Consistorial, donde casarse no cuesta dinero.

Las bodas son además la única actividad regular del palacete. Durante el último lustro apenas sí ha acogido visitas oficiales, como la del ministro del Interior Jorge Fernández Díaz a principios de 2012; recepciones del lehendakari, como la ofrecida en diciembre de 2013 a diecisiete embajadores de países árabes; o encuentros altamente protocolarios, como la entrevista entre Urkullu y el gobernador del estado mexicano de Querétaro el pasado 18 de enero.

Motivo de disputa

Esta situación llevó al PP en 2014 a pedir en el Parlamento que se convocara un concurso de ideas para darle una mayor utilización y a UPyD a demandar incluso la venta del Palacio. Ninguna de las propuestas salieron adelante. PNV y EH Bildu unieron sus votos y el problema sigue sin resolverse.

Mientras la coalición abertzale recela de cualquier solución que implique “privatización” del patrimonio público, el PNV, principal concernido, rechaza valorar el resultado bajo criterios economicistas, en función de ingresos y gastos. Explica además que su poca utilización se debe a que se trata de un edificio protegido que no puede acondicionarse para un uso cotidiano.

Palacio de Ajuria Enea

Palacio de Ajuria Enea

Ajuria Enea, reducido a un símbolo

La vieja casona de los Ajuria en Vitoria, residencia de lehendakaris desde su adquisición por el Gobierno en 1980, es hoy más un símbolo que la vivienda real donde habita el presidente vasco. Iñigo Urkullu decidió poner fin a la tradición y alternar su estancia en ella con el domicilio familiar.

Es cierto que sus antecesores en el cargo no vivían encerrados en Ajuria Enea. José Antonio Ardanza y Juan José Ibarretxe aprovechaban los fines de semana para abandonar el recinto y Patxi López volvía siempre que podía a su hogar en el barrio de Miribilla (Bilbao); pero ninguno de ellos hizo pública como Íñigo Urkullu su renuncia a seguir ocupando de forma continua la residencia oficial.

Tras una información de El Correo, el actual lehendakari reconoció a principios de octubre del año pasado que volvía a su domicilio particular, un chalé adosado en Durango, porque quería pasar más tiempo con su mujer y sus tres hijos, veinteañeros. Esgrimió razones de horarios por el nuevo curso y de conciliación familiar.

Aunque matizó que Ajuria Enea seguiría siendo su residencia oficial, que conservaría allí su despacho, y que compatibilizaría su vivienda privada con la pública, su decisión fue objeto de denuncia política por el PP. El exalcalde de Vitoria, Javier Maroto, consideró que era “un desprecio” hacia sus convecinos y el presidente de los populares alaveses, Javier de Andrés, pidió infructuosamente en las Juntas Generales la devolución del Palacio a la Diputación de Álava para reconvertirlo en museo o dotarlo de otra ocupación pública.

La casa que el industrial Serafín Ajuria mandó construir al arquitecto suizo Alfredo Baeschlin había sido adquirida por la Diputación de Álava en 1972. La institución foral la convertió en el Museo de Arte Vasco y éste abrió sus puertas en 1978. Dos años después, tomada la decisión de transformarla en residencia oficial de lehendakaris, el edificio fue remodelado y su última planta destinada a vivienda de los presidentes vascos. En octubre de 1980 el Gobierno formalizó la adquisición del Palacio aunque la titularidad definitiva no pasó a sus manos hasta 1989.

Ajuria Enea es un símbolo. Tiene la virtualidad de representar con su única imagen o su denominación a la primera institución del País Vasco. Ahí reside su gran valor, porque su nivel de utilización descendió ya en gran medida a principios de los noventa cuando se inauguró en sus inmediaciones un moderno edificio para alojar las oficinas administrativas de la Lehendakaritza.

Allí tiene el lehendakari su principal despacho, se reúne el Consejo de Gobierno y se celebran la mayoría de los eventos y recepciones institucionales, como la que ofrece el presidente vasco en Navidad.

Restringido a unos cuantos actos

El palacio de Ajuria Enea ha quedado restringido a unos cuantos actos, para acoger con la máxima solemnidad y protocolo a las autoridades y personalidades que visitan el País Vasco y se entrevistan con su máximo dirigente.

Su carácter simbólico cumple a la perfección con ese papel y la majestuosidad de su escalinata de piedra ofrece el marco idóneo para inmortalizar las grandes ocasiones, ya sea la presentación del equipo de gobierno del lehendakari o entrevistas a destacar, como la mantenida en diciembre de 2014 con el presidente catalán Artur Mas en su viaje a Euskadi para asistir al partido de fútbol entre las selecciones vasca y catalana.

El centenario edificio, de tres plantas y sótano, dista en cambio de ser acogedor y práctico como residencia particular y los distintos lehendakaris han tenido que vencer la resistencia de sus familias al obligado traslado. El propio De Andrés reconocía cuando Urkullu se marchó que es lógico no querer vivir “en un inmueble cuyas dimensiones y condiciones no son adecuadas para el siglo XXI”.

En el último debate, con connotaciones más políticas, se soslayó el tema económico que, sin embargo, estuvo presente en años anteriores.

Más de un millón de euros

¿Cuánto cuesta mantener Ajuria Enea? La pregunta tiene difícil respuesta. Cuando Urkullu fue investido lehendakari a finales de 2012, el entonces presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti, le pidió que diera ejemplo de austeridad y renunciara a vivir en Ajuria Enea, puesto que Durango está a escasos 45 kilómetros de Vitoria.

Aducía que el cese de la violencia de ETA no obligaba ya a tomar tantas medidas de seguridad y que en época de recortes el gasto público de ocupar el Palacio no estaba justificado. El presupuesto de ese año había sido, según citó, de 1,3 millones de euros, sin contar el coste de seguridad y personal.

Un mes después, en enero de 2013, el lehendakari esquivaba por escrito una pregunta parlamentaria de Basagoiti, que insistía en conocer la totalidad de la factura en la que se incurría. El presupuesto de Ajuria Enea “se consigna de forma conjunta” con el de la sede administrativa de Lehendakaritza y ello “impide hacer un desglose de gastos más allá de una valoración porcentual, siempre aproximada y nunca real”.

“Servicios como la limpieza o la jardinería, suministros como el consumo eléctrico, el consumo de agua o de gas, el mantenimiento, la vigilancia y seguridad, se programan, se presupuestan, se licitan o se contratan y se facturan de forma conjunta”, respondió Urkullu.

Sin partidas de gasto

Efectivamente en los Presupuestos Generales de la Comunidad Autónoma no hay partidas de gasto diferenciadas sobre Ajuria Enea. En las cuentas aprobadas para 2016 los costes básicos de luz, agua, gas, limpieza, mantenimiento… se imputan al conjunto de las tres sedes de Lehendakaritza, incluido el Palacio Artaza.

La cifra resultante es de 800.000 euros, que no da idea del coste total porque hay que añadir otros capítulos como los gastos de personal, no diferenciados, la conservación de los edificios, para los que se presupuestan 270.000 euros, y la seguridad que presta la Ertzaintza.

La decisión de Urkullu de pasar más tiempo con su esposa e hijos en el domicilio familiar conllevó también un nuevo gasto, acreditado parlamentariamente a instancias de UPyD en 24.537 euros. Había que habilitar la comisaría policial más próxima a Durango para alojar a los escoltas del lehendakari y estacionar los vehículos presidenciales.