SE BUSCA PRESIDENTE

Felipe VI comienza la liturgia real para cuadrar el puzle electoral

El Rey recibe a los presidentes de Congreso y Senado, Patxi López y Pío García-Escudero. A partir del viernes, a los líderes de los grupos.

El rey Felipe VI.

El rey Felipe VI. Getty Images

Del centro de Madrid al monte de El Pardo, ida y vuelta. Así son los viajes que la clase política española emprende este jueves una vez puesta en marcha la liturgia real para proponer un candidato a la presidencia del Gobierno. La acción se traslada ahora al palacio de La Zarzuela. Felipe VI tiene en sus manos el calendario político del país.

Según fuentes de la Casa del Rey, será el “sentido común” el que determine los tiempos de un proceso constitucional establecido de manera muy laxa en el artículo 99. La Carta Magna sólo marca dos fechas: 48 horas si falla la primera investidura del candidato y dos meses a partir de la primera votación para convocar nuevas elecciones generales. El resto depende de los días que necesite Felipe VI para escuchar a los líderes políticos y tomar una decisión.

En estos 40 años de democracia, esta liturgia ha sido prácticamente automática: el rey recibía en el salón de audiencias, evacuaba consultas en el despacho y se hacía una foto con el líder político en cuestión. Ahora, con un Congreso fragmentado en una decena de partidos y una aritmética complicada, el papel del monarca crece.

"Lo habitual ya no sirve"

“La costumbre, lo habitual, lo que siempre fue, ya no sirve”, explica un veterano de este rito de la democracia española, las llamadas consultas reales, que normalmente se solucionaban en unos cuatro días. Así, en el reinado de Juan Carlos I, al mes y medio de celebrarse elecciones solía haber un Gobierno en funcionamiento. Este año no será así.

El primero en llegar a La Zarzuela este jueves por la mañana ha sido el presidente del Congreso, el socialista Patxi López, tercera autoridad del Estado tras el rey, y después llegará el turno del Senado, con el popular Pío García-Escudero, que repite puesto. Ambos acuden a informar al rey de la constitución de ambas cámaras.

A continuación, López le ha entregado a Felipe VI una lista con los nombres de los “representantes designados por los grupos políticos con representación parlamentaria”, según lo establecido por el artículo 99.1 de la Constitución.

El viernes el rey puede “abrir las consultas”, según la terminología empleada y empezar recibiendo a Ana Oramas, la representante de Coalición Canaria. Así mañana y tarde o a diario hasta terminar con Mariano Rajoy, el presidente en funciones. Una vez tomada la decisión, Felipe VI volverá a llamar a López a Zarzuela para comunicarle el nombre del candidato propuesto.

Zarzuela no quiere prisas en este proceso, e insiste en que Felipe VI se tomará el “tiempo necesario” para encontrar a ese “aspirante sólido” que pueda formar nuevo Gobierno. La ley no le impide reunirse con quien necesite para tomar una decisión. Sólo le exige que lo haga con los representantes políticos que le pida López. Pero de nuevo desde Zarzuela se subraya que “no tiene sentido dilatar los plazos”.

A partir de ahí, la acción volverá a trasladarse de nuevo al Congreso. Felipe VI volverá a hacer acto de presencia en la sesión solemne de inicio de legislatura. La última, en diciembre de 2011, tuvo lugar después de la imputación de Iñaki Urdangarin, y es recordada por la ovación cerrada que la Cámara dedicó a don Juan Carlos y doña Sofía en señal de apoyo a la monarquía.

Papel más activo del Rey

Según fuentes políticas, la aritmética de esta legislatura exige del rey un papel más activo, similar si acaso al desarrollado por Juan Carlos I en 1996  cuando José María Aznar pudo gobernar en minoría gracias al apoyo de CiU.  Desde Zarzuela, sin embargo, recuerdan que ese acuerdo fue posible gracias al llamado pacto del Majestic entre Aznar y Jordi Pujol, al que entonces se alabó con profusión porque contribuía a la gobernabilidad de España.
Ese pacto daba más competencias a Cataluña y aseguraba el apoyo del PP a CiU esa comunidad autónoma. Exceptuando esa legislatura, las consultas políticas de Juan Carlos I transcurrieron sin interés político alguno.