Cataluña

Los ocho retos a los que se enfrenta Puigdemont

El nuevo president de la Generalitat deberá conducir una legislatura tortuosa y llena de obstáculos. Lo hará con un Govern en minoría cuyos consellers vienen impuestos desde las cúpulas de CDC y ERC.

Carles Puigdemont, este lunes en su despacho del Ayuntamiento de Girona

Carles Puigdemont, este lunes en su despacho del Ayuntamiento de Girona Efe

“Puigdemont tiene un papelón”, explicaba un diputado socialista el domingo por la tarde en los pasillos del Parlament. La sensación de que el nuevo president tiene un reto mayúsculo no circula sólo entre la bancada de la oposición. También dentro de JxS son conscientes de las dificultades a las que se tendrá que enfrentar un político cuya experiencia en la gestión pública se limita a cuatro años como alcalde de una ciudad que no supera los 100.000 habitantes.

Puigdemont se levantó el sábado siendo alcalde de Girona y se acostó sabiendo que sería el próximo presidente de la Generalitat. Pero no es el cargo lo que puede crear vértigo, sino una legislatura diseñada para separar Cataluña de España en 18 meses. Por si eso fuera poco, Puigdemont deberá cumplir su mandato siendo un desconocido para la mayoría, sin controlar su partido y con un Govern en manos de la CUP que ni siquiera ha diseñado él.

El reto para el nuevo president es mayúsculo. Aquí están los ocho obstáculos más destacados que se le interpondrán en el camino.

1.- Liderar un Govern que no ha diseñado

Puigdemont liderará un Govern que se diseñó antes de que él llegase. No será el president quien escoja a sus consellers de confianza sino que desde arriba se le impondrán miembros de ERC, independientes y figuras destacadas de su partido que hasta la fecha gozan de mayor apoyo interno que el propio president de la Generalitat.

El reparto de cargos ya se hizo hace semanas y difícilmente el nuevo president podrá alterarlo. Mas, que controlaba el partido y escogió personalmente a su Govern, no pudo evitar que se filtraran las discusiones del Consell de Govern. No será fácil para Puigdemont mantener la cohesión de un Ejecutivo en los que habrá intereses cruzados más allá de la independencia.

2.- Gobernar sin controlar el partido

Puigdemont, además, tiene poco poder en CDC. En el partido lo definen como una figura ascendente que ganó cierta influencia con la alcaldía de Girona. Pero ni siquiera con ese cargo consiguió controlar la formación en su provincia. Habrá que ver cómo reaccionan los hombres fuertes de CDC en Girona que pueden haberse molestado por el nombramiento, como por ejemplo Santi Vila. El exalcalde de Figueras y conseller de Sostenibilidad en funciones siempre quiso postularse como sucesor de Mas. Aunque no tiene mala relación con Puigdemont, tampoco se puede decir que sean precisamente amigos y no son del mismo sector. Por decisión de CDC, Vila será probablemente conseller de Cultura.

Si bien CDC es un partido en el que todavía existe una fuerte disciplina interna, Puigdemont no será el presidente de la formación -el cargo lo ostentará Mas- y durante su “refundación” habrá varios nombres que querrán dar un paso al frente.

3- Ser un ‘hombre de paja’ o proyectar su liderazgo

Son varios los que enmarcan a Puigdemont como un "hombre de paja" puesto por Mas para ganar tiempo y evitar unas nuevas elecciones. En política, no obstante, los hombres de paja a veces acaban convirtiéndose en líderes de verdad.

Puigdemont deberá escoger entre ser un Medvedev -que presidió Rusia mientras pasaba el plazo para que Putin pudiera presentarse otra vez- o aprovechar los 18 meses de esta legislatura para proyectar su liderazgo y convertirse en el nuevo líder del soberanismo.

“Si él quiere, tenemos presidente para rato”, comentaban dos diputados convergentes entre ellos el pasado domingo durante un receso en el debate de investidura. Puigdemont deberá optar entre articular una presidencia como su primer discurso en el Parlament -plano y obediente como quiere Mas- o bien proyectar un liderazgo como su segunda intervención en la cámara: marcando perfil propio y demostrando que vale para el cargo.

4- La guerra soterrada entre Junqueras y Mas

A pesar de las buenas palabras y los abrazos, Junqueras no quedó contento con el acuerdo alcanzado el sábado. El líder de ERC transmitió a su círculo más cercano que prefería unas nuevas elecciones antes que conformarse con la vicepresidencia en el nuevo Govern. Mas le ha acabado colando un gol de última hora a Junqueras cuando éste ya se veía ganando en las elecciones de marzo.

La guerra soterrada entre Junqueras y Mas para liderar el soberanismo después de esta corta legislatura sobrevolará las reuniones del Govern y de la coalición parlamentaria de JxS. La legislatura se prevé corta y será difícil que los últimos meses no se conviertan en una precampaña electoral de unos y otros.

5- Gobernar con una CUP beligerante

JxS y la CUP han llegado a un pacto de estabilidad parlamentaria para la legislatura. Pero cada bando tiene una concepción distinta sobre lo que esto significa. JxS cree que con el acuerdo controlará las decisiones de la CUP, pero en la formación ya han advertido de que esa estabilidad sólo se concederá en lo referente al proceso soberanista. En la propia CUP ya han advertido, además, que este pacto es “reversible” y que JxS no podrá contar con ellos para aprobar recortes o “políticas antisociales”.

Es un error pensar en una CUP dócil durante estos 18 meses. La estabilidad parlamentaria puede saltar por los aires en cualquier momento. El diputado Benet Salellas celebró el acuerdo ante los medios asegurando que habían “mandado a Mas a la papelera de la Historia”. La otra señal fue el hecho de que fuera Anna Gabriel, una de las más beligerantes con Mas y CDC, quien interviniera en el debate de investidura. Los dardos de Gabriel a Mas durante su discurso son un anticipo de cómo actuará la CUP en el Parlament. Gabriel, además, ha salido reforzada de las negociaciones y con la dimisión de Baños se convertirá en la cara visible de la formación en la cámara catalana.

6- El peso de la ley

A nadie se le escapa que Puigdemont puede tener serios problemas legales. Si Mas y dos consejeras fueron imputados por realizar una consulta sin efectos jurídicos, el nuevo president deberá responder ante cargos mucho peores si prosigue con el camino de la ruptura.

La puesta en marcha del acuerdo rupturista del 9 de noviembre, suspendido por el Tribunal Constitucional, será la primera de muchas vulneraciones de la ley que Puigdemont deberá afrontar. El nuevo president, de hecho, ya se encuentra investigado por la Audiencia Nacional por apoyar esa declaración desde su Ayuntamiento.

7- La corrupción de CDC

El nuevo president de la Generalitat deberá lidiar con diversos procesos judiciales que erosionarán el liderazgo de CDC dentro del soberanismo.

Durante este 2016 se celebrará el juicio del Caso Palau, que afecta directamente a su formación y a su antiguo tesorero, Daniel Osàcar. A su vez, el ex molt honorable Jordi Pujol declarará en febrero en la Audiencia Nacional en calidad de imputado (ahora se le llama “investigado”) en un proceso cuya principal incógnita es de dónde ha salido la fortuna de la familia.

Aunque estos dos casos tengan que ver con épocas anteriores de CDC, Puigdemont deberá lidiar con un escándalo mucho más reciente, el caso Torredembarra. La instrucción de este caso está a punto de finalizar, se prevé que se abra juicio oral durante este 2016 y, según fuentes cercanas a la investigación, generará un auténtico cisma en el seno de Convergència.

8- Ampliar la base social del soberanismo

Durante estos años se le ha llamado al proceso soberanista “la revuelta de las sonrisas”. Estos tres meses de negociaciones, sin embargo, han convertido las sonrisas de los años anteriores en reproches, hastío e incredulidad entre una parte notable de los votantes independentistas. Puigdemont deberá volver a ilusionar a un electorado que se ha movilizado en exceso durante los últimos años y que en ocasiones parece cansado, como se vio en las anteriores elecciones generales.

El otro reto que deberá llevar a cabo Puigdemont es todavía más difícil. El independentismo no tiene la mayoría social necesaria para poder llevar a cabo su “internacionalización”. Con el apoyo actual, no tiene legitimidad para llamar a la puerta de ninguna cancillería europea. Después de unos meses con un mensaje ambiguo, ya nadie en JxS se atreve a negar que un 48% de los votos son insuficientes para llevar a cabo un proyecto separatista de tal magnitud.

Puigdemont deberá luchar para mantener el equilibrio interno entre todos los actores e intentar sumar al independentismo a una parte importante de los votantes de Catalunya Sí Que Es Pot.