ELECCIONES GENERALES

Breve viaje al lado íntimo de Pablo Iglesias con su padre

En Villaralbo (Zamora), el padre del líder de Podemos recitó a León Felipe y los vecinos brindaron por la victoria electoral.

El padre de Pablo Iglesias pegando el cartel de Podemos en Zamora

El padre de Pablo Iglesias pegando el cartel de Podemos en Zamora

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Pablo Iglesias aparece mucho, acaso demasiado, en televisión. En multitud de entrevistas le han preguntado sobre su vida personal. Y siempre ha respondido. Pero paradójicamente pocos saben quién es Pablo Iglesias. El líder de Podemos oculta su reverso más íntimo, sabedor de que en esta época de la democracia mediática cualquier detalle personal, por nimio que sea, puede ser utilizado en su contra. En este inicio de campaña abrió un poco esa puerta que suele tener cerrada al emocionarse junto a su padre en Villaralbo (Zamora).

El autobús de Podemos, que lleva tatuado el lema “Un país contigo”, inició su “ruta del cambio” rumbo a la localidad zamorana pasadas las seis de la tarde. Iglesias se soltó la coleta y, como ya ha contado EL ESPAÑOL, agarró el micrófono para dedicar unas palabras a los informadores: “Señoras y señores, les habla el capitán en nombre de Podemos. Les agradecemos haber elegido nuevamente la ruta del cambio”, dijo para después repetir el mismo mensaje en inglés. “Nos espera una travesía agitada en la que esperamos turbulencias políticas. Despegamos hacia el asalto a los cielos, relájense y disfruten del viaje”.

Tres horas y unas cuantas preguntas después, el autobús de Podemos llegó a su destino. Una niebla espesa y una temperatura que arañaba al visitante esperaban a las puertas del local elegido para cenar. Pero entre quienes aguardaban allí había alguien cuya sonrisa brillaba con más fuerza. Era Javier Iglesias, el progenitor del candidato. Con cierta parafernalia en busca de la imagen que inmortalizasen los medios, el aspirante a la Moncloa se bajó del vehículo y se fundió en un abrazo con su padre. Ya en ese momento pudo verse cierta emoción en ese rostro que habitualmente aparece fruncido, como en un enfado perpetuo, en los televisores.

Después llegó la cena, en la que los representantes de varios colectivos de la comarca pudieron ver de cerca Iglesias y al resto de su equipo. Un brindis por la victoria electoral -esa que dan por imposible todas las encuestas- dio paso a unos platos un tanto contundentes. A los postres, Javier Iglesias tomó la palabra para dedicar un poema a su hijo.

El mayor de los Iglesias recitó los versos de “Pie para el niño de Vallecas”, esculpido por el zamorano León Felipe un siglo y medio atrás. “...Mientras esta cabeza rota / del Niño de Vallecas exista, / de aquí no se va nadie. Nadie. / Ni el místico ni el suicida...”. Al final del poema, hijo y padre volvieron a abrazarse. Y quienes están acostumbrados a seguir al candidato de Podemos señalaban lo novedoso que resultaba atisbar esa emoción en sus ojos. Parecía que se hubiera despojado de esa coraza que constriñe todos sus discursos y todas sus miradas. Fue un momento fugaz. Pronto se recompuso y se fue a pegar carteles junto a su padre y a su inseparable Íñigo Errejón. Ya se había puesto el traje de candidato. Ya había desaparecido la emoción y había vuelto su rostro pétreo. Ya hablaba otra vez ante las cámaras ese Pablo Iglesias que quizás no sea el verdadero.