Atentados París

“Todo el mundo es de fuera aquí. Es lo bonito de Marsella”

El madrileño Juan Alberto González Garrido apareció hace cuatro años en el programa 'Españoles por el mundo'. Nada hacía presagiar que el destino le tenía reservado tan trágico final.

Juan Alberto González en una imagen del programa 'Españoles por el mundo'

Juan Alberto González en una imagen del programa 'Españoles por el mundo' TVE

Juan Alberto Garrido fallecía este viernes en manos de los terroristas que asaltaron la sala de conciertos Bataclan. En 2011, lleno de energía y ganas de vivir, recibía al equipo de Españoles por el Mundo en Marsella, ciudad en la que residía. Aquí puedes ver el vídeo.

"¿Cómo acabaste tú en Marsella?""Yo antes vivía en Holanda. Me volví a Madrid, y dije: El mundo es muy pequeño"

Juan Alberto Garrido, uno de los cuatro españoles fallecidos como consecuencia de los atentados de París del 13 de noviembre, comenzaba así su recorrido de Marsella para el programa Españoles por el Mundo, en 2011.

Marsella y la religión

Expresivo, sonriente, y con dicción acelerada, como quien tiene demasiadas cosas que contar. Demasiadas ganas de vivir. Juan Alberto guía a los reporteros de Televisión Española hasta el punto más alto de la ciudad francesa. Poco después, visitan juntos Notre Dame de la Garde, donde le preguntan por la fe de los marselleses. "¿Son muy creyentes?" Él responde. "Yo creo que cada vez menos. Yo creo que ahora mismo están al mismo nivel el cristianismo y el Islam". Nada hacía presagiar que cuatro años después, su asesinato se llevaría a cabo en nombre de una religión.

Suena Jacques Brel. "Querías ver Vesoul, y vimos Vesoul. Querías ver Hambourg, vimos Hambourg. Pero te lo digo, no iré más lejos. Pero te prevengo, no iré a París".

Yo creo que los marselleses son cada vez menos creyentes. Creo que ahora el cristianismo y el Islam están al mismo nivel

Juan Alberto tenía entonces 25 años. Conoce la ciudad en la que vive, y así lo hace saber a sus acompañantes con anécdotas y explicaciones de cada rincón de Marsella. Próxima parada, un taller de santones, especializado en figuritas del Belén. No pierde la sonrisa, y con gesto pícaro dice: "Echo de menos una figura muy catalana, pero no sé si la tendrán aquí. El caganer". Segundos después, aborda de nuevo la laicidad, esta vez para explicar la tradición de estos belenes en el sur de Francia. "Con la revolución francesa se abolieron muchos signos religiosos", justifica. "Pero como aquí, en el sur, eran más creyentes, empezaron a hacer representaciones del belén en su casa para mantener la tradición".

Un ciudadano del mundo

Dialoga en francés con uno de los artesanos, también con las dependientas de la panadería más antigua de Marsella. "Esto es la barca, un biscotte a la flor de naranja" Juan Alberto no esconde su pasión por la cultura francesa. "Esta ciudad tiene un montón de pequeños detalles que la hacen encantadora". Come uno de los biscottes. "A mí me encantan estas cosas". Como también le encantaba el mercado árabe. "Entramos en una de las partes más características de Marsella. Es como Argelia, pero aquí, en Marsella". Mueve los brazos, se le ve feliz de conocer mundo, y sigue su ruta con la mochila en los hombros y sin perder el gesto de orgullo: es un ciudadano del mundo feliz de enseñar a los demás lo que sabe del lugar.

"Se convive muy bien", dice cuando le preguntan por el ambiente en este crisol de culturas. "Es lo bonito de Marsella, por eso es tan fácil integrarse. Porque llegas, y todo el mundo es de fuera aquí". También dialoga con el comerciante. "¡Buenas tardes señor! ¿Cómo llevas la crisis aquí?" Otro vendedor se le acerca con acento argelino. Ríen juntos, hablan de lo que hacen en Marsella.

Hay hasta 600 versiones de la Marsellesa, explicaba a los reporteros de TVE

El recorrido nos lleva a las especias del mercado. "Solo venir aquí y oler, merece la pena", dice. También habla del peligro de la ciudad, de los barrios en los que es mejor no entrar, haciendo referencia a la fama de ciertas calles de la ciudad francesa. Llega incluso a explicar el origen de la Marsellesa. "Hay hasta 600 versiones de esta canción", dice, ignorando que un fatídico viernes de 2015 sonaría en todos los rincones del mundo para homenajearle a él y a más de cien inocentes. "Allons enfants de la patrie...", canta y se ríe, sonrojado. "¡Madre mía, que me arranco!"

Un 'friki' de la música

El paseo continúa. Calles llenas de color que él describe. Conoce hasta los significados de los grafittis escondidos. No es un turista en Marsella. Es un marsellés más. Después, propone a los reporteros tomar un pastís, un digestivo típico de la ciudad, en un bar de más de cien años de antigüedad. "Por Marsella, por vosotros, y por los que quieran venir a Marsella. Sois bienvenidos cuando queráis. Os espero".

A Joaquín, entrevistado por este periódico, no le extraña que su amigo estuviese en la sala Bataclan. "Era un 'friki' de la música. A nuestra pandilla siempre nos estaba recomendando grupos. Recuerdo el de The Rise and Fall of Ziggy Stardust, que era su favorito de David Bowie. Desde entonces, siempre que lo escucho me acuerdo de él. Le perdí la pista cuando se fue a Marsella. Pero le recuerdo sonriente. Siempre".