Lluís Rabell

Un afrancesado a la sombra de Pablo Iglesias

Amante de la chanson francesa y ligado desde siempre a los movimientos de extrema izquierda, el líder de Catalunya Sí Que es Pot lucha por hacerse oír en una campaña polarizada por el proceso soberanista.

Lluís Rabell / AlbertoGamazo

Lluís Rabell / AlbertoGamazo

En julio de 2015 Josep Lluís Franco Rabell (Barcelona, 1954) recibió un ultimátum telefónico. Entonces presidía la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (FAVB) y se encontraba reunido en una junta de ese organismo. Desde la candidatura de Catalunya Sí Que es Pot (CSP) le dijeron que no tenía más tiempo para pensar. Debía decirles urgentemente si aceptaba ser el número uno de la lista de su formación.

Rabell era consciente de que no era ni el primero ni el segundo plato. Era la tercera o cuarta opción de los responsables de la lista y ya había rechazado la oferta en una ocasión. Su intención era seguir donde estaba y terminar su mandato al frente de la FAVB. Según explica, se decidió a presentarse por unas palabras de Artur Mas que hicieron que le hirviera la sangre.Todo el movimiento que ha habido en la política catalana de los últimos cuatro o cinco años ha venido por la enorme movilización del movimiento soberanista. ¿Y quién se está agrupando para el 27-S? El mundo del ‘Sí se puede’.

“Ese posado arrogante, de niño de casa buena, presentándose como el adalid de Cataluña y hablando con tono de menosprecio me hizo sentir realmente irritado”, rememora Rabell. Al colgar el teléfono consultó con los miembros de la junta de la FAVB. Algunos le dijeron que tirara hacia adelante. Otros, pensando en la pérdida que significaba para la entidad, optaron por no opinar.

Una lista a contrarreloj

Quienes estuvieron en la mesa de negociaciones entre los partidos para elegir quién encabezaba la lista de CSP describen el proceso como “muy duro”. El tiempo se echaba encima, agosto se echaba encima y todavía no tenían candidato. Las prisas hicieron que lo que tenía que ser una candidatura de base se acabara pareciendo más a un mero acuerdo entre partidos.

Podemos quería que el candidato fuera Albano Dante, el periodista que había ganado las primarias del partido. ICV apostaba por Joan Coscubiela, hasta entonces diputado en el Congreso. El partido Procés Constituent, que finalmente se cayó de las negociaciones, optaba por la monja progresista Teresa Forcades, pero su figura generaba muchos recelos. Al final se llegó a la conclusión de que lo mejor era designar un candidato independiente.

Se barajaron varios nombres. La principal apuesta era el economista Arcadi Oliveres. También se contempló la posibilidad de escoger a la periodista de El País Milagros Pérez-Oliva e incluso al televisivo Jordi Évole. Pérez-Oliva y Évole no se subieron al barco. Oliveres aceptó en un primer momento, pero después de consultarlo con Procés Constituent reculó alegando motivos de salud. Sólo entonces se le ofreció el puesto a Rabell.

Marc Bertomeu, secretario general de Podemos en Barcelona, cuenta que Rabell se había ofrecido antes “para lo que hiciera falta”. Pero recuerda que les advirtió que no era ni Ada Colau ni Pablo Iglesias. “Voy a necesitar mucha ayuda”, les dijo.

Un vecino más

“Presentarse a una lista a este nivel no estaba en el esquema mental de Rabell”, explica Joan Maria Solé, actual vicepresidente de su federación de asociaciones de vecinos. Solé cree que accedió a liderar la formación porque consideró que en ese momento se le necesitaba. He hablado con una docena de personas en el entorno de Rabel y todas coinciden en señalar que si le llegan a contar hace un año dónde estaría ahora no se lo habría creído.

Toda la gente que ha trabajado con él resalta su capacidad de diálogo y de generar consensos, fruto de trabajar en un movimiento como el vecinal, en el que se deben aunar distintas sensibilidades. “Es experto en acercar posiciones y buscar compromisos”, cuenta Joan Subirats, catedrático de Ciencia Política y uno de los impulsores de la candidatura de Ada Colau a la Alcaldía de Barcelona.

En la federación de asociaciones de vecinos todos hablan muy bien de Rabell y resaltan la pérdida para la entidad que supuso su marcha. “Ha sido de los presidentes más carismáticos que hemos tenido”, dice Solé.

Como nota negativa, algunos cuentan en privado que peca de vehemencia y mal carácter cuando hay algo que no le gusta. También mencionan cierta seguridad que a veces parece impostada. “Es imposible que una persona delante de un reto como éste no presente dudas e inquietudes”, cuenta Bertomeu. “Rabell se lo queda todo para él”.

A Rabell se le ve muy cómodo en los mítines y actos de calle. Habla bien en público y tiene cierto carisma a la hora de articular sus discursos y relacionarse con la gente. En algunos mítines incluso se ha soltado y se le ha visto cantar.

Los allegados de Rabell explican que su pasión por cantar es compartida. Rabell toca la guitarra y forma un dueto de chanson francesa junto a su pareja, Sylviane. Cuentan que el candidato incluso compone algunas canciones y que ha actuado junto a su mujer en alguna ocasión.

Donde no se le ve tan cómodo a Rabell es en las entrevistas y en los debates televisados. No acostumbra a mirar a los ojos cuando responde y en algunos de los debates se le ha visto un poco ausente. “Es una persona que viene del mundo reivindicativo. No está acostumbrado a tener oposición a su discurso porque él siempre ha sido el opositor”, explica una persona de su entorno que prefiere no desvelar su nombre.

Años clandestino

En 1974 Rabell era un estudiante de Filosofía y Letras y de Ciencias Económicas en la Universidad de Barcelona. Militaba activamente en su universidad a través de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), de carácter trotskista, bajo el pseudónimo de Gerard. Un encargo de la organización le obligó a dejar los estudios y trasladarse a París.

Rabell no quiere explicar qué fue a hacer a la capital francesa durante tres años. “Como fue una petición clandestina de un grupo ilegal, entenderás que no lo quiera revelar”, contesta. “La vida del revolucionario, sobre todo durante la juventud, está llena de episodios interesantes cuyos detalles no tienen porque explicarse”.

He hablado con varias personas que durante el tardofranquismo y durante la Transición militaron en la LCR y en la Liga Comunista (LC), una organización también trotskista que se escindió de la primera. Muchos de ellos hoy ocupan cargos de responsabilidad en grandes compañías, organizaciones empresariales o partidos y la mayoría de ellos no han querido que les cite en este perfil.

Todos coinciden en que el papel de Rabell en esos años era ejercer como enlace entre organizaciones, confeccionar y distribuir propaganda y tal vez infiltrarse en otras formaciones de izquierda de la época.

Los consultados describen a los miembros de la LCR y la LC como el sector más duro de la disidencia franquista en la universidad. “Nosotros éramos los de los cócteles molotov”, explica Josep Maria Rañé, exconsejero de Trabajo e Industria en el Gobierno del tripartito y exmilitante de la LC. “Abogábamos por el estilo de guerrillas mientras que los del PSUC eran más moderados en este aspecto”. Un exmiembro de la LCR que ahora tiene un cargo en el PSC también cuenta que en la LCR había cierta ambigüedad respecto al terrorismo de ETA. “Eran otras épocas”, añade.

A Rañé no le sorprende que a Rabell le mandaran dejar los estudios e irse al extranjero. “El concepto de militancia era duro. Te podían pedir cualquier cosa una vez estabas dentro”, explica. “Vi a mucha gente dejar los estudios e irse a trabajar a la obra sólo para organizar allí el frente obrero”.

En Francia Rabell hizo primero trabajos de traductor. Luego se licenció en Traducción e Interpretación en Montpellier. Su mujer es francesa y sus dos hijos nacieron en Francia. Al volver a Barcelona en 1987, Rabell se dedicó a Talleres Franco, su empresa familiar dedicada al mármol. La empresa cerró víctima de la crisis inmobiliaria durante el año 2010.

Desde su vuelta a Barcelona, Rabell formó parte de la Asociación de Vecinos de la Esquerra de l’Eixample y militó en partidos de extrema izquierda como el Partido Obrero Revolucionario (POR) y Revolta Global. Entre 2012 y 2015 presidió la FAVB.

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El azote de Trias

Durante los años al frente de la FAVB, Rabell se convirtió en uno de los grandes opositores a las políticas del alcalde de Barcelona, Xavier Trias (CiU).

Su mandato al frente de la entidad se caracterizó por un control férreo de la gestión municipal y por las críticas de muchos vecinos al modelo turístico de la ciudad. Rabell apoyó la movilizaciones vecinales en los barrios de la Barceloneta y la Sagrada Familia en contra del turismo y colaboró con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y con varias ONG. La entidad también impulsó una querella colectiva contra la familia Pujol después de que el expresidente de la Generalitat reconociera que había defraudado al fisco.

Después de unos meses de fuerte movilización vecinal en contra del alcalde, Trias insinuó en una entrevista en El Periódico que Rabell creaba agitación entre los ciudadanos para desgastar a su Gobierno ante un inminente salto a la política.

Los estatutos de la FAVB establecen que ningún miembro de la junta puede ir en una lista electoral. Rabell no estaba en ninguna candidatura pero participó activamente en la creación de Guanyem, el germen de la plataforma que al cabo de unos meses arrebataría la alcaldía a Trias. “Entre bastidores hacía lo que podía”, reconoce Rabell, que desliga esta actividad de su cargo al frente de la federación.

Las acusaciones de Trias y la actividad de Rabell generaron cierto recelo en la FAVB, que vio cómo su independencia se ponía en entredicho. La junta obligó a Rabell a enviar una carta a El Periódicodirigida a Trias. En el escrito Rabell aseguraba que “no formaría parte de ninguna lista en las siguientes elecciones [municipales] ni en cualquier otro tipo de comicios”.

Al cabo de un año Rabell fue presentado como candidato a la presidencia de la Generalitat.

El entorno de Trias no ha querido hacer ningún comentario sobre la disputa entre Rabell y el exalcalde para este reportaje.

La ausencia de Colau

Rabell no esconde que participó en la gestación del germen de la candidatura de Ada Colau mientras presidía la FAVB. Describe reuniones con Joan Subirats, con Ada Colau y con su segundo Gerardo Pisarello. “Cualquier proyecto político necesita lo que se llama cocina y yo estuve en la cocina”, explica.

“No se implicó personalmente pero sí que aportó muchas ideas”, recuerda Subirats.

Colau, sin embargo, no se ha significado a favor de Rabell, con quien le une una estrecha relación personal. Las distintas sensibilidades respecto al soberanismo han impedido que le apoyara públicamente. “Guanyem es plural”, dice Subirats. “Dentro hay independentistas que pueden ser más próximos a la CUP”.

Los miembros de CSP consultados coinciden en que el apoyo de una figura como Colau habría sido determinante para una candidatura que no acaba de despegar en las encuestas. Rabell no esconde su decepción pero pide comprensión. “Hay que comprenderla y respetarla”, se lamenta. “Tenemos una buena alcaldesa, no la quememos antes de hora”.

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El problema de la independencia

La postura sobre el debate soberanista de CSP ha situado el partido en tierra de nadie. No están en el bloque soberanista pero tampoco se sienten cómodos en el bando unionista. Su postura es fiarlo todo a que Podemos gane en las generales de diciembre y permita un referéndum pactado.

Cuando entré a la entrevista con Rabell en la sede de ICV, me crucé con los presidentes de las dos grandes organizaciones independentistas: la ANC y de Òmnium. El calendario marcaba el 3 de septiembre y todavía se especulaba con la presencia de CSP en los actos de la Diada. En la mesa de la sala de reuniones quedaban bocetos con diferentes propuestas para situar a Rabell y a los suyos en el acto sin que se sintieran incómodos. En esa reunión, sin embargo, se decidió que el partido no estaría representado en la Meridiana.

“Se nos usa por un lado y por el otro. No puedo ceder a este chantaje de Mas”, se quejaba entonces Rabell. “Aun así hemos quedado que el 28 de septiembre nos sentaremos otra vez [con Òmnium y la ANC] porque habrá que hablar muchas cosas”.

El candidato de CSP, que votó Sí-Sí en la consulta del 9N, asegura que 2015 es el primer año que no participa en la Diada. “Yo ya iba antes de que las manifestaciones fueran masivas, cuando nos reuníamos cuatro gatos por la tarde”. La gente que acudía a esas manifestaciones recuerda cómo ahí sólo se juntaba la izquierda independentista más radical. A las juventudes de ERC se las había llegado a expulsar de la movilización en alguna ocasión porque se consideraba que sus miembros estaban demasiado cerca del establishment nacionalista.

Rabell asegura que no es independentista. Algo que desde el PP y C’s se le ha reprochado continuamente durante la campaña. “Soy soberanista, que es distinto. Creo en la autodeterminación de los pueblos”, matiza.

Otro aspecto que le reprochan es que cambiara su nombre de Josep Lluís Franco Rabell a Lluís Rabell escondiendo su primer apellido: Franco. “No me avergüenzo de mi apellido”, replica, “llevo muchos años firmando mis traducciones con el segundo en honor a mi abuelo materno, que fue quien me crió”.

Rabell se enmarca en el federalismo pero asegura que CSP también es una lista soberanista. En un artículo publicado en 2009 en la revista Viento Sur Rabell escribía esto:

Defendemos sin ambigüedad la perspectiva de una República Catalana: la realidad nacional del país y lo prolongado de la injusticia a que se ha visto sometido hacen insoslayable una salida basada en el pleno ejercicio de la soberanía democrática. A partir de ahí, cabe decir que ni somos independentistas ni estigmatizamos la soberanía democrática

En ese texto Rabell se desmarcaba del discurso que liga el nacionalismo con la burguesía catalana.

Conviene huir de cierto “jacobinismo” -muy extendido incluso en la extrema izquierda- que, cuando no puede negar la problemática nacional, la aborda como un engorroso vestigio del pasado o como una inevitable concesión de veleidades culturales de la “pequeña burguesía”.

El gran desconocido

A Rabell se le considera un clásico del movimiento reivindicativo barcelonés. Fuera de este ámbito, no obstante, es un gran desconocido. Lo avala una larga trayectoria ligada a las luchas sociales, pero muchos ciudadanos no lo conocen a falta de menos de una semana para las elecciones.

“La poca trayectoria desde que se convierte en dirigente vecinal [en 2012] hasta que es candidato es uno de sus principales defectos”, explica Subirats.

“Es un hecho objetivo: soy desconocido”, reconocía Rabell al principio de la campaña. “Me tocará picar mucha piedra”.

En una era en que las campañas también se juegan en las redes sociales, Rabell pierde la partida en Internet. En el momento en el que escribo este perfil apenas tiene 7.300 seguidores en Twitter. Sólo Ramon Espadaler (Unió), tiene menos seguidores. Colau tenía unos 220.000 cuando lanzó su candidatura a la alcaldía de Barcelona.

Este desconocimiento también se aprecia en los mítines y actos de campaña, donde Rabell se ve eclipsado por Pablo Iglesias. En todos los actos a los que he asistido he podido apreciar cómo los corrillos y las peticiones de selfies y besos se dirigen a Iglesias o incluso a Íñigo Errejón.

Todos los consultados reconocen que la falta de tiempo y una precampaña en pleno agosto han jugado en contra de CSP. La gente no conoce a su candidato y en ocasiones ni siquiera la marca con la que se presenta. “El mayor problema que tendremos el 27-S es que la gente sepa cuál es la papeleta de Podemos”, ironiza en privado un miembro de ICV.