GUERRA INTERNA EN EL PSOE

Los críticos con Sánchez podrían echarlo si convencen a un puñado de dirigentes

Al menos 15 de los 36 miembros de la Ejecutiva estarían dispuestos a dimitir para provocar la destitución de Sánchez. Pero hacen falta 19. 

El Comité Federal del PSOE, en una reunión de este año.

El Comité Federal del PSOE, en una reunión de este año. Efe

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El PSOE es estos días una olla a presión. Están a punto de cumplirse las tres semanas de pseudo-tregua que comenzó con el naufragio de la investidura de Mariano Rajoy y finaliza con las elecciones vascas y gallegas. Una multitud de dirigentes espera decisiones para este lunes, tanto por parte de Pedro Sánchez como de los críticos con él. En ellas se entremezclarán tanto la gobernabilidad de España como el futuro del PSOE.

Los presidentes autonómicos que desautorizan la gestión de su líder dan por hecho que las elecciones del domingo visibilizarán un importante retroceso de los socialistas en Euskadi y en Galicia. En Euskadi, el PSOE podría pasar a ser la cuarta fuerza superando por poco al PP. En Galicia, Alberto Núñez Feijóo tiene al alcance de la mano otra mayoría absoluta. Se trataría de la única del PP en toda España en el ámbito autonómico. De confirmarse, el fracaso socialista será importante. Pero además las encuestas pronostican que En Marea podría superar al PSOE, lo que serviría como guinda del pastel.

Los barones críticos dan por hecho que, a partir de este lunes, Sánchez dará un impulso a su candidatura para encabezar un Gobierno de aritmética endiablada. También creen que con ello intentará tapar unos malos resultados que ellos tratarán de endosarle igualmente argumentando que los candidatos eran del gusto de Ferraz y la campaña ha sido diseñada de espaldas a sectores importantes del partido.

Buena parte del PSOE, especialmente el que tiene peso institucional, tiene claro el diagnóstico. De los siete presidentes autonómicos, sólo una, Francina Armengol (Baleares), apoya con firmeza a Sánchez. Los demás creen que el secretario general es más un problema que una solución para el PSOE que no debería embarcarse en otra investidura arriesgada, desde luego no con partidos nacionalistas. Pero ahí se acaban las certezas.

Apenas quedan voces que defiendan una abstención del PSOE para que Rajoy repita en la Moncloa y no hay consenso sobre la fórmula para comenzar a escribir el último capítulo de Sánchez. Mientras unos abogan por que el partido exija al PP que presente otro candidato a cambio de negociar la abstención, con Sánchez como líder, otros optan directamente por forzar la marcha del secretario general. El problema es que Susana Díaz emite señales contradictorias y no parece querer someterse a una votación de la militancia en competencia directa con Sánchez. En Ferraz aseguran que, tras estos meses, Sánchez tiene a los afiliados en el bolsillo. Aunque no tenga a los votantes.

El botón nuclear

Por ese motivo, los barones críticos hacen números antes de decidir si ponen en marcha una solución drástica. Los estatutos del PSOE prevén la convocatoria de un congreso extraordinario tras la dimisión de “la mitad mas uno” de los miembros de la Ejecutiva Federal. En la práctica, la renuncia de la mayoría de los miembros de la Ejecutiva supone la creación de una comisión gestora y la salida del secretario general. Como el congreso de los socialistas, en el que se renuevan el liderazgo y los principales órganos, lleva posponiéndose desde febrero, una cascada de dimisiones de la Ejecutiva acabaría con Sánchez y abriría una nueva página en el PSOE en la que los barones tendrían mucho más peso para decidir si abstenerse en una investidura, por ejemplo.

La actual Ejecutiva del PSOE, entre vocales y secretarios con área concreta, tiene 36 miembros tras la muerte de Pedro Zerolo y la dimisión de José Ramón Gómez Besteiro, exlíder de los socialistas gallegos. Según el artículo 41.2 de los estatutos del PSOE, hay miembros natos que participan en las reuniones (sobre todo los portavoces en las distintas cámaras), aunque en principio no serían computables en la votación, por lo que si los críticos con Sánchez reunen 19 dimisiones, Sánchez tendría que marcharse.

La lucha sería reñida. Teniendo en cuenta los pronunciamientos de sus miembros y la influencia de los líderes territoriales, al menos 15 miembros de la Ejecutiva podrían estar dispuestos a abandonar su puesto. Se trata de la mayoría de los andaluces, castellano-manchegos,  aragoneses, madrileños, extremeños y canarios.

Los dudosos

Hay varios dudosos, que en teoría seguirían la opinión de su partido en las distintas federaciones, pero que se han mostrado cercanos a Sánchez. Entre las dudas están Micaela Navarro, presidenta del PSOE y diputada por Jaén, Carmen Montón, consejera en el Gobierno de Ximo Puig, Pilar Lucio, diputada por Cáceres, Pere Navarro, ex líder del PSC, Roberto Jiménez, antiguo líder de los socialistas navarros y la exdiputada asturiana María Luisa Carcedo.  Otros han pasado a defender sin matices a Sánchez pese a la opinión de sus barones. Se trata de Adriana Lastra, muy distanciada del presidente Javier Fernández en Asturias, la andaluza María Luisa Faneca o la aragonesa Susana Sumelzo.

Este botón nuclear tiene contraindicaciones. La primera, que el voto de cada miembro es personal y los miembros de la Ejecutiva pueden ser cortejados (o amenazados) tanto por Sánchez como por los críticos. Por otra, fuentes del PSOE creen que sería contraproducente para una posible candidatura de Susana Díaz al liderazgo, ya que sería caracterizada como una Judas que apuñaló al líder que dijo “no” a Rajoy y al PP. La ausencia de un liderazgo alternativo y concreto frente a Sánchez y la falta de consenso sobre la gobernabilidad dificultan cualquier decisión.