La tribuna

Busco un político

Agapito Maestre

Busco un político que diga algo sencillo. Elemental. Busco un político, entre los que han conseguido romper el bipartidismo, que diga: España no puede estar dos meses con un gobierno en funciones.

Busco un político que denuncie lo obvio: el sistema político del 78 está roto, ha desaparecido el bipartidismo, pero sus leyes más terribles están manteniendo a un muerto-viviente en La Moncloa. Y, además, ha salido a la calle para darnos una mala noticia: alargará el proceso todo lo que pueda, dos o tres meses, hasta conseguir conformar un gobierno con Sánchez. Inaudito.

En cualquier país del mundo democrático esta situación no duraría más de dos semanas

España empieza a ser, otra vez, el hazme reír del mundo. Nadie sabe qué pasará y, además, esta incertidumbre ridícula quiere prolongarla siguiendo el modelo de Artur Mas. He ahí el gran progreso de la casta política. Todo es degradación. Nihilismo de alcantarilla. En cualquier país del mundo democrático esta situación no duraría más de dos semanas, pero el muerto-viviente de La Moncloa quiere hacérselo pasar mal a su pueblo.

El presidente del Gobierno seguirá castigando a los españoles, sencillamente, porque él no ha conseguido sacar unos resultados dignos para formar un gobierno. Antes que dimitir por sus escuálidos resultados, Rajoy recurre a lo peor del sistema político español, surgido de la Constitución del 78, para seguir maltratando a la ciudadanía española.

Nuestro destino es terrible: es como si los Padres de la Constitución hubieran estado pensando en un político del tipo Rajoy. Es como si nos estuvieran prediciendo: “Tenéis que aguantar con este”, el político que desprecia profundamente a la gente. Sí, ese hombre, Rajoy, se agarra como a un clavo ardiendo al principal cáncer del sistema político español, favorecer siempre la tiranía del partido mayoritario, aunque esa mayoría sea de un voto más que el segundo.

Los escaños sacados por el PP son insuficientes para dar legitimidad a un largo proceso de conformación de un Gobierno

He ahí el principal veneno que nos hará tomar este político en los próximos meses. Rajoy no dimite. Rajoy no quiere irse de La Moncloa. Rajoy no quiere tomar decisiones serias: cumplirá con creces todos los plazos posibles, como lo ha hecho con los plazos de la legislatura anterior que los superó en más de cuatro meses; y, de paso, le hará tomar al pueblo español hasta las heces del veneno de las peores leyes política del 78.

Salgan, pues, los de Ciudadanos y Podemos, que tanto critican el bipartidismo, y denuncien la peor de las reglas del viejo y ajado bipartidismo: 123 escaños otorgan legalidad para iniciar un proceso de conformación de un Gobierno, pero jamás otorgarían legitimidad, en una democracia desarrollada, para alargar ese proceso tres meses. Rajoy ha empezado a utilizar a su antojo y con descaro esa pequeña ventaja que le otorga la ley sin que todavía haya habido una voz discordante, entre los nuevos partidos, que le afeen su conducta, a todas luces, antidemocrática y ventajista.

El número de escaños sacados por el PP son insuficientes para dar legitimidad a un largo proceso de conformación de un gobierno. La crueldad del sistema político del 78 le permite a Rajoy confundir legalidad con legitimidad. Denuncien, ya, Ciudadanos y Podemos esa crueldad. Sí, sí, digo crueldad, porque no puede ser más terrible un sistema político que solo favorece al partido “mayoritario”. Rajoy sólo tiene una ocupación política: alargar un proceso ridículo hasta conseguir, dentro de dos o tres meses, formar un Gobierno de Gran Coalición. ¡Menuda Gran Coalición nos espera!

El bipartidismo ha muerto, pero el señor de La Moncloa no quiere verlo: es un irresponsable

¡Cómo puede presidir un Gobierno de Gran Coalición alguien que es incapaz de autolimitarse en el ejercicio del poder! El sistema político de carácter mayoritario, el bipartidismo, está muerto, pero el señor de La Moncloa no quiere verlo. Es un irresponsable.

Solo quiere el poder para autoafirmar su triste personalidad. Se aleja peligrosamente del objetivo de cualquier demócrata: alcanzar un mejor orden social de la forma más rápida y eficaz posible. ¡Cómo podría conseguir un mejor orden social –del orden político mejor ni hablar- quien se niega a reconocer que ya no hay dos partidos políticos determinantes sino cuatro!

En fin, ¿cómo podría gobernar alguien que es incapaz de reconocer su fracaso electoral? No entiendo cómo podría gobernar España alguien que tiene como modelo político para formar Gobierno a Artur Mas?

Alargar esta agonía política es una falta de respeto a la ciudadanía

Pero, lo peor de todo, no reside en que Rajoy no quiera irse ni atado, ni que el PP sea un partido sin nervio y sin frescura para ponerle freno a este político, sino que los medios de comunicación, casi todos a su servicio, traguen y no denuncien lo obvio: o gobierno ya o elecciones anticipadas en dos meses. Alargar esta agonía política es una falta de respeto a la ciudadanía.

Rajoy está decidido a seguir engañando a tirios y troyanos hasta que Sánchez entre en el Gobierno. Por este camino, Rajoy nos hará responsables a los españoles de que él ni puede formar gobierno ni lo dejan dimitir. Un escándalo. Estamos, una vez más, ante el político incapaz de ponerse a la altura de una ciudadanía desarrollada moral y políticamente. Una vez más, los políticos españoles no están a la altura de su pueblo. Por eso, precisamente, se ríen los grandes estadistas de Europa de la casta política española.

¡Sigamos, pues, buscando políticos dignos del pueblo español!

***Agapito Maestre es filósofo