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Esto es lo que hará el PSOE

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Ni 'Juego de Tronos', ni 'House of Cards', ni 'Borgen' llevan -ni llevarán nunca- tantas temporadas "emitidas" como el PSOE. Un guión bastante monótono, sí, pero que sigue enganchando a muchos periodistas a pesar de que la audiencia es cada vez menor.

La mayor parte de los espectadores se han aburrido ya de una trama que no varía desde hace años y donde los personajes lejos de ir renovándose permanecen intactos desde el primer capítulo, aunque puedan desaparecer un par de temporadas, para luego volver.

Los mismos haciendo siempre lo mismo demuestra una profunda desidia argumental, casi de telenovela venezolana, que se mantiene -por ahora- en antena por los capítulos de enfrentamiento entre las partes, que generan el morbo suficiente para sintonizar de vez en cuando sus emisiones.

Debemos entender que, mientras para el resto de partidos la temporada está empezando, para el PSOE está a punto de concluir, puesto que la tensión va creciendo exponencialmente capítulo a capítulo y el nuevo enfrentamiento abierto, a las puertas.

Es el eterno bucle del Partido Socialista, del que rara vez logra salir y que está a punto de condenarle definitivamente.

Desgraciadamente para ellos -y para el conjunto de la izquierda- no viven en un mundo de ficción como el que relatamos, sino que se enfrentan al devenir de una realidad de la que parecen querer alejarse para no tener que asumirla. El PSOE está más cómodo refugiándose dentro de las puertas de su palacio aunque eso signifique tener que jugar al solitario, -haciéndose trampas en la lectura de los resultados electorales- que fuera, donde lleva demasiados años sintiéndose incómodo, desplazado, desubicado.

Es el eterno bucle del PSOE, que está a punto de condenarle definitivamente

Tanto que en estas elecciones parece haber descubierto -al fin- que lo que se busca en ellas es quitar votos los unos a los otros, que hay rivalidad, que hay movilidad y que nada está cerrado. Desgraciadamente, en vez de competir en el nuevo escenario a cuatro, se ha dedicado a mostrar su indignación porque ello estuviera sucediendo, alegando la supuesta injusticia de que el resto de partidos estuvieran tratando de quitarle votos y, para colmo, de forma absolutamente descarada. Tal vez por eso presumen hoy de "haber ganado a las encuestas"...

Lejos de cumplir con la palabra dada por Sánchez -cuando todavía era candidato a la Secretaría General- de que consultaría con la militancia las decisiones de especial trascendencia para el partido y todavía más lejos de querer interpretar lo que los votos de los ciudadanos han dicho en las urnas, el PSOE, encerrado en sí mismo como nunca hasta ahora, ha reactivado la guerra interna que jamás cierra, convirtiendo a la ciudadanía y a su militancia en rehenes de sus trincheras, como meros argumentos contra su rival interno.

No pueden pactar ni con el PP ni con Podemos, pero no porque tengan planteamientos ideológicos tan firmes que les imposibiliten el acuerdo, sino por la presión que eso causaría en su guerra interna por el trono de Ferraz. La propia Susana Díaz ha llegado a afirmar que no se puede dar el Gobierno al PP, pero que por nada del mundo se puede pactar con "quienes quieren romper España". Porque Pedro podría llegar a pactar con Podemos, pero no con quienes quieren romper España, que para eso sacó esa gran bandera en campaña.

Lejos de cumplir con la palabra dada por Sánchez, el PSOE ha reactivado la guerra interna que jamás cierra

Ante la falta de definición ideológica en el partido, el abanico de opciones se ha abierto hasta el infinito dentro de sus filas. No pocos coinciden con los planteamientos económicos propuestos e implementados por el Partido Popular, mientras otros muchos socialistas entienden que la única vía posible es a la izquierda con Podemos.

Hacen suponer que un referéndum en Cataluña es una línea roja, pero todavía no sabemos los demás cuál es la alternativa. Sí, quieren ir hacia el federalismo, pero como quien sigue un camino de baldosas amarillas. ¿Por qué es para el PSOE inaceptable que se consulte a los catalanes lo que quieren? ¿Cómo se implementa su federalismo? ¿En qué consiste?

Es, por tanto, una línea roja interna, no de gobierno. El referéndum propuesto por Podemos no tiene para el PSOE más relevancia que la que internamente le conceden para posicionar a los barones en los bandos que sean necesarios. Nadie plantea por qué ese supuesto referéndum rompe España, lo asumen como acto de fe y el que no lo asuma es un claro rival.

Ante la falta de definición ideológica en el partido, el abanico de opciones se ha abierto hasta el infinito dentro de sus filas

Lo mismo se repite con el resto de temas esenciales. A falta de un mensaje alternativo fácilmente identificable, la idea central que ofrecen es muy simple: que no gobierne el PP y recordar los 136 años de historia como partido y sus logros del pasado. Sin ilusión de futuro.

Es una gran maquinaria diseñada para ganar elecciones que ya no las gana y que requiere de un gran coste de mantenimiento, de tener a los suficientes operarios engrasándola. Pero últimamente no están llegando los recambios suficientes y la materia prima del contacto con la calle ha subido tanto de precio que parecen estar prefiriendo comprar marcas blancas como combustible, al que al final -como matiz- añaden su logo.

El autodenominado "Partido de Gobierno", a pesar de los hechos, se muestra más preocupado de su propia supervivencia que de ofrecer una alternativa. Más que probablemente, a causa de la oxidación producida en lo más profundo de sus engranajes por la, hasta ahora efectiva, alternancia con el PP.

Por tanto, para entender lo que pueda hacer o dejar de hacer el Partido Socialista a la hora de formar un nuevo gobierno para España no debemos atender a los argumentos en clave externa, sino meramente interna. Los escenarios se tienen que analizar desde la perspectiva del cargo medio que no quiere perder su sitio y no desde la óptica de la gobernabilidad de izquierdas o derechas.

El autodenominado partido de Gobierno se muestra más preocupado de su propia supervivencia que de ofrecer una alternativa

Tampoco, desgraciadamente, se pueden hacer pronósticos en base a la voluntad de la militancia porque está fuera del espacio de toma de decisiones desde hace ya demasiado tiempo. Apenas puede hacerse escuchar en los contados procesos de primarias, pero controlados previamente por el sistema de avales. Si fuera por la militancia de un Partido Socialista el pacto ya estaría resuelto y tendríamos en ciernes un gobierno de izquierdas.

Pero no, eso ocurrirá o dejará de ocurrir por factores meramente internos situados en un tablero donde las piezas claves son la continuidad de Pedro Sánchez, el poder de los barones y el futuro de Susana Díaz.

Pedro Sánchez parece satisfecho con haber logrado la simbólica cifra de 90 diputados y con haber logrado desestabilizar durante este tiempo a quienes pudieran hacerle sombra. Batallas de corto recorrido que ha ganado en Madrid, pero sólo en Madrid, donde apenas queda partido más allá de la propia estructura orgánica enfrentada a una cada vez mayor oposición -todavía desestructurada- articulada en torno a la figura de Carmona y los estertores del 'tomasismo'.

En esa misma circunscripción creyó ganar también Pedro a Madina, relegándole al séptimo puesto en las listas, detrás de sus fichajes estrella y sus estrechos colaboradores. No siendo diputado, las opciones del socialista vasco quedan muy mermadas en un partido donde no se concibe el liderazgo sin un reflejo en el Congreso. Una buena proporción de militantes, sin embargo, recuerda con especial interés estos días que la lista madrileña fue la apuesta personal de Pedro Sánchez, basada en sus imposiciones y ocurrencias. Que él se convirtió en el responsable final del resultado madrileño y que acabar como la cuarta fuerza y sólo 6 diputados no puede presentarse como buen aval de sus decisiones futuras.

Sánchez parece satisfecho con 90 diputados y con haber logrado desestabilizar este tiempo a quienes pudieran hacerle sombra

Susana Díaz presume de ser de los escasos dirigentes que todavía gana elecciones y de tener como aliados precisamente a aquellos otros que también comparten esa rara condición dentro del partido, sumando de paso a todos los que, desde el ostracismo forzoso al que les envió Pedro, conspiran para una vuelta a palacio.

Todas esas fuerzas preparan a Pedro Sánchez el mismo final que él mismo escribió para Tomás Gómez, para Carmona y para tantos otros. Otros que, a su vez, previamente habían escrito las mismas líneas para los que les precedieron… y así sucesivamente por décadas.

Por tanto, si queremos plantear los posibles escenarios debemos dejar al margen lo que simbólicamente representa el partido, lo que puedan pensar sus militantes, lo que esperan sus votantes y sus 136 años de historia para plantear la ecuación clave: ¿Cómo se salvan Pedro Sánchez, César Luena, Óscar López o Antonio Hernando?

La opción primera es la de "tocar poder". Si Pedro Sánchez logra ser Presidente del Gobierno prácticamente estará salvado internamente hasta la próxima convocatoria de elecciones (que bien podría ser un par de años) porque eso supone mantener la maquinaria interna de colocación de cargos medios funcionando. De ahí su interés por -ahora- ver en Podemos un aliado al que durante la campaña ya dejó de considerar como populistas y que hoy valora como posibles socios.

¿Cómo se salvan Pedro Sánchez, César Luena, Óscar López o Antonio Hernando? La opción primera es la de tocar poder

La opción segunda es la de volver a entenderse con Susana. Como la primera vez, por mero interés táctico, Pedro y Susana podrían volver a ser aliados si el primero reconoce por fin el peso que los avales andaluces tuvieron en su resultado, algo que hasta ahora ha negado y que consecuentemente viene provocando las iras en la federación andaluza. Pedro se mantendría como secretario general pase lo que pase fuera si Susana controla el pacto de gobierno y considera que sigue preparándose el terreno.

Dos escenarios en los que Pedro gana... tiempo.

El tercero es directamente el desembarco en Ferraz de los barones frente a Pedro. Bajo la bandera de las previas dimisiones de Almunia o Rubalcaba por sus resultados, Sánchez tendría toda la presión para imitar a sus predecesores y dejar el camino libre a quienes en todo caso y sea cual sea el escenario quieren a otra persona al frente de Ferraz y como cabeza de lista para las próximas elecciones. Básicamente a quien consideran capaz de ganarlas, lo cual reduce mucho la lista de posibles nombres.

Lo que pase fuera será el resultado de la guerra de dentro, algo que evidentemente seguirá dañando las aspiraciones electorales del PSOE, aunque eso siga siendo algo que les parezca del todo irrelevante. Por eso es factible un gobierno de Rajoy, porque es factible cualquier opción cuando la única línea roja relevante es el poder interno en el PSOE.

Lo que pase fuera será el resultado de la guerra de dentro, algo que seguirá dañando las aspiraciones electorales del PSOE

Una guerra larga que se centra en una batalla concreta basada en la fecha de celebración del próximo Congreso Federal. La Ejecutiva busca hacer lo habitual, retrasar al máximo dicha convocatoria "porque ahora no toca" como previamente hizo el propio Óscar López y Rubalcaba con la aprobada Conferencia de Organización que iba a dar a los militantes la posibilidad de actualizar los estatutos del partido y que nunca se celebró, mientras los demás quieren que sea lo antes posible porque "el partido necesita recomponerse lo antes posible".

Traducción: el "ahora no toca" viene siendo "ahora me viene fatal" porque estoy débil y lo de "el partido necesita recomponerse lo antes posible" significa quiero quitarte ya.

El caso es que en base a ese "ahora no toca", del que vienen abusando todas las ejecutivas sin excepción, el PSOE sigue a un ritmo diferente al del país, llegando tarde porque gasta su esfuerzo en la batalla interna, porque cuando finalmente toca nunca es "para recomponer el partido" sino para recolocar(se) en el partido.

Un devenir que tiene a sus militantes desesperados, desmovilizados y separados de la toma de decisiones, presos de una batalla que nada tiene que ver con ideal alguno y que les hace testigos directos de la fuga de votos y apoyos a su partido sin poder -ni a veces querer- hacer nada por evitarlo.

*** Alberto Sotillos Villalobos es presidente de Decide en Común.