Disturbios en Roquetas de Mar

"Lo de anoche fue la rebelión de los negros"

Los jóvenes africanos de la localidad ven los disturbios como algo aislado, pero advierten de problemas de seguridad.

La Guardia Civil ha reforzado su presencia en Roquetas

La Guardia Civil ha reforzado su presencia en Roquetas Efe

  1. Almería (Ciudad)
  2. Roquetas de Mar

Justino Mendes nació en Guinea Bissau pero se crió en Roquetas de Mar. Tiene 21 años y su sueño es triunfar como actor. Desde hace unos meses prueba suerte en Barcelona, donde fue reclutado por una agencia de modelos y donde tiene un representante que le ha ayudado a rodar varios cortometrajes y algún vídeo musical.

Este sábado se enteró de que un guineano había muerto apuñalado en su ciudad a través del grupo de WhatsApp por el que habla con sus amigos de Roquetas. "Al principio no le di importancia porque estaba ocupado estudiando pero ahora veo que Roquetas ha vuelto a las noticias y digo: '¡Madre mía!'".

"Me sorprende porque hacía tiempo que no pasaba nada tan grave", añade. "No creo que haya un problema entre gitanos e inmigrantes. Yo tengo una amiga gitana con la que estuve en el colegio y en el instituto. No puedes decir que los gitanos son de una u otra manera. Con gente de distintas culturas, siempre suele haber problemitas pero desde 2008 no ocurría una cosa así".

Justino Mendes

Justino Mendes

Justino se refiere a los disturbios que sacudieron la ciudad en septiembre de 2008, cuando un senegalés de 28 años murió apuñalado durante una disputa por tráfico de drogas en un barrio marginal. Todos huyen ahora en Roquetas de los fantasmas de aquel incidente. Entre otras cosas porque desencadenó dos noches enteras de disturbios y porque generó desconfianza entre las comunidades que componen este lugar.

"Lo que ha ocurrido aquí es el asesinato de una persona y nada más", explica Calilo Fofana, que trabaja en los servicios sociales del ayuntamiento y preside la asociación de guineanos de Roquetas de Mar.

Fofana llegó a la ciudad en 1985 y ha sido testigo de la explosión demográfica de la ciudad: "Los inmigrantes vienen de países agrícolas y no van donde hay tecnología. ¡Van donde hay agricultura! Por eso vinieron aquí: para trabajar y tener algo que enviar a la familia. Nadie quiere meterse en problemas. Ahora está todo en paz y la gente está esperando a que la policía detenga al asesino. Tenemos que dejar trabajar a la policía. En un país democrático es lo que debemos hacer".

Calilo Fofana

Calilo Fofana

Una ciudad de plástico

Roquetas de Mar alberga 91.672 habitantes según las cifras del censo de 2011. Un tercio son inmigrantes llegados de más de 100 países a trabajar en invernaderos donde se recogen verduras como el tomate, el pimiento o el calabacín.

Cobran unos 30 euros al día. Es decir, su salario no supera los 900 euros al mes. Muchos ni siquiera tienen cuenta bancaria como quedó claro esta semana después de que algunos fueran agraciados con el Gordo de la Lotería de Navidad.

Durante los años de la burbuja, Roquetas se llenó de grúas y promociones inmobiliarias y muchos inmigrantes dejaron los invernaderos por empleos de albañilería menos estables donde ganaban hasta 50 euros al día. Uno de ellos fue el padre de Justino, que en los últimos años ha vuelto a recoger hortalizas porque ya no encuentra trabajo como albañil.

"Hoy mi padre trabaja en los invernaderos y mi madre en un almacén de verduras, que es el trabajo que siempre hicieron las mujeres", explica el joven. "En el campo hay personas de todos los países. Al principio eran todos africanos pero ahora hay muchos europeos e incluso algún español".

Justino nació en Guinea Bissau pero se mudó a Roquetas de Mar con cuatro años en 1999. Su padre había dejado su país rumbo a Europa unos años antes. Se instaló primero en Portugal y luego en este rincón de Almería donde llegó atraído por los empleos generados por el mar de plástico que se extiende en torno a la ciudad.

"Al principio nos instalamos en El Solanillo", recuerda sobre sus primeros años en Almería. "Era una barriada a las afueras de Roquetas donde al principio vivíamos tres o cuatro familias de inmigrantes y donde nos llevábamos muy bien con los españoles. Mi hermano pequeño lleva el nombre del jefe de mi padre y una de sus jefas es la madrina de mi hermana mayor".

¿Una ciudad racista?

Justino tiene cinco hermanos. El más pequeño nació este año y las dos mayores trabajan como auxiliar de enfermería y auxiliar de administración. "Nuestros padres quieren lo que quiere cualquier padre: que estudiemos y trabajemos en algo serio", explica el joven, que dice que su madre le ha respaldado para que persiga su vocación de actor.

"Los invernaderos son un trabajo muy duro", dice. "En verano se pasa mucho calor y no está bien remunerado. Hay un parón en julio y agosto y muchos de los empleados sufren para llegar a fin de mes".

Estudió en varios colegios públicos y en su pandilla siempre hubo payos, gitanos y extranjeros de varias nacionalidades pero no siempre se sintió a gusto en la ciudad. "Hubo un niño que al principio fue contra mí pero eso fue a los seis años y los niños son muy crueles", explica. "Ahora ese chico es uno de mis amigos. Con el tiempo uno se hace con la situación. Yo he sabido moverme en ese ambiente. Cuentan mucho el carácter y la forma de ser".

Justino cree que los disturbios son un hecho aislado. Pero admite que le han sorprendido menos que en 2008, cuando hubo un brote de violencia similar después del asesinato de un senegalés. "Entonces estábamos en el instituto y nunca habíamos vivido algo así", dice. "A aquel señor lo mataron en una calle donde solíamos ir siempre y no me hacía gracia que saliera todos los días en la televisión".

¿Ha sentido el racismo en Roquetas? "Yo lo he pasado mal en algunos momentos pero hay tanta gente que uno no puede decir que sea una ciudad racista", explica. "En todas partes hay racistas. ¡Fíjate lo que ocurre en Estados Unidos, que son la crème de la crème…! Pero antes de hablar debo hacer un ejercicio de empatía. Yo no puedo poner cualquier burrada porque pienso en buenas personas como la madrina de mi hermana y en amigos que conozco desde los seis años. He puesto un tuit diciendo que Roquetas es una gran ciudad con gente maravillosa porque veo que algunos no hacen ese ejercicio de empatía y aprovechan ahora para decir cosas que querrían decir todos los días".

Es un sentimiento que comparte su primo Eduu, que nació en Roquetas hace 19 años y es hijo de un senegalés. Eduu estudia ingeniería eléctrica en la Universidad de Almería y su padre fue uno los primeros africanos en llegar. "Entonces no había mucha gente y empezaron a darle trabajo", dice. "Luego se trajo a mi madre y a mi hermano y luego nacimos los demás".

La madre de Eduu conocía al guineano fallecido y dice que era una persona "muy tranquila" que vivía en la pedanía de El Solanillo y no tenía problemas con nadie. "Me duele que haya muerto así pero en otros sitios muere gente todos los días. Tampoco había que ponerse así. La Justicia tendría que estar más atenta en todo este ámbito. No me refiero sólo a lo que pasó ayer sino a muchas otras cosas".

Muchos vecinos han denunciado estos días la pasividad de la Guardia Civil ante el deterioro de la seguridad en el municipio y han solicitado la creación de una comisaría de la Policía Nacional. Eduu coincide en que el clima de la ciudad ha empeorado en los últimos años y lo atribuye a la crisis económica que se ha cebado con la ciudad. "Aquí mucha gente que conozco está metida en esos rollos de las drogas", dice. "Se terminó la construcción y hay menos trabajo. Al no haber trabajo, los chicos de mi edad se meten en el tráfico de drogas. Yo no y por eso mis padres están orgullosos de mí".

El joven explica que los ánimos se han calmado en las últimas horas. "Lo de anoche fue la rebelión de los negros", dice. "El guineano murió en una discusión. Nadie sabe muy bien lo que ocurrió. Los asesinos irían pasados de vueltas con las drogas y a saber… Anoche fue una locura. A varias personas las han ingresado por quemaduras en el hospital. Uno fue a encender un contenedor de basura y al poner la gasolina se quemó".

Loco por el arte dramático

Ningún inmigrante quiere que sus hijos trabajen en los invernaderos. Su sueño es que estudien una carrera como Eduu o que se encuentren un empleo que les lleve fuera de la ciudad.

Justino llegó a jugar como lateral izquierdo en las categorías inferiores del Club Deportivo Roquetas. Pero dejó el fútbol más o menos cuando descubrió su vocación de actor. Primero interpretó en el colegio a uno de los personajes de 'El Príncipe feliz' de Oscar Wilde y luego entró en la escuela de teatro La Fabriquilla, donde interpretó al sobrino del protagonista de 'El ajedrez del diablo' de Joaquín Calvo-Sotelo.

"Supongo que entré porque me iba la farándula", dice entre risas. "Había unas amigas allí y descubrí que me gustaba el arte dramático. Hace dos años vine a Barcelona por primera vez y vi un anuncio donde pedían actores. Llamé y descubrí que era una agencia de modelos y me pregunté: ¿Qué pinto yo aquí? Yo quería ser actor pero no modelo. Hice algún pase pero eso lo he dejado a un lado. Como actor tengo mi representante y he rodado varios cortos. Ahora voy camino de Madrid para rodar un videoclip".

Es un camino que no podrán seguir los hijos del guineano que fue asesinado en la madrugada del día de Navidad. Su mujer aún vivía en Guinea Bissau con dos gemelos y un niño de 13 años y por ahora no podrá venir. Su hermano mayor, que durante años vivió en Roquetas, volvió ayer a la ciudad desde Alicante para declarar en el juzgado, reconocer el cadáver de su hermano y aguardar el arresto del hombre que lo apuñaló.