ELECCIONES GENERALES

Cuánto importa un debate electoral

El debate entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez llega en un momento decisivo. El resultado de las elecciones sigue siendo incierto según las encuestas y además los votantes retrasan cada vez más su decisión: en 2011 el 17% decidió su voto la última semana. En apariencia el debate de esta noche es la última gran oportunidad del bipartidismo, pero quizás ni será tan grande ni será ajena a los nuevos partidos.

Los debates importan, aunque importan poco

La oportunidad no es tan grande porque la mayoría de estudios encuentran efectos pequeños tras un debate electoral. Robert Erikson and Christopher Wlezien estudiaron los debates presidenciales en EEUU y observaron pocos cambios en las encuestas antes y después. La empresa de sondeos Gallup ha seguido elecciones desde que existen debates televisados y dice que los debates casi nunca tienen un impacto substancial en los resultados. Nate Silver sí observa un cierto efecto tras los debates. Según sus cálculos, de media los debates presidenciales han cambiado un 2,3% los apoyos entre candidados desde 1973. El efecto se produce sobre todo convenciendo a indecisos y tiende a favorecer al candidato opositor.

En España la referencia más reciente que tenemos es el debate entre Rajoy y Rubalcaba de 2011. El 70% de quienes lo vieron dijeron que no les influyó en nada. Un 12,5% dijo que el debate reforzó su decisión de votar al partido que tenía pensado votar. A un 9% le sirvió para animarse a votar y al 3% le animó a abstenerse. Un 3% estaba indeciso y el debate le sirvió para decidirse. Pero solo un 1,3% reconoce que cambió su voto tras el debate. Los debates y las campañas suelen tener esos efectos y en ese orden: refuerzas a los tuyos para que corran la voz, activas a indecisos y abstencionistas afines, desactivas a los votantes del rival y si puedes los conviertes para ti.

El postdebate quizás beneficie a Rivera e Iglesias

Una paradoja de los debates electorales es que sus efectos escapan en gran medida al control de los candidatos. Especialmente los medios de comunicación pueden influir más que que lo que digan los debatientes.

Un experimento en Arizona mostró que era posible cambiar quién había ganado un debate con el análisis posterior. El experimento consistía en que 74 personas vieran el duelo entre George W. Bush y John Kerry, y dijesen luego quién lo había ganado. 25 personas vieron solo el debate, 24 personas vieron el debate y un análisis de NBC News que favorecía a Bush, y los 24 restantes veían el debate y un análisis de CNN favorable a Kerry. Los efectos de los noticiarios eran enormes: los que vieron el análisis de NBC News tenían el doble de probabilidades de dar a Bush como ganador.

Este experimento sugiere que Albert Rivera y Pablo Iglesias podrían ser los más beneficiados del debate sin ni siquiera participar. No estarán tras los atriles pero analizarán desde otro programa de televisión lo que allí se diga. Es una oportunidad de oro para influir.

Un año de debates a la americana

En España los debates parecen ser menos influyentes que en EEUU. En nuestro páis menos del 30% de quienes ven los debates afirma tenerlos en cuenta al votar, mientras que en EEUU esa cifra superó el 60% en 2000, 2004 y 2008.

Esa diferencia puede explicarse de varias formas. Una posibilidad es que sea cierta una impresión mía y que en España sea un tabú reconocer que votamos mirando encuestas, siendo estratégicos o influidos por la información que nos llega de los medios de comunicación. Por eso decimos que no tenemos en cuenta las encuestas ni los debates al decidir nuestro voto aunque quizás no sea así.

Otra razón para que la gente preste más atención a los debates en EEUU es que allí son más necesarios. Las estructuras de los partidos norteamericanos son más débiles que en España y por eso escuchar y conocer a los candidatos es más importante. De otra forma es difícil saber qué políticas defiene cada uno.

Quizás por eso estamos prestando tanta atención a los debates electorales de este año en España. Se presentan dos partidos sin apenas experiencia de gobierno, con poca estructura y poco pasado. Los votantes no podemos juzgarlos por lo que ya hicieron, y quizás por eso queremos averiguar cuánta confianza nos despiertan viéndolos actuar cara a cara.