Crisis de refugiados

La UE sopesa suspender temporalmente el espacio sin fronteras Schengen

Las amenazas a Grecia surten efecto y el Gobierno de Tsipras acepta ayuda de Bruselas para gestionar sus fronteras

Protesta de refugiados atrapados en la frontera entre Grecia y Macedonia

Protesta de refugiados atrapados en la frontera entre Grecia y Macedonia

Actualizado a las 20:30 horas

Los ministros del Interior de la Unión Europea han discutido este viernes la posibilidad de restablecer temporalmente, hasta dos años, los controles en las fronteras interiores, suspendiendo de facto el espacio Schengen. Es la última respuesta a lo que consideran “deficiencias graves persistentes” en la gestión que está haciendo Grecia de la crisis de refugiados. Se trata de dar cobertura a países como Alemania y Austria para que puedan mantener indefinidamente los controles fronterizos que reintrodujeron en septiembre con el fin de ralentizar la llegada de refugiados.

"Los ministros están de acuerdo en que si persisten las deficiencias graves que ponen en riesgo el funcionamiento del espacio Schengen, se necesitará un marco europeo común para poder continuar con los controles en algunos tramos de las fronteras", ha dicho al término de la reunión el ministro de Inmigración de Luxemburgo, Jean Asselborn, cuyo país ocupa la presidencia de turno de la UE. Los Veintiocho no han tomado ninguna decisión definitiva y se han limitado a pedir al comisario de Inmigración, Dimitris Avramopoulos, que se mantenga vigilante.

“España defiende el mantenimiento de la libre circulación y hacerla compatible con aquellos controles en las fronteras exteriores e interiores que sean necesarios para garantizar la seguridad”, ha dicho el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Para Fernández Díaz, la prioridad debe ser el refuerzo de las fronteras exteriores de la UE, ya que así “serán menos necesarios los controles en las fronteras interiores”. España se ha comprometido a enviar hasta 50 guardias de frontera y funcionarios de inmigración para ayudar a Grecia e Italia, ha recordado.

El Gobierno de Syriza dirigido por Alexis Tsipras vuelve a estar en el punto de mira de sus socios europeos. Ahora la principal preocupación ya no es tanto la crisis de deuda, que ha pasado a segundo plano, sino el descontrol de las fronteras griegas. A través de Grecia han entrado en lo que va de año 721.000 inmigrantes y refugiados, según los datos de la Organización Internacional para las Migraciones. En su mayoría se dirigen después hacia Alemania, sin ser registrados, por la ruta de los Balcanes.

Los socios europeos admiten que Atenas no tiene medios suficientes ni capacidad para hacer frente a estos problemas en solitario. Lo consideran normal por su situación económica y por la magnitud de la presión migratoria. Pero lo que irrita al resto de estados miembros es la negativa de Tsipras hasta ahora a aceptar ayuda de la UE en forma de más guardias de fronteras y equipamiento, según explican varias fuentes diplomáticas.

Atenas se resiste a ceder a la UE el control de sus fronteras y renunciar así a lo que ve como uno de sus últimos bastiones de soberanía. Tampoco quiere que sus islas se conviertan en grandes campos de refugiados. De momento, sólo se ha puesto en marcha uno de los centros de registro que le exigen sus socios, en la isla de Lesbos. Y de los 160.000 refugiados que Bruselas se ha comprometido a repartir, sólo 30 han salido de Grecia camino a Luxemburgo.

¿Expulsar a Grecia de Schengen?

El primer ministro eslovaco, Robert Fico, fue el primero en decir en público la semana pasada que Grecia debería ser expulsada del espacio Schengen por no proteger adecuadamente sus fronteras exteriores. Eslovaquia culpa a Atenas de presión migratoria por la ruta de los Balcanes y ha presentado un recurso ante la justicia europea contra el sistema de cuotas de refugiados, al que se acaba de sumar Hungría. "No es jurídicamente posible expulsar a un país del espacio Schengen", ha contestado este viernes el ministro luxemburgués de Inmigración.

La alternativa que ha puesto sobre la mesa Luxemburgo consiste en activar por primera vez el artículo 26 del código de fronteras Schengen. Este mecanismo permite que los estados miembros cierren sus fronteras, hasta un máximo de dos años, si un país, en este caso Grecia, incumple sus obligaciones de proteger las fronteras exteriores.

El sistema funciona de la siguiente manera. El Ejecutivo comunitario es el que debe constatar la infracción y pedir al país afectado medidas correctivas. Si éste rechaza adoptarlas, Bruselas recomendará el restablecimiento de los controles fronterizos. La última palabra la tienen los estados miembros. El comisario Avramopoulos, de nacionalidad griega, se ha mostrado reacio a activar este mecanismo. "Debemos centrarnos en mejorar y reforzar Schengen, no en romperlo", ha alegado.

Eficacia limitada

En todo caso, el artículo 26 tiene una eficacia limitada en el caso de Atenas. Se pensó para disputas como la que enfrentó en 2011 a París y Roma, a Nicolas Sarkozy y Silvio Berlusconi, por la llegada masiva de inmigrantes tunecinos. Daba cobertura legal a Francia para cerrar su frontera con Italia y frenar así el flujo migratorio. Pero Grecia no tiene frontera terrestre con ningún otro país del espacio Schengen, por lo que el efecto de presión de la reintroducción de los controles es mínimo.

En realidad, la maniobra tendría como objetivo fundamental permitir que los países que ya han instaurado controles fronterizos para ralentizar la llegada de refugiados puedan mantenerlos durante dos años, en lugar del máximo de seis meses que les permiten las disposiciones legales a las que se han acogido, según las fuentes consultadas. Alemania, Austria, Suecia, Malta, Noruega y Francia (en este caso, por la cumbre del clima y los atentados de París) son los países de Schengen que hacen en estos momentos estos controles en las fronteras interiores. Si no se activa el artículo 26, Alemania y Austria deberían levantar sus controles como muy tarde en marzo de 2016.

Atenas empieza a ceder

En todo caso, el aumento de la presión de los socios europeos ha empezado a hacer mella en Grecia, que el jueves ha adoptado por fin las medidas que le pedían desde Bruselas. El Gobierno de Tsipras ha activado el mecanismo de protección civil de la UE, tal y como le reclamaba la Comisión. En concreto, ha solicitado tiendas de campaña, camas, generadores, equipamiento sanitario y kits de emergencia para atender a los refugiados.

Además, Atenas ha aceptado que la Agencia Europea de Control de Fronteras (Frontex) amplíe sus actividades en la frontera con Macedonia, para asistirle en el registro de refugiados. La agencia tiene ya desplegados a 195 efectivos en las islas del Egeo más afectadas por la presión migratoria, de los cuales 83 están en Lesbos. Finalmente, el Gobierno de Tsipras ha pedido el despliegue de un equipo de intervención rápida de Frontex para asistirle en el control fronterizo en las islas del Egeo.

El Gobierno heleno hizo público un comunicado el miércoles por la noche en el que aseguraba que “la suspensión de Grecia del Tratado de Schengen nunca se ha planteado en el marco de la UE”. Pero a la vez admitía que hay círculos europeos “amenazando de forma inaceptable al país con la expulsión de Schengen”. “Grecia ha ido aplicando, pese a las grandes dificultades, sus obligaciones europeas”, señala el comunicado, y ahora “espera que sus socios europeos cumplan sus propios compromisos”.