Un futuro desconocido

¿Sirven para algo todos los estímulos del BCE?

Draghi seguirá comprando activos, inyectando liquidez y elevando el balance del BCE “lo que sea necesario”. ¿Realmente es "necesario"?

El presidente del BCE, Mario Draghi

El presidente del BCE, Mario Draghi Reuters

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El Banco Central Europeo (BCE) aprobó el jueves un paquete de estímulos monetarios que echa más madera al fuego que lleva tres años alimentando. Las medidas adoptadas se concentran en cinco.

Primero, seguirá comprando activos por valor de 60.000 millones de euros hasta marzo de 2017 como mínimo.

Segundo, mantendrá el tamaño de su balance en máximos históricos reinvirtiendo los vencimientos “todo el tiempo que sea necesario”; ¿tres, cuatro años? ¿Tal vez hasta 2020?

Tercero, aumenta su abanico de compras, a partir de ahora también podrá adquirir bonos de comunidades autónomas y ayuntamientos.

Cuarto, aumenta el tipo de interés que cobra a los bancos por mantener sus depósitos en el BCE, pasa del 0,2% al 0,3%.

Quinto, seguirá la barra libre tanto tiempo como sea necesario, esto es, inyectará a la banca toda la liquidez que demande. Lo hará a través de las subastas semanales de liquidez, las operaciones principales de financiación (MRO) y de las subastas a largo plazo (LTRO).

bce facilidad de deposito

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Todas estas decisiones se unen a las que ya había adoptado la entidad en los últimos años y que adentran más al BCE en un territorio desconocido de estímulos monetarios como nunca antes se habían visto. ¿Cuáles son las consecuencias de que la oferta monetaria en todo el mundo sea tan alta? ¿Y de la valoración tan alta de algunos activos, principalmente de la deuda? ¿Y los problemas que puede generar que los países emitan con tipos de interés negativos?

La batalla contra los precios bajos

Los bancos centrales están recorriendo un camino que no se sabe a dónde lleva y que no está claro que sirva para lo que pretenden: generar inflación y estimular el crédito. El problema de la baja inflación es común al mundo desarrollado y se debe, principalmente, al desplome del petróleo, que en el último año y medio se ha depreciado más de un 60%. Por ejemplo, en la España el IPC general de octubre se situó en el -0,7%, mientras que el IPC subyacente (el que no contabiliza ni la energía ni los alimentos frescos) avanzó un 0,9%.

Esto significa que sin el efecto negativo del desplome del petróleo, el BCE tendría la inflación cerca del 1% y cumpliría sin problemas su mandato de “mantener la inflación cerca, pero por debajo del 2%”. En este caso no sería necesario ningún estímulo. El problema por el que no cumple su objetivo de inflación está en el precio del petróleo, pero lo que está claro es que ningún banco central conseguirá elevar el precio del petróleo por muchos billetes que imprima. Sencillamente no está en su mano, depende de la oferta y la demanda de crudo en el mercado.

Esta situación tiene otra lectura. ¿Qué pasará con la inflación si los precios del petróleo se recuperan? El escenario sería entonces propicio para que los precios aumentaran con fuerza. La cantidad de dinero en el mercado (la base monetaria) en todo el mundo está en máximos históricos y los precios de los bienes y servicios ya están aumentando al margen de la energía.

Este debate se produjo durante los años de expansión monetaria de la Reserva Federal estadounidense con sus tres rondas de compras de activos, los tres QE, pero no ha sido hasta ahora cuando ha tomado verdadero sentido. El motivo es que está siendo ahora cuando la inflación está acelerando y sólo se ve obstaculizada por la caída del petróleo. En Estados Unidos ha llegado hasta la inflación más esperada: la de los salarios, que avanzan a ritmos del 2,5% interanual. Esta es una señal inequívoca de la recuperación del mercado laboral.

Los analistas coinciden en que aprobar estímulos es lo fácil; lo difícil viene cuando hay que retirarlos. Al final, endurecer la política monetaria frena la actividad económica y pone en problemas a las empresas más débiles. En el mundo actual, los bancos centrales han llegado tan lejos con sus estímulos, que retirarlos todos será muy complicado y, además, llevará mucho tiempo. ¿Qué pasará si por el camino se generan desequilibrios? Son todo interrogantes a los que nadie tiene respuesta.

¿Los estímulos estimulan el crecimiento?

Este es el otro gran interrogante: ¿Generan crecimiento? El presidente del BCE, Mario Draghi, explicó durante la rueda de prensa que si aprueban tantos estímulos monetarios es porque estimulan el crecimiento. De lo que no hay dudas es de que todas las políticas expansivas aprobadas en los primeros años de la crisis sirvieron para evitar el colapso. Era un momento en el que no había financiación en el mercado, nadie podía conseguir liquidez, ni los bancos, ni las empresas ni los Estados. Fueron los bancos centrales con sus inyecciones de dinero en el sistema quienes evitaron el temido liquidity crunch (crisis de liquidez). Se puede afirmar, por tanto, que salvaron la economía y, de este modo, mejoraron el crecimiento.

Todos los estímulos pueden servir para poco más que para mantener las primas de riesgo bajas y la volatilidad de los mercados controlada

Sin embargo, los estímulos aprobados en los últimos tiempos tienen un impacto menor sobre el avance del PIB. Los analistas coinciden en que el impacto marginal que tienen es decreciente, esto es, cada euro extra que lanzan los bancos centrales tiene un efecto es cada vez más bajo. Por este motivo, mantener los estímulos hasta 2017, 2018 o 2020 tendrá un impacto muy reducido (y cada vez más reducido) sobre el PIB de la eurozona. Por lo tanto, la duda de si son necesarios tiene todo el sentido. Tal vez sirvan para poco más que para mantener las primas de riesgo bajas y la volatilidad de los mercados controlada, al margen del vaivén del jueves.