Terrorismo

Sirte, el cercano bastión del Estado Islámico en Libia que Occidente ignora

El grupo terrorista ha tomado el control de esta ciudad libia y se expande por un país sumido en el caos.

Daños en un control de carreteras entre Trípoli y Misrata tras una explosión.

Daños en un control de carreteras entre Trípoli y Misrata tras una explosión.

A escasos 660 kilómetros al sur de la Unión Europea, sólo con el Mediterráneo de por medio, el autodenominado Estado Islámico se está haciendo fuerte en la costa de Libia al tiempo que la comunidad internacional centra su mirada en Siria.

Este miércoles el Parlamento británico ha autorizado ampliar sus bombardeos contra el EI en Irak a Siria tras un intenso debate de diez horas, mientras se prevé que Alemania apruebe el viernes cierto apoyo con aviones de reconocimiento y 1.200 soldados al despliegue francés. Ello sin contar los bombardeos que ya se suceden por parte de EEUU y Rusia. 

Mientras, los terroristas ganan fuerza en Libia, un país tribal de 6,4 millones de habitantes que tras la caída del dictador Muamar al Gadafi en 2011 no ha conseguido vivir en paz ni con una estructura de Estado. Gadafi había centralizado el poder hasta tal punto que la Administración, los ayuntamientos y demás organismos estatales eran prácticamente inexistentes.

Hoy una suerte de Ejecutivo en Trípoli (la capital, al oeste) sigue sin conseguir gobernar el país mientras otro gobierno paralelo reclama el poder desde Tobruk (al este) -ambos con distintas milicias a su favor- al tiempo que distintos grupos de terroristas yihadistas luchan en el país.

El nuevo enviado especial de la ONU para Libia, Martin Kobler, ha asegurado que existen posibilidades de conseguir un gobierno de unidad en un mes, pero el fragmentado reparto del territorio libio no hace presagiar estabilidad a corto plazo en el país. 

Italia, el país europeo más cercano a Libia, sí ha urgido a una solución política urgente para el país norafricano este mismo miércoles. "El hecho es que no tenemos mucho tiempo y no queremos dar tiempo al Estado Islámico", ha reconocido el ministro de Exteriores, Paolo Gentiloni, recoge la agencia Reuters.

Sirte, centro de la expansión

El autodenominado 'Estado Islámico' ha aprovechado la caótica situación, igual que lo hizo en el norte de Irak o en una Siria sumida en una guerra civil. Su centro neurálgico libio se encuentra precisamente en la localidad natal de Gadafi. Sirte es una ciudad costera, a mitad de camino entre Trípoli y Bengasi (el que fuera bastión de los rebeldes que se levantaron en armas contagiados por la ola de revoluciones pro democráticas que vivieron numerosos países árabes en 2011).

El Estado Islámico declaró la conquista de Sirte en junio de 2015, aunque desde principios de año estaba tomando el control de esta ciudad de medio millón de habitantes donde hoy reina la ley del EI.

Al igual que en el territorio que controla en Siria e Irak, existe una policía para la “moral” que amedrenta a quienes se atreven a hacerles frente con ejecuciones y castigos corporales en público. Pero también aporta ayudas sociales (“caridad islámica”) y cierta estabilidad, lo que algunos libios desilusionados agradecen, indica Wolfgang Pusztai, agregado de Defensa austríaco en Libia y Túnez entre 2007 y 2012.

El Daesh (acrónimo árabe del grupo terrorista) extiende su control en unos 50-60 kilómetros a la redonda de Sirte, donde ha establecido puntos de control. Su expansión se dirige especialmente hacia la costa este del país, con presencia en:

- los alrededores de Derna, la que fue su primera conquista en Libia, cerca de Tobruk;

- algunas zonas de Bengasi, donde los yihadistas de Ansar Al Sharía se han declarado leales al EI, aunque la ciudad ahora está mayormente controlada por el gobierno de Tobruk;

- acechan Ajdabiya, donde están las mayores terminales de salida de petróleo al Mediterráneo;

- campamentos junto a Sabrata, única localidad al oeste, cerca de la frontera con Túnez.

Reparto de control en Libia, con el EI tomando la costa centro-este.

Reparto de control en Libia, con el EI tomando la costa centro-este.

No existe acuerdo sobre la cantidad de miembros que el Estado Islámico tiene en suelo libio, aunque las distintas fuentes consultadas se inclinan por una cifra en torno a 5.000 combatientes.

Mafias de migrantes y petróleo

Ajdabiya y Sabrata representan las claves de la financiación del Estado Islámico en Libia. El español David Ramos es jefe de operaciones de EUBAM Libia, la misión europea de apoyo en el control de fronteras, actualmente forzada a trabajar desde Túnez por la situación libia. Explica que el EI está "muy vinculado a la inmigración irregular: extorsiona a las mafias en uno de los principales puntos de partida hacia Europa, Sabrata. Es una de sus principales fuentes de financiación".

En cuanto a Ajdabiya, Ramos afirma que el grupo terrorista ya “controla una gran parte del tráfico (de petróleo)” que sale de esta otra ciudad costera. Pusztai es más precavido, pero admite que “la primera fase para la toma de control de la infraestructura petrolífera de la cuenca occidental de Sirte ha comenzado, con raids sobre localidades costeras y una ola de atentados”.

Además, Sirte se encuentra cerca de pozos petrolíferos, que de momento continúan en manos de milicias. Pero Félix Arteaga, investigador principal en Seguridad y Defensa del Real Instituto Elcano (RIE), cree que la conquista de estos pozos puede estar a la vuelta de la esquina: “Se están preparando para ocuparlas. Por eso están apelando a los trabajadores del sector que quieran unirse contra ellos. Si no hay una acción militar contra ellos, tendrán muchas posibilidades de acceso”.

El fortalecimiento del Estado Islámico en Libia es el riesgo que se corre con el declive del grupo terrorista en Siria e Irak, advierte Arteaga. El EI está construyendo su alternativa en este país norafricano, donde la fortaleza del grupo terrorista va in crescendo. “Primero vendrían los líderes -que ya están llegando- y luego los combatientes”, asegura Arteaga. Reconoce que allí se encontrarán una “situación mejor (para ellos), porque no habría gobierno que luche contra ellos”. Ni bombas desde ningún flanco.

Sin enemigo que lo combata ni dentro ni fuera

Las fuerzas armadas libias son prácticamente inexistentes. Son las milicias que apoyan a uno y otro bando las que hacen las veces de ejércitos paralelos. Y la resistencia que se encuentra el Estado Islámico es muy reducida.

“No hay nadie ahora que esté atacando o poniendo en peligro al grupo. Se están concentrando no sólo combatientes que van acudiendo desde escenarios como Siria, sino también personal administrativo y logístico. Están articulando un núcleo de resistencia urbano”, detalla Arteaga.

Ni siquiera Trípoli es lugar seguro frente al Estado Islámico. “No hay ninguna milicia que quiera combatirlos. Lo tienen fácil”. Argumenta que en el caso de Sirte tampoco hubo una resistencia significativa “y si no encuentran caldo de cultivo favorable, pondrán bombas hasta que la población local (logre) ponerse de acuerdo”.

Las milicias de los dos gobiernos que se disputan el poder libio no combaten al EI porque no lo consideran un enemigo mortal. “Ambas creen que como son pocos soldados en cualquier momento pueden hacerse con ellos. Pero no tienen en cuenta que juegan mucho con los apoyos, que coaccionan a la población y que muchos son de las propias milicias o de grupos escindidos de las milicias. Son actores locales que todo el mundo conoce, no son 'ellos frente a nosotros'”, detalla el investigador del RIE.

Con todas las miradas de los líderes internacionales centradas en Siria (y en segundo plano, Irak) tras los atentados de París el pasado 13 de noviembre, la presencia del Estado Islámico en Libia no ocupa si quiera sus discusiones.

“Los miembros del CS [Consejo de Seguridad de Naciones Unidas] condenaron los continuos ataques y represión por parte de Daesh, Ansar al Charia [otro grupo terrorista leal al EI] y otros individuos, grupos o entidades asociadas a Al-Qaida que operan en Libia, particularmente en Sirte”, mencionaba el Ministerio de Asuntos Exteriores en un comunicado precisamente el 13 de noviembre. Una semana antes el Consejo había manifestado su “preocupación por la actual crisis política, de seguridad e institucional de Libia, así como las crecientes amenazas terroristas”.

Sólo unas semanas antes el Consejo de Seguridad se había mostrado orgulloso de haber alcanzado un Acuerdo Político para un Gobierno de Acuerdo Nacional. “Ha sido una de tantas iniciativas de preacuerdos que luego nunca se han materializado, porque las diferencias de las partes son muy importantes, unos consideran a otros como Daesh o no acaban de ponerse de acuerdo en el reparto de la riqueza nacional. Son cuestiones tribales, de prestigio, de honor. Ese Gobierno [el de Trípoli, reconocido internacionalmente] no existe más que en nuestra imaginación”, sentencia Arteaga.

También se muestra crítico con el optimismo del nuevo enviado de la ONU, que sustituye al español Bernardino León, en la misión libia: “No hay que dar mucha credibilidad a las expectativas de un recién llegado. El momento para el acuerdo ha pasado y se mantienen las circunstancias que lo hicieron imposible”.

Peligro infravalorado

Esta misma semana el nuevo enviado de la Misión de apoyo de la ONU en Libia, Martin Kobler, se ha reunido con sus países vecinos en un encuentro rutinario en la vecina Argelia. Allí ha anunciado el mencionado acuerdo entre ambos gobiernos paralelos en el plazo de un mes. Kobler ha mostrado su preocupación por la expansión del EI por el norte de África. Para él, los países vecinos “juegan un papel crucial para estabilizar la situación en Libia”.

Sin embargo, son países (Túnez, Argelia y Egipto) que a su vez están sufriendo los ataques y la desestabilización en su territorio con el EI. “En Libia se ve venir la amenaza, pero todavía falta mucho para que se la crean los propios libios”, asegura Arteaga. “Hasta que [la comunidad internacional] no vea otra vez el riesgo, como vio en 2014 con Mosul [ciudad al norte de Irak donde el grupo terrorista declaró la fundación del “Estado Islámico”], va a pensar siempre que lo que controla el Daesh es una pequeña zona en el medio”. "La ausencia de una solución en Libia y la continuación del conflicto son los dos factores que multiplican las amenazas y los peligros sobre el conjunto de la región y propician el crecimiento de grupos terroristas, especialmente Daesh", ha reconocido esta semana el ministro argelino de Asuntos Magrebíes, Unión Africana y Liga Árabe, Abdelkader Mesahel, según declaraciones recogidas por EFE.

Aún así, el centro de todas las miradas para combatir al Estado Islámico –ya sea con bombas o por otros medios- continúa en Siria e Irak. “[La comunidad internacional] sigue infravalorando el peligro. Se espera, erróneamente, que un gobierno de unidad se encargará de este trabajo. No se quieren comprometer con otra aventura después de [la experiencia en] Irak y Afganistán”, opina Pusztai.

Este destacado conocedor de la situación de seguridad y defensa libia no duda de que Sirte es la siguiente amenaza del EI para la Unión Europea. “Seguro”, dice. “Pero primero se asegurará su posición en Libia, se expandirá y seguirá desestabilizando el norte de África”.

Preguntado por Sirte, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, aseguró este martes en Bruselas que “no hay planes de lanzar una nueva operación militar en Libia”. La Alianza Transatlántica apoya una “solución política negociada” en el país y ofrecerá formación en defensa si se produce el acuerdo político.

Un gobierno de unidad nacional sería el primer paso para que los países extranjeros pudieran tener un único interlocutor con quien acordar algún tipo de apoyo militar, de seguridad y desarrollo para comenzar un arduo camino en este país tribal donde el Estado Islámico se expande sin apenas resistencia en contra.