ELECCIONES EN VENEZUELA

El descontento bolivariano: chavismo contra madurismo

En medio de la crisis económica y la corrupción, la falta de liderazgo será fundamental en las elecciones.

Nicolás Maduro saluda a la multitud en un acto de campaña.

Nicolás Maduro saluda a la multitud en un acto de campaña. Reuters

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El chavismo ya no es un grupo cohesionado. La fuerza que en algún momento llegó a ganar elecciones con diferencias irrefutables, que llenaba calles y avenidas con gente eufórica, embriagada por el discurso agitador, que usaba la alegría como eslogan, poco a poco se ha ido desdibujando. La muerte de Hugo Chávez en marzo de 2013 fue un golpe muy duro para una militancia que orbitaba en torno al líder. Militancia variopinta que congregaba a la tradicional izquierda venezolana, a los militares, a factores económicos emergentes y a sectores populares. Chávez consiguió que todos esos grupos convivieran a pesar de sus diferencias naturales y logró englobar en una frase un concepto rígido de lealtad que no daba espacio a la crítica y perduró durante los 14 años de su mandato: “Los que quieran patria vengan conmigo”.

Sin Chávez en escena el panorama ha cambiado. No queda nadie con la capacidad de amalgamar las distintas tendencias. La dependencia de un líder único ha pasado factura. Poco a poco han comenzado a verse las costuras dentro del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv). Han aparecido las críticas desde adentro, una rareza en otros tiempos.

El primero en alzar la voz ha sido Jorge Giordani, ministro de Planificación desde los inicios de la “revolución bolivariana” en 1999. Tras la muerte Chávez, Giordani fue ratificado en el cargo en 2013 por Nicolás Maduro, Presidente desde abril de ese año. “El maestro”, como le decía Chávez, duró poco más de un año trabajando con el nuevo gobernante. Renunció el 17 de junio de 2014 y al día siguiente hizo pública una carta dando sus razones.

“La improvisación de cuadros sin experiencia y designaciones poco adecuadas para el manejo de los grandes fondos del Estado pone en jaque la unidad de los cuadros bolivarianos”, se lee en parte de la extensa misiva. “Resulta doloroso y alarmante ver una Presidencia que no transmite liderazgo, y que parece querer afirmarlo en la repetición, sin la debida coherencia, de los planteamientos como los formulaba el Comandante Chávez”.

Corrupción y crisis

La postura de Giordani tuvo como antecedente una confesión: del país se fugaron 25 mil millones de dólares cuando estuvo en funcionamiento el Sistema de Transacciones con Títulos en Moneda Extranjera (Sitme), uno de los mecanismos gubernamentales de control cambiario que, en palabras del exministro, “era la cobija de los banqueros venezolanos”.

Los detractores del chavismo han dicho que Giordani ha tardado muchos años en hablar. “Es muy fácil decir 15 años después, cuando se queda por fuera de ese proyecto y se es uno de los principales responsables de esta crisis, que es hora de rendir cuentas al país”, ha manifestado al respecto Henrique Capriles, excandidato presidencial de la Mesa de la Unidad.

La combinación de corrupción gubernamental y una profunda crisis económica ha hecho que otras figuras del chavismo también se manifiesten en tiempos recientes. Héctor Navarro, ministro de Educación y luego de Electricidad en tiempos de Chávez, ha consignado una denuncia formal ante la Contraloría, la Defensoría y la Fiscalía por el “desfalco excepcional cometido por las élites del poder a costa del patrimonio nacional”. Anteriormente Navarro había sido separado de la Dirección Nacional del Psuv, tras respaldar en una carta las críticas hechas por Giordani.

Una imagen de Chávez y Maduro en un centro de campaña del Psuv.

Una imagen de Chávez y Maduro en un centro de campaña del Psuv. Reuters

Ana Elisa Osorio es otra de las voces incómodas que ha debido enfrentar Maduro. Ella también formó parte del gabinete de Chávez y en una entrevista con el portal argentino Infobae ha dicho que la nación vive un “retroceso político”. Considera que el descontento en las filas chavistas se puede transformar en una abstención que perjudique a la opción oficial en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre. Por eso propone que tanto la dirección del Psuv como el gabinete de Maduro renuncie en pleno, en caso de un revés electoral el próximo domingo.

Pero quizás son las palabras de Luis Britto García, un intelectual ligado al chavismo, las que más han llamado la atención durante estos días de campaña. “La probabilidad de una derrota podría servir de alerta para estudiar y aplicar correctivos”, ha dicho en conversación con la periodista Vanessa Davies, y también ha reprochado los “jugosos privilegios y gigantescos recursos” que son otorgados sin credenciales “de ningún tipo”.

El madurismo, un error histórico

Nícmer Evans, politólogo y uno de los representantes de Marea Socialista, una tendencia dentro del chavismo que por su postura contra la corrupción ha tenido que montar tienda aparte, ha manifestado que es evidente el descontento que existe con el gobierno del presidente Maduro, pero no así con el proceso revolucionario. En ese sentido, Luis Vicente León, presidente de la encuestadora Datanálisis, ha dicho, no sin generar malestar en la oposición, que sus estudios demuestran que Venezuela es un país chavista que está molesto con Maduro.

Por eso Evans cree que el “madurismo” ha emergido como una tendencia ligada a la cúpula de poder que “en lugar de beneficiar a los que viven de su trabajo, beneficia a los que viven del trabajo del otro”. “Es un error histórico”, ha comentado Evans, que respalda su aseveración en que la obligación de Maduro era continuar con lo hecho por Chávez y no generar una tendencia distinta “que defiende a los especuladores, a los corruptos, a los que juegan con las finanzas del país, que están impunes y no reciben castigos ejemplarizantes”.

Heinz Dieterich, filósofo alemán radicado en México, creador del “socialismo del siglo XXI”, concepto con el cual se pretendió bautizar al modelo impulsado por Hugo Chávez, también ha afinado sus dardos. Escribe que Venezuela ha dejado de ser un factor clave contra el imperialismo, a pesar de haber tenido el viento a favor. “Ni la mayor riqueza petrolera del mundo, ni los sesenta mil millones de dólares de crédito de China, son suficientes para romper las cadenas de la esclavitud, cuando la ignorancia gobierna”. Y he allí el meollo del asunto. El chavismo parece sentir que la “revolución” se ha perdido en manos del madurismo.