Crisis humanitaria

Refugiados en Alemania, solución para su falta de mano de obra

Al país le faltan trabajadores cualificados y jóvenes que reemplacen a los próximos jubilados.

Manifestantes en la ciudad de Hamburgo dan la bienvenida a los refugiados.

Manifestantes en la ciudad de Hamburgo dan la bienvenida a los refugiados.

Alemania, la mayor economía de Europa y la cuarta del planeta, tiene un serio problema demográfico. El envejecimiento de su población pone especialmente en entredicho la futura solidez económica del país de Angela Merkel. Se estima que en 2050 uno de cada seis germanos tendrá 80 años o más. Para entonces, casi el 40% de la población lo compondrán personas de más de 60 años.

Esta desfavorable evolución de la demografía implicará para el país una alarmante carestía de trabajadores, especialmente de profesionales con algún tipo de cualificación. “Habrá un enorme agujero de trabajadores en quince años”, dice Claudia Walthers, investigadora especializada en temas de inmigración de la Fundación Bertelsmann, con sede en Gütersloh (oeste germano).

Acabar con los malos augurios es en parte posible si se aprovecha la venida de demandantes de asilo al país. Pero los expertos advierten de que su contribución a la economía depende de su integración, el otro gran desafío que plantea la crisis de los refugiados.

A sus 44 años, Ute, mánager de un bar-restaurante de la Böhmische Strasse en el multicultural barrio berlinés de Neukölln, piensa que “no todos los refugiados van a ser buenos, mi hija es medio etíope y conozco a muchos refugiados, pero el mundo es de todos y ahora nos toca ceder una parte del nuestro a quien lo necesita”.

Esa idea de acogida está en la cabeza de no pocos berlineses, aún cuando los atentados terroristas en París del 13 de noviembre llevan a algunos a preguntarse cómo se está controlando la llegada de los refugiados. Que entre los autores de la matanza del 13N hubiera uno que se hizo pasar por un demandante de asilo con un pasaporte falso sirio contribuye a las reticencias.

Guido, un empleado de una compañía de transportes de 43 años, a reconocer que piensa en la posible infiltración de terroristas entre los demandantes de asilo. “Pienso que eso de que vengan terroristas entre los refugiados puede pasar, en vista de lo que ha ocurrido en París”, asegura, mientras espera a su tren en una parada del S-Bahn, el tren de cercanías berlinés.

Otros viajeros, sin embargo, no se sienten ahora más amenazados. Incluso los hay que ni siquiera perciben que, desde el 13-N, hay más seguridad circulando en los servicios de transporte público. “Yo no creo que haya terroristas entre los refugiados, esto es algo que están sacando de quicio los medios de comunicación”, dice por su parte Magrit, una empleada de 59 años que sube al mismo tren que Guido en Neukölln.

En el tren, con destino al sureste berlinés, no hay más tensión de la habitual en hora punta, cuando la gente acaba de salir del trabajo. Eso sí, más relajados están Moritz y Maati, una pareja de jóvenes (33 y 25 años, respectivamente) que han venido a Berlín a pasar el fin de semana.

“No hay tanta preocupación, porque hay mucha gente ocupándose de este asunto”, dice él. Ella precisa que subraya que “el terrorismo y los refugiados son dos temas distintos, los refugiados son gente como nosotros, gente peligrosa, por otro lado, ya tenemos aquí en Alemania”. Según fuentes de la inteligencia francesa citadas por la prensa alemana, había al menos un alemán detrás del ataque frustrado en Hanóver. Las autoridades calculan que unas 8.000 personas en Alemania promueven o apoyan el yihadismo.

Profesionales para salvar el sistema de pensiones

Alemania necesita con ganar gente joven, como los refugiados, cuya media de edad está en los 30 años. En este colectivo hay puestas no pocas esperanzas frente a la carestía de trabajadores que amenaza a la economía germana. Según datos del instituto dedicado a la prospección económica Prognos, en 2020 quedarán sin cubrir casi dos millones de empleos cualificados y en 2060 serán el doble.

Además, se espera que el tamaño del mercado de trabajo alemán se contraiga en 6 millones de personas en apenas una década, pasando de los 45 millones actuales a 39 millones, de acuerdo con el Instituto para la Investigación Laboral (IAB).

Desde el Ministerio de Economía afirman a este diario que si bien a día de hoy la economía no carece de trabajadores cualificados, hay áreas en las que sí que se “busca urgentemente” empleados, como el cuidado a las personas mayores. Eso sí, al país se le plantea un problema de gran envergadura a medio plazo, como reconocen desde la Federación Alemana de Seguros de Pensiones: “La actual evolución demográfica es algo que pone en riesgo el sistema de pensiones”.

Sin embargo, atendiendo al flujo masivo de demandantes de asilo que ha recibido Alemania en los últimos meses cabe preguntarse hasta qué punto los refugiados pueden ser una solución frente a esta situación. Sólo este año se prevé la llegada a Alemania de hasta un millón y medio de solicitantes de asilo.

Además, buena parte de otro millón y medio de refugiados que la Comisión Europea prevé que vendrán al 'Viejo Continente' en 2016 terminarán pidiendo asilo en suelo germano. Por su marcada política de apertura a los refugiados y la solidez de su economía – el paro es del 4,3% y el crecimiento del PIB rondará el 2% este año y el próximo –, Alemania es el país más atractivo para quienes quieren empezar una nueva vida en suelo europeo.

Las llegadas de refugiados a Alemania son “una oportunidad” para que el país resuelva sus problemas demográficos y de carestía de mano de obra cualificada, según Walters, la experta de la Fundación Bertelsmann. Pero que los asilados que están encontrando refugio en Alemania devuelvan el favor al país de acogida salvando su mercado de trabajo depende en gran medida de que se consiga su inserción laboral.

Oportunidad pendiente de organizar

Juega en contra de esa integración que los perfiles profesionales de los refugiados sean “muy diferentes”, según los términos que emplean los responsables del Ministerio de Economía alemán. No todos los refugiados llegan a Alemania con la formación que necesita el mercado laboral germano.

Es más, “no sabemos prácticamente nada sobre la cualificación de los refugiados”, subraya por su parte Karl Brenke, investigador del Instituto Alemán para la Investigación Económica (DIW), con sede en Berlín. “No se ha preguntado a la gente que llegaba cuál es la su formación”, agrega Walthers, la experta de la Fundación Bertelsmann. Sólo desde hace escasas semanas se está solicitando a los refugiados que llegan a Alemania que informen sobre su capacitación profesional.

Por otro lado, según el términos del Ministerio de Trabajo, las leyes de inmigración están sometiéndose a un proceso de “modernización” con el que adaptarse a la llegada de los decenas de miles de demandantes de asilo. Para Walthers, a través de esas modificaciones, el país está viviendo “un cambio de paradigma” en el mercado laboral.

Nuevas leyes para la mano de obra refugiada

En el pasado, “en el Ministerio de Trabajo y en el Gobierno no se quería integrar a los refugiados en el mercado laboral pues se decía que la integración era para los inmigrantes, pero no para los refugiados. Por eso los asilados tenían prohibido trabajar al menos un año”, explica la investigadora de la Fundación Bertelsmann. Gracias a la legislación del actual Gobierno de Merkel, esa prohibición se ha reducido a sólo tres meses, algo que, según Walthers, demuestra la voluntad del Ejecutivo de hacer participar a los refugiados en la economía germana.

Los grandes actores de la industria germana se han mostrado muy a favor de esta apertura del mercado de trabajo. En algunos casos, rejuvenecer la plantilla parece algo más que necesario. Por ejemplo, en el grupo industrial Daimler, responsable de marcas de automóviles como Mercedes o Smart, la mitad de los trabajadores habrá alcanzado los 50 años en 2020.

Daimler, junto a Volkswagen y otras grandes compañías alemanas han constituido las “fuerzas que han hecho posible los últimos cambios en la política de inmigración”, según Walthers. Esta investigadora se refiere a las modificaciones legislativas en materia de acogida de refugiados aprobadas en octubre por el Bundestag, con las que se pretende “acelerar” la tramitación del asilo, aunque también pone barreras, por ejemplo, a quienes lleguen a Alemania procedentes de los clasificados “países de origen seguros” como Albania, Kosovo y Montenegro.

La relevancia de estas compañías en el proceso de apertura del mercado laboral a los refugiados levanta las sospechas de Sahra Wagenknecht, líder en el Bundestag de Die Linke, el principal partido de la oposición. Ella ve en estos cambios legislativos intenciones moralmente cuestionables de industriales y responsables del Ejecutivo.

“Lo que sigue Merkel son los intereses industriales y la gran industria alemana quiere abrir las puertas a los inmigrantes muy cualificados, lamentablemente no por razones humanitarias, sino para disponer de cuanta mayor mano de obra sea posible, estimulando la competencia entre trabajadores y ahorrándose costes en formación”, critica.

Al evocar esta percepción de la realidad ante responsables del Ministerio de Economía, la respuesta es lapidaria: “Somos un país fuerte y compasivo con el deseo de recibir a los refugiados que vienen aquí”.

Ayuda humanitaria transformada en inversión

Según Panu Poutvaara, director del Centro para la Investigación en Inmigración del instituto económico IFO de Múnich, Alemania está dispuesta a gastar más de lo que los refugiados pueden aportar a la economía germana. “Estamos acogiendo a refugiados por motivos humanitarios porque Alemania ha firmado la Convención de Ginebra”, pero “este compromiso cuesta dinero”, dice Poutvaara a este diario.

“Alemania necesita más gente, eso está claro”, agrega, sin dejar de apuntar sus dudas sobre esa idea según la cual “Alemania ganará económicamente hablando” por la venida de los refugiados. Según cálculos del IFO, este año Alemania gastará unos 21.000 millones de euros en acoger a los refugiados. En 2016 los costes serán de unos 16.000 millones de euros.

Este tipo de previsiones no tienen por qué preocupar al ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, quien ha asegurado que el país seguirá presentando una “sólida” salud financiera, por mucho que la crisis de los refugiados constituya un “enorme desafío de inmigración a gran escala”.

El reto de la integración

El reto más relevante para la economía germana que plantea la situación de los refugiados probablemente sea el de la integración laboral y social de los miles de asilados. Con estos fines ya llevan tiempo trabajando especialmente asociaciones prorefugiados y sindicatos.

“La integración en el mercado laboral es muy importante”, dice Wilfried Kurtzke, experto en temas económicos de IG Metall, uno de los principales sindicatos alemanes. “Esto se ve por ejemplo en Francia”, pues se trata de un país donde “gran parte de la población que vive en las banlieues de París no tiene trabajo (y) a largo plazo esto se convierte en un problema”, agrega este sindicalista.

En Alemania, son minoría quienes se muestran reacios a la integración de los inmigrantes, aunque sí gozan de mucha atención mediática. En Dresde, por ejemplo, el movimiento xenófobo de los Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (Pegida), tardó muy poco en relacionar inmigración y terrorismo. Una de sus líderes, Siegfried Däbritz, ha dicho que los atentados en París fueron “el resultado de una política de inmigración”.

En esa línea también se ha manifestado el partido euroescéptico Alternativa para Alemania (AfD). “El [grupo terrorista] Estado Islámico aprovecha la marea de inmigrantes para infiltrar desde los países árabes terroristas y suicidas a Alemania”, han manifestado en dicha formación política, a la que una reciente encuesta situaba con un 10,5% de la intención de voto, un porcentaje que la convertía en la tercera más relevante, sólo por detrás de la Unión Cristiano Demócrata de Angela Merkel y de su socio el Gobierno, el Partido Socialdemócrata de Alemania.

Sin embargo, ni las opiniones de los miembros de Pegida ni la creciente influencia de AfD van a frenar, de momento, las inversiones millonarias que está haciendo el Estado alemán para dar cobijo, alimento y procurar cursos de alemán a los refugiados. Esos constituyen los primeros pasos en la integración en la sociedad alemana.

No serán las únicas medidas si la idea es conseguir que los asilados contribuyan a frenar el declive en número de la mano de obra cualificada en Alemania. La formación y la especialización de buena parte de este colectivo todavía podría durar años. “Los refugiados no serán los trabajadores del mañana, sino más bien del pasado mañana”, señala Walthers, la investigadora de la Fundación Bertelsmann, que apoya sus opiniones en estudios según los cuales “necesitamos cinco años para que el 50% de estos refugiados entren en el mercado de trabajo y quince años para llegar al 70%”.

“Los refugiados que llegan pueden reducir la carestía de profesionales cualificados, pero sólo en unos años, porque la mayoría de quienes vienen a Alemania todavía pueden formarse aquí para después estar disponibles en el mercado de trabajo”, explican desde la Agencia Federal para el Empleo.

Por eso, la llegada a Alemania de decenas de miles de trabajadores en potencia en esta crisis de los refugiados no supondrá el cese de los esfuerzos del país de Angela Merkel en presentarse al mundo como el lugar ideal para dar empelo a profesionales cualificados.

Precisamente esto es lo que pretende la página de internet “Make it in Germany” – “Lógralo en Alemania”. Esta web es producto de la necesidad de inmigrantes de la economía germana. Puesta en marcha desde junio de 2012 – aunque sólo desde junio de este año existe su versión en español– ha recibido casi 9 millones de visitas. La idea de este portal es presentar información sobre la vida y el trabajo en Alemania para atraer a profesionales cualificados.

A falta de poder aprovechar de inmediato las cualificaciones de los refugiados, la economía germana tiene que seguir captando fuera de su territorio a quienes puedan ayudar a tapar los huecos que deja su preocupante situación demográfica.