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Así queda Argentina tras el paso de los Kirchner

Del carisma de Néstor al coraje de Cristina: de la ‘década ganada’ a la herencia envenenada.

CFK lleva trece años en la Casa Rosada.

CFK lleva trece años en la Casa Rosada. Reuters

Néstor Kirchner alcanzó la presidencia en mayo de 2003 sin ganar las elecciones. Quedó segundo en la primera vuelta y su rival, el expresidente Carlos Menem, no quiso participar en la segunda. Así comenzaba el mandato del matrimonio Kirchner en ‘la Argentina’. El pueblo argentino elegirá a su sucesor el domingo, lo que pondrá fin a más de doce años de gobierno de la familia que ha transformado la economía del país… ¿para volver otra vez al principio?

Antes de la llegada de Néstor a la presidencia, la economía argentina estaba sumida en la depresión. El PIB real se desplomó un 20% entre el primer trimestre de 1998 y el primero de 2002, justo después del corralito y el corralón. Los golpes de las cacerolas sonaban por Buenos Aires, enfilando hacia la Casa Rosada por la Avenida de Mayo. La tensión social, política y económica llegó hasta tal punto que el presidente Fernando de la Rúa declaró al país en estado de sitio.

Argentina había sido durante los años noventa el alumno aventajado del Fondo Monetario Internacional, pero las políticas económicas ordenadas por el organismo acabaron en el colapso financiero del país. Este fue el país que se encontró Néstor, pero en sólo una legislatura consiguió sacar a la economía del colapso con una ayuda inestimable del entorno económico mundial muy favorable.

El mayor problema que tenía el país en ese momento era el gran volumen de deuda pública, en especial, de deuda externa, que ahogaba las finanzas del Estado y que vaciaba las reservas internacionales del Banco Central de la República Argentina (BCRA). Una de las primeras decisiones que adoptó el nuevo Gobierno fue la de aprobar el “diferimiento de los pagos de los servicios de la deuda pública del Gobierno nacional, contraída originalmente con anterioridad al 31 de diciembre de 2001”, como aparece aprobado en la Ley del Presupuesto General de 2004.

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Fue una disposición transitoria mientras el Ejecutivo negociaba una reestructuración de su deuda que incorporaba una quita del 75% para los acreedores privados, lo que supuso el mayor ‘default’ de la historia de un país. Según los datos del Ministerio de Economía, el pasivo del Estado se redujo en casi 65.000 millones de euros, lo que supuso reducir un tercio su deuda. Sin embargo, de esos barros están hoy los lodos de que Argentina haya vuelto a caer en ‘default’. La quita de Néstor fue aceptada por un 76% de los acreedores, pero un grupo de ‘hedge funds’ (los famosos ‘fondos buitre’) no aceptaron la propuesta y decidieron demandar al Estado ante los tribunales de EEUU. La Justicia les dio la razón en 2014, por lo que ahora el país vuelve a estar en situación de ‘default’ selectivo.

Una década de cuatro años

La ‘década ganada’ de la que presume el kirchnerismo duró en realidad cuatro años, los de la legislatura de Néstor. Fue la época de auténtico desarrollo económico y social del país, apoyado en el comercio exterior, la apreciación de las materias primas y en la menor carga de los intereses de la deuda. Entre 2003 y 2007 el PIB del país creció a una media anual próxima al 9%, pero la mejor noticia para el país fueron los avances sociales. La incorporación de ciudadanos a las clases medias estuvo acompañado por un gran avance de los niveles de educación. Se escolarizaron todos los niños y el gasto en educación aumentó de forma continuada sobre el Presupuesto del Estado de forma continuada desde 2004 hasta 2007.

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También fue una fase en la que se redujo la brecha salarial entre la clase alta y la más popular. En el año 2003, el 10% de la población conseguía el 40% de todos los ingresos nacionales según los datos del Banco Mundial, cuatro años después este porcentaje se había reducido hasta el 35%. Este descenso supuso un avance de la contribución a la renta nacional de las rentas medias, que pasaron del 57% hasta el 65% para los deciles que van segundo hasta el octavo.

El Banco Mundial reconoce que “el país ha invertido fuertemente en salud y educación, áreas en las que se destina el 8% y el 6% del PIB, respectivamente”, avances que se produjeron durante la legislatura de Néstor y que se han mantenido en los últimos años. “Entre 2003 y 2009, la clase media se duplicó pasando de 9,3 millones a los 18,6 millones (equivalentes al 45% de la población)”, remarca la entidad.

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El relevo de Cristina

La Constitución de Argentina no permite a un presidente volver a ser candidato si ya ha tenido el mandato durante dos legislaturas consecutivas, sin embargo, si sólo se mantiene una, puede optar al cargo todas las veces que quiera. Por este motivo, el matrimonio Kirchner decidió que lo mejor sería turnarse en la candidatura del Frente para la Victoria a la Casa Rosada.

El turno de Cristina Fernández de Kirchner llegó en 2007, tras los cuatro años de mandato de su marido. El carisma de Néstor dio paso al coraje de su mujer que, tuvo que hacer frente al deterioro de la economía global y que dejó de disfrutar de los efectos positivos del ‘default’ de 2005.

La economía empezó a deteriorarse muy rápido desde finales de 2008 y en 2009 la economía ya estaba estancada. En estos años, Argentina volvió a vivir del ahorro y la producción externa y empezó a recorrer una vez más el camino del endeudamiento. El superávit de la balanza por cuenta corriente, esto es, el saldo del comercio de bienes y servicios, rentas (incluye los intereses) y transferencias corrientes, ya era negativo, con más de 2.000 millones de dólares que se iban por el ‘sumidero’ al resto del mundo.

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Desde ahí siguió profundizando hasta convertirse, no sólo en una fuga de reservas, sino en una gran dificultad para conseguir importar todos los productos necesarios. Por ejemplo, el viernes, el diario argentino ‘La Nación’ publicó que el Banco Central de la República Argentina denegó a la empresa pública Enarsa el envío de 53 millones de dólares para comprar el petróleo que había transportado hasta las costas de Bahía Blanca el petrolero M/T Fraternity.

Mientras tanto, el Ejecutivo de Cristina Fernández trataba de animar la economía con gasto público, por lo que el Estado volvió a elevar su deuda. Siete años después del gran ‘default’ de Néstor, la deuda volvía a estar en los niveles anteriores. ¿Qué había aprendido el kirchnerismo?

Para colocar la deuda con más facilidad y así seguir impulsando el gasto público, la estrategia de las autoridades fue que el Banco Central de la República Argentina se hiciera cargo de financiarlo emitiendo más dinero. Este proceso, conocido como ‘monetización de deuda’ tiene un problema secundario: la inflación. Al aumentar el volumen de liquidez en circulación, los precios tienden a aumentar y, cuando las expectativas de inflación se disparan, se convierte en un círculo vicioso que sólo se para con un fuerte ajuste monetario que provoca una fuerte contracción en la economía.

La evolución de los precios en Argentina es un gran misterio, pero hay una evidencia, que la inflación es galopante, una de las mayores del mundo, pero nadie conoce las cifras reales. El Banco Mundial ha alertado en numerosas ocasiones a las autoridades del país de los problemas al calcular esta estadística, pero todavía no han conseguido recopilar datos fiables. El FMI estima que el IPC avanzará este año un 19,3%, disparándose hasta el 26,4% el próximo año, lo que pone a Argentina entre los cinco países con unos precios más desbocados.

La inflación se ha comido una buena parte de la capacidad adquisitiva de los salarios de las clases medias, así como ha deteriorado sus ahorros. Todos los avances de los años de Néstor se escapaban entre los dedos de Cristina.

Vuelta al principio

El candidato que resulte ganador en los comicios del domingo, el oficialista Daniel Scioli o el opositor Mauricio Macri, se tendrá que enfrentar a una situación que no dista mucho de ser la que se encontró Néstor Kirchner cuando accedió al poder. Las reservas del Banco Central de la República Argentina están en su nivel más bajo desde junio de 2006, un año después del gran ‘default’ de 2005.

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El país está otra vez en una situación de ‘default’ técnico de la que tiene muy complicado salir, con el dictamen de la justicia estadounidense en su contra y con los ‘hedge funds’ negándose una y otra vez a pactar la reestructuración de 2005. Por si fuera poco, la deuda pública supera ya en más de un 16% el récord que alcanzó antes de la quita.

En estos momentos, la inflación del país hace inviable que el banco central pueda seguir monetizando deuda y la ausencia de reservas hace imposible que el Estado pueda financiarse en los mercados internacionales. La situación es más que delicada. “En Argentina, la inflación sigue siendo elevada, debido a la monetización del déficit fiscal. La falta de acceso al mercado impacta en la actividad, y las políticas macroeconómicas y microeconómicas distorsivas están afectando los fundamentos económicos del país”, alerta el FMI. Esta vez, poca culpa pueden echarle los candidatos argentinos a las recetas del Fondo, aunque el camino distinto adoptado por los Kirchner haya llevado al país al mismo destino.

“Las cuentas internacionales han empeorado en los últimos meses debido a crecientes presiones en el escenario global y en particular el empeoramiento de la situación económica en Brasil”, alerta el Banco Mundial. “Un enorme impulso fiscal contribuyó a estabilizar la actividad económica en 2015, pero los desequilibrios macroeconómicos han empeorado”, advierte el FMI. A falta de conocer los datos consolidados de 2015 las cifras de 2014 mostraron un aumento del gasto público del 40%, una situación insostenible que no puede prolongarse mucho más de dos o tres años.

Un país con cinco tipos de cambio

El FMI estima que la economía del país se contraerá un 0,7% en 2016 y que el superávit por cuenta corriente seguirá profundizando el déficit del país a ritmos superiores al 2,5% del PIB. Un escenario que plantea un futuro incierto para Argentina y para el nuevo inquilino de la Casa Rosada.

La singular situación de la economía argentina queda definida a la perfección en los cinco tipos de cambio que tiene el país al mismo tiempo y que en el mercado negro alcanzan la decena. Una auténtica locura para cualquier argentino. Esta situación insólita en el mundo se debe a que el país tiene instalado un fuerte control de capitales para evitar que el peso argentino se deprecie y, al mismo tiempo, evitar que se vacíen las arcas del banco central. Son los cinco dólares.

El dólar oficial es el que marca el tipo de cambio legal que establece la autoridad monetaria. Es el que mantiene al peso en el nivel más alto de los cinco, esto es, su capacidad de compra en el exterior es más alta, pero que tiene muy restringido su uso. El dólar blue es el que se intercambia en el mercado negro, aunque su circulación es tan habitual que el tipo de cambio aparece en distintas webs y diarios.

El dólar tarjeta se emplea para el pago con tarjetas de crédito y débito y se le aplica el tipo de cambio oficial más un 35%. El dólar ahorro tiene un sobrecoste del 20% y sólo tienen acceso a él aquellas personas que demuestren suficiente capacidad de ahorro y contribución. El dólar contado con liqui, que se emplea para sacar capitales al exterior. Se permite cuando un inversor compra títulos (bonos o acciones) en el mercado doméstico con pesos y acude a venderlos a mercados foráneos y se deja este dinero en una cuenta en el exterior.