La columna

Paris al ralentí

Como cuando vas encogido por el frío, aterido, caminando con la barriga apretada Champs Elysees abajo, así ha pasado París el morning after. La resaca del dolor se fue mitigando a partir de las 11 de la mañana cuando la voracidad de los turistas rompió el duelo de los comercios. Los residentes se resistían a asomarse a la fría realidad de la mañana.

En el desayuno, en uno de los hoteles boutique de la calle Saint Honore, no se escuchaban ni las cucharillas remover el cafe. Los huéspedes, italianos, rusos y españoles, gente que solo tenía en común haber sido testigos televisivos de la masacre por cada uno, cómodamente, ante la televisión de su habitación, compartían ahora el silencio compungido del dolor desubicado. Y se apretaban el petit déjeneur mientras por el iPhone mandaban al grupo de WhatsApp señales tranquilizadoras. El improvisado fin de semana en París se habia covertido en un nudo en el estómago.

Me echo a la calle, a pesar de la advertencia del portero, que me recuerda que el presidente ha recomendado a todos quedarse en casa. Una notificación salta al abrir Uber, que vuelve a recordar que es mejor quedarse a refugio. Un solo conductor en todo el centro de París responde a la llamada. De nada sirve, las calles estan cortadas y no puede ni acercarse.

Es mejor caminar. No hay cola en Angelina, la Maison de Té que desde 1903 ensalza el arte de la reposteria a los cielos. Apenas hace unas horas la cola para entrar al local avanzaba una veintena de metros. A las 10:30 la planta de arriba, vacía, espera más turistas. A su lado, la librería Gallignani iba despertando como si comprar libros fuese un refugio contra la intolerancia.

En la puerta del Grand Palais, los 'seguratas' de ParisPhoto, la feria internacional de fotografía, no saben qué decir a los VIPs que se agolpan para disfrutar de las exposiciones media hora antes: "Ha sido decisión del presidente. Estamos de luto". Al poco rato, la cuenta de Twitter del Louvre confirma que los museos permanecerán cerrados.

Aparecen los primeros taxis. Sorprende porque encontrar uno en Paris es noticia. En el Marais las tiendas regentadas por judíos no abren, desde luego por el Sabbath. El Ganso, recientemente adquirido en un 51% por LVMH, el grupo de Bernald Arnault, abre su local. Poco a poco las tiendas se desperezan.

La radio del taxi escupe el minuto a minuto. En el barrio de la Bastilla los comercios se desperezan también. El shopping no conoce el luto. En Le Baron Rouge, la cantina más antigua de la ciudad, la vendedora de ostras tiene tiempo para comer y los camareros pueden recrearse hablando con los borrachines.

Ya oscurecido, en Saint Michel, los cafés ya ponen fútbol en las televisiones y las aceras se llenan de paseantes. En una ciudad donde las manifestaciones estan prohibidas hasta el próximo jueves, lo que queda es comprar.