Ferrán Adrià, demandado

La venta de El Bulli enfrenta a los herederos por 66 millones

La Audiencia Provincial de Barcelona requiere a los hijos del fallecido Soler para que digan si aceptan las cargas de la herencia

El cocinero Ferrán Adriá en el restaurante El Bulli.

El cocinero Ferrán Adriá en el restaurante El Bulli. Cover

El Bulli llegó a ser considerado el mejor restaurante del mundo. El artífice de sus éxitos fue el cocinero Ferrán Adrià, y junto a él, su jefe de sala, Juli Soler. En sus inicios, fueron apoyados por un mecenas, Miguel Horta. Juntos vivieron el esplendor del negocio, buque insignia de la cocina creativa. Pero esos años de éxitos pronto se desvanecieron cuando llegó el momento de repartir los beneficios.

En pleno pleito iniciado en 2012, por el que los hijos de Horta -incapacitado- reclaman a los otros dos socios hasta 66 millones de euros, Soler fallece este pasado mes de julio. Ahora el problema lo heredan sus dos hijos, que deben responder por su padre. Tres socios: uno fallecido, el otro incapacitado y Ferrán Adrià, el cocinero de éxito, han terminado en los juzgados.

Después de que el Juzgado de Primera Instancia número 2 de Barcelona desestimara la demanda de los hijos de Horta contra Adrià y Soler, el asunto está en manos de la Audiencia Provincial de Barcelona. La familia del mecenas catalán cree que el cocinero y su socio estafaron a su padre en la compra de sus participaciones de la empresa. Y lo hicieron, según esta versión, aprovechando que sufría una grave inestabilidad psiquiátrica. que incluía un trastorno bipolar. Eso les llevó años después a tener que incapacitarle.

Según sus herederos, fue Horta quien apoyó económicamente a Adrià y su socio para sacar el proyecto adelante en 1994. Nueve años después, vendió su participación por 1,2 millones de euros. La familia del empresario considera que fue engañado porque Adrià y Soler valoraron muy por debajo la empresa El Bulli, la cual habían despatrimonializado hacia otras empresas de estos dos socios. Además, estima que el porcentaje que debería haber recibido era de un 84% y no de un 20%.

En un primer momento, sus pretensiones fueron tiradas por el juez, que no dio credibilidad a la versión de los Horta. Estos no se quedaron con los brazos cruzados y recurrieron en apelación a la Audiencia Provincial de Barcelona.

Antes de que el tribunal resolviese el pleito por un enriquecimiento injusto por parte de uno de los cocineros más conocidos de España, se produjo una circunstancia que complica aún más el caso. Juli Soler falleció en julio tras una enfermedad neurodegenerativa que le afectaba desde 2012. En una resolución, a la que ha tenido acceso EL ESPAÑOL, la Sección Undécima requiere a Francisco Javier y Rita Soler para que aporten “la declaración de herederos o la escritura de aceptación de herencia o formulen al respecto las manifestaciones que estimen oportunas”.

Soler no dejó testamento

La familia Soler ya ha respondido. Juli Soler murió sin dejar testamento y, a día de hoy, ninguno de los hijos ha aceptado la herencia, que conlleva asimismo asumir las deudas del progenitor. Sin embargo, los hijos del fallecido solicitan a la Audiencia ser aceptados como parte en la causa para poder defender sus intereses.

Expertos de derecho civil consultados por este diario explican que este movimiento está perfectamente estudiado. Al no aceptar la herencia, no se asume la deuda. Por tanto, lo lógico es esperar a ver como concluye el proceso judicial antes de dar el paso. En el supuesto de que la Audiencia Provincial desestimara el recurso de la familia Horta, los hijos de Soler tendrían vía libre para aceptar la herencia de su padre. Sin embargo, no sería tan sencillo en caso de que se aceptara la indemnización solicitada, que va desde los 14 millones de euros, en caso de que se fije en un 20% la participación de Horta en la sociedad, hasta los 66 millones de euros, si considera que su participación real fue de un 84,5%.

Estas fuentes explican que en el hipotético caso que Soler fuera condenado, al estar muerto, la reclamación de la indemnización por parte de los demandantes es más complicada y llegar a cobrar la cantidad correspondiente se podría alargar en el tiempo. Otra de las opciones que tienen los hijos de Soler es proceder con la herencia a beneficio de inventario. Es decir, que se liquiden las deudas y repartir los beneficios, en caso de existir un sobrante.

El Cierre del Bulli

Adrià decidió echar el cierre al restaurante en el que todo aquel que se preciara quería sentarse. Con un cubierto medio de 300 euros por comensal en su restaurante, este cocinero no sólo vendía comida. Ofrecía arte convertido en exquisitos y exclusivos platos y todo ello se traducía en meses de lista de espera para poder tener mesa en sus salones ubicados en Gerona. Los demandantes relacionan el cierre con el inicio de los procesos judiciales contra los dos socios. Es más, Adrià nunca volvió a abrir el restaurante. Ahora ha convertido su negocio en una fundación, una especie de laboratorio gastronómico.

La familia de Horta pretende que la Audiencia Provincial de Barcelona reconozca que Adrià y Soler se enriquecieron injustamente a costa de aquel que les ayudó en sus inicios, obligándole a vender su parte del negocio en 2005 por una cantidad “vil e irrisoria”. Sabían que tenía problemas mentales y se aprovecharon de él. La juez que rechazó la demanda mantiene que no hay pruebas que demuestren que los dos socios supieran los problemas de Horta, porque fue incapacitado cuatro años después, y que hay testigos que le definen como un actividad intelectual y formación en el momento que firmó la venta.

Adriá superó el concepto “simplista” de El Bulli

El tribunal también tendrá que resolver si tal y como denuncian los hijos de Horta, el cocinero y el jefe de sala de El Bulli se dedicaron a despatrimonializar la mercantil mientras que paralelamente lanzaban el mensaje a los medios de comunicación de que el restaurante no ganaba dinero, afirmación, a juicio de los demandantes, falsa porque todos los negocios vinculados a Adrià era “total y absolutamente rentables”.

Contra este criterio el juez de primera instancia aseguró en su sentencia que la marca 'Ferrán Adrià' se ha desvinculado a lo largo de los años de la de El Bulli por lo que no se puede relacionar los logros del cocinero como los del restaurante. “Aunque pudo en sus inicios presentarse como un mero negocio de restauración, pronto superó dicho punto de vista básica o simplista para adentrarse en el ámbito de la creatividad y de la innovación aplicada la cocina” y, por tanto, superó la conceptualización inicial de la marca 'El Bulli'.