crisis de refugiados

Una familia lleva 50 días atrapada en el aeropuerto de Moscú

Tras huir del Estado Islámico en Irak, una pareja y sus cuatro hijos no han obtenido asilo en Rusia. Ahora esperan la revisión de su caso.

Los refugiados viven en una antigua sala de fumadores.

Los refugiados viven en una antigua sala de fumadores.

Más de cincuenta días atrapados en la zona de tránsito del aeropuerto Sheremétevo de Moscú. Parece el argumento de la película La terminal (2004) en la que Tom Hanks se ve atascado en el aeropuerto JFK de Nueva York cuando su pasaporte es anulado. Pero es la historia real de una familia de refugiados del Kurdistán iraquí que desde el mes pasado vive dentro del aeropuerto moscovita. Son Gulistan, su marido Hasan y sus cuatro hijos, cuyas edades van de los tres hasta los 13 años.

"No sé qué va a ocurrir, pero tenemos la esperanza de que nos dejarán salir de este aeropuerto pronto. Llevamos tanto tiempo esperando, tanto tiempo sufriendo", dice Gulistan, la madre. "Intentamos ser valientes y no perder la esperanza". 

La familia cuenta que huyó de Irak por la amenaza del Estado Islámico y llegó a Rusia a través de Turquía. La idea era reunirse con Tamara, hermana de Gulistan, que reside en la ciudad de Samara, en el centro del país. Pero sus planes se truncaron cuando las autoridades rusas los detuvieron en la frontera y los acusaron de viajar con pasaportes falsos.

Gulistan se crió en Kazajstán, mientras que Hasan, su marido, es iraquí y sirio. Sus dos hijos más pequeños carecían de pasaporte y Siria accedió a proporcionárselo, aseguran. Para Rusia, sin embargo, la documentación no era válida.

Los refugiados pasaron dos semanas en un área de retención para luego ser devueltos a la zona de tránsito del aeropuerto de Sheremétevo. La Administración rusa les ha denegado asilo y, aunque Siria ha confirmado la autenticidad de los documentos, espera a una decisión judicial para ver si les otorga asilo temporal.

“Resulta que no son ciudadanos de Siria, sino de otro Estado. En función de la legislación rusa, se les aplicaron los respectivos procedimientos. Es de lamentar que hayan tenido que cruzar la frontera con documentación falsa. Seguramente lo habrán hecho debido a unos objetivos personales, pero infringieron en su empeño la legislación rusa”, dijo María Zajárova, portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, en rueda de prensa la semana pasada. “En absoluto es un asunto político”.

Rusia libra desde el mes pasado una campaña militar en Siria para apoyar al Gobierno de Bashar al Asad y combatir al Estado Islámico. Ha sido acusada, sin embargo, de atacar a opositores sirios.

La abogada de la familia, Rosa Ajmedova, de la ONG Comité de Asistencia Civil, asegura que Rusia rechaza peticiones de asilo muy a menudo. Familiares de Gulistan llamaron al teléfono de su organización para pedir ayuda. Desde la semana pasada, Ajmedova trabaja en el caso, que, afirma, no progresa. "Estamos esperando la decisión del tribunal en el caso criminal, [pues] las autoridades rusas los acusaron de cruzar la frontera ilegalmente. Sólo después de eso podremos apelar al Servicio Federal de Migración para un asilo temporal para ellos", dice. 

Hace poco, la familia de refugiados ha logrado alojarse en un hotel del aeropuerto por unos días gracias a donaciones. Luego deberán regresar a la antigua sala de fumadores de la Terminal E que ha sido su hogar en las últimas semanas hasta que se decida su futuro.

En la antigua sala de fumadores, Gulistan y los suyos duermen sobre colchones en el suelo. En el cuarto hay coches de juguete, ropa y otras donaciones, que incluyen suministros de las Naciones Unidas. Pero no hay radiadores y el frío azota. Las paredes son transparentes y no hay privacidad frente a los viajeros que circulan por el aeropuerto.

Ante esta situación, Tamara, la familiar que reside en Rusia, decidió no quedarse de brazos cruzados y lanzó una campaña en Change.org para presionar a las autoridades para que otorguen a los refugiados asilo temporal. Este lunes, la campaña tenía ya cerca de 75.000 firmantes. "Estábamos en shock (...), nuestra familia al completo no se podía creer la situación", dice Tamara. Tras buscar asistencia legal, decidió probar a crear una petición en Change.org. "Y funciona. Ahora ya no estoy sola". 

Superada por las circunstancias, Gulistan tuvo que ingresar en un hospital de Jimki, al noreste de Moscú, a mediados de octubre. Su marido e hijos no pudieron verla hasta que regresó a la terminal. "Es horrible, aquí hace mucho ruido y mucho frío", dice Gulistan. "Realmente estamos sufriendo. Mis hijos me preguntan cuándo irán al colegio. Quieren ir al colegio, jugar en la calle, ver el cielo y el sol y respirar aire fresco". 

“Realmente quiero ayudar a esta familia”, afirma Anna Bialas, que lleva la campaña de Tamara en Change.org. “Estoy en contacto con ella, con la abogada, con la familia (…) intentamos interesar a los medios sobre esta situación, porque es muy importante. Es una campaña global”.

Mientras aguardan, Rusia, que tiene una población de más de 140 millones de habitantes, acoge a unos 235.000 refugiados, según datos de las Naciones Unidas del diciembre pasado. La portavoz del Ministerio del Interior ruso ha afirmado que a principios de septiembre Rusia había recibido a unos 8.000 sirios. El presupuesto del país para refugiados este año es de unos siete millones de dólares, de acuerdo con la ONU. El de la vecina Georgia, sin embargo, es de 14 millones y el de Turquía es de más de 300.

"Espero que algún día podamos regresar a nuestro país", afirma Gulistan. "Mi tierra es Kurdistán y quiero vivir allí".