Choque generacional

Por qué hay una crisis de gobierno en Cuba

El ministro del Interior Abelardo Colomé Ibarra, uno de los hombres de confianza de Raúl Castro, renuncia al cargo por enfermedad.

A la izquierda, el ministro de Interior saliente Aberlardo Colomé Ibarra. A la derecha, el nuevo ministro general Carlos Fernández Gondín.

A la izquierda, el ministro de Interior saliente Aberlardo Colomé Ibarra. A la derecha, el nuevo ministro general Carlos Fernández Gondín.

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En 1994, Jorge Enrique Mendoza se pegó dos tiros en el pecho, pero no logró el objetivo de suicidarse. Sus ayudantes consiguieron trasladarlo con vida a un hospital de La Habana. Fidel Castro se presentó en el centro sanitario y fue muy claro ante los médicos: no puede morir. Nadie sabe qué clase de remedios aplicaron, pero Mendoza, a duras penas, sobrevivió. Pocos meses después, Castro organizó un acto para celebrar el 35 aniversario de Radio Rebelde, la emisora que Mendoza y otros bajo la supervisión de Ernesto Che Guevara fundaron en su época de guerrilleros en la Sierra Maestra. El comandante saludó a todos los asistentes uno por uno. Cuando llegó a la altura de Mendoza se acercó a su oído y le dijo: ya te puedes morir. Falleció al día siguiente.

La anécdota es del escritor cubano Norberto Fuentes, una de las personas que más trató a los Castro antes de caer en desgracia y salir a Miami. En aquella época, recuerda Fuentes en conversación con EL ESPAÑOL, los altos cargos se retiraban y suicidaban sólo cuando lo decidía Fidel. Por eso ha sorprendido el inesperado cambio en el Ministerio del Interior anunciado esta semana. Durante 56 años de castrismo, los ministros han sido relevados. Pero Abelardo Colomé Ibarra ha renunciado a la cartera alegando motivos de salud.

El presidente Raúl Castro, en un alarde público sin precedentes, ha aceptado su dimisión a través de un comunicado y le ha agradecido los servicios prestados con una condecoración. La crisis de Gobierno se produjo un día antes de la visita a La Habana de Alejandro Mayorkas, subsecretario de Seguridad Nacional en Estados Unidos, el funcionario cubanoamericano de mayor rango en pisar la isla desde que los dos países restablecieron relaciones diplomáticas. Mayorkas salió de Cuba con sus padres cuando tenía seis meses.

Existe el consenso de que verdaderamente Colomé Ibarra, de 76 años, está gravemente enfermo. Lo que genera dudas es la persona elegida para sustituirle: el general Carlos Fernández Gondín. En pleno proceso de deshielo con Estados Unidos, Raúl Castro ha nombrado un hombre veterano, con fama de duro y curtido en la contrainteligencia militar. Es decir, uno de los mayores expertos del país en perseguir traidores dentro del aparato es el nuevo encargado de coordinar la seguridad nacional y las relaciones con la Policía.

“Este nombramiento tiene dos lecturas”, explica Fuentes a EL ESPAÑOL. “La positiva, en contra de lo que parece, es que hay una tendencia a dar cabida a gente más joven en el poder. La negativa es que Gondín no es una elección simpática”.

Una de las primeras personas con la que se reunió Mayorkas esta semana fue Fernández Gondín. En la nota oficial del diario Granma, se dijo que la conversación tuvo lugar en un ambiente “constructivo y respetuoso”: “Durante el encuentro hubo coincidencia acerca de la necesidad de materializar la cooperación bilateral con el objetivo de proporcionar mayor seguridad a los ciudadanos de ambos países y otras naciones”.

‘Furry’, un hombre de Raúl

A Colomé Ibarra le apodaron “Furry” desde que se unió a aquel grupo de barbudos que lideraba Fidel en Sierra Maestra. Fuentes no recuerda muy bien el origen del sobrenombre, pero cree que se lo pusieron cuando era pequeño por ser un niño de prontos furiosos. Siempre fue un hombre de Raúl. Combatió bajo su mando y tras el triunfo revolucionario fue el encargado de poner en marcha la Dirección General de Inteligencia del Ejército Rebelde. Combatió en las célebres misiones internacionalistas en América Latina y fue jefe de las tropas en Angola, la campaña militar cubana más importante en el extranjero y uno de los escenarios decisivos de la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Pero Colomé Ibarra no se entendería sin la famosa Causa 1 de 1989, uno de los episodios más trascendentes de la historia de Cuba. Como mano derecha de Raúl Castro en el Ministerio de las Fuerzas Armadas, fue el brazo ejecutor del descabezamiento de la cúpula del Ministerio del Interior y la detención del general Arnaldo Ochoa y otras 13 personas acusadas de enriquecerse con operaciones de narcotráfico. El relato de los hechos que condujeron al arresto de Ochoa, el posterior juicio y su fusilamiento junto a tres altos mandos están recogidos en el libro “Dulces guerreros cubanos”, de Fuentes. El autor recuerda a “Furry”, su vecino de abajo en La Habana, como un hombre tenebroso. En mitad de todo aquel proceso se presentó un día para pedirle por favor que cuidara a su hija porque tenía una reunión urgente.

“Vino a darme tranquilidad y en ese instante supe que sería detenido”, cuenta.

Después del juicio, Fidel delegó en Raúl. Hasta entonces, dirigía personalmente la seguridad y la inteligencia del país. Todo el mundo controlaba a todo el mundo, todo el mundo informaba de todo el mundo. Se sabía hasta qué comían las mujeres de los oficiales. Raúl eligió a su amigo, a su hombre de confianza, para la tarea. Los hermanos Castro tenían claro entonces que la KGB había acumulado tanto poder, que su papel resultó determinante en la caída de la Unión Soviética. Y no querían que les pasara lo mismo. El encargo a Colomé Ibarra fue preciso: purgar y desmantelar por completo el Ministerio del Interior.

“Colomé Ibarra era el vicario de Raúl, el instrumento de Raúl. Hizo lo que se le pidió. Ellos (los Castro) no querían que el Ministerio se los comiera”, señala Fuentes. “El gran problema de los Castro es que nunca se preocuparon por construir la economía de un país, sino por conservar su poder”.

El Gobierno titubea

El relevo ha llegado en un momento decisivo de las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos. El gran tema pendiente de resolver es el embargo económico a la isla. En la tradicional votación en la Asamblea de Naciones Unidas, Washington volvió a votar en contra de la moción cubana para suspenderlo. Según Fuentes, Colomé Ibarra era el mismo hombre hace un año, igual de enfermo. ¿Por qué relevarlo justo ahora? Fuentes asegura que el nuevo ministro Fernández Gondín es un oportunista, que se ha dedicado toda la vida a delatar compañeros. La novedad está en el nuevo número dos del Ministerio, el vicealmirante Julio César Garandilla, la persona que controlará de facto los órganos de seguridad del Estado (inteligencia y contrainteligencia). Poca ha información pública ha trascendido de él. Ni siquiera su edad está clara. Se sabe que es más joven, eso sí, porque que no fue uno de los viejos combatientes ocultos en la selva.

“El Gobierno está titubeando en sus acciones”, asegura el escritor. “Hay un evidente choque generacional”.

Raúl Castro tiene 84 años y ha empeñado su palabra en que no seguirá en el cargo. Su hermano mayor Fidel, retirado, ronda los 90. Los nuevos políticos de Cuba nunca se ocultaron en la Sierra Maestra, están bien formados y tienen sus propias inquietudes. Para Fuentes, los cambios en Cuba se avecinan a marchas forzadas.

“Las revoluciones son procesos de una generación y esta generación (Raúl, Fidel) ha durado demasiado en el poder”, concluye.