Fernando Martínez Maíllo

Martínez-Maíllo, un alcalde de pueblo para 'resucitar' al PP

Rajoy le encomendó reconstruir el alma rota del PP. EL ESPAÑOL acompaña al vicesecretario de Organización en el último Pleno de Casaseca de las Chanas (Zamora) y disecciona a fondo su día a día.

El vicesecretario de Organización del PP, en un pleno municipal.

El vicesecretario de Organización del PP, en un pleno municipal.

  1. Fernando Martínez Maíllo
  2. PP Partido Popular

En Casaseca de las Chanas, a 9 kilómetros de Zamora y 261 de Madrid, los vecinos no han tenido agua potable para beber durante todo el verano. “Hablé con la Diputación y ya hay agua potable, pero hay que hacer otro arreglo”. El alcalde, Fernando Martínez Maíllo, preside el Pleno municipal que se celebra a las ocho de la tarde del último sábado de septiembre en una minúscula sala donde cuesta que encajen diez sillas. Es sábado de reflexión en Cataluña y el primer edil, que también es vicesecretario de Organización del PP, llega al pueblo horas después de cerrar campaña con Xavier García Albiol y Mariano Rajoy. "Sarkozy ha estado brutal", recalca. Maíllo aprovecha que el secretario del Pleno lee a toda prisa el siguiente punto del orden del día para responder un mensaje que le entra a su móvil de Jorge Moragas, jefe de gabinete de Mariano Rajoy, también responsable de la campaña electoral catalana. “Sí”, le rebota por WhatsApp.

La vida del ex presidente de la Diputación de Zamora cambió vertiginosamente el 18 de junio, cuando el jefe del Ejecutivo hizo público el relevo de Carlos Floriano por él. “Yo iba con el coche, lo escuché por la radio y me quedé temblando”. Domingo Gabella, el alcalde en la sombra de Casaseca de las Chanas, entendió la que le caía encima cuando el locutor radiofónico escupió por el altavoz de su vehículo el nombre de su colega. “…. y vicesecretario de Organización, Fernando Martínez Maíllo”.

Desde aquel día, ahora es Domingo quien se encarga del día a día del pueblo, pero jura que está en permanente contacto con el alcalde. “Para todos los problemas que tengo le llamo. ¡Es que si no!”. Maíllo renunció a presidir la Diputación, pero se resiste a dejar la Alcaldía de Casaseca de las Chanas, pueblo agrícola y vinatero, 381 personas censadas, el lugar donde vio la luz por primera vez Luis 'el Alondro', su abuelo materno.

Martínez Maíllo en la parroquia de su pueblo.

Martínez Maíllo en la parroquia de su pueblo.

Martínez Maíllo acababa de retener con mayoría absoluta la Diputación de Zamora cuando Mariano Rajoy le encomendó levantar el partido tras el desastre del 24-M. “Me dijo que no dijera ni mu y yo, ni mu”, dice, mientras hace el gesto de taparse la boca. Silencio absoluto hasta que hiciesen públicos los cambios. Fueron 48 horas de infarto para el zamorano, que evitaba participar en las quinielas de aquellos días sobre qué cambios haría el presidente. “Yo le pregunté por la mañana si sabía algo, y me dijo que no”, confiesa José María Barrios, vicepresidente de la Diputación de Zamora, la persona que ocupaba el despacho contiguo al de Maíllo cuando se anunció su ascenso. “Entré desencajado a su despacho y se rió”. “Es que no le podía decir nada”, replica.

Sus detractores no terminan de entender este “premio” si el PP se hundió en Zamora capital, Toro y Benavente, los puntos más fuertes de la provincia. Los que ven con malos ojos el ascenso, los más afines al presidente del partido en Castilla y León, Juan Vicente Herrera, dicen que Maíllo es “soberbio” y “se aprovechó de que era el popular con más poder en Zamora para ganar puntos de cara a Madrid”.

Ahora le toca viajar por toda España para volver a hilvanar las costuras de un Partido Popular que ha reventado por dentro. Sus detractores en Zamora y en toda Castilla y León le afean que se ocupe más de cosas del partido que del pueblo. “Ya no le interesamos, ahora solo piensa en contentar al presidente”, se queja algún que otro vecino malhumorado.

-¿Qué tal lleva que su hermano sea del PSOE?

Fernando solo tiene un hermano, Zacarías, seis años mayor que él, que también dedica parte de su tiempo a intentar arreglar el desaguisado político que hay en el país. Pero su postura es radicalmente distinta a la de su hermano. Si a Narciso de Foxá, el alcalde popular de Majadahonda, se le pregunta por Martínez Maíllo, se revuelve. Es el líder de la oposición. El portavoz del PSOE en el municipio. La cosa más natural del mundo para los dos hermanos. “Puede ocurrir en cualquier familia: que un hermano defiende una idea y el otro la contraria”, contesta el popular. Solo hay una regla que se cumple a rajatabla: cuando se come en casa de Feli, la madre, está prohibido hablar de política. “No le gusta que nos dediquemos a la política. Como si fuéramos toreros”, responde Zacarías.

-¿Votará a Mariano Rajoy en las elecciones generales?

-¡Ni de coña! -responde Zacarías.

-¡Como si yo fuera a votar a Pedro Sánchez! -replica Fernando.

Zacarías Martínez es Zacarías Martínez por tradición familiar. Su abuelo Zacarías I, el padre de su padre, luchó en la Guerra Civil en el bando republicano. “Era un abogado muy famoso por la labor social que hizo en Zamora”. Ya se había finiquitado 1939 cuando “los franquistas le persiguieron y le pegaron dos tiros”. No lo mataron, pero aquellas balas marcaron el devenir de los Martínez Maíllo para siempre. “Fue mi padre el que nos metió el gusanillo de la política a Fernando y a mí”.

Era ya 1975 cuando Zacarías II, el padre de Zacarías y Fernando, empezó a vivir con bastante inquietud la Transición. “Escuchaba en casa la clandestina Radio París, y nosotros con él. Luego, con el tiempo, se hizo de derechas, muy de derechas”. Los chicos crecieron y los dos, en la época de la Universidad, dieron rienda suelta a sus propios idearios políticos. Uno por la derecha y el otro por la izquierda.

El vicesecretario, en los aledaños del pueblo que gobierna. / Foto: Moeh Atitar

El vicesecretario, en los aledaños del pueblo que gobierna. / Foto: Moeh Atitar

De un respingo se levanta de la silla del bar y mira el reloj. Aún queda una hora para el Pleno. Hay tiempo para visitar a Elena, la de la tienda, Elena Delgado, la que peleó con su marido hasta que retiraron todas las placas franquistas del pueblo. Está enfadada "como una mona" porque los del PP compraron para una fiesta municipal la carne en otro pueblo y no en su carnicería. “Qué gusto verle, señor alcalde. Yo no lo voté, voté a mi primo Pedro, porque es mi primo y porque es del PSOE. Yo es que soy muy de izquierdas. A mi abuelo, los franquistas, pues eso. Así que, claro, al PP no lo voto ni muerta. Pero lo que me habéis hecho está feo, muy feo, eso no se hace”.

Elena habla alto, muy alto, y muy deprisa. Con lo de “eso no se hace” se refiere a lo de comprar la carne a otro carnicero. Maíllo afeó a Domingo, el alcalde en la sombra, su conducta. “Hombre, Domingo, tuvisteis que haberle comprado a ella algo, es que siempre le dais razones para enfadarse”. Domingo mueve la cabeza de lado a lado muchas veces, negándole la afirmación a su superior, pero no rechista.

El alcalde intenta compensar a la vecina comprándole un chorizo que le envuelve ella misma. Un chorizo en manos de un vicesecretario del PP. La foto imposible de hacer porque el alcalde se niega a ser el nuevo flanco de todas las bromas por aquello de Bárcenas, Púnica, etcétera. Son diez euros. “¡Guárdate ese billete! Yo lo regalo, para que veas qué bueno hacemos el embutido en Casaseca”. Maíllo aguanta la embestida de su paisana que sigue dando vueltas sobre lo mismo. “Es que Fernando, claro, tú no estás aquí y no lo ves. ¡Irse a otro pueblo a comprar, estando yo aquí!”. El alcalde insiste de nuevo con los diez euros, pero en la tienda de Elena se hace lo que dice Elena.

“¿Has visto quién es? ¡Dale un beso al alcalde!”, le incita a una vecina, casi obligándola. Fernando, uno de los nuevos hombres del presidente, se despide con una sonrisa de oreja a oreja. Ya fuera, a unos metros alejado de la casa de Elena, le devuelve la pulla. “Se cree que el suyo es el único abuelo al que dispararon los franquistas”. Aquellas dos balas que marcaron el camino de los Martínez Maíllo.

La actualidad está de elecciones y el vicesecretario aún no sabe que el PP se va a quedar a 10.000 votos de la CUP, el partido con representación menos votado en Cataluña. Rajoy le ha encargado patearse España de cabo a rabo para reorganizar la estructura interna del PP. “Mi trabajo es tener al partido engrasado, unido, cohesionado. Que esté vivo y en funcionamiento permanente”. Una misión casi imposible en un momento en que el partido atraviesa una crisis sin precedentes a dos meses de las elecciones.

Ocupa un despacho en la cuarta planta de la sede de Génova.

Ocupa un despacho en la cuarta planta de la sede de Génova.

Maíllo ocupa el despacho del fondo de la cuarta planta de Génova, justo debajo del vicesecretario de Comunicación, Pablo Casado. La oficina, poblada de fotos de Maíllo con el Rey, con Rajoy, con los vicesecretarios, es más grande que el salón de Plenos de Casaseca de las Chanas. Al lado del ordenador, siete folios pegados en la pared le soplan los actos del Partido Popular en todos los rincones de España. “Los que hay convocados en una semana”.

A mediados de octubre y sólo dos meses después de sentarse a la izquierda del presidente en el Comité de Dirección del PP, ya se ha recorrido quince de las diecisiete comunidades autónomas. Detrás de la puerta ha colgado un mapa de España. Con chinchetas rojas marca las ciudades o pueblos que ya ha visitado; en amarillo donde ha repetido.

El zamorano que empezó trabajando con José María Aznar no se sale del guion marcado por Génova ni siquiera en la semana donde el PP ha dejado más en evidencia su crisis interna. Tiene más moral que el alcoyano. Rajoy es “el mejor activo” del partido para ganar las elecciones y no tiene ninguna duda de que el PP ganará el 20-D. “El presidente fue elegido para solucionar los problemas de España y lo está consiguiendo. En términos económicos es absolutamente evidente. Y todavía no ha acabado. Seguiremos creciendo otros cuatro años más. Ese es nuestro aval. Porque quien ha protagonizado el cambio en España es él”, repite una y otra vez cuando se le pregunta por la falta de liderazgo del presidente.

El hermano mayor de los Martínez Maíllo, el socialista, echa mano de la memoria y recuerda a su hermano Fernando (Zamora, 1969) como un “chico muy cabezota, muy tozudo. Lo que quería lo tenía que conseguir”. Ahora que los dos viven en Madrid, se esfuerzan por verse con las familias al menos una vez al mes. Pero hablan de sus cosas, nada de política. Zacarías todavía no ha visitado el despacho que su hermano tiene en Génova, el cuartel general de los populares. “Hay tantos sitios para verse...”, responde, cuando se le invita a ir para ver a un socialista entrando en la casa de los populares.

En el Sevillano, el bar más céntrico de Casaseca de las Chanas -un euro el botellín-, el tema de conversación entre dos octogenarios antes del Pleno era cómo llegaría Maíllo al pueblo. “¿Alquilará un coche?”. “¡Anda, tira! Le prestará uno el partido”. Cuando Maíllo presidía la Diputación de Zamora y anunció que quería optar a la Alcaldía, la opinión de los vecinos se dividió en dos. En un lado se colocaron los que critican que, aunque las raíces del alcalde son de allí, nunca ha vivido en el pueblo. En el bando contrario están los que creen que el municipio, cuyo desarrollo depende en gran medida de subvenciones, se beneficiaría con un alcalde-presidente de la Diputación.

El choque de opiniones quedó reflejado en las urnas el 24 de mayo. Maíllo ganó en número de votos y se hizo con tres ediles, pero sus rivales sumaban cuatro. El popular consiguió el bastón de mando gracias a la abstención de las dos concejalas de Izquierda Unida. Los socialistas, que son otros dos, querían hacer a una de ellas alcaldesa, pero éstas rehusaron y acabaron invistiendo al popular. “Ellas entendieron que era mejor que fuera yo”, resume Maíllo. Esta es la arena de la política pequeña, que viene a ser la más grande. “La política local es muy complicada, porque entran en juego cuestiones personales más que ideológicas. Además, estás en contacto directo con el ciudadano. Es verdad que la política nacional tiene dificultades por una cuestión de dimensión, pero el gran mérito lo tienen los políticos en el ámbito local”, resume el vicesecretario.

Don Joaquín, el párroco del pueblo, le cuenta la historia del cuadro.

Don Joaquín, el párroco del pueblo, le cuenta la historia del cuadro.

El tipo es templado en todo. Domingo, el alcalde en la sombra, le sopla el nombre de los más ancianos que se acercan a saludarle. “¿Qué tal está…?”. “Joaquín”. “Don Joaquín”. Don Joaquín es el párroco del pueblo. Cuatro feligresas, las que cantan en el coro, abren con llave la Iglesia antes de que llegue don Joaquín para enseñar al alcalde el cuadro que Alberto de la Torre donó para el pueblo. “Mire, Fernando, cómo tenemos el suelo. Casi me caigo ayer. Pero mire, ven, mire”, insiste una sexagenaria, abanico en mano mientras hunde con el pie izquierdo un poco más el endeble suelo de madera. Un mal menor si se evalúa la Iglesia de Casaseca de las Chanas en su conjunto. Es tan grande, que dentro cabrían sin apretujarse los 381 vecinos censados del pueblo. Una maravilla para los sentidos.

La Consejería de Cultura ha invertido 600.000 euros, cien millones de las antiguas pesetas, en rehabilitarla. “El lunes llamo, a ver si van a invertir más dinero para el suelo”, se compromete el alcalde. La iglesia de Casaseca es el monumento del que más se presume en el pueblo. Destacan sus tres naves separadas por cuatro grandes arcos y un retablo del siglo XVIII que hay en su interior. “Escribe bien de la iglesia para que venga mucha gente los domingos a misa, así la llenamos”, pide una vecina. “Yo vengo con frecuencia a misa con mi familia, ¿a que sí?”, dice Maíllo, mientras busca la bendición de sus paisanas. “¡No te olvides del suelo!”, le despiden.

Unas vecinas le cuentan al alcalde sus impresiones.

Unas vecinas le cuentan al alcalde sus impresiones.

Mientras apunta los asuntos pendientes del pueblo, recuerda el nuevo calendario semanal en Madrid. Los lunes por la mañana, durante el Comité de Dirección, se pone al día con el presidente Rajoy. “En otras ocasiones, cuando surge, también hablamos. Pero son los lunes cuando se toman las grandes decisiones. Las cosas del día a día las hablo con la secretaria general, María Dolores de Cospedal”.

Alguien que lo conoce muy bien desvela algunos secretos de juventud: que estudió en el instituto Maestro Haedo y que no era el más inteligente de la clase, “pero sí el más listo”; que en la época universitaria fue tuno y que prefería juntarse con sus amigos para ver el debate sobre el Estado de la Nación que para un Barça-Madrid. “¡Tampoco fui tanto tiempo tuno! Solo un año, y como era novato, pues no ligaba nada”.

-Adolfo Suárez.

Fernando Martínez Maíllo responde en un plis cuando se le pregunta por su referente político. “La última vez que lo vi fue cuando su hijo Adolfo Suárez Illana se presentaba como candidato del PP a la Presidencia de Castilla-La Mancha”. Una foto de aquel día está presente en el despacho de Génova del zamorano. Fue la última aparición pública del expresidente del Gobierno. La primera vez que el Alzheimer enseñó la cara. “Nos dijo a Juanma Moreno y a mí que su hijo no ganaría porque no pisaba la calle”.

El 19 de septiembre acudió junto con la plana mayor del PP a la boda de su compañero y amigo Javier Maroto, a quien descubrió en su época como vicepresidente de la Federación Española de Municipios y Provincias. Maíllo es de ese grupo de populares que acepta el matrimonio homosexual desde que su partido votó en contra de su aprobación en 2004. De hecho, fue él quien casó al primer matrimonio homosexual de la provincia de Zamora.

Era verano de 2006 cuando Gerardo López, su jefe de gabinete en la Diputación, se casó con Juan Carlos Andrés, con el que llevaba 18 años de relación. “Yo le pedí a Fernando que nos casara y aceptó a la primera. Para mí era muy importante dar este paso, ya que era una forma de hacer más fuerte la ley: que nos casara un alto cargo del PP”, cuenta a EL ESPAÑOL López, que ahora no entiende el revuelo formado por el matrimonio homosexual de Maroto.

Tres años antes, tomaba posesión como presidente de la Diputación de Zamora mientras tenía el primer fuego abierto en la sala contigua. Un grupo de trabajadores del servicio de recogida de basuras protestaba por sus condiciones laborales y decidió encerrarse en la sede que, desde ese día, lideraba Maíllo. “Fuimos a comer y por la tarde pasamos a negociar con ellos. Esa misma noche ya desconvocaron la huelga y se fueron a casa”, recuerda un estrecho colaborador de aquella época, donde destaca por encima de todos un trabajo de Maíllo: fue el creador de la agricultura ecológica en toda la provincia.

De su época en la FEMP, Maíllo fraguó su amistad con Íñigo de la Serna, alcalde de Santander. “Si puede, siempre viene a ver los toros durante la Semana Grande”, confiesa el primer edil a este diario. De la Serna resalta del zamorano su entrega al trabajo; su generosidad y su cercanía. “Puede parecer que es un hombre tranquilo, pero de eso nada. Cuando teníamos que sentarnos con Montoro (ministro de Hacienda) para pedir o reivindicar cosas importantes para el mundo local, sacaba el Fernando firme que no se conformaba con menos de lo que creía que merecía”, continúa, y destaca, por encima de todas las virtudes, el “buen sentido del humor” del vicesecretario. El popular Alfonso Fernández Mañueco, alcalde de Salamanca, coincide con el de Santander: “Maíllo tiene muy buen sentido del humor y una capacidad de trabajo admirable”.

Que se lo pregunten a su mujer, Nereyda Blanco, de quien se enamoró en Sevilla. Ella, que trabaja en una importante ONG en Madrid, es colombiana de nacimiento pero con origen leonés por parte de padre. Carlos Blanco emigró de su Valdera natal hasta Colombia hace muchos años. Su hija hizo el camino inverso: se quedó en Latinoamérica hasta hace quince años, cuando regresó a España. Fernando y Nereyda se casaron en Benavente, a medio camino entre Zamora y Valderas, el pueblo leonés de ella. Juntos tuvieron a Inés, diecinueve meses recién cumplidos.

El enlace estuvo lleno de sorpresas. Algún invitado avispado aún recuerda cuando, en mitad de los postres, entraron en el salón la Rondalla de Benavente y la tuna de Zamora. Maíllo no se lo pensó ni un segundo cuando los tunos cubrieron a la novia, ya convertida en su mujer, con una capa de la estudiantina, y se arrancó con el pasodoble de Julio Romero de Torres, el que pintó a la mujer morena. “Se le veía muy entregado”, recuerda un asistente. Lo de cantar debe ser la profesión frustrada del vicesecretario, ya que volvió a coger el micrófono para cantar el “Para tu amor” de Juanes, antes de inaugurar el baile con música del mismo cantante. “No es mi cantor favorito, yo soy muy de cantautores, pero es verdad que me encanta cantar”, reconoce el popular.

Rajoy, que entonces era líder de la oposición, fue uno de los primeros en irse del convite. Al día siguiente protagonizaba un acto con el presidente Herrera, el primero que le pidió que se “mire al espejo” y decida si considera que debe ser el candidato del PP a las próximas elecciones generales. Se fue, eso sí, con la botella Denominación de Origen Toro que los novios regalaron a los invitados. Es el vino preferido de Maíllo, el que pide siempre que come en un restaurante, esté en Sevilla o en Palma de Mallorca. “Me he recorrido España entera con él y siempre pide vino de Toro, vaya donde vaya”, recuerda un estrecho colaborador.

Cuando el alcalde pasea por las pocas calles que forman Casaseca de las Chanas hay un pequeño gesto de los vecinos que se cruzan con el que parecen decir: “Es él, es él...”. En el Pleno, los dos concejales del PSOE, las dos de IU y los tres del PP acuerdan que no se cobre por utilizar la única pista de pádel que hay en el pueblo. “Es que no va nadie, nadie. No ganamos ni un euro por eso”. La única rentabilidad que se le saca a las pistas es su luz. Se utilizan para iluminar esa calle del pueblo, que está falta de farolas. “¿Que se encienden las luces de la pista de pádel para que la gente vea al pasar?”, pregunta un incrédulo Maíllo, sin disimular que no tiene ni idea de lo que pasa en Casaseca. “¡Que no hay luz!”, insiste Domingo. El Pleno al completo acuerda poblar la calle de farolas.

-Ha visto que hasta el PSOE me vota a favor, ¿eh?

Martínez Maíllo presume de la buena mano que tiene para llegar a acuerdos con la oposición en su pueblo delante del vicesecretario más curtido, el andaluz Javier Arenas. Parece que habla de lo que está por llegar el 20-D, el día de las elecciones generales. Las encuestas no se ponen de acuerdo sobre quién será el líder que se afincará en La Moncloa. Todos los pronósticos adelantan que lo que saldrá el 20-D de las urnas es un batiburrillo de fuerzas políticas de, más o menos, el mismo porcentaje de votos. Es mediodía del 6 de octubre en el lujoso casino de Madrid, un escenario radicalmente distinto a la sala de Plenos de Casaseca de las Chanas. Los hombres del presidente arropan a Rajoy en una de sus primeras apariciones públicas tras el desastre catalán. “Sarkozy estuvo brutal”, insiste otra vez Maíllo, que se juega una comida a que Rajoy se comerá las uvas siendo otra vez presidente del Gobierno.

Como buen feligrés de Rajoy, Maíllo critica que Ciudadanos es “un partido de izquierdas”, que “cuando preguntas por contenidos concretos no salen de las cuatro frases” y su contradicción en Andalucía, “donde hacen de tapón a la regeneración”. El vicesecretario de Organización, el fontanero de Rajoy en España, confía en que aún hay tiempo para que los gustos de los electores fluctúen. Y lo explica así: “Mire, hace dos años Rosa Díez era la mejor. Hace ocho meses, Pablo Iglesias era la coleta más famosa del mundo. Ahora es Albert Rivera. Esto ya ha pasado. Por lo tanto, hay que ver si con el paso del tiempo se consolida o es cosa de un momento concreto”.

El último punto del orden del día que también aprueban en bloque el Pleno municipal de Casaseca de las Chanas es autorizar a un vecino tener un perro de raza agresiva “y que responde al nombre de Kron. ¿Todos a favor?”. Martínez Maíllo asiente. Dejar que un vecino de Casaseca pasee un pitbull por la calle también es su trabajo. Como convencerse a sí mismo y a todos los españoles de que Mariano Rajoy es el mejor activo para presidir el Gobierno de España.