China

Por qué el fin de la política del hijo único apenas cambia nada

China necesita rejuvenecerse, pero los expertos afirman que para ello hacen falta más derechos que el poder tener dos descendientes.

Niños en un orfanato de Pekín.

Niños en un orfanato de Pekín. Getty

China permitirá a cada pareja tener dos hijos “como una respuesta activa al envejecimiento de la población”. El fin de la política del hijo único en el gigante asiático se ha anunciado este jueves a través de la agencia de noticias oficial Xinhua.

Diversos institutos de investigación chinos habían urgido a las autoridades a disminuir las restricciones sobre el número de hijos que pueden tener las parejas chinas (tener hijos individualmente ni se menciona), según ha desvelado hace una semana el diario South China Morning Post.

Aunque la intención oficial del cambio es aumentar la natalidad para frenar el envejecimiento de la población, los expertos coinciden en que va a suponer un incremento ínfimo, ya que las circunstancias que rodean a los potenciales padres no son benévolas.

¿Habrá baby boom?

Ni baby boom ni solución a una sociedad que necesita aumentar sus tasas de natalidad después de décadas restringiéndola. “No tendrá ningún impacto sobre el asunto de la sociedad que envejece”, ha declarado Wang Feng a varios medios. Este investigador demográfico de la Universidad Tsinghua de Pekín asegura que es un “evento histórico”, pero llega tarde.

José Luis García Tapia conoce bien la política y sociedad china. Fue consejero económico y comercial de España en Pekín y en Hong Kong y ha publicado el libro Amarillo Pasión sobre la cultura de ese país.

“El Gobierno chino ya había tenido luchas internas de suspensión de la política del hijo único. Cada vez había menos jóvenes que pudieran acudir a las universidades, trabajar en el campo, entrar en el Ejército, algo muy importante”, explica García Tapia. Pero no cree que la nueva medida vaya a implicar un cambio sustancial.

Tener dos hijos ya no será tabú, pero tampoco una solución.

Tener dos hijos ya no será tabú, pero tampoco una solución.

En 2013 el Gobierno chino ya abrió las puertas a tener dos vástagos a aquellas parejas en las que uno de los progenitores fuera hijo único. A mediados de este año, solo 1,5 millones de parejas de los 11 millones que habrían podido habían solicitado el permiso, recoge EFE.

Todas las opiniones de expertos recopiladas apuntan a que el cambio anunciado este jueves no provocará un repunte significativo. Por el contrario, sí se habla ya de un baby boom el año chino que viene, por ser el “propicio” año del mono. Tanto es así, que los hospitales de Pekín han lanzado un aviso recientemente para que las futuras madres vayan reservando cama para tener a sus hijos, porque ya está todo reservado hasta mayo, según el diario South China Morning Post. De hecho, ya hubo una explosión de natalidad por el 11/11/11 y por el año del dragón, recuerda García Tapia. 

¿Por qué no querrán más hijos?

“La medida de 2013 ha alcanzado el mínimo efecto”, critica el experto, que encuentra una explicación tan sencilla como tajante: “Tener un segundo hijo no contribuye a que vivan mejor”. Explica que ahora la población urbana comienza a tener cierto nivel de bienestar y mantenerlo sale caro.

“Habrá gente que tenga los que pueda, si tiene ingresos suficientes. Ya con el primer hijo es un peso para una familia: manutención, colegio, universidad, sanidad… Si quieren buena educación o sanidad, lo tienen que pagar. También hay una tendencia a que los padres quieran tener su casa muy cerca del colegio y cerca de los colegios buenos se están construyendo urbanizaciones más caras”, detalla tras una reciente visita al país.

¿Mejora los derechos humanos?

“Aunque es un paso positivo en la buena dirección cambiar de un límite de uno a dos, no es el paso significativo, que sería abolirlo por completo”, comenta Sophie Richardson, directora para China de Human Rights Watch en conversación telefónica desde Washington DC. “Existen medidas muy invasivas en los ciclos reproductivos de la mujer (china y este cambio) no hace nada por la responsabilidad de los abusos de la política en el pasado”.

Se refiere a abortos forzados en embarazos avanzados, al control ginecológico de empleadas públicas o en comunidades de vecinos, donde se les controla cuántos embarazos han tenido y si se descubre que han podido tener más de un hijo son multadas o despedidas, describe Richardson. Pero las acosan de tal forma que no se suele llegar a eso, añade. “No hay razones para creer que esos abusos vayan a dejar de existir en el futuro”.

Amnistía Internacional coincide en la evaluación. “Las mujeres chinas seguirán en riesgo de formas invasivas de anticoncepción y abortos forzados, que llegan a la tortura”, ha declarado William Nee, investigador sobre china en esta ONG de derechos humanos. “Si China quiere de verdad respetar los derechos humanos, el Gobierno debería poner fin inmediatamente a unos controles tan invasivos y punitivos sobre las decisiones de la gente para planificar una familia y tener hijos”.

Amnistía asegura que recibe informes sobre coacciones para practicar abortos, que oficialmente son ilegales, y esterilizaciones.

¿Cómo afectará a las adopciones?

“Esto no va a afectar en nada, aunque parezca algo insólito. Porque los orfanatos en China están llenos. Desde antes de los Juegos (Olímpicos) de Pekín, hay una política (no oficial) de no dar niños en adopción, con miles de niños abandonados en centros, muchos de ellos con necesidades especiales”, denuncia una fuente con años de experiencia en los procesos de adopción en este país que prefiere conservar el anonimato. De lo contrario, teme perder los permisos del Gobierno chino para ayudar en orfanatos del país. García Tapia, afirma que a él también le consta la presencia de miles de niños en estos centros.

Y eso a pesar de que no faltan familias adoptantes. Pero las que lo intentan desde España se enfrentan a diez años de espera para poder completar el proceso para tener un hijo. Por eso muchas acaban dirigiéndose a otro país.

¿Cuál será el impacto económico?

“No se va a notar en el corto plazo, quizá aumente el consumo, o la demanda de vivienda en 25 años (cuando se independicen los hijos)”, apunta García Tapia. Las pensiones ni las menciona. “Otra cosa sería que China fuera mucho más agraria, donde se necesita mano de obra”.

Explica que el Gobierno chino está fomentando desde hace un tiempo la migración del campo a la ciudad y que para el año 2020 espera la llegada 200-250 millones de ciudadanos chinos a las ciudades. Esta inmigración supondrá un reto si no un problema para que los colegios y la sanidad den a basto, anuncia. Algo que también habría que planificar si el cambio de la política del hijo único a los dos hijos tuviera el éxito que busca el Gobierno de Pekín.

“Es una noticia, pero hay que cogerla con pinzas. A lo mejor los efectos se van a notar muy poco, los efectos económicos menos todavía”, concluye García Tapia.

Una embarazada nada en una piscina de Shangai

Una embarazada nada en una piscina de Shangai Reuters