TERMINA LA X LEGISLATURA

Rajoy, ante el final de partida: de ganarlo todo a jugarse la cabeza

Acaba la legislatura más larga de la democracia española y comienza una era política inédita.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, da el turno a los periodistas tras hacer balance de su legislatura. / EFE

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, da el turno a los periodistas tras hacer balance de su legislatura. / EFE

La liturgia institucional en torno al decreto se puso en marcha temprano por la mañana. A primera hora, Mariano Rajoy el presidente subió al monte del Pardo a comunicarle al Rey en Zarzuela su decisión de convocar elecciones generales. Después reunió a sus ministros para celebrar el último consejo en Moncloa y para firmar el documento. Por la tarde, de nuevo en Zarzuela, Felipe VI lo sancionó.

Terminado el engranaje del Estado, irrumpió Rajoy el candidato con dos reclamos electorales: uno en Moncloa por la mañana con sus ministros de pie cuando entró en la rueda de prensa y otro por la noche en Televisión Española, donde transformó en plasma a los españoles que le hicieron preguntas. La jornada tuvo otros balances electorales más modestos y sin menos empaque institucional: los de los otros contendientes al 20-D, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias.

Fue un lunes de final de partida que marca el ocaso de la legislatura más larga de la democracia y el comienzo de una España inédita, con una fragmentación política sólo vista en la Transición y con la posibilidad, también única en la democracia, de que el ganador en votos no sea el próximo presidente del Gobierno. Para evitar ese escenario, Rajoy ha estirado al máximo el chicle de la recuperación y ha empujado los cuatro años al límite, hasta el 20-D. Pocos se atreven a adelantarse a unos acontecimientos tan abiertos. Pero nadie discute un hecho: Rajoy es el hombre que lo ha tenido todo- el mayor poder territorial y la segunda mayoría absoluta (185 escaños) después de la histórica de Felipe González en 1982 (202 escaños)-, y que en menos de dos meses arriesga con perder la propia cabeza.

El Rey Felipe VI firma del real decreto de disolución de las Cortes. / EFE

El Rey Felipe VI firma del real decreto de disolución de las Cortes. / EFE

Han sido cuatro años caracterizado por una sangría de capital político que para algunos protagonistas de la vida política española constituye un “enigma”. ¿Cómo ha podido mantenerse impertérrito un partido y un gobierno ante la pérdida de poder en las urnas y en las encuestas? “Lo único que explica la actuación del Gobierno es Rajoy: todo obedece a su forma de ser y de entender las cosas”, señala un veterano miembro del PP. “Rajoy es el último marxista del mundo, ha creído que con la economía lo resolvía todo”, añade con sarcasmo una de las más brillantes mentes del PSOE.

Rajoy juega su gran baza hasta el último minuto

En Moncloa, Rajoy jugó su gran baza- la economía- hasta el último minuto. Usó una iconografía que recuerda a Obama en la Casa Blanca: una ventana por donde entre la luz y un presidente que camina, confiado, hacia la audiencia- ministros y periodistas- para apabullarles con datos y gráficos. Pero la mano del juez Castro, la misma que forzó desde Mallorca el adelanto de la abdicación del rey Juan Carlos, se coló casi al mismo tiempo que empezaba la presidencial rueda de prensa. Ni diez minutos separaron este mediodía la noticia de la providencia de Castro sobre las obras en la sede del PP de la salida de Rajoy al salón de tapices de Moncloa. La endiablada sincronía compensó la falta de cuestionamiento: ninguna de las diez preguntas que admitió el presidente le interpeló acerca del elefante en la cacharrería del PP desde enero de 2013: ¿cuánto ha erosionado al partido la podredumbre encarnada por los 48 millones de euros de Luis Bárcenas en Suiza?

La palabra Bárcenas- y la imagen- si entró en la entrevista que Ana Blanco le hizo por la noche en la televisión pública. “Soy consciente del daño y descrédito que estos episodios han causado", fue su única referencia a una gangrena que se ha extendido por el PP sobre todo a partir de los casos Bárcenas, Púnica y Son Espases, que incluye la remodelación de la sede nacional del PP en la calle Génova entre 2003 y 2010 por la que se interesó este lunes Castro. Mañana y tarde, el argumento fue el mismo: fuerzas de seguridad, fiscalía y tribunales han actuado con más libertad que nunca; el PP ha expulsado a los corruptos, y su Gobierno ha aprobado una batería de medidas que incluye una para que los “que los corruptos devuelvan lo robado". Se refería el presidente a una oficina inaugurada este viernes, antes incluso de que empezara a funcionar.

El presidente durante su entrevista en Televisión Española. / EFE

El presidente durante su entrevista en Televisión Española. / EFE

Mañana y tarde Rajoy se escudó tras el relato épico del hombre bueno luchando en el “círculo infernal” de una España que se hunde entre la prima de riesgo y el rescate. Un hombre que no tiene tiempo para ocuparse de otros asuntos, mucho menos de comparecer ante los medios para explicar lo que está haciendo para salvar “a la gran nación que es España”.

Y mañana y tarde insistió Rajoy en que ha cumplido con su obligación en Cataluña. Para los que esperen después del 20-D el inicio de la “concordia”, según una de las preguntas convertidas en plasma, la respuesta de Rajoy es contundente: su programa electoral no incluirá la reforma electoral que el ex líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, le pidió en 2012, 2013 e incluso 2014, cuando ya se sabía retirado y después incluso de la abdicación del Rey, como última posibilidad de un pacto de Estado sobre las cenizas de un bipartidismo que ya no existe.

Una campaña electoral adelantada

Oficialmente, la campaña electoral comienza el 4 de diciembre, en pleno puente de la Inmaculada o de la Constitución. De hecho, ha empezado con fuerza este lunes con un presidente que, tras cuatro años de ausencia, declara que los debates son su “medio natural”. ¿Lo veremos debatir con los otros tres contendientes, o con cada uno de ellos? "Aquí está el director de campaña del PP y, como todo el mundo sabe, yo me pongo a sus órdenes incondicionalmente. O no tanto", respondió Rajoy en referencia a Jorge Moragas, que sonrió ligeramente ruborizado, consciente quizá de los tiburones que navegan en sus propias aguas con la vista puesto en los resultados del 20-D.

Muchos no aceptan que la atonía política de esta legislatura se deba al intenso trabajo de rescate de España. “Es evidente que no va a funcionar”, señalan desde dentro del partido al bazooka económico que Rajoy lanzó este lunes desde sus dos plataformas electorales. “La salida de la recesión es incontestable, pero la crisis continúa, y hay demasiados que lo sufren”. A ésos, los que aún no han encontrado trabajo, se ha dirigido Rajoy en estos términos: “Usted puede ser el siguiente”.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy junto a su Consejo de Ministros. / EFE

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy junto a su Consejo de Ministros. / EFE

La gran pregunta, la que determinará el resultado del 20-D, la formula un veterano diputado: “¿Cambiará la percepción pública que se ha ido formando a lo largo de cuatro años en menos de dos meses? Eso no ocurre nunca”.

Esa es la apuesta de Rajoy, que una mayoría de españoles acepte que en la próxima legislatura lo más importante será crear otros dos millones más de empleos y huya de la fórmula Portugal: una alianza de partidos contra la vista más votada: “Yo pretendo seguir vivo una larga temporada y que usted lo vea. Mi cabeza está bien situada y no pienso dejar que nadie la cambie de sitio".