política

América Latina cambia el paso: la izquierda populista se desinfla

Las elecciones argentinas, la crisis en Venezuela y el deshielo entre Cuba y Estados Unidos anuncian una nueva etapa en la región.

Nicolás Maduro, acompañado de su esposa Cilia Flores y miembros de su gabinete.

Nicolás Maduro, acompañado de su esposa Cilia Flores y miembros de su gabinete. REUTERS

Los vientos de cambio político que soplan en América Latina han evolucionado a huracán categoría cinco. La crisis en Venezuela, el deshielo de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, los problemas de Dilma Rousseff en Brasil y ahora el resultado de las elecciones argentinas han abierto un agujero en la izquierda, populista o no, que gobierna en la mayoría de países de la región.

Las razones de este progresivo desplome varían según países, pero tienen un denominador común. El desplome en el precio de las materias primas ha empujado la economía a un ciclo recesivo, que complica las políticas distributivas de las que estos movimientos han hecho bandera.

"La política de estos gobiernos es distributiva más que redistributiva. Lo que hacen es repartir los excedentes del crecimiento (económico) en amplias capas de la población", dice el politólogo Pablo Simón, de Politikon. "Cuando la economía falla, esto se resquebraja rápido. Venezuela, por ejemplo, es un caso paradigmático".

Sorpresa en Argentina

Ni las encuestas más pesimistas para Cristina Kirchner preveían un resultado como el del domingo. El empate técnico entre su candidato Daniel Scioli y el conservador Mauricio Macri obliga a dirimir la elección a la presidencia en segunda vuelta. Si se confirma la tendencia, Macri es el claro favorito a la victoria.

La vía de agua en Argentina se suma a crisis más consolidadas como la de Venezuela. Desde la muerte de Hugo Chávez en 2013, el presidente Nicolás Maduro ha tratado sin éxito de recuperar el impulso de su antecesor. Pero el encarcelamiento de opositores ha fracturado la sociedad y, sobre todo, el hundimiento de los precios del petróleo ha descabalgado la economía del país. 

En Brasil, la presidenta Rousseff también emite síntomas de agotamiento. La corrupción ha golpeado al Partido de los Trabajadores, hasta tal punto que ni la figura de Lula da Silva está libre de sospecha. La crisis ha forzado al Gobierno a poner en marcha recortes y su imagen se ha desplomado.

El regreso de la izquierda a Chile tampoco ha estado exento de polémica. La presidenta Michelle Bachelet ha enfrentado duras críticas por supuestos tratos de favor. En Ecuador y Bolivia, la oposición está recuperando terreno entre acusaciones de autoritarismo a sus veteranos mandatarios Rafael Correa y Evo Morales, respectivamente.

Según explica Simón, hay lecciones que extraer de América Latina. Pero también cabe ser prudentes. Y es posible que algunos de estos gobiernos den ahora más cabida a sectores menos dogmáticos y favorables a pactos puntuales con la oposición.

"Cada realidad nacional es diferente. Coincide que hay protestas en todo América Latina por razones diferentes", explica. "Es verdad que el colapso es más brusco si se produce en Venezuela o Ecuador, que en Argentina, Chile o Brasil con sistemas consolidados para facilitar esa transición".

A todo esto se suma que Cuba, el gran espejo en el que muchos de estos líderes se miraron, ha dado la espalda al socialismo académico. La apertura económica y la nueva etapa de relaciones con Estados Unidos ha quebrado en cierto modo la utopía de Fidel Castro.

¿Afecta a Podemos?

Los paralelismos con sus movimientos hermanos en Grecia, Syriza, y España, Podemos, son difíciles de establecer, pero imposibles de obviar. La mayoría de estos gobiernos nacieron como respuesta a las imposiciones del Fondo Monetario Internacional y un contexto de desprestigio de los partidos tradicionales.

Son circunstancias muy similares a las que vive Europa actualmente, pero con matices. Grecia es el caso más parecido, con Syriza en el gobierno. En España, Podemos todavía mide sus fuerzas en el llamado espacio emergente que ocupa con Ciudadanos, mientras que en Portugal o Irlanda, por ejemplo, no hay noticias de la izquierda.

"El problema es la falta de instituciones para funcionar y unos índices de desigualdad que están a años luz de los nuestros, así que hacer paralelismos es complicado", concluye Simón.