14 horas en Turquía

El viaje interminable de Soraya Sáenz de Santamaría a Afganistán

La vicepresidenta del Gobierno voló hasta Herat en sustitución de Morenés para despedir la misión española. 

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría.

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. EFE

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Cuando sonó su teléfono, Soraya Sáenz de Santamaría no podía imaginar los hechos que esa llamada iba a desencadenar. Había pasado el mediodía del viernes. Al otro lado de la línea, le informaron de que Pedro Morenés, ministro de Defensa, anulaba su viaje a Afganistán, donde tenía previsto arriar la última bandera española. El motivo: se trasladaba a Gran Canarias para coordinar las labores de búsqueda de los tres militares cuyo helicóptero había caído sobre el Atlántico.

La presencia del ministro en este escenario era incontestable, pero no por ello se podía descuidar el acto que se celebraría en la base aérea de Herat. Con la entrega de la bandera se pondría fin a casi catorce años durante los que se ha prolongado la misión española en suelo afgano, por el que han pasado 17.223 efectivos españoles, de los que 102 han perdido la vida. En adelante, sólo una veintena de efectivos de las Fuerzas Armadas mantendrán su posición en Kabul.

Es en este momento en el que se confirma la presencia de Soraya Sáenz de Santamaría en el viaje relámpago a Afganistán. Según la agenda prevista, el avión debía partir de Madrid a las 20 horas del viernes y regresar al aeropuerto de Barajas exactamente 24 horas después. Pero el avión designado, un Boeing 737 de la compañía Air Europa, llegó tarde procedente de un destino anterior y su partida rumbo a Afganistán se retrasó algo más de una hora.

Una avería en el motor

A bordo de la aeronave viajaban, además de la tripulación, 47 pasajeros; 29 de ellos, periodistas. Después de cuatro horas de vuelo, al aproximarse a Çorlu -localidad turca donde estaba previsto hacer una parada para repostar-, los pilotos del avión advirtieron una anomalía: uno de los filtros de combustible de un motor estaba averiado.

La parada técnica, que iba a prolongarse durante una hora, fue finalmente de cinco. La tripulación trató de hallar un filtro similar en aviones turcos. La vicepresidenta del Gobierno, mientras tanto, se acercó a charlar con los periodistas: “Con llegar a Madrid el lunes, a las diez de la mañana, y firmar lo propuesto en el Consejo de Ministros, me vale”, decía, en referencia a la convocatoria de las próximas elecciones generales que debe rubricar. Algunos periodistas ya proponían titulares ante una hipotética crónica: “Un filtro de motor anula las elecciones”.

Durante horas se trabajó en varios planes alternativos: desde la llegada de un avión de Madrid que trajese la pieza en cuestión hasta el traslado de la tripulación a una nueva aeronave para completar el viaje a Afganistán. Esta última propuesta significaba la puesta en marcha de la maquinaria diplomática para conseguir un nuevo permiso de vuelo sobre el espacio aéreo afgano. “Trabajamos para encontrar una solución”, comunicaba el personal de a bordo. Los pasajeros, mientras tanto, pedían que les dejasen salir a fumar un cigarrillo.

Búsqueda de un hotel en Turquía

A las seis de la mañana (siempre siguiendo la hora española) se comunicaba la decisión de trasladar a los pasajeros a un hotel -su nombre, Divan- ubicado a unos veinte minutos del aeropuerto. Entre el trayecto y los trámites burocráticos previos -sellado de los visados-, la comitiva no llegó al hotel hasta pasadas las 7:30 de la mañana.

Soraya Sáenz de Santamaría descansó un par de horas, con un ojo en lo que ocurría en Canarias y otro en el desenlace final de su viaje. Se valoró la posibilidad de cancelar la visita a suelo afgano y regresar a Madrid, pero la vicepresidenta impuso su voluntad de alcanzar la base de Herat y traerse consigo a los 88 efectivos que debían acompañarla en el viaje de vuelta.

Así, la lideresa popular regresó al aeropuerto de Çorlu a las dos del mediodía. Algunos periodistas turcos se presentaron en la terminal para grabar y fotografiar la escena. El vuelo con destino a Afganistán abandonó la terminal turca a las tres de la tarde y cuatro horas después aterrizó en la base de Herat. En esta ocasión, el vuelo transcurrió sin incidencias.

Tras arriar la bandera y recordar a las 102 personas que han perdido la vida en diferentes misiones ligadas a este conflicto, Soraya Sáenz de Santamaría se despidió de la base aérea de Herat y de los 149 efectivos que regresarán a España el martes 27 de octubre. “Gracias”, les señaló, antes de marcharse definitivamente de la base, con catorce horas de retraso sobre el plan previsto.

Con el cansancio y el frío metidos en el cuerpo -en Afganistán las temperaturas no superaban los diez grados-, la vicepresidenta enfiló la pasarela que le conducía a la aeronave. Tras suspirar, admitió sin mucha convicción un deseo que quizá creyó decir sólo para sus adentros: “Seguro que este vuelo va mucho mejor”.