Química en Oviedo

Albert Rivera quiere ser el nuevo Adolfo Suárez de Felipe VI

El líder de C's volvió a coincidir con el rey en los Premios Princesa de Asturias y alabó su defensa de los valores constitucionales.

Albert Rivera y su novia, Beatriz Tajuelo, este viernes en Oviedo.

Albert Rivera y su novia, Beatriz Tajuelo, este viernes en Oviedo. EFE

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Volvió a ocurrir este viernes, esta vez en Oviedo: la química entre el Rey, de 47 años, y Albert Rivera, a punto de cumplir 36, se dejó sentir como hace diez días durante la celebración de la Fiesta Nacional en el Palacio Real de Madrid. La jornada principal de la entrega de premios Princesa de Asturias es larga, y los reyes tienen que atender a más de mil invitados. Durante el almuerzo, Rivera les presentó a su novia, Beatriz Tajuelo. Por la tarde, en el Teatro Campoamor, al joven líder de C's se le vio aplaudir con entusiasmo durante el discurso del Rey, sobre todo cuando éste pronunció la frase de la velada:"Que nadie construya muros con los sentimientos”.

Por la noche, en la recepción en la capilla del Hotel Reconquista, Rivera volvió a hacer un aparte con Felipe VI en el cóctel en la capilla del hotel Reconquista. “Le felicité por su discurso y le dije que no por obvias hay que dejar de decirlas”, dice el líder de C's a EL ESPAÑOL en referencia a las nuevas palabras sobre la unidad de España que el Rey pronunció esa tarde, como ya hizo el 7 de octubre durante su puesta de largo en el Parlamento Europeo.

“Hablar de la unión de todos los españoles no es meterse en política, en Estados Unidos Obama hace constante alusión a los valores que unen a los norteamericanos”, continúa Rivera tras acudir por segunda vez consecutiva a la entrega de los nóbel españoles, que desde 1981 han llevado el nombre del heredero de la Corona y que ahora se llaman Princesa de Asturias porque la nueva heredera es Leonor. “No estamos acostumbrados en España a que el jefe del Estado defienda los valores constitucionales. Tenemos que superar esos complejos”.

Juan Carlos I y Adolfo Suárez en 1977

Juan Carlos I y Adolfo Suárez en 1977 Archivo personal de Carmen Díez de Rivera

JUAN CARLOS  I, 37 AÑOS Y SUAREZ 43

Rivera conoció al príncipe Felipe hace apenas dos años y medio. Fue el 8 de enero de 2013, durante la inauguración del AVE a Girona. El 22 de abril de ese mismo año, el heredero lo citó en el palacio de La Zarzuela y mantuvo con él un encuentro privado de más de dos horas. Cuando escribió su libro Juntos podemos (Espasa, 2014) Rivera pidió permiso a la Casa del Rey para contarlo. "Me llamó la atención su interés por conocer mi trayectoria profesional y mi forma de compaginar la vida política con la vida personal y familiar, así como por mi presencia en las instituciones o en los medios de comunicación", escribió el joven líder de C's.

Siguieron encuentros en la Fundación Príncipe de Girona (junio de 2013), la proclamación en junio de 2014 y algunas comunicaciones telefónicas. “Una relación cordial”. Pero el 12 de Octubre de 2015 fue un Rivera muy distinto el que llegó a palacio para celebrar la Fiesta Nacional: venía fortalecido por sus buenos resultados en Cataluña y por la posición de líder de la tercera fuerza política en España que le dan todas las encuestas. Fue ahí, en el comedor de gala de palacio, donde surgieron las comparaciones entre Rivera y Adolfo Suárez, el primer presidente del Gobierno democráticamente elegido tras la muerte de Franco. En Oviedo, esta inevitables comparaciones han cobrado fuerza.

Juan Carlos I tenía 37 años cuando Suárez, de 43, se convirtió en presidente del Gobierno nombrado a dedo por él mismo, que gozó de un poder absoluto hasta la Constitución de 1978. El rey emérito era seis años más joven que el fallecido Suárez, mientras que Don Felipe es once años mayor que Rivera. Si el líder de C's llega a La Moncloa este 20-D, ¿veremos entre ellos un grado de complicidad política y personal similar al que alcanzaron Juan Carlos I y Adolfo Suárez?

“En esta segunda Transición, en esta nueva era de la política en España, quiero tener al Rey como aliado y al resto de los líderes como compatriotas”, señala Rivera, que habla en el inequívoco tono reformista y no rupturista del delfín político que ayudó a Juan Carlos I a realizar el milagro del paso de la dictadura a la democracia. “Admiro la lógica estadista que guió a Suárez, que hizo más por España que por su propio partido. Nosotros hablaremos con todos, no excluiremos a nadie y recuperaremos ese espíritu de diálogo de la Primera Transición”.

Cuando piensa en la España que presumiblemente se avecina tras el 20-D, a Rivera no le gusta hablar de legislatura constituyente porque “sería como tirarlo todo abajo” y “se trata de fortalecer, no de tirar”. Prefiere hablar de “Segunda Transición” porque “las cúpulas de los partidos y las élites económicas y sociales que hicieron la Primera Transición no tenían cultura democrática. No tenemos esa tradición en España, y 40 años después de la Transición y 38 años después de la Ley de Reforma Política hay que volver a revisar todo lo que se ha deteriorado”.

EL NUEVO CENTRO 

En esa revisión tiene que participar el Rey. “Entre el jefe del Estado y los líderes políticos tiene que haber una comunicación permanente”, añade Rivera, que a pesar del estrellato que está viviendo estos días mantiene una modestia no incompatible con el convencimiento de que es C´s el único partido que puede jugar un papel similar al de Unión de Centro Democrático (UCD) durante esa primera transición.

“Entonces, los líderes eran Santiago Carrillo (PCE), Felipe González (PSOE) y Manuel Fraga (AP). Pero, ¿quién lideró el cambio?”, se pregunta haciendo un juego de imágenes en el espejo de la España actual, donde figuran Pablo Iglesias (Podemos), Pedro Sánchez (PSOE) y Mariano Rajoy (PP). “Nosotros somos claramente el centro de ahora. Admiro lo que pasó en la primera transición, y lo primero que haría sería seguir el ejemplo de Suárez con unos nuevos pactos de la Moncloa, reuniendo a todos los líderes. Suárez lo tuvo más difícil, no le faltó ni siquiera terrorismo. Ahora se trata de tener mucha cintura política y de saber gobernar en minoría. Nosotros nos sentimos capaces”.

Rivera quiere ayudar a Felipe VI a convertirse en el notario mayor del reino que certifique la regeneración de la vida democrática en España. ¿Él, que no es monárquico? “No lo soy en el sentido tradicionalista. Nadie en España que tenga 35 años puede serlo. Soy constitucionalista, y reconozco que la figura del jefe del Estado puede ser un rey o un presidente con capacidad de arbitraje pero sin poderes políticos”.

Por eso será exigente con la Corona e impulsará un Estatuto de la Corona, una mayor transparencia y una mejora de la comunicación. En su libro Juntos podemos, que salió unos meses antes de la abdicación de Juan Carlos I, escribió que la monarquía en España adolecía de "dos vacíos legales flagrantes": la falta de regulación de la familia real y dejar a la Corona al margen de la Ley de Transparencia. Ambos “errores” fueron parcialmente subsanados por Felipe VI tras su llegada al trono.

¿Rivera, el Suárez de Felipe VI? Según Antonio Barroso, analista político de Teneo Intelligence en Londres citado esta semana por Bloomberg, Rivera tiene una “ventaja” sobre el resto de los líderes políticos en España: “La capacidad de combinar ideas políticas. Eso, unido a su énfasis en la regeneración institucional puede atraer a votantes moderado de ambos lados del espectro político, especialmente a los jóvenes”.