COMPARECENCIA

Por qué la defensa de Artur Mas no se sostiene

El president en funciones insiste en que el sistema de concesiones de la Generalitat no permite casos de corrupción. 

Las explicaciones de Mas no convencieron a la oposición.

Las explicaciones de Mas no convencieron a la oposición.

Artur Mas ha explicado en el Parlament por qué defiende que Convergencia no cobró comisiones. Ha dado varios argumentos, pero ha insistido y repetido uno: el sistema de contratación pública de la Generalitat no permite favorecer a ninguna empresa. Por tanto, ninguna empresa pagará comisiones en agradecimiento.

Mas ha utilizado varias fórmulas para decir lo mismo: “Para que haya posibilidad de favorecer a alguien, el sistema debe permitirlo, y tenemos un sistema de contratación de obra pública que no permite favorecer a nadie”.

En respuesta a Joan Herrera, de Iniciativa, este argumento le parecía al president “una explicación como una catedral”. La catedral sin embargo no debe ser tan grande porque el president Mas la había confirmado solo “en las últimas horas”: “Verifico [mi versión] en la medida en que me aseguro -y en las últimas horas me he puesto más a fondo aún, por encima de mis conocimientos iniciales- que los mecanismos de contratación de la Generalitat, especialmente la obra sean absolutamente transparentes”: No solo eso: Mas también se ha asegurado en las últimas horas de que “no haya margen para decir: ‘Me gustaría que ganara éste’”.

Demostrar la relación entre favor y comisión es un reto difícil para la justicia. Pero la causa no es que el sistema de adjudicación pública de la Generalitat sea “impecable”

Mas ha traído al Parlament una sola prueba con datos. En 2015 Infraestructures de Catalunya ha hecho 28 contratos y en 10 casos “no ha ido al que quedaba primero técnicamente”. La conclusión de Mas es que “es imposible avisarle de que quedará primero” y por tanto hace que pague una comisión. Esto “desmonta el trato de favor por parte de la Administración”.

Mas tiene razón en una cosa: demostrar la relación entre favor y comisión es un reto difícil para la justicia. Pero la causa no es que el sistema de adjudicación pública de la Generalitat sea “impecable”, sino que demostrar la relación entre trato y mordida requiere de unas pruebas que, de momento, no han aparecido. El sistema de adjudicación público de la Generalitat no es inmaculado al menos por estos cinco motivos:

1. Los criterios técnicos no son objetivos

El mismo Mas lo ha admitido sin querer: si en 10 casos de los 28 contratos públicos de 2015 el peso técnico no ha sido definitivo, eso implica que puede haberlo sido en los otros 18 casos. Además, ¿por qué ha escogido solo 2015?

Estos son por ejemplo los criterios de un contrato público para una carretera en Badalona. El valor técnico se juzga con la asignación de puntos según distintos criterios. Ofrece por ejemplo 5 puntos para el “Estudio del proceso constructivo”. Si está descrito “de una manera muy comprensible, exhaustiva y plenamente adaptado a la obra”, 4 o 5 puntos. Si solo está descrito “adecuadamente”, 3 o 4. En la mayoría de apartados, la diferencia para obtener más o menos puntos es si algo como las propuestas para “minimizar el tránsito” son “de elevado interés (3-5 puntos)” o de “interés limitado (2-3)”.

La disponibilidad de recursos cerca de la obra es en cambio un criterio objetivo. Pero en este caso da menos puntos que otros más subjetivos: a 10 kilómetros (3-4 puntos), entre 10 y 50 (1-3 puntos).

2. Los técnicos pueden tener preferencias

Los técnicos que puntúan estas obras pueden ser funcionarios o contratados en régimen laboral. La dependencia de su jefe -un cargo político- es entonces obvia. Según El País, Joan Cortasa, jefe de la Oficina Técnica de Evaluación, fue contratado por Joan Antoni Rosell - número dos de Infraestructures.cat, detenido el miércoles-, de quien recibía presuntamente instrucciones.

Cortasa es además solo ingeniero técnico, cuando alguien de ese rango debería ser superior.

3. La fórmula matemática no es perfecta

Artur Mas ha dicho varias veces que la oferta económica de las empresas se mide mediante “una fórmula matemática”. Implicaba así que no depende de influencias humanas. Pero si lo depende. El único criterio que no lo estaría sería uno muy simple: dar todo el valor a la oferta económica más baja. Si en una licitación hay fondos de la Unión Europea, el único criterio posible por ley es ese. Las empresas que pueden licitar a obra pública han cumplido suficientes requisitos -construir tantos puentes o carreteras antes de poder concursar- para que sus ofertas a la baja no sean peligrosas o imprudentes.

Pero el criterio del menor precio no suele ser el definitivo. Hay varios modelos, según dos especialistas consultados que han pedido no aparecer. Uno es el de tipos medios. La administración hace una media de las ofertas presentadas y encuentra un tipo medio. Las ofertas que bajen demasiado de esa cantidad -un concepto llamado “baja”, quedan fuera. Es un criterio absurdo que promueve los acuerdos previos entre empresas. También desincentiva a las empresas que quieran competir con el precio.

4. Los sobres pequeños también cuentan

Mas ha dicho en su comparecencia que estos criterios tan finos son para contratos de más de 2 millones de euros: en esos casos por ejemplo se abre primero la oferta técnica y luego la económica. Para los inferiores, se abre todo a la vez.

El mismo Mas ha admitido que entonces el sistema tan atractivo se vuelve menos perfecto: “Aquí el sistema, digamos, de perfección no es tan alto, es verdad, pero ya hablamos de cantidades muy inferiores”, ha dicho. El 3% de 2 millones de euros son 60.000 euros.

5. Los sistemas humanos son imperfectos

Todo sistema depende en el fondo de su ejecución. Incluso Mas lo ha admitido: “Podría pasar un día, porque ustedes saben que en la Generalitat trabajan 200.000 personas, que alguien quisiera aprovecharse del sistema”. Pero, según Mas, el sistema es mejor que algunas hipotética manzana podrida: “El sistema no se lo permitiría, tal como se ha montado”. Quizá ocurra cuando el director de las infraestructuras de la Generalitat no cambie cuando se renueve el gobierno. Pero de momento no es así.