Rajoy en cifras

2012, el año que explica el desastre de Rajoy con el empleo

El primer año del PP estresó tanto la economía que ni el mejor viento de cola ha evitado que terminen con 104.000 ocupados menos

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno.

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno.

Venían a solucionar el problema del paro. A demostrar que la curva de Laffer, esa teoría que dice que cuando se bajan impuestos la economía crece, era real. A devolver la confianza en España. El Partido Popular de la campaña de las Elecciones Generales de 2011 era un máquina de hacer promesas que se rompió desde el momento en que Mariano Rajoy llegó con sus maletas a la Moncloa. ¿Obsolescencia programada?

Se agarraron como un gato a las cortinas a la herencia recibida para mutar en un Gobierno antagónico del prometido. Repitieron hasta la saciedad los 3,5 millones de parados que sumó la segunda legislatura de Zapatero, la del estallido de la burbuja; el déficit oculto, del que eran responsables autonomías que llevaban décadas gobernadas por el PP; el desgobierno de las cajas de ahorros, con el engendro llamado Bankia criado a manos de los muy populares Blesa, Rato y Olivas como cabeza visible del desastre financiero... Y empezaron a tomar medidas para 'solucionar' el desastre.

Tanto estresaron la economía en un solo año que ni el mejor viento de cola ha sido capaz de recuperar las cifras que se encontraron en el mercado laboral al llegar. La última Encuesta de Población Activa de la era Rajoy arroja 104.000 ocupados menos que cuando los populares llegaron al Gobierno. También refleja 436.000 parados menos pero esta aparente paradoja tiene una fácil explicación. La población activa, las personas en edad de trabajar que tienen o buscan empleo, se ha desplomado: 540.800 personas han salido de la ecuación. 

Este es un recorrido a cámara rápida por las medidas del primer año de Rajoy, el del mayor hundimiento del empleo, medidas que se prolongan hasta hoy o que perduraron más de lo que se dijo en un primer momento. La tendencia, aunque con una evidente precarización del empleo, es a mejor (aunque el tercer trimestre ya ha mostrado cierta ralentización). Pero hay toda una serie de factores en los que nada tiene que ver el Gobierno de Rajoy que ayudan al crecimiento: un euro barato por las políticas expansivas del BCE que favorece las exportaciones; petróleo en mínimos por el efecto del fracking de EEUU y la negativa de la OPEP a incrementar producción y un plan de compra de deuda pública y privada del BCE, a razón de 60.000 millones de euros, que ha dejado la rentabilidad exigida a la deuda española en mínimos históricos.  

Vivos de milagro

30 de diciembre de 2011. Los españoles descubren, tras el primer consejo de ministros del Gobierno del PP, que en cuanto se tomen la última uva del año les habrán subido el IRPF. Aunque les aseguran que el llamado gravamen complementario, un bocado capaz de recaudar 3.500 millones de euros adicionales al año, sólo se mantendrá dos ejercicios (2012 y 2013), se acaba yendo a tres. El anuncio se completa con un recorte del gasto público que se cifra entonces en 8.900 millones de euros (se sumaran otros 10.000 millones dos meses más tarde).

Con menos renta en los bolsillos, la demanda interna se contrae. Con menos gasto público, la demanda interna se contrae. El PIB, que no es otra cosa que la suma del gasto público, el gasto privado, las inversiones empresariales y la diferencia entre importaciones y exportaciones, se encoge. Si no crece la economía no se crea empleo, no hay expectativa de ganancia, dice el PP. Y resulta que esta vez dice la verdad.

9 de febrero de 2012. Un micrófono indiscreto capta al ministro de Economía de España, Luis de Guindos, anunciando al entonces primer ministro de Luxemburgo y hoy presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, que al día siguiente este país va aprobar una reforma laboral "extremadamente agresiva". Puntual a la cita, el consejo de ministros aprueba al día siguiente el real decreto que recogerá el BOE el 11 de febrero. Una norma que se pasará después a aprobación del Parlamento (un trámite dado el uso que ha hecho de su mayoría absoluta del Partido Popular) y que cambia las condiciones laborales de las personas que trabajan en España. 

Aunque el preámbulo de la norma es un canto a la intención de crear empleo merced a la flexibilización del mercado laboral, con una economía estresada lo que se logra con el abaratamiento del despido y la eliminación de la necesidad de que los comités de empresa den el visto bueno a los ERE hace que éstas se lancen a reducir plantilla con derechos adquiridos y, por tanto, más cara. 

7 de mayo de 2012. Rodrigo Rato dice que dimite como presidente de Bankia. Lo dimiten. El Gobierno ha permitido que trascienda que el auditor no quiere aprobar las cuentas (a buenas horas), que Bankia necesita ser rescatada, que hasta el Fondo Monetario Internacional ha reclamado que se actúe de una vez porque el castillo de naipes de las cajas podridas fusionadas unas con otras y convertidas en bancos se cae. Un mes después, el 9 de junio, Luis de Guindos confirma que España ha aceptado que Europa ponga dinero del fondo común para rescatar al sistema financiero. Este país se ve obligado a aceptar una dura condicionalidad, en forma de Memorándum de Entendimiento, a cambio.

El euro se tambalea. La tensión en la deuda se hace insufrible (se llegó a pedir un 7% de rentabilidad al bono español a diez años, como si de una tarjeta de un centro comercial se tratase). El 26 de julio, el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, pronuncia su "whatever it takes", las palabras que demuestran que la autoridad monetaria va a salvar al euro pase lo que pase. La rentabilidad exigida al bono cae en picado desde ese momento. España tiene una oportunidad.   

1 de septiembre de 2012. El Gobierno de Rajoy, que cuando anunció la subida del IRPF aseguró que elegía este impuesto para no afectar al consumo con una subida no distributiva como la del IVA, vuelve a decir diego donde dijo digo y, tras meses negándolo, sube el impuesto sobre el valor añadido. Atrás quedaron de nuevo las duras críticas al Gobierno de Zapatero, que había subido el IVA en 2010. Si los socialistas subieron los tipos (del 16% al 18% el general y del 7% al 8% el reducido), los populares suben tipos y reclasifican algunos productos y servicios, lo que provoca que en algunos casos la tributación pase del 8% o al 21% e incluso del 4% al 21%. (El tipo general pasó a ser del 21% y el reducido, del 10%).

El desplome del empleo

Todo lo ocurrido, las reformas fiscales, laborales, la tensión generada para resolver el desastre del sistema financiero (que Zapatero había dejado lleno de ñapas) y que disparó el coste de la deuda estrujaron la economía. El efecto en el empleo fue directo. El número de parados según la Encuesta de Población Activa, lejos de disminuir, aumentó en 733.700 en aquel año. El número de ocupados, también según la EPA, se redujo en 813.600. En la diferencia entre una y otra cifra ya se empezaba a vislumbrar una triste realidad: la población activa, es decir, las personas en edad de trabajar que tienen o buscan empleo, se estaba reduciendo. El exilio laboral y el desánimo empezaban a hacer mella en los desempleados. 2012 terminó con 6.021.000 parados. La cifra iría a peor antes de mejorar, de hecho marcó su pico más alto en el primer trimestre de 2013, cuando la EPA reflejó que 6.278.200 personas de este país tenían edad de trabajar, buscaban trabajo y no lo tenían.