CUMBRE PPE

Silvio Berlusconi, la estrella escondida del PP

El italiano fue recibido como una celebridad de Hollywood en el Congreso preparado para encumbrar a Rajoy. 

Silvio Berlusconi a su llegada al Congreso del Partido Popular Europeo.

Silvio Berlusconi a su llegada al Congreso del Partido Popular Europeo. Reuters

Luces, cámara, música. No faltaba de nada en el Congreso europeo del PP. Los organizadores eligieron como sede Madrid para convertir a Mariano Rajoy en la estrella de la cumbre europea al que todos debían admirar. Hubo aplausos, algún que otro “¡viva Mariano!” y muchos “¡que viva España!”. Nadie contaba con que hubiera un invitado que pudiera hacer sombra al jefe del Ejecutivo español, pero Silvio Berlusconi fue recibido por propios y extraños como si fuera una auténtica estrella de Hollywood.

El italiano entraba a la sala de Plenos del madrileño Palacio Municipal de Congresos al grito de “¡presidente, presidente!” que le dedicaban los delegados italianos que se trajo a la fiesta popular que organizaban los españoles. En medio de la vorágine que se levantó alrededor del italiano, le desplegaron una bandera gigante de Forza Italia, el grupo político que lidera, mientras él reducía el paso para que la ovación no terminase todavía. Era su particular baño de masas y lo quería disfrutar. Misteriosamente, su comparecencia se caía minutos antes de que le tocara el turno de subir al escenario.

Una cuestión "moral"

La versión oficial del Partido Popular es que el magnate de los medios italianos decidió personalmente no intervenir delante de sus compañeros conservadores europeos por una cuestión de “moralidad”. Ese arrebato de moralidad responde, según la versión oficial, a que Berlusconi sigue implicado en dos casos de corrupción y entiende que su mensaje en un momento tan delicado para el PP en España puede ser malinterpretado y utilizado en contra de Mariano Rajoy, tan necesitado de votos. Nadie sabe ni contesta por qué entonces aparecía en la lista de ponentes hasta el momento en el que empezó la cumbre. La decisión de no intervenir, insisten, fue voluntaria.

Los followers de Berlusconi, los que no dejaban de hacerse selfies con él y le pedían hasta autógrafos, defienden que desde el PP le pidieron “un poco más” de discreción y le sugirieron que sería mejor “no participar” en el Congreso a cambio de mantener una reunión bilateral con Mariano Rajoy minutos después. Así se evitó la foto de familia con el polifacético italiano, que se veía muy cómodo ante los flashes que deslucieron la figura de Nicolas Sarkozy, que entraba a la sala justo después que él y que se confundió con un acompañante más del político más polémico de Italia.

Sarkozy gritó un “¡viva Mariano!” mientras sonaba de fondo música flamenca que provocó el aplauso de todos

Rajoy atendió a Berlusconi en una sala aparte minutos después de la intervención del francés, que gritó un “¡viva Mariano!” mientras sonaba de fondo música flamenca que provocó el aplauso de todos. No ha trascendido nada de lo que hablaron el italiano y el español. ¿Paella, toros, flamenco? ¿Encuestas, corrupción? Solo se sabe que fue un simple encuentro protocolario para compensar que el italiano se cayera -forzado o voluntariamente- del cartel donde actuaban los líderes conservadores de la oposición. “¿Por qué Nicolas Sarkozy sí ha podido hablar como si fuera un jefe de Estado más y Berlusconi no?”, se quejaba enfadada a EL ESPAÑOL una eurodiputada italiana. Para aparentar que el PP no reniega de Berlusconi, el jefe del Ejecutivo tuvo el detalle de subir una fotografía de la reunión que mantuvieron. Es el momento del día donde se ve a Berlusconi más serio.

Políticos "con corazón"

El italiano no regresó más a la sala plenaria donde los conservadores revalidaron a su líder, el alemán Manfred Weber. Abandonó el recinto por la puerta de atrás, cuando las cámaras filmaban a un Mariano Rajoy que se despedía con un “muchas gracias a todos por apoyarme”. Sonó el himno de España y hubo muchas fotos de todos con todos. Los “hombres de negro” convertidos en políticos “con corazón”, como los definió el popular Antonio López-Istúriz. Estaban todos, hasta la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y la secretaria general, María Dolores de Cospedal. Todos menos Berlusconi.

En boca de la canciller Angela Merkel, embutida en una chaqueta roja socialista que deslucía su mensaje, el ejemplo ahora es España y Rajoy. Solo faltó que aparecieran los Del Río, como cuando tocaron en un mitin del PP en Dos Hermanas (Sevilla), y que Merkel y Rajoy bailaran una sevillana.