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¿Quién teme al TTIP? La guía definitiva para entenderlo

Las negociaciones entre la Unión Europea y EEUU avanzan pero los opositores las tachan de antidemocráticas por su opacidad

Jean-Claude Juncker y Pierre Moscovici

Jean-Claude Juncker y Pierre Moscovici Bruselas

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Los negociadores de la Unión Europea y de Estados Unidos concluyen este viernes en Miami la undécima ronda de conversaciones para la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés), que todavía está muy lejos de completarse. Pero mucho antes de existir, el TTIP genera un fuerte rechazo entre ONGs, grupos medioambientales y partidos de izquierdas, cuya máxima expresión fue la multitudinaria marcha celebrada en Berlín el 10 de octubre. Para examinar los diferentes puntos de vista sobre el TTIP, EL ESPAÑOL ha conversado con dos eurodiputadas que siguen de cerca las negociaciones: Inmaculada Rodríguez-Piñero (PSOE) y Marina Albiol (IU). También se intentó recabar la posición del Gobierno de Mariano Rajoy, pero no contestó a tiempo a nuestras preguntas.

¿Qué es el TTIP y por qué se negocia?

La Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión tiene como objetivo aumentar el comercio y las inversiones entre la UE y EEUU. La liberalización comercial entre los dos principales bloques económicos del mundo, que suman la mitad de la riqueza mundial, impulsará el crecimiento y creará puestos de trabajo. Es lo que sostiene la Comisión Europea, que es la que negocia en nombre de los 28 estados miembros.

El pacto podría generar un crecimiento adicional del 0,5% en la economía europea y un beneficio de 545 euros al año por hogar, según un estudio de Bruselas. El impacto económico positivo es el principal argumento que han esgrimido los líderes europeos para justificar el TTIP, cuya idea se lanzó en plena crisis del euro.

Para Rodríguez-Piñero, “Europa ha perdido mucho peso en el escenario económico internacional” y un “buen acuerdo” con EEUU serviría para “recuperar” terreno y fijar “los estándares de regulación a nivel mundial”. Marina Albiol sostiene que el TTIP “no es un tratado comercial” sino que puede equiparse a una Constitución Europea porque “cambia las reglas del juego”. “Por eso me parece peligroso”, dice la eurodiputada de IU.

Europa ha perdido mucho peso en el escenario económico internacional y un buen acuerdo con EEUU serviría para recuperar terreno

¿Cuándo se empezó a negociar y cuándo se aprobará?

La primera ronda de negociaciones tuvo lugar en Washington en julio de 2013, en plena polémica por el espionaje masivo de EEUU a ciudadanos europeos destapado por el contratista de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), Edward Snowden. Pese a ello, la protección de datos personales está excluida del TTIP. La UE y EEUU negocian en paralelo otro acuerdo que ampare la transferencia de datos por parte de empresas de Internet como Facebook, después de que el Tribunal de Justicia de la UE anulara el vigente Pacto de Puerto Seguro por no garantizar la privacidad. El negociador jefe de la UE es el español Ignacio García Bercero, mientras que la delegación estadounidense la encabeza Dan Mullaney.

En cuanto a los plazos, los líderes europeos se habían comprometido a intentar concluir las negociaciones a finales de 2015. Visto que este calendario no se va a cumplir, Bruselas dice ahora que intentarán cerrar el TTIP con el actual presidente estadounidense, Barack Obama, cuyo mandato concluye en enero de 2017. Las negociaciones comerciales de la UE con Canadá duraron 5 años y el acuerdo de EEUU con los países del Pacífico (TTP) ha costado 8 años. “El TTIP es el mayor acuerdo comercial de la historia y estamos en los plazos normales de este tipo de negociaciones”, explica a EL ESPAÑOL el portavoz de Comercio de la Comisión, Daniel Rosario. Los líderes europeos esperan que las conversaciones, estancadas en los últimos meses porque Washignton estaba concentrado en el TTP, se aceleren ahora. La siguiente ronda está prevista para principios de 2016.

El TTIP es el mayor acuerdo comercial de la historia y estamos en los plazos normales de este tipo de negociaciones

¿Qué capítulos incluye el TTIP?

El TTIP tendrá 24 capítulos agrupados en tres partes. La primera es similar a cualquier acuerdo comercial tradicional y su objetivo es mejorar el acceso de las empresas europeas al mercado americano y viceversa. Ello implica suprimir la mayor parte de los aranceles, que ya son muy bajos, del 3,5% de media. Los negociadores también quieren liberalizar el mercado de servicios, por ejemplo suprimiendo las barreras existentes en EEUU a la propiedad extranjera en el transporte o las aerolíneas. Otra prioridad es la apertura del mercado de contratación pública en todos los niveles de la administración.

La segunda parte es la más novedosa y ambiciosa. Se trata de acabar con las trabas al comercio que no tienen que ver con los aranceles, sino con la aplicación de diferentes estándares técnicos o de seguridad, que aumentan el coste para las empresas. En la actualidad, los fabricantes que desean vender sus productos a ambos lados del Atlántico tienen que tramitar dos veces la homologación de sus productos.

Lo mismo ocurre con las normas sanitarias y fitosanitarias. La UE quiere aproximar las reglas y facilitar su reconocimiento mutuo cuando sea posible. También se creará un órgano de cooperación regulatoria UE-EEUU con el fin de garantizar la coherencia de leyes futuras. Finalmente, se está negociando la compatibilidad reglamentaria en nueve sectores concretos: coches, cosméticos, productos químicos, ingeniería mecánica, aparatos médicos, tecnologías de la información, fármacos, pesticidas y textil.

La última parte se refiere a las reglas que la UE y EEUU quieren promover en el comercio mundial. Este apartado incluirá reglas comunes en materia laboral y medioambiental, competencia, propiedad intelectual o pymes. Los europeos reclaman también un capítulo específico sobre energía y materias primas porque quieren facilitar la importación de gas licuado estadounidense, pero la delegación norteamericana se resiste.

¿Por qué las negociaciones son poco transparentes?

“El mayor error que se ha cometido en la negociación del TTIP ha sido la opacidad”, sentencia Rodríguez-Piñero. El mandato negociador de la UE, que se aprobó en julio de 2013, no se publicó hasta un año más tarde, lo que “alimentó toda la especulación y la intriga sobre lo que realmente se está negociando”, según admite el propio Ejecutivo comunitario. La nueva comisaria de Comercio, la sueca Cecilia Mälmstrom, ha avanzado en la publicación de documentos en Internet y un mayor acceso a los eurodiputados, pero “todavía quedan cosas por mejorar y muchas”, dice la eurodiputada socialista.

El mayor error que se ha cometido en la negociación del TTIP ha sido la opacidad (...) No me dejan entrar ni siquiera con lápiz y papel

A los documentos más restringidos, como los textos que recogen la posición de las dos partes o las estrategias de negociación, sólo tienen acceso un número limitado de parlamentarios. Sólo pueden consultarse en una sala especial de lectura. Para acceder, los eurodiputados deben firmar un documento de confidencialidad en el que se comprometen a no revelar los contenidos. “No me dejan entrar ni siquiera con lápiz y papel”, explica Marina Albiol, que añade que “no sabemos cuántos documentos hay ni qué nos ocultan”.  El resultado es que se conoce poco sobre lo que pide EEUU. Bruselas alega que estos documentos no pueden publicarse porque contienen posiciones de la otra parte o porque socavarían la negociación. “Nunca se habían publicado tantos documentos como con el TTIP y la Comisión va a seguir en esta línea”, afirma el portavoz.

¿Qué es el ISDS y por qué resulta tan polémico?

El capítulo más polémico del TTIP es el sistema de resolución de disputas entre inversores y estados (ISDS, por sus siglas en inglés). Se trata de un arbitraje privado, por encima de los tribunales nacionales, al que pueden recurrir las multinacionales cuando una decisión pública, por ejemplo una expropiación, les perjudica. Este mecanismo está ya presente en alrededor de 1.400 acuerdos comerciales firmados por los estados miembros. Los detractores del TTIP alegan que es antidemocrático porque limita el derecho de los Gobiernos a legislar. El caso paradigmático es el pleito de la tabaquera Phillips Morris contra la norma de Australia que implantó las cajetillas genéricas.

Ante la fuerte oposición al ISDS, la Comisión Europea ha planteado una propuesta alternativa que consistiría en crear un tribunal de inversiones público, con jueces profesionales en lugar de árbitros y una segunda instancia de apelación. Además, el TTIP consagrará en su texto el derecho de los gobiernos a legislar. “Va en la buena línea”, defiende Rodríguez-Piñero. “Es un cambio cosmético porque el objetivo es el mismo: que las multinacionales puedan denunciar las legislaciones de los estados miembros”, alega la eurodiputada de IU. Este es el único capítulo que todavía no se ha discutido en ninguna de las 11 rondas negociadoras entre la UE y EEUU.

¿Afectará el TTIP a los servicios públicos? ¿Minará los estándares de la UE?

La comisaria Malmström y el representante de Comercio de EEUU, Michael Froman, firmaron una declaración conjunta el pasado 20 de marzo en la que garantizan que el TTIP no va a obligar a los gobiernos a privatizar ningún servicio público ni tampoco les impedirá renacionalizarlo. Según Bruselas, cada país es libre de privatizar, nacionalizar o renacionalizar lo que quiera. Pero si se abre algún sector a la inversión privada, se tendrán que dar las mismas condiciones a EEUU. A cambio, los norteamericanos deberán dar el mismo acceso a las empresas comunitarias a su mercado de servicios.

Si, por ejemplo, en un ayuntamiento gana la izquierda y quiere remunicipalizar el servicio de agua. Se pueden ver expuestos a una demanda multimillonaria de una multinacional a un tribunal de arbitraje.

La representante de IU cree que las multinacionales acabarán recurriendo a los tribunales de inversión si, por ejemplo, en un ayuntamiento gana la izquierda y quiere remunicipalizar el servicio de agua. “Se pueden ver expuestos a una demanda multimillonaria de una multinacional a un tribunal de arbitraje, a la que no se puede hacer frente desde un ayuntamiento”, asegura.

Los negociadores de la UE y de EEUU también se han comprometido a no rebajar los estándares medioambientales o laborales en ninguna de las orillas del Atlántico. Bruselas asegura que no levantará la prohibición de importar carne hormonada estadounidense. Tampoco cambiará las normas sobre autorización de productos genéticamente modificados, que por cierto ya permiten su cultivo en territorio comunitario, como ocurre con el maíz transgénico en España. Rodríguez Piñero cree que los temores que suscita el TTIP en este sentido no están justificados y recuerda que la Eurocámara fijó en una resolución aprobada en julio condiciones estrictas para respaldarlo. “Si se respetan y se mantienen nuestros estándares podremos apoyarlo. Si no, no”, señala. En cambio, para Marina Albiol, “se van a rebajar los estándares de ambos lados del Atlántico por exigencia de las multinacionales”.

¿Quién debe aprobar el TTIP? ¿En qué países genera más rechazo?

Una vez que la Comisión alcance un acuerdo con EEUU, si lo consigue, el TTIP tiene que ser aprobado tanto por la Eurocámara como por los gobiernos de los 28. Además, si incluye cuestiones que afectan a competencias nacionales tendrá que ser ratificado por los parlamentos nacionales. De momento, los países en los que hay más oposición en el debate público son Alemania, Austria, Luxemburgo y Eslovenia. También ha generado algunas polémicas en Bélgica, Reino Unido o Francia. España es un caso curioso porque hay un rechazo muy intenso al TTIP en las redes sociales, pero en el debate político apenas se habla de esta cuestión.

¿Cuáles son sus beneficios y riesgos para España?

El Gobierno de Mariano Rajoy tiene previsto publicar en breve un estudio sobre el impacto del TTIP en España. “España puede ser una gran beneficiada si aprovecha todas las oportunidades que tiene”, sostiene Rodríguez Piñero. Algunos de los productos que exporta España, como el calzado, el mueble o la cerámica, todavía tienen aranceles altos y su supresión “mejorará mucho la competitividad de nuestras empresas”.

Lo mismo ocurriría con las producciones agrarias españolas si se reducen las barreras fitosanitarias. La eurodiputada del PSOE admite que también puede haber “perdedores” pero en esta fase de la negociación todavía no se puede saber quiénes serán los perjudicados. Para Marina Albiol, la gran perjudicada será la agricultura porque “a las pequeñas explotaciones les va a ser muy difícil competir con la agroindustria norteamericana”. Lo mismo ocurre con las pymes. La eurodiputada cree además que el TTIP podría acabar con las restricciones existentes en algunas regiones españolas contra el fracking.