Minería

La ciudad de la energía se apaga

El inminente cierre de la central de Elcogas en Puertollano es el último capítulo de la reconversión industrial fallida de una comarca minera que apostó su futuro a las energías limpias.

Un trabajador de la central de Elcogas.

Un trabajador de la central de Elcogas.

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La torre de refrigeración destaca sobre los nubarrones grises que se adensan sobre la central. Los trabajadores salen para dirigirse hacia la carretera. Es su protesta diaria. Un corte de media hora, silencioso, sin estruendos. No hay mucho que decir. El parte del día, que uno de los miembros del comité de empresa transmite por el altavoz, no es muy alentador: “Sólo decir esto: Elcogas no se cierra. Y ánimo”. No hay novedades.

La central de Elcogas echará el cierre en pocos días dejando en la calle a 143 trabajadores y apagando otra de las luces de la que un día fue la “ciudad internacional de la energía”. Así se definía Puertollano en uno de los folletos de promoción del ayuntamiento fechado en agosto de 2008. Siete años después, nueve de las 14 empresas allí mencionadas han cerrado o están sin actividad.

Elcogas es la que tiene ahora mismo el horizonte más negro. Aún más que el carbón de baja calidad que en las últimas dos décadas entró en sus instalaciones. Durante años fue un orgullo para la comarca y para el país.

Era la primera central de Gasificación Integrada en Ciclo Combinado de España. Esta tecnología experimental transforma el carbón en gas produciendo energía de una forma menos contaminante. La central había nacido como una planta de investigación para experimentar la viabilidad de este modelo desde el punto de vista científico, tecnológico y medioambiental. A su construcción contribuyó un consorcio europeo de empresas, entre ellas Endesa, Iberdrola o la francesa EDF. La inversión inicial fue de 750 millones de euros, 50 de ellos subvencionados por la Unión Europea.

Jaime Sánchez y Elena Porras trabajan en la central.

Jaime Sánchez y Elena Porras trabajan en la central.

Muchos de los empleados de Elcogas han desarrollado aquí toda su carrera profesional. La mayoría tiene menos de 50 años y entró aquí muy joven con la promesa de un proyecto ilusionante y unos sueldos muy apetecibles. En Elcogas han construído su profesionalidad y también su vida. 

Jaime Sánchez entró en 1994. Empezó como técnico de instrumentación y control y trabaja ahora en servicios generales. Aquí conoció a Elena Porras, su mujer y la madre de sus dos hijos (14 y 11 años). Ambos nacieron en Puertollano y admiten que trabajar en la central les ha permitido tener una vida acomodada en esta ciudad de provincias. Ahora, con 45 y 43 años, el cierre ensombrece su día a día por temor a no encontrar hueco en el mercado laboral.

Toda una vida en la central

“¿Qué hacemos si tenemos que ir fuera?”, dice Sánchez, congregado junto a sus compañeros a la puerta de la central. “Puertollano tiene un futuro bastante negro. No sólo es nuestro sueldo. Es también el de otros. Tenemos a una chica que nos ayuda en casa... Luego está la preparación de una plantilla muy especializada que se perderá”.

Su mujer cuenta cómo el miedo al cierre de Elcogás se ha colado en las conversaciones de la familia. “Los chicos repiten a menudo: 'si cierra Elcogás... Si Elcogás se queda...' Mi hija el otro día me dijo que si no cerraba se compraba un cepillo muy bueno para desenredar el pelo... Le pregunté que cuánto costaba y me dijo que 10 euros".  'Ya sé que son 10 euros pero es un capricho...”, dijo la chica.

Protesta de la plantilla de Elcogas.

Protesta de la plantilla de Elcogas.

Fernando Buitrón tiene 44 años y empezó a trabajar en Elcogás en 1995. Es responsable de formación, sostenibilidad y comunicación Interna. Pasó los primeros años como operador de sala de control. Él también conoció aquí a su mujer, que es administrativa y trabaja en la empresa desde 1992.

Buitrón recuerda con emoción el gran acontecimiento de su vida profesional dentro de la central: “Presencié al llamado switch over: el momento técnico en el que se vio que el proceso de gasificación por el que la planta había nacido funcionaba”. El entusiasmo del recuerdo es el mismo que utiliza cuando explica paso a paso para qué sirve cada una de las instalaciones de la central: el gasificador, la planta de captura de dióxido de carbono o el almacén de azufre.

Todas las máquinas de la central llevan semanas sin funcionar. “Da pena ver esto así. Sin ruido. Sin personas. Esto era algo vivo hasta hace muy poco”, dice Buitrón. “Para mí es una putada perder el trabajo. Pero lo que más me entristece es que se pierda todo esto. Haber levantado el proyecto genera un vínculo emocional. Creíamos en este proyecto. Nos implicamos mucho porque partía con mucha incertidumbre y nos decíamos que estábamos haciendo algo importante. Es una de las pocas plantas en España que hace investigación industrial”.

Ruinas industriales

El skyline de Puertollano conserva las huellas de su historia industrial. Al atardecer resplandecen las llamas de las antorchas del complejo petroquímico de Repsol, el gran foco de la energía de la ciudad. La refinería abrió en 1952 para producir petróleo a partir de la pizarra bituminosa que se extraía en la zona y fue la primera diversificación de una comarca que desde finales del siglo XIX y durante mucho tiempo viviría sobre todo de la minería. Dan fe de ello decenas de fotografías en blanco y negro de generaciones de mineros que cuelgan de las paredes del Museo de la Minería de la ciudad.

La silueta de la torre de la central del Elcogas aparece justo detrás de este complejo. Gris, imponente y muda. Si no hay novedades, la central se desconectará de la red el 31 de octubre y la enorme mole de hierro y hormigón de sus instalaciones pasará a ser otro capítulo más de la reconversión industrial fallida de la ciudad.

La planta de Repsol en Puertollano.

La planta de Repsol en Puertollano.

“Nos mueve el sol”, decía el folleto promocional de Puertollano de 2008. Eran los años de la explosión de las renovables que aquí se tradujo en una gran inversión en la energía solar y en dos nombres: Silicio Solar y Solaria. La primera era una empresa de producción de las obleas de silicios. La segunda, una fábrica de paneles solares.

Las dos empresas se beneficiaron de las ayudas del Plan Miner a compañías que creaban empleos en zonas mineras. El plan subvencionaba hasta el 40% de la inversión. El ayuntamiento de la ciudad ofrecía una ventaja extra: la venta de los terrenos a un euro por metro cuadrado.

Silicio Solar, que empezó su producción en noviembre de 2005 y tuvo hasta un millar de trabajadores, sólo de Industria recibió en 2007 unos 20 millones de euros del Gobierno en 2007. Solaria, que empezó a producir en 2007 y llego a tener hasta 500 empleados, obtuvo, entre otras ayudas, 12 millones del Plan Miner en 2009. 

Las empresas habían surgido también al calor de las subvenciones a las renovables. Y ambas sufrieron su recorte: el primero en 2010, decidido por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, y el segundo en 2013, aprobado por el de Mariano Rajoy. Silicio Solar, filial del grupo ucraniano Pillar, se declaró a finales de 2012 en concurso de acreedores. Solaria anunció el cierre de la fábrica de Puertollano en febrero del año pasado.

Empleados en la protesta.

Empleados en la protesta.

Las esperanzas frustradas

El relato de quienes trabajaron en las empresas solares es un resumen de las esperanzas frustradas de cientos de familias. Desde 2007 se ha duplicado el número de parados: más de 7.500 en una población de algo más de 50.000 habitantes.

“Las empresas que llegaron a Puertollano empujadas tal vez por las subvenciones y por las ventajas que les daba el ayuntamiento intentaron aprovecharse al máximo de la ayuda y de las bonificaciones. Cuando se les acabó el chorrillo, pues adiós”, se queja Ramón, un extrabajador de Solaria que llegó a la empresa después de 20 años en la hostelería.

“Era una oportunidad y la cogí con toda la ilusión. Pensaba que iba a ser el final del esfuerzo. Muchos se crearon una expectativa, se hipotecaron, hipotecaron su vida”, dice mientras se le escapan las lágrimas. Como Ramón, muchos entraron en Solaria y Silicio con la promesa de que era una empresa de la que sólo saldrían para jubilarse. Y algo similar les ha ocurrido a los trabajadores de Elcogas.

Juanjo Portero, extrabajador de Solaria.

Juanjo Portero, extrabajador de Solaria.

No fue la única promesa incumplida. Entre quienes trabajaron en Silicio Solar el desánimo empezó antes de que estallara la crisis que abocó la fábrica al cierre. Denuncian accidentes laborales y un clima de presión constante en la empresa de capital ucraniano.

“Nos ponían sanciones por todo”, cuenta uno de ellos que sólo accede a dar su nombre de pila: Raúl. “Al principio había buen ambiente pero luego se puso muy mal. Llegó un director nuevo y dijo que iba a pagar la producción. Es decir, que habría turnos rotativos y que a quienes más producían se les pagaría un plus. Los turnos empezaron a pisarse y se saltaban la tecnología. Si un proceso tenía 45 pasos, la gente lo hacía en 15 para ahorrar tiempo. En mi grupo no lo hacíamos y quizá por eso nos sancionaron”.

Una exempleada de la empresa que trabajaba en el departamento de recursos humanos confirma la regla de las sanciones: “Yo les decía que si alguien recurría las sanciones íbamos a perder en los tribunales pero daba igual”. La trabajadora recuerda que en la empresa preferían a las mujeres con las manos grandes para manejar mejor las obleas: “Cuando les hacían la entrevista les pedían que pusieran la mano en una plantilla”.

A la calle y sin finiquito

Los despedidos de Silicio Solar no han recibido el finiquito.

“A mí la empresa me debía 15.000 euros y la mitad me lo ha pagado el Fogasa (el fondo de garantía salarial)”, cuenta Raúl. Después del despido, intentó montar dos negocios junto a su mujer pero ninguno fue bien. Tiene una niña pequeña y otro que nacerá pronto y se le ha acabado el paro. Ahora sólo recibe los 426 euros del subsidio por desempleo.

“Al final parece que el que más suerte ha tenido soy yo”, dice Juanjo Portero, ex trabajador de Solaria y uno de los pocos que da su nombre completo. Tiene 37 años. “Estoy embargado pero no tengo hijos ni piso. En estos tres años he hecho muchas cosas en negro. Dinero, poco y sin cotizar. Pero al menos estoy con mis padres. Nunca voy a poder pagarles todo lo que están haciendo por mí”, comenta.

Portero y sus compañeros de Silicio y Solaria denuncian que no hubo unidad entre los trabajadores a diferencia de lo que está pasando en Elcogas, “donde todos van a una”.

Jesús Manchón, hoy concejal de Izquierda Unida en el ayuntamiento, era miembro del comité de empresa de Solaria y reconoce que hubo problemas y un cierto “descontrol”. Dice que el 95% de los mayores de 45 años que han salido de Solaria no tienen trabajo. “Y en el caso de las mujeres, son el 100%”, subraya.

Manchón recuerda que aquel empleo fue para muchos una inversión de futuro. “Cuando empezaron a trabajar, salieron promociones de viviendas y mucha gente que trabajaba en Silicio y en Solaria entró en ellas. Nuestra promoción se vendió entera. Ahora mismo hay 96 viviendas y la mitad de ellas pertenecen a gente que trabajaba en esas dos empresas”.

Inversiones fallidas

Al recordar los años de bonanza antes de que asomara esta segunda crisis industrial, Raúl y sus compañeros de Puertollano se preguntan si todo se hizo bien. No sólo por las inversiones en las empresas que echaron el cierre. También por la forma en que se usaron los fondos del Plan Miner.

El primer ejemplo que mencionan son los seis millones de euros que se gastaron en las obras del llamado parque del Terri, una escombrera de carbón que se pretendía convertir en un vergel. Cinco años después de su inauguración y después de dos años de trabajos, la pequeña colina con forma de dinosaurio yace igual de desolada con la yerba seca y con farolas que no funcionan porque alguien se ha llevado el cobre.

La ex escombrera del Terri.

La ex escombrera del Terri.

“Era un proyecto en dos fases y la segunda no se ha hecho", reconoce la alcaldesa socialista Mayte Fernández.

"Mientras duró la inversión, se creó empleo. Pero ahora que los ciudadanos tienen problema en casa, una obra que ha costado seis millones de euros ya no es lo que era. No nos gusta como ha quedado. A unos les gusta y a otros no. Desde luego, si yo tuviera dinero municipal, lo dedicaría ahora a otras cosas”, dice la alcaldesa, que admite que tuvieron que sembrar cuatro veces por el azufre que tiene el terreno.

Fernández pertenece al partido socialista como todos los regidores que ha tenido Puertollano desde 1979. Cuando se le pregunta si algo se hizo mal en el Gobierno municipal en la estrategia de reconversión industrial de la ciudad, contesta: “En toda la documentación que he revisado como alcaldesa, todos los acuerdos se han acordado con los sindicatos y otras administraciones”.

Sobre la situación actual, la alcaldesa señala a las políticas energéticas de los últimos años y al recorte de las subvenciones a las energías renovables. “En la comarca minera de Puertollano hay 200 personas que trabajan en la empresa minera Encasur y hemos perdido 1.500 empleos en las renovables. Ha habido un plan nacional para reestructurar la comarca minera. ¿Pero qué plan se nos ha ofrecido a nosotros para reestructurar lo que ya era un nicho de empleo para el futuro?”.

La batalla por Elcogas

En este contexto el posible cierre de la central de Elcogas se vive como un drama en la ciudad donde muchos establecimientos exponen carteles de apoyo a los trabajadores. Algunos aún esperan que al final se llegue a un acuerdo que permita a la empresa no echar el cierre de la mano de un régimen especial de financiación. Los trabajadores han vidido los últimos meses agarrado a esta esperanza. El secretario de Estado de Energía, Alberto Nadal, la alimentó el pasado verano cuando en una reunión con los sindicatos del sector dijo que Industria estaba dispuesta a aportar 27 millones de euros anuales durante cinco años para asegurar la viabilidad de la central.

Manifestación de empleados de Elcogas.

Manifestación de empleados de Elcogas.

El Ministerio de Industria rebajó luego la cifra a 15-20 millones. Así lo explicó el ministro José Manuel Soria durante una reunión con Emiliano García-Page, que sustituyó en mayo a María Dolores de Cospedal como presidente de Castilla-La Mancha. En el encuentro Soria invitó al Gobierno regional a poner el resto. “Es un asunto de voluntad política", dice Patricia Franco, consejera de Economía de Castilla-La Mancha. "La competencia de Energía la tiene el ministerio y no queremos entrar en esto de yo pongo 15 y tú 15. Si no, tenemos que replantearnos el reparto de competencias”.

Los sindicatos siguen aferrándose a la promesa de Nadal para pedir una reunión tripartita para definir un plan que asegure la supervivencia de la empresa. El pasado martes los empleados de la central y muchos de los 135 que fueron despedidos por las empresas auxiliares volvieron a manifestarse frente a la entrada del Ministerio y los representantes del comité de empresa se encerraron en la sede hasta asegurar dos reuniones: una entre el ministerio y la empresa y otra entre el ministerio y los sindicatos. Los trabajadores pidieron que se aplace el cierre de la planta para poder seguir con las negociaciones.

Fuera sus compañeros se animaban unos a otros. Entre ellos estaban Jaime y su mujer Elena. También Fernando Buitrón, pendiente de la difusión de la protesta en las redes sociales. “Hay esperanza", decía. "Aunque cada día que pasa nos asomamos al precipicio un poco más”.