Relaciones Internacionales

La diplomacia en acción: de una guitarra a una mesa de ping-pong

Obsequiar a un representante extranjero es una herramienta de 'marketing' que no siempre funciona.

Kerry tocó unos acordes al recibir el obsequio.

Kerry tocó unos acordes al recibir el obsequio. EFE Madrid

“La guitarra está bien para la broma, pero no le veo ningún gusto”, comenta Carlos Fuente, el exjefe de protocolo de la Fundación Príncipe de Asturias y director del Instituto de Protocolo de la Universidad Camilo José Cela, a EL ESPAÑOL. La imagen del secretario de Estado de EEUU, John Kerry, tocando la guitarra española con la que le ha obsequiado su homólogo español, José Manuel García-Margallo, durante su visita a Madrid ha hecho las delicias de los medios de comunicación y redes sociales en España. También ha sido motivo de mofa y ha resultado, por ejemplo, en montajes de Margallo vestido de faralaes.

La directora de relaciones institucionales de la Escuela Internacional de Protocolo, Marina Fernández, no cree que sea un regalo desacertado: “La imagen de la guitarra de Kerry ha dado la vuelta al mundo dando a conocer detalles de la cultura española”, argumenta.

Si el Ministerio de Asuntos Exteriores hubiera consultado a Fuente, seguramente no habría habido burlas. Aunque habría sido difícil conseguir el mismo eco de su encuentro con una foto anodina de la entrega de un regalo nada visual, como prueban todas las visitas que recibe el canciller a lo largo del año y pasan desapercibidas. Sin embargo, en esas visitas a menudo no hay rueda de prensa y, en este caso, sí había una al día siguiente, este lunes.

Regalos curiosos, excéntricos y polémicos

La diplomacia de los regalos nació como cortesía hacia los invitados y una muestra del poderío del Estado en tiempos ancestrales y forma parte de culturas del mundo entero. Hoy el fin es principalmente publicitario, aunque persisten obsequios pomposos o a veces incluso reivindicativos.

Fernández rememora el caballo de raza árabe que el dictador libio muerto en la guerra libia, Muamar al Gadafi, regaló a José María Aznar o el huevo de Fabergé gigante que recibió Benedicto XVI de parte del presidente búlgaro.

La “Unidad de Regalos Protocolarios” del Departamento de Estado norteamericano registra “todos los obsequios tangibles recibidos de fuentes extranjeras por empleados” del Gobierno. En su página web se pueden consultar las listas desde el año 2002. Y así se descubren cosas como que la reina de Brunei ofreció a Michelle Obama una joya por valor de 71. 500 dólares en 2013.

También ha quedado reflejado en esos documentos el libro sobre Cataluña y Barcelona en particular que José Luis Rodríguez Zapatero regaló a Barack Obama cuando por fin le recibió en la Casa Blanca (además le llevó también una moneda histórica y documentos sobre las capitulaciones en Santa Fe). Todo ello valorado en 739 dólares por el detallado informe de la Unidad de Regalos Protocolarios.

El presidente boliviano, Evo Morales, puso a prueba el buen humor del Papa Francisco este verano cuando le regaló una escultura de Jesucristo en una cruz formada por una hoz y un martillo. Francisco se mostró serio al recibir tal obsequio ante las cámaras que no dejaban de fotografiar el momento, pero después le quitó hierro al asunto. Aseguró que podía considerarse como “arte protesta” y clarificó que era obra de un misionero jesuita asesinado en el año 80 en aquel país que pertenecía a una vertiente marxista de la orden, según recogió la agencia de noticias católica ACI Prensa. 

Rana le salió también al premier británico David Cameron la mesa de ping-pong que le regaló a Obama poco antes de los Juegos Olímpicos en Londres. La habían fabricado especialmente para la ocasión, con las banderas de ambos países y una inscripción con el motivo del regalo. Pero los medios británicos le sacaron los colores al asegurar que -a pesar de que la mesa pertenecía a una marca inglesa, tal y como había presumido el gobernante- era “made in China”.

Si es difícil regalarle a tu pareja

¿Qué requisitos debe entonces cumplir un regalo protocolario para acertar? ¿Qué debería haber regalado Margallo a Kerry? “Los regalos son muy complicados hay que pensarlos mucho. Si es difícil regalarle a un consorte…”, admite Fuente. “Pero algo que venda una España moderna, vanguardista, que conecte con valores o la cultura de Estados Unidos, el emprendurismo que tiene el español…”.

“Para poder cumplir con su función de herramienta de promoción de la marca país, lo más adecuado es que el regalo protocolario sea representativo de la cultura, la historia o las costumbres del país que lo ofrece”, describe la experta en protocolo internacional. “En ocasiones, estos regalos pueden tener también un toque emocional y divertido. Por ejemplo, los duques de Cambridge recibieron en su última visita a Estados Unidos una pequeña camiseta de Los Angeles Lakers con el nombre de su hijo George”.

Quizá fuera ese punto emocional el que buscaban en el Ministerio de Exteriores añadido al de la marca España. Fuente reconoce que ver a un secretario de Estado de la primera potencia mundial con una guitarra“es muy fotografiable”. Pero la marca para Fuente en este caso se ha visto reducida a un cliché. “Me ha sorprendido para mal, no creo que sea la imagen que hay que dar de España”, incide este experto. “Da un poco la sensación de la España de la pandereta, pero también en Estados Unidos no lo ven tan así”, concede.

Dónde están los límites

“Los regalos de España al exterior suelen ser bastante prudentes, al menos desde la [implantación de la] democracia: pañuelos de seda para las mujeres, corbatas, artesanía, aceites… eso típico que por típico, es excesivo”, critica Fuente. A la vez admite que un pequeño obsequio de un producto español no está mal, “porque también hay que hacer relaciones públicas: hay que ganar amistades”, pues la diplomacia también está en las relaciones personales.

Pero normalmente no son quienes toman el regalo en las manos los que se quedan con ellos. En el caso de EEUU, si algún cargo oficial desea quedarse con uno de los obsequios para su uso personal, debe comprarlo. En su época de secretaria de Estado, Hillary Clinton compró un collar que le regaló la líder opositora y Nobel de la Paz de Myanmar, Aung Sang Suu Kyi, por valor de cerca de mil dólares, según informaron los medios en aquel momento.

En España se diferencian los regalos institucionales, que conserva el Estado, de los regalos que se ofrecen a título personal. Fernández recuerda que el primer ministro de Emiratos Árabes regaló en su día dos ferraris a don Juan Carlos. Ahora ambos, según adelanta InfoLibre, serán puestos a la venta. 

A pesar de ejemplos como éste, Fuente apunta que España normalmente es comedida a la hora de entregar obsequios, y más en los últimos años: “Es verdad que con la crisis económica -y por la evolución del protocolo- el tema de los regalos en España y en Europa tiende a ser muchísimo más austero. Antes los países que organizaban las cumbres europeas les daban a todos los participantes un regalo muy mirado -una pluma [estilográfica cara] o un magnífico pañuelo de seda-, hoy es muy simbólico”, explica Fuente.

No existe un límite establecido oficialmente para el gasto, aunque “Felipe VI ha aprobado un nuevo código regulador según el cual los miembros de la familia real sólo podrán aceptar regalos que entren dentro de los "usos habituales, sociales o de cortesía". El tope económico de los presentes que pueden aceptar lo dicta el "sentido común" según Zarzuela, indica Fernández.

El jefe de protocolo durante más de tres décadas de la Fundación Príncipe de Asturias reivindica la desaparición del regalo protocolario en la diplomacia: “Yo soy partidario de empezar a olvidarse de los regalos. ¿Es necesario regalar? No. Otra cosa es que te inviten a una comida típica española (...), un regalo casi que hacemos las personas normales”.