Naciones Unidas

"No todo es horrible, también ha habido avances"

La directora del Fondo de Desarrollo Sostenible de la ONU, Paloma Durán, explica cómo planea conseguir el fin de la pobreza. 

Paloma Durán, directora del Fondo de Desarrollo Sostenible de la ONU.

Paloma Durán, directora del Fondo de Desarrollo Sostenible de la ONU.

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Hace dos décadas, cerca de 2.000 millones de personas vivían en la pobreza extrema. Este sábado, Día Mundial de la Erradicación de la Pobreza, son 836 millones las que subsisten con menos de 1,25 dólares al día.

Esta jornada anual de concienciación es la primera que se celebra desde que se aprobaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el periodo 2016-2030 el mes pasado. Esta nueva Agenda de las Naciones Unidas tiene 17 objetivos, 169 metas y sustituye a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que eran ocho con 21 metas.

Para su financiación y puesta en práctica, el año pasado se creó el Fondo para los Objetivos de Desarrollo Sostenible, cuya directora es la valenciana Paloma Durán. Esta doctora en Derecho especializado en temas humanitarios, asesoró al anterior Fondo de los Objetivos de Desarrollo del Milenio entre 2012 y 2014. Y antes fue consejera de la Misión de España ante las Naciones Unidas. La nueva Agenda tiene como primer punto la eliminación de la pobreza en todas sus formas, algo que pretende abordar desde una perspectiva holística.

Además, mientras que los planes anteriores se centraban en los países en vías de desarrollo, los nuevos objetivos incluyen a los países del llamado "Primer Mundo". Y es que pese a la caída de la pobreza extrema en los últimos años, uno de cada cuatro ciudadanos europeos se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social, una media que apenas ha aumentado un 0,6% desde 2008, según ha publicado este viernes Eurostat. Aunque hay países como España, donde el porcentaje de personas en riesgo pasó del 24,5% de la población en 2008 al 29,2% el año pasado. Esto representa el mayor incremento en la Unión Europea sólo por detrás del de Grecia.

Paloma Durán atiende a EL ESPAÑOL por teléfono desde su oficina de Naciones Unidas de Nueva York.

¿Cuáles son los mecanismos que se utilizarán para erradicar la pobreza en los próximos 15 años, como establece el primer punto de su plan?

La verdad es que poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mundo, que es el objetivo número uno, es un objetivo loable, ambicioso y ciertamente difícil. Para hacerlo, yo creo que lo más efectivo en la nueva Agenda que se acaba de aprobar es que se han incorporado nuevos actores y se está pensando en una idea de la pobreza más multidimensional.

Hasta ahora tradicionalmente todos los programas que se hacían de desarrollo estaban enfocados a grupos de población determinados y en áreas determinadas. Por ejemplo, programas para erradicar la pobreza entre los niños, la población indígena... o sea, para grupos muy específicos, y cada agencia de Naciones Unidas se encargaba de uno de esos grupos.

De lo que se trata ahora es de plantear que nosotros no podemos erradicar la pobreza trabajando en 'islas', sino que de lo que se trata es de pensar que, por ejemplo, para facilitar que los niños tengan acceso al agua hace falta trabajar con las familias y con las madres, trabajar con todos los actores que pueden facilitar el acceso al agua, trabajar con las comunidades a las que eso les afecta. Se trata de trabajar de manera más integrada.

Eso no pueden hacerlo solamente los gobiernos o las instituciones públicas. Hay que contar con la sociedad civil, el sector privado... con todos los agentes de desarrollo. No es fácil, porque hay actores como, por ejemplo, el sector privado que no han trabajado con anterioridad demasiado en el sistema. Hay que unificar las maneras de trabajar de una organización como ésta, que es intergubernamental y, por tanto, las decisiones las toman los países con sectores que tradicionalmente no trabajan en el área gubernamental.

¿Y qué ocurre si un país no cumple con sus compromisos?

No podemos aplicar al ámbito del desarrollo y de la erradicación de la pobreza los mismos mecanismos que se aplican cuando estamos hablando del derecho internacional puro y duro. Porque no estamos hablando de compromisos legales, sino de decisiones políticas.

De lo que se trata, más que de plantear qué hacemos si un país no cumple, es de ver por qué no cumple. No vamos a imponer desde aquí qué tienen que hacer. Vamos a preguntarles cuáles son sus necesidades y ver de qué manera podemos responder juntos a esas necesidades que tienen.

¿Cambia la manera en que financian los programas de desarrollo con la nueva Agenda?

En el Fondo en el que estamos trabajando, que se creó el año pasado, hemos establecido un mecanismo por medio del cual la financiación de los programas sobre el terreno obligatoriamente tiene que tener lo que llamamos 'fondos de contrapartida'. Es decir, si nosotros a un país le vamos a dar un proyecto y un millón ellos tienen que buscar con socios locales un millón adicional. Da lo mismo si esos fondos de contrapartida vienen de la sociedad civil, de instituciones, del gobierno local… Tienen que conseguir que los socios locales aporten la misma cantidad de dinero que se pone desde aquí.

¿Con eso qué se está pretendiendo? Se está pretendiendo que haya una apropiación nacional de los proyectos. Si mañana nosotros no podemos seguir financiando un proyecto concreto, los socios locales han hecho suyo ese proyecto, porque esas son sus necesidades y lo pueden hacer sostenible en el tiempo.

Esto, por una parte, es una manera distinta de financiar los proyectos. En el sistema anterior lo tradicional era que a los países se les daban los fondos y ellos ejecutaban. Lo que queremos asegurar con esos fondos de contrapartida es que el país se haga también responsable.

Hay una segunda línea de trabajo importante para el tema de la financiación, que es empezar a trabajar con otros actores que no han estado involucrados en el trabajo que se ha hecho desde aquí. Yo creo que el mensaje fundamental de esta Agenda es que la erradicación de la pobreza es una responsabilidad de todas las sociedades y si todas las sociedades son responsables quiere decir que todos los actores tienen que estar implicados. Eso cambia muchos modos de hacer.

Los Objetivos del Milenio estaban más centrados en las sociedades en desarrollo. Pero esta nueva Agenda parece más universal. ¿También buscan combatir la pobreza en sociedades como la española?

La otra Agenda se aprobó en el 2000. Durante estos 15 años, por una parte, ha habido muchos países que estaban en vías de desarrollo y ahora han pasado a ser países de renta media, que son países que han crecido económicamente pero que siguen teniendo unas bolsas importantes de pobreza muy localizadas. Y luego hay países que han estado siempre en la lista de los países ricos, si se puede hablar en esos términos, y que sobre todo como consecuencia de la crisis económica tienen ahora importantes bolsas de desigualdad o importantes ámbitos de la sociedad donde hay mucha desigualdad.

Esto implica que, obviamente, cuando nosotros hablamos de erradicar la pobreza, la Agenda piensa solamente en países donde hay personas que tal vez no tienen acceso al alimento, sino que también piensa en combatir la pobreza en otras sociedades que pueden ser sociedades occidentales o países de renta media.

Esta Agenda, por ejemplo, tiene un compromiso mayor con lucha contra el cambio climático en comparación con la anterior. ¿Por qué esta expansión de los objetivos?

Hace 15 años no había una responsabilidad en el ámbito internacional con respecto al tema del medio ambiente como la hay ahora. Entonces, se han incluido temas que no estaban incluidos en la Agenda anterior, [como] por ejemplo, la protección de océanos, mares y refugios marinos [o el cambio climático]. Se trata de intentar dar respuesta a necesidades que tenemos ahora clarísimas y que a lo mejor hace 15 años eran distintas.

¿Cree que los Objetivos del Milenio lograron paliar un poco esa situación más crítica y ahora podemos preocuparnos por otras cosas como el medio ambiente?

Que ha habido avances con respecto a la Agenda anterior es obvio. Lo que digo es que hace 15 años los países quizá no estaban tan concienciados de la necesidad de trabajar en el medio ambiente como lo están ahora, donde hay muchas más evidencias de que esa es una necesidad clara en la que hay que trabajar. No es que hayamos arreglado el mundo. Pero creo que algunas cosas sí se han conseguido.

Yo entiendo que es difícil explicar cómo hemos pasado de tener ocho objetivos a tener 17, a tener casi 200 indicadores, que eso es inmanejable… Todo eso que se suele decir. Y que es lógico además. Pero a mí me parece que también hay que pensar que la Agenda es ambiciosa. Me parece que ahora mismo hay mucha más información y mucha más claridad con respecto a lo que hay que hacer que hace 15 años y, en ese sentido, la Agenda responde a las necesidades que hay ahora.

Me parece que también es importante decir que ha habido avances, que no todo es horrible. Por ejemplo, sabemos que el porcentaje de personas desnutridas en el mundo ha descendido un 23% desde el año 1990 hasta ahora. O que se ha incrementado el acceso al agua potable en los últimos 20 años para 2.000 millones de personas, lo cual es una cifra considerable. Todo eso con cifras, que son importantes, porque confirman que algo hemos hecho, o que algo se ha hecho para mejorar la situación de las personas, pero obviamente queda muchísimo por hacer.

¿Y cómo acabó usted en el Fondo?

Desde que estudié la carrera de Derecho he estado involucrada en programas de desarrollo. Monté una asociación inicialmente en Valencia y luego en Madrid para trabajar en la universidad, que es donde fundamentalmente empecé mi carrera profesional, para fomentar la solidaridad. Solidaridad Universitaria se llamaba.

Y siempre he estado vinculada con esto. He trabajado en el terreno en varios países. Hice proyectos en África y también en América Latina y la verdad es que siempre he hecho compatible mi trabajo profesional con un compromiso clarísimo por todos los temas de desarrollo. Me parece que es un trabajo bien bonito.