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El talismán gafe que ha heredado Imaz en la petrolera Repsol

La compra de Talismán en 2014 se le ha atragantado al primer ejecutivo de Repsol, Josu Jon Imaz. Es su primera prueba de fuego

El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz

El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz Reuters

La petrolera de bandera española está pendiente de una cifra: 50 dólares. Es el precio al que, al menos, debe cotizar el barril de petróleo para que sus cuentas estén en orden y no tenga problemas para repagar su deuda. La situación es delicada después de que en diciembre de 2014, Repsol apostase por el negocio upstream (extracción de crudo), cuyo componente de riesgo está ligado directamente a la cotización del barril.

La compra de Talismán, lejos de atraer a la buena suerte para la compañía española, se ha convertido en un gafe. El desplome del precio del crudo -un 66%, de 100 a 45 en doce meses- ha provocado que lo que en su momento se consideró una buena inversión ahora sea un activo problemático.

La operación estuvo diseñada por el ilerdense Antoni Brufau, el histórico directivo de La Caixa que ha pilotado Repsol durante once años. Sin embargo, es un guipuzcoano el encargado de poner bajo control Talismán. Josu Jon Imaz, primer ejecutivo de la empresa, no ocultó la tensión que sentía este jueves en su primera gran aparición ante los inversores. Sus efusivos saludos a Brufau lo pusieron de manifiesto.

Imaz tuvo que justificar ante inversores y periodistas la hoja de ruta a seguir para digerir Talismán. Se pagaron cerca de 12.000 millones de euros por una empresa que hoy cotizaría lejos de esa cantidad si hubiese seguido independiente: todas las petroleras presentan severos descuentos en sus cotizaciones respecto a 2014.

La buena noticia -y gran fortaleza de Repsol- es que tiene amplias raíces en el denominado downstream -refino del crudo y comercialización- que el pasado año aportó casi el 50% de su beneficio y más del 90% de su facturación. Su red de gasolineras le aseguran un flujo continuo de ingresos y estabilidad para el resto de sus actividades. "La diversificación de la compañía será lo que permita generar un flujo de caja neutro después de impuestos con el barril en 50 dólares y reducir deuda gracias a las desinversiones", explicó el consejero delegado.

Los tres gráficos que no dejan dormir a Imaz

Evolución del precio del petróleo

Evolución del precio del petróleo

Perfil de deuda de Repsol

Perfil de deuda de Repsol

Repsol vuelve a precios de 1997

Repsol vuelve a precios de 1997

Gestionar una gigante menguante

Repsol fía su nuevo plan estratégico a la reducción de costes, de las inversiones e, incluso, de la producción.  De hecho, Imaz afirma que la compañía tiene capacidad para llegar a producir hasta 900.000 barriles diarios de crudo en 2020. Sin embargo, las exigencias del mercado le obligan a desinvertir y producirá menos. "La compañía está más cómoda con una producción de 720.000 barriles", indicó. 

La petrolera también tendrá que conseguir "un ahorro de 2.100 millones en 2018", explicó el directivo. De ellos, 1.500 millones lo conseguirá gracias a la reducción de costes operativos y sinergias, entre los que se incluye el despido de 1.500 trabajadores. Aún no confirma cuántos despidos hará en España. Sí, que no serán traumáticos. 

Los otros 600 millones de ahorro restantes vendrán de la reducción de la inversión, que se centrará en el área del upstream, esto es, en exploración y extracción. Imaz explicó que la nueva estrategia en este área de actividad ya "no es el crecimiento, es la creación de valor". El volumen de inversión caerá un 38% hasta 2018.

De hecho, el flujo de caja del área de la exploración y producción será negativo en el periodo 2016/2020 según la propia compañía, ya que para conseguir el equilibrio, necesita que el precio medio del barril de petróleo avance hasta 60 dólares. También contempla un escenario que denomina "ácido" en el que el precio del crudo se mantendría, como a día de hoy, en el entorno de los 50 dólares el barril.

La nueva estrategia que quiere emprender Repsol pasa así, obligatoriamente, por reducir su tamaño, como explicó el consejero delegado en la presentación de su plan. Sólo así conseguirá recortar la deuda mientras los precios del petróleo agonizan y el flujo de caja pende de un hilo.

La compañía espera generar 10.000 millones de euros de caja hasta 2020 para pagar dividendos y reducir deuda. En los últimos años, el desembolso para el pago de dividendos ha sido de 450 millones, por lo que la compañía se dejaría unos 2.000 millones de esos 10.000 en retribuir a sus accionistas. El resto iría destinado a amortizar deuda, pero, ¿qué pasará si los precios del petróleo no se recuperan? 

Una cotización en mínimos

El pasado 23 de septiembre las acciones de Repsol llegaron hasta el suelo de los 10 euros por acción. Era su nivel más bajo en casi dos décadas, desde 1997, y un 70% por debajo de los 30,37 euros que llegó a marcar en el año 2007. Fue la señal más clara de que la compañía necesitaba coger el timón y dar un giro a su estrategia; ese mismo día anunciaba que elaboraría un nuevo plan estratégico. Desde entonces sus acciones han repuntado un 22%, hasta los 12,16 euros, impulsadas por el rebote del crudo y las expectativas del mercado ante el nuevo plan de la compañía. Ayer, sin embargo, los inversores no respaldaron su nueva estrategia. Se dejó un 4,28%, hasta 11,64 euros por acción.