crisis en el PP

El relevo más sólido

Alfonso Alonso frena su dedicación a la política nacional para sustituir a Quiroga. Su nombramiento, indiscutido, hace emerger el peso del PP alavés. La imagen de división da paso a una de consenso.

Alonso recibe la felicitación del secretario general del PP alavés, Javier de Andrés.

Alonso recibe la felicitación del secretario general del PP alavés, Javier de Andrés. Efe

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En política, seguro no hay nada, pero era fácil predecir sin riesgo a equivocarse que el nuevo presidente del PP vasco iba a ser alavés. Determinar cuál de sus dirigentes se iba a hacer cargo del partido en la situación de emergencia generada por la dimisión de Arantza Quiroga ya era más complicado. Y no por que el presidente de su organización más influyente y ministro de Sanidad no figurara en las quinielas; al contrario, su nombre para dirigir el partido en el País Vasco no ha dejado de barajarse desde que en 2008 la abrupta salida de María San Gil dejara paso a Antonio Basagoiti.

Seis años después, en 2014, Alfonso Alonso era también el candidato ideal ambicionado por sus compañeros de Álava para cortarle las alas a la emergente Quiroga. Si en ambos casos el dirigente alavés declinó postularse con firmeza fue porque el exalcalde de Vitoria ya había dado el salto a Madrid y la capital española se había convertido en la siguiente estación de impulso para su carrera política, desarrollada con éxito desde entonces: de diputado a portavoz adjunto (y luego titular) del Grupo Popular en el Congreso; y de ahí, a ministro de Sanidad, Política Social e Igualdad a partir de diciembre de 2014.

La actual situación de la formación popular, sometida a una grave crisis interna, y su responsabilidad en la marcha de Quiroga, le han obligado en esta ocasión a ponerse incondicionalmente a disposición de sus compañeros y a compatibilizar su cargo en Madrid con su presencia en el País Vasco.

Cena en Vitoria para consensuar el relevo

La urgencia por recomponer las costuras del partido, abiertamente roto durante la última semana, llevó a los dirigentes vascos a comprometerse en la búsqueda de una salida rápida y eficaz una vez que concluyó el miércoles la rueda de prensa de despedida de la ya expresidenta. Esa misma noche, en un céntrico restaurante de Vitoria, Alonso se reunía con la plana mayor del partido en Álava y junto con Iñaki Oyarzábal, Javier Maroto y Javier De Andrés sentaban las bases del relevo al frente de la organización.

Dispuestos a hacer de la necesidad virtud, los cuatro comensales convinieron en no actuar por descarte y proponer a quien mejor estuviera en condiciones de ejercer de revulsivo y revitalizar el partido y su proyección dentro y fuera de la comunidad autónoma. Las intervenciones se centraban en los dos más influyentes y conocidos. El ministro y el vicesecretario del PP, Javier Maroto, no rehuyeron el reto. El mayor capital político de Alonso y su liderazgo interno inclinaron la balanza a su favor en detrimento de soluciones incluso más cómodas, como la representada por Javier De Andrés, una alternativa viable para tiempos menos convulsos.

El acuerdo de los alaveses ha sido la baza principal que ha desembocado en la designación final de Alonso, cerrada en el Parlamento Vasco en los distintos contactos celebrados para trasladar su propuesta a los restantes miembros del Comité de Dirección del partido, que agrupa también a los presidentes de Bizkaia, Antón Damborenea, y Gipuzkoa, Borja Sémper, y a la secretaria general, la vizcaína Nerea Llanos.

La aceptación del ministro ha sido recibida con agrado, y hasta con sorpresa, y la división del PP vasco de la última semana ha sido desplazada hoy por una imagen de consenso, a la que ha contribuido una hábil puesta en escena destinada a borrar la soledad y la falta de apoyos que despidieron a Quiroga. Alonso, Maroto y De Andrés han llegado juntos al Parlamento Vasco, donde ha salido a recibirles Oyarzábal y las cámaras sólo han captado gestos de complicidad y sonrisas con Sémper y Llanos.

La confianza de Sáenz de Santamaría

Tampoco, lógicamente, han evitado las declaraciones y los mensajes al uso sobre la necesaria unidad, el fortalecimiento del partido en el País Vasco o la prioridad de coadyudar a la reelección de Mariano Rajoy. De los resultados del 20- D dependerán también las consecuencias para Alonso del paso que da ahora. Al asumirlo responde a la confianza que en él tiene depositada su principal valedora, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santa María, a la que no defraudó ante la situación insostenible planteada en el Gobierno con la exministra Ana Mato, a quien sustituyó .

Además presta un nuevo servicio al partido y no rehúye su responsabilidad al contribuir a taponar la herida que en parte generó al criticar y bloquear la propuesta sobre Paz y Convivencia de Quiroga. Nadie quiere cerrarle puertas a Alonso, pero el relevo en la cúpula del PP vasco no se concibe tampoco de forma transitoria. Tras su nombramiento por la Junta Directiva Regional llegará, después de las elecciones, el Congreso extraordinario de ratificación que previsiblemente consagrará su mayor dedicación a la política vasca y menguará sus proyección fuera de la comunidad autónoma.

Concluida la resaca de los comicios, a Alonso le tocará ejercer de oposición en Vitoria durante los últimos meses de la legislatura del lehendakari Urkullu y encarar las autonómicas desde una perspectiva nada halagüeña para su partido.

Alonso (Vitoria, 1.967) es un político forjado primero en su tierra natal , donde su abuelo materno fue diputado general de Álava. Licenciado en Filología Románica y Derecho, ejerció la abogacía de la que se distanció al dedicarse de lleno al ayuntamiento vitoriano. Abierto y cercano en el trato, está fajado en la necesidad del diálogo y la búsqueda de pactos y en su etapa de portavoz en el Congreso mantenía una buena interlocución con el PNV.

Ahora toma las riendas del partido que ha intentado controlar desde la sombra en los últimos dos años y medio. Con el afloramiento de su poder neutraliza la división interna y afianza su liderazgo tendiendo puentes a los sectores más alejados para los que ya ha tenido un primer gesto al alabar la actuación durante esta crisis de Nerea Llanos, mano derecha de Quiroga, y confirmarla de momento en su puesto de secretaria general.

Comienza una nueva andadura en el PP vasco, pero sus retos de cara al exterior siguen siendo los mismos y evidente el riesgo de caer en la irrelevancia política si no logra reencontrase con el electorado de centro derecha no nacionalista que le ha abandonado en los últimos años.