Crisis antes del 20-D

El PP, una casa de locos

A la dimisión de Arantza Quiroga, las declaraciones de Cristóbal Montoro y el portazo de Cayetana Álvarez de Toledo, quedaba el plato fuerte de la semana: las declaraciones de Francisco Granados en EL ESPAÑOL. 

Mariano Rajoy, ante su semana más negra.

Mariano Rajoy, ante su semana más negra.

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Semana negra para Mariano Rajoy. El presidente del Gobierno aterrizaba en Madrid procedente de Nueva York cuando recibía, en cuestión de horas, tres golpes casi mortales para un Partido Popular que pierde votos a borbotones. La dimisión de Arantza Quiroga al frente del PP vasco, aunque era una decisión no compartida en Génova, era previsible. Nadie se esperaba, sin embargo, que el ministro de Hacienda utilizara la portada de El Mundo para ajustar cuentas con “compañeros que se avergüenzan de ser del PP”. En el mismo diario, cuatro páginas después, su compañera de filas, Cayetana Álvarez de Toledo, daba un portazo a Rajoy y decía que no quería repetir en las listas porque no cree en el presidente. El plato fuerte, sin embargo, se servía a primera hora de este jueves. Francisco Granados, el supuesto 'cerebro' de la trama de corrupción que ha sacudido los cimientos del PP, habla por primera vez desde que está en prisión en exclusiva con EL ESPAÑOL.

Desconcertados todavía por el auge imparable de Ciudadanos, los dirigentes del Partido Popular se echan las manos a la cabeza ante lo que un alto cargo comparaba este miércoles con “una casa de locos”. Cuando desde arriba intentan mentalizar a los de abajo que la unión hace la fuerza; cuando el partido necesita lavar los trapos sucios en casa y transmitir una imagen de seriedad para ganar en confianza, justo en ese momento, la coordinación salta por los aires y cada uno hace lo que le viene en gana.

A pocos días de que se cumpla el primer aniversario de su entrada en prisión, el que fuera mano derecha de Esperanza Aguirre, Francisco Granados, rompe su silencio para defender su honor y negar todos los hechos de los que se le acusan. El exalcalde de Valdemoro, que considera “muy dura” e “injusta” la prisión preventiva, reabre la caja de los truenos y acusa a la presidenta del PP de Madrid de que ni una sola decisión en la Comunidad de Madrid se tomaba sin su visto bueno. Además, le pide que dimita como presidenta del partido y que "deje paso a Cifuentes. No hay tiempo que perder”. ¿El motivo? “El mismo que le llevó a quitar a Pío García Escudero”. Lo que nunca haría, defiende el acusado, “es perjudicar al PP, que está muy por encima de las personas”.

La marcha anunciada de Quiroga

Antes de que Granados abriera fuego contra la que fue su jefa, el único piloto que tenía encendido Rajoy era el País Vasco. El jueves pasado, la ya dimitida presidenta, Arantza Quiroga, anunció a su compañera y amiga María Dolores de Cospedal que quería dimitir. La secretaria general del partido le pidió que se tomara el puente para reflexionar y le intentó hacer entender lo importante que es para el PP que las direcciones regionales se cambien en 2016, cuando hayan pasado las elecciones generales. Ni siquiera el argumento de que aún hay opciones de ganar siempre y cuando no se abriese una crisis de esta envergadura sirvió para disipar las intenciones de Quiroga, quien, durante los seis días de retiro, transmitió a su familia que la decisión era firme. Se acabaron las apariencias de puertas para fuera.

Es lo mismo que debió pensar el ministro de Hacienda cuando concedió una entrevista y, sin pelos en la lengua, disparó contra todos… los del PP. Una reivindicación pública porque los buenos datos con los que ahora presume el PP son suyos y porque “el PP tiene que levantar cabeza”. A Aznar, un mensaje: “Yo estoy en política por él, pero no puedo admirar a alguien que ahora se dedica al business y da lecciones desde fuera. Esto es como el quirófano. No moleste, estamos operando”. A Margallo, otro: “Uno tiene que saber revisar sus ideas con el tiempo porque, si no, es rehén de su propia arrogancia intelectual”.

“Cristóbal es un guasón”

Las reflexiones compartidas de Montoro supusieron una bomba de relojería en el seno del partido. La mayoría comentaba en privado la salida de tono del ministro. Por las formas, como Aznar. Pero hubo quien utilizó la misma fórmula, la prensa, para contestarle. El ministro Margallo, quien más ofendido se pudo sentir por las palabras de su compañero, quitó hierro al asunto diciendo que “eso lo ha dicho porque Cristóbal es un guasón, porque ha estudiado en Bilbao y Harvard”. Algunos compañeros reconocían en los pasillos del Congreso, donde se celebraba el penúltimo Pleno de la legislatura, que en algunas cosas sí estaban de acuerdo con él. Nadie se atrevió a confesar que sentían vergüenza de su partido. Al contrario. A los que se les mencionaba la frase, la que más ha dolido de toda la entrevista, aseguraban sentir “mucho orgullo” de pertenecer al Partido Popular.

El desánimo en las filas del PP fue de tal envergadura que por la tarde, también en la Cámara Baja, se vivió uno de los momentos más tensos del día. La otra protagonista de la jornada, la diputada Cayetana Álvarez de Toledo, tuvo un rifirrafe con otra compañera de partido, Teresa de Lara, que le afeó en público delante de otras diputadas la “deslealtad” de su carta abierta en un periódico explicando por qué no quiere repetir en las listas electorales. Álvarez de Toledo, muy cercana a José María Aznar, replicaba casi al unísono las críticas del presidente de Honor. La única diferencia es que ella sí señala a Mariano Rajoy, con nombres y apellidos, como parte del mal que les acecha: “Creo que el PP puede seguir siendo ese partido. Pero no con este presidente y no sin un nuevo proyecto”.