José Manuel González-Páramo

"Hay que impulsar al mejor candidato español al BCE"

González-Páramo fue el único español en el Comité Ejecutivo, ahora pide que se aúpe al mejor aspirante "al margen de ideologías"

González-Páramo es el único español que ha sido ejecutivo en el BCE

González-Páramo es el único español que ha sido ejecutivo en el BCE

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José Manuel González-Páramo, actual consejero de BBVA, conoce bien los entresijos del Banco Central Europeo (BCE). No en vano, estuvo recorriendo los pasillos de la institución en Fráncfort durante ocho años, entre 2004 y 2012. Tras su salida, España perdió el puesto permanente en el Comité Ejecutivo en la entidad, pero González-Páramo confía en que pueda recuperarlo en 2018. Hablo con él sobre el futuro del BCE y también de España.

La crisis emergente, la subida de tipos de la Fed, el escándalo de Volkswagen. La economía mundial tiene muchos retos por delante, ¿vamos hacia un nuevo frenazo del crecimiento?

Yo creo que, de momento, no se ve. Nuestra estimación es que España crecerá un 3,2% y el año que viene un 2,7%. Cuando uno hace predicciones introduce un posible sesgo, es decir, si nos equivocamos, en qué dirección irá, y en este sesgo es a la baja. Hay que aclarar que la exposición directa de España a China es muy baja, del 2% de la exportación. Lo mismo puede decirse de la Reserva Federal (Fed), ya que nosotros tenemos al Banco Central Europeo (BCE) en una situación opuesta, de expansión cuantitativa, lo que quiere decir que no hay incertidumbre sobre la liquidez disponible para las entidades.

Pero dicho esto, también es verdad que la economía española está muy internacionalizada y tiene una exposición a países emergentes que se están viendo afectados de forma más directa. La incertidumbre que se detecta en el ámbito internacional podría entrar en España por esta vía indirecta. En lo fundamental, la economía española va a seguir creciendo a tasas cercanas al 3%, algo por encima este año, algo por debajo el próximo, pero con su propio impulso.

¿El mundo se encamina hacia un escenario de bajo crecimiento e inflación, el "estancamiento secular" del que tanto se ha hablado?

Hay mucho debate todavía de si éste es el mundo hacia el que vamos o no. Lo que sí que es cierto es que los emergentes, que fueron los que nos dieron buenas noticias durante la crisis están empezando a ceder en términos de crecimiento, pero la buena noticia es que los desarrollados están tomando el testigo. Japón está empezando a crecer a tasas positivas, EEUU con tasas entre el 2,5 y el 2,7%, Europa viene de una recesión y este año esperamos crecimientos del 1,5% y cerca del 1,9% el año que viene. Esto indica que se está reequilibrando el crecimiento global. Las tasas de inflación son bajas ciertamente, pero esto tiene bastante que ver con los precios de las materias primas, que son cíclicos. Ahora están cayendo, pero se puede esperar que suban más adelante.

En definitiva, un escenario en el que el crecimiento se reequilibra, pero que no va a ser necesariamente menor. Para este año esperamos un ritmo que está en la media de los últimos 15 años, en torno al 3,5%. En cuanto a la inflación, cuando se normalice el precio de las materias primas, la volveremos a ver donde solía, que es en niveles sanos, en torno al 2%. Los bancos centrales han dado muestras de que están dispuestos a cumplir su función de mantener la inflación en niveles moderados, pero no negativos. Ojalá que esta hipótesis del estancamiento secular no se cumpla. Hasta ahora no vemos indicios muy claros de que esto sea así.

¿Cómo impacta la crisis de Volkswagen en estas previsiones de crecimiento?

Lo importante es ver cómo se digiere, porque es una crisis de confianza más que de otra cosa. Europa vende calidad y tecnología y ahora nos hemos visto sorprendidos por este efecto. Lo que Europa tiene que hacer es no perderse en disquisiciones y asegurar al mundo que aquí los controles se toman en serio y que si alguien ha infringido las normas, pagará por ello.

Hay muchos analistas que creen que el BCE podría impulsar su programa de compra de activos, el QE, ¿podría ser tan pronto como octubre?

Cualquiera sabe... sí que es verdad que esta es la conversación en las plazas financieras de Europa. En su reunión de septiembre el BCE explicó que está dispuesto, si es necesario, a ampliar el volumen de sus compras e incluso a posponer el cierre de sus operaciones. Hasta ahora, el anuncio es que seguirá comprando unos 60.000 millones al mes, al menos hasta septiembre de 2016, pero también ha mostrado su disposición tanto a aumentar esta cantidad como a posponer la fecha del final de las compras, pero no ha dicho que lo vaya a hacer. No sé si el BCE decidirá hacer este anuncio, lo que sí sé es que si las cifras se confirman en una dirección pesimista, que yo no lo espero, actuará.

José Manuel González-Páramo en su despacho del edificio BBVA

José Manuel González-Páramo en su despacho del edificio BBVA

Tal vez prefieran recopilar más datos sobre la evolución de la economía.

Así es, porque embarcarse en más inyecciones de liquidez es la parte fácil, no cuesta nada, es comprar un poco más, pero el BCE es responsable y sabe que tiene que justificar muy bien por qué lo hace. Además, en algún momento, esperemos que dentro de muchos meses, tendrá que empezar a retirar los estímulos. Esta es la parte más complicada y, si no, véase lo que pasa con la Reserva Federal.

En los años 2000, una de la parte de la crisis que se gestó estuvo provocada por los tipos de interés bajos. ¿Corre la Fed este mismo peligro?

Ese peligro siempre está ahí, la cuestión es si los tipos bajos están durando más de lo necesario. Uno puede defender fácilmente que los bancos centrales se han enfrentado a una crisis única en el siglo y que tiene sentido que hayan sido muy expansivos durante bastante tiempo. Dicho esto, es cierto que las economías del mundo tienen que acostumbrarse a tener un coste positivo por la financiación y esto no está ocurriendo ahora. Hay que entender la gravedad de la situación. Lo que hay que comprender es que no es gratis expandir el balance y que las políticas de salida pueden hacer descarrilar una recuperación.

¿Ha servido de algo inyectar tanto dinero y ampliar tanto los balances de los bancos centrales?

Yo creo que sí. Con perspectiva veremos cómo la crisis de la primera década de este siglo ha sido absolutamente extraordinaria y que, ante esto, la reacción de los bancos centrales debía ser también extraordinaria, y no sólo eso, sino coordinada también. Pero si para algo han servido es para alejarnos del riesgo de la deflación, que es de las peores situaciones en las que uno puede vivir. Un escenario en el que las deudas van aumentando de valor sólo porque los precios bajan y en la que se producen ciclos viciosos en los que la demanda cae ante la expectativa de menores precios y así se cierran empresas y se pierden empleos…. Esto se ha evitado gracias a las políticas de los bancos centrales.

España es uno de los países más beneficiados de las políticas del BCE, pero su presidente, Mario Draghi, sigue pidiendo más reformas. ¿Qué tiene que hacer España?

Esa llamada a la actuación de Draghi tiene justificación, ya que Europa tiene una tasa de crecimiento potencial muy baja, por la situación de la demografía, pero también por la falta de flexibilidad y por un ambiente que no es muy amigable a la innovación. Para vencer estos factores que nos llevan a un crecimiento bajo los países tienen que reaccionar, flexibilizar sus mercados y preguntarse por qué la innovación es más fácil (aparentemente) en EEUU o incluso en Asia.

En España, en mi opinión, hace falta una segunda vuelta a la reforma laboral. Hay un síntoma de que faltan cosas por hacer que es el porcentaje que supone la contratación temporal sobre la total, que sigue siendo muy alto y único en el mundo. Además, desempleo de larga duración, el paro estructural y el paro juvenil siguen siendo el doble que en el resto de Europa. Estos son indicadores que nos dicen que tenemos que hacer más cosas en el mercado laboral: políticas activas y pasivas más dirigidas a fomentar la búsqueda de empleos y generar incentivos a la contratación permanente que va en beneficio de todos.

¿El contrato único podría ser una solución a esa temporalidad?

La simplificación de contratos puede ser parte de la solución, pero no es la varita mágica. La pregunta que hay que hacerse es: ¿por qué un empresario normal, que tiene todo el incentivo a formar a sus trabajadores, opta por que se recicle cada seis meses el empleado y por lo tanto no invierta en él y sea menos productivo? Estamos en una situación subóptima para todos.

¿Hay más reformas por hacer?

Sí. Un segundo bloque de reformas tendría que ver con la competitividad de las empresas, en particular las de menor tamaño, que son las más numerosas. Nuestra pequeña empresa es demasiado pequeña y, cuando esto ocurre, en general se financia peor, no hace investigación y tiene más dificultad para exportar. En este sentido hay reformas que pueden ayudar, como revisar la legislación laboral y fiscal que generan desincentivos al crecimiento, ya sea porque entra la negociación colectiva o cambio de régimen, del simplificado al general. Estos saltos de escalón lo tienen muy en cuenta las empresas.

El tercer bloque de reformas entra el sector público. Seguimos teniendo un problema fiscal, con una factura impositiva que es muy contraria al empleo, porque la proporción de las cotizaciones sociales e impuestos indirectos está muy basada en las primeras y esto disuade la contratación. Se debería cambiar la factura fiscal con más impuestos indirectos y menos cotizaciones, lo que impulsaría empleo. También hay que dar con mecanismos que mejoren la eficiencia del gasto público. No se trata de reducir el tamaño del sector público, que en España no es mastodóntico en comparación con otros países europeos, sino de gastar mejor lo que tenemos.

Una de las grandes ventajas del euro era su fortaleza, pero este año estuvo muy cerca de romperse con la salida de uno de sus miembros, Grecia. ¿Cree que esto ha estigmatizado a la divisa común? Cualquier otro país podría dejar el euro en el futuro…

Nada es descartable, porque cada país es soberano. Yo creo que la crisis griega ofrece los elementos para entender que esto es muy inverosímil que vuelva a plantearse. Si algo hizo retroceder al Gobierno griego es percibir que su población estaba en contra de salir del euro. Uno no puede tomar a la ligera una decisión tan importante como abandonar la divisa.

Pero la crisis griega también ha sido una clara advertencia a que nos faltan cosas por hacer para fortalecer la Unión. Todavía tenemos una unión bancaria sin terminar, donde el Fondo Único de Resolución (FUR) no tiene una garantía pública en última instancia, no hemos avanzado lo que hace falta en un seguro de depósitos a nivel de la Unión… todo esto es algo que será discutido en los próximos meses, espero, en el marco de la cumbre de la Cumbre Europea de diciembre.

España perdió, tras su salida, su puesto en el Comité Ejecutivo del BCE, ¿qué ha supuesto esta pérdida?

España, como un gran país con historia y experiencia, es lógica su aspiración a estar donde se toman las grandes decisiones del euro. No me cabe duda de que esta será una intención en la que se perseverará, gobierne quien gobierne. No hay ningún derecho absoluto a estar ahí, es algo que hay que ganarse, pero España tiene todos los elementos para retornar a esta posición.

¿Cree que se están dando los pasos necesarios desde las altas instancias de la política para aupar a un candidato español?

España primero está poniendo su casa en orden, lo que es una buena credencial. Lo que está claro es que sobran buenos candidatos para ese puesto, pero hace falta que, en el momento oportuno, el Gobierno español decida quién es el que tiene más posibilidades. No me cabe duda de que si se elige el mejor de los candidatos posibles, el éxito es seguro.

¿Quién es el mejor candidato?

En cada momento hay uno. Creo que hay que entender esto al margen de sectarismos: tiene que ser propuesto aquel candidato que está en mejor disposición de tener éxito, independientemente de la ideología y también de género, porque el BCE está bastante necesitado de diversidad.

La política del BCE ha generado un contexto de tipos bajos que dejan a los bancos en una situación complicada. ¿Se enfrenta la banca a su particular travesía por el desierto?

Los bancos que están en disposición de diversificar su inversión, conseguir ganancias de eficiencia y de prescindir de partes de su negocio que no son centrales, sobrevivirán bien a este entorno de tipos bajos. Aquellos que no puedan conseguir la rentabilidad para pagar el coste de capital, se enfrentará a una situación muy difícil.

Uno de los problemas que tiene el sector financiero es el deterioro de su reputación, mucha gente le ve como el culpable de la crisis. ¿Qué pueden hacer las entidades para mejorar su reputación?

Eso es una realidad, tenga plena justificación o no. Lo que tienen que hacer los bancos es, primero, ser conscientes de que su negocio y su supervivencia depende de situar en el centro de su actividad a las personas. Los ciudadanos quieren transparencia y que si alguien les lleva a error, que pague por ello. Hay que ser consciente de que hace falta transparencia, claridad y responsabilidad, y este banco, el BBVA, es consciente como ninguno.