Patrimonio

El Ayuntamiento de Madrid da vía libre a OHL en Canalejas

El acuerdo con la constructora era el obstáculo que permitía retrasar las licencias pendientes a la espera de saber los daños.

(De izq. a dcha.) Rubio, Sobrini, Calvo, Meliá y Lamela.

(De izq. a dcha.) Rubio, Sobrini, Calvo, Meliá y Lamela.

“Que el proyecto siga adelante”. The show must go on. Francisco Meliá, director del plan por el que OHL quiere convertir siete edificios entre Canalejas y la madrileña calle de Alcalá en un hotel de lujo, un centro comercial y viviendas de alto standing, mostraba esta mañana con esta frase la confianza absoluta de la constructora en que tiene vía libre para seguir adelante con su plan. A su lado, el delegado del Área de Desarrollo Urbano Sostenible del Ayuntamiento de Madrid, José Manuel Calvo, le daba motivos sobrados para esa confianza y confirmaba que, una vez cerrado el acuerdo anunciado esta mañana -que limitará el impacto visual del edificio y entierra la idea de la estación subterránea de autobuses- no hay nada que puedan hacer para impedir dar las licencias que le faltan a OHL. “El Ayuntamiento cumple la normativa y está obligado a entregar las licencias si se cumplen los requisitos”, explicó Calvo.

Quien hubiese llegado a la rueda de prensa en una nave espacial de un planeta lejano sin conexión a Internet habría pensado que era un proyecto aupado entre todos los presentes por el bien de los madrileños. Sin sombras. La imagen de la cáscara dejada por la firma de Juan Miguel Villar Mir en una zona protegida en pleno centro de Madrid no había sido invitada a la convocatoria. Nadie en sus intervenciones iniciales hizo mención a la información desvelada por Rubén J. Lapetra en EL ESPAÑOL sobre la paralización de las obras por un juez, aunque después han reconocido a preguntas de la prensa que habían leído la información. Nadie mencionó el expediente abierto por el Ayuntamiento por posibles daños, hasta que fueron expresamente preguntados por ello, y nadie se refirió a las informaciones que apuntan a que a OHL se le ha podido ir la mano y quizás haya tocado las crujías de los edificios, uno de los últimos elementos que seguían protegidos como Bien de Interés Cultural (BIC) tras el cambio que ha permitido a la constructora dejar junto al kilómetro cero de Madrid “un enorme agujero” (la definición es de José Manuel Calvo).

Nadie quería estropear el momento del acuerdo, la foto, con maqueta del proyecto incluida, con la que se ha anunciado lo que Calvo ha definido como “la solución final del proyecto Canalejas, un acuerdo que satisface al conjunto de agentes”. A saber, el Ayuntamiento (presente), la constructora (presente), Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid (presente a través de su directora general, Paloma Sobrini), el estudio de arquitectos que ha diseñado la obra (presente a través del propio Carlos Lamela) y el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, representado por Carlos Rubio.

Dinero y alegría

Las cifras intentaron rellenar el hueco tras la fachada: 500 millones de euros de inversión total de OHL, 5.000 puestos de trabajo que promete se crearán en un país azotado por el desempleo, 40 millones que han asegurado que van a ingresar las arcas públicas (aunque luego no supieron desglosar qué parte es IBI, plusvalía, impuesto de construcción, tasas de ocupación de la vía durante las obras…), 47.000 metros cuadrados, 205 habitaciones hoteleras de lujo, una galería comercial de 15.000 metros cuadrados, estacionamiento para 400 automóviles, 20 viviendas de lujo. Y un último ingrediente como argamasa del conjunto: la alegría. Según Sobrini (Patrimonio), el proyecto es “bueno, amable, genera riqueza, alegría y buen ambiente en el centro de Madrid”.

Menos alegre se mostró Sobrini cuando se le preguntó por las crujías, uno de los elementos protegidos que la constructora puede haber dañado en contra de lo que indica la normativa de Patrimonio. Primero afirmó rotunda “las crujías están ahí”. Luego bajó el gesto para asegurar que lo sabía porque había visitado las obras. Luego dudó de si estaban intactas y finalmente elaboró un argumento sobre los diferentes puntos de vista que puede tener Patrimonio y la constructora sobre qué forma y qué no forma parte de las crujías. La conclusión de Sobrini: “Una buena arquitectura es la que desde fuera se puede leer”. Sin duda, eso es lo que le queda a Canalejas: lo de fuera. Y desde fuera se verá la separación de los edificios entre sí aunque eso sea real como un decorado, pero se habrá respetado en su opinión lo que decía la declaración de bien de interés cultural: “La individualidad de los edificios”.

OHL le agradece “el esfuerzo conjunto a las administraciones públicas que permite anunciar el acuerdo para obtener la última y definitiva fase de la licencia de obra”. El Ayuntamiento agradece “que la empresa haya pactado aunque con ello se reduzca su nivel de negocio”. El arquitecto Lamela agradece que en Madrid haya un nuevo hotel de lujo. Todos contentos.  

Al menos hasta que reciban la notificación de paralización de las obras instada el pasado viernes por el juez Arturo Hernández Presas con motivo de la demanda presentada por R&A Palace Gestión, la sociedad que inicialmente impulsó el desarrollo del complejo de Canalejas tras comprárselo al Banco Santander de Emilio Botín.