Elecciones Francia

Nadine Morano, la ‘estúpida’ incondicional de Sarkozy

Sus palabras ensalzando la “raza blanca” en plena precampaña han provocado que su otrora aliado y su partido le den la espalda.

La exministra de Sarkozy ha perdido su confianza y el respeto de su partido

La exministra de Sarkozy ha perdido su confianza y el respeto de su partido

Quien fuera ministra delegada de Trabajo de Nicolas Sarkozy hasta 2012 y principal aliada del expresidente durante veinticinco años se ve hoy excluida de sus funciones como cabeza de lista en el departamento de Meurthe-et-Moselle (al este del país) para las elecciones regionales del 6 y el 13 de diciembre. Nadine Morano paga caro haber hecho público su ideal de una Francia “de raza blanca”, un error estratégico que pone fin a un romance político repleto de intereses por parte de los dos miembros más conocidos de Les Republicains, la refundada Union por un Movimiento Popular (UMP) del expresidente galo.

La crisis entre Nicolas Sarkozy y Nadine Morano, todavía eurodiputada de la formación, coincidió con las bodas de plata de su idilio político. Veinticinco años han pasado desde sus primeros coqueteos con la política en las filas jóvenes de lo que un día fue el partido Rassemblement pour la République (RPR), desde 2002 fundido en el partido del expresidente. Un cuarto de siglo de absoluta devoción hacia el líder de la derecha francesa, no exenta de interés por parte de la eurodiputada de Les Republicains, que le ha costado en más de una ocasión el pseudónimo de “fan de Sarko”. Durante los últimos años, y rezando por que la vuelta a la política de su compañero significase la suya por la puerta grande, Nadine Morano ha vivido este mote, si no con orgullo, con una naturalidad propia de quien espera algo a cambio. “Los militantes dicen que soy una Sarko con falda. Y Carla [Bruni] también me lo dice: ‘eres como él, franca, cuadriculada, no vas de farol”, contaba con orgullo a Nouvel Observateur meses antes de la vaticinada ruptura.

Hija de un camionero y de una teleoperadora de una empresa de taxis, Morano nació y creció en 'Hautdul', Haut-du-Lièvre, el barrio más conflictivo de Nancy que hoy cuenta con algo más de 23.000 habitantes. Allí vivió veinticinco años, un hecho del que se enorgullece casi en todas sus apariciones públicas para enviar al espectador una imagen cercana al pueblo tras sus comunes resbalones mediáticos, comúnmente ligados a la delincuencia y a la inmigración.

Ya en diciembre de 2009, durante un debate sobre la identidad nacional en la región de Vosges, declaraba: “Lo que yo espero de un joven musulmán es que no hable jerga y no lleve la gorra al revés”. En febrero de 2012, durante una entrevista con Le Parisien, afirmaba sobre la presidenta del partido ecologista Les Verts: “El problema de Eva Joly no solo viene de su acento [noruego], también es algo físico”. Hace apenas dos meses, y como reacción a la propuesta de Bruno Julliard, adjunto a la alcaldesa socialista de París, de poner a disposición de los migrantes los edificios vacíos de la capital, Morano defendía en su página de Facebook: “París se vuelve sucio. Con todas las calles turísticas invadidas de mendigos, con colchones encima de las aceras. Una vergüenza para la imagen de Francia. No hay que requisar inmuebles vacíos, sino aviones Air France para expulsar a todos los carentes de derecho al asilo”.

Morano conocería a Nicolas Sarkozy en 1988, al integrar el RPR, acompañándole desde entonces en todas las andanzas a las que el expresidente se ha lanzado a lo largo de su carrera política. Consejera regional, secretaria nacional, delegada general... Su omnipresencia a la derecha del expresidente terminaría dando sus frutos. Lejos queda hoy aquella mañana de 2010 en que, por temor a su temperamento, amiguismo o simple meritocracia, el antiguo inquilino del Elíseo la nombró ministra delegada de Trabajo, puesto que Nadine ejerció hasta que la llama sarkozista se agotó en las elecciones de 2012.

Ya por aquel entonces, y en un intento desesperado por sumar votos en la segunda vuelta de la elección presidencial, Morano hizo un llamamiento público a los votantes del Frente Nacional, con los que -dijo- “compartía los mismos valores”, cruzando los dedos para que el fin terminase justificando los medios. Sin embargo, la derrota de su aliado obligaría a la exministra a justificar esa adhesión indirecta a las premisas más polémicas del partido de Le Pen. Contra las cuerdas por haber movido una ficha arriesgada y acusada de haberse acercado demasiado a la derecha de la derecha, Morano afirmaría en una entrevista para France 5: “Hacerme pasar por una racista, cuando tengo amigos que son árabes, como mi mejor amiga que es de Chad, luego más negra que un árabe, me parece chocante”.

Morano piensa en voz alta, articula y mastica cada una de las sílabas que pronuncia. Viste trajes negros o, en su defecto, colores sobrios y guarda siempre un gesto rígido. Cuando los presentadores de las emisiones a las que asiste como invitada recuerdan su carrera política, tiende a sonreír sin enseñar los dientes, como quien escucha un discurso de agradecimiento. Minutos después, su voz invade el debate. Y no suele volver sobre sus pasos.

Una Francia “de raza blanca”

Entrevistado por EL ESPAÑOL, Sebastian Huygue, portavoz de Les Républicains, hace un esfuerzo sobrehumano, con largos silencios, para citar una sola virtud de Nadine Morano: “Es una mujer combativa, que defiende sus convicciones hasta el último momento”. Acompañado de la explicación posterior, el cumplido pierde fuerza. “El problema es que le cuesta dar marcha atrás y lleva al límite el error y la estupidez de sus palabras”. Cuando insisto en la existencia de otras virtudes de su todavía eurodiputada, instándole una vez más a subrayarlas, guarda silencio. Después ríe. “Oiga, ¿qué quiere que le diga? Me ha pedido que le hable de sus cualidades, eso es todo cuanto puedo decir. Es combativa, precisamente en contrapartida de sus defectos”.

No, efectivamente Madame Morano no se arrepiente del discurso racial que protagonizó el 25 de septiembre en un programa de debate de la televisión francesa, una realidad que conviene de igual modo a sus compañeros de formación como al partido de Le Pen. Es más, tanto el ala Marinista como la todavía existente corriente de apoyo a su padre Jean Marie han hallado en el revuelo mediático causado por Morano un nuevo campo de batalla, más externo que el familiar al que nos tienen acostumbrados, en el que reiterar sus diferencias.

Interrogada en France 2 por su posición cara a la inmigración, la exministra defiende: “Para preservar la cohesión nacional, es preciso guardar un equilibrio en el país. Es decir, reservar esa mayoría cultural. Somos un país judeo-cristiano, el general De Gaulle ya lo defendía, de raza blanca, que acoge a personas extranjeras. Quiero que Francia siga siendo Francia. No quiero vivir en una Francia musulmana”.

Si bien es cierto que el partido de Sarkozy carga en Francia con una imagen de formación en guerra interna, en esta ocasión sus miembros han condenado al unísono la postura de su eurodiputada.

Indignación, petición inmediata de su cese en Change.com... Nadine no entiende en qué momento de la historia de su partido citar a Charles de Gaulle es sinónimo de polémica. Ante los cronistas de la emisión, ella es la primera sorprendida del abucheo del público. Y la reacción en el interior de su partido no se hace esperar. Compañeros de andanza política, representantes municipales... Todos hablan de Nadine.

Nadine 2.0

Pero si alguien parece dispuesto a servirse del trampolín Morano para proclamar una unidad inexistente y deshacerse de su incómoda incondicional, ese es Nicolas Sarkozy. Sus movimientos, eso sí, se mantienen suaves y meticulosamente medidos. El antiguo inquilino del Elíseo y candidato a volver a serlo envió en varias ocasiones a su hombre de confianza, Brice Hortefeux, a intentar calmar a la incalmable. Desde que su última conversación telefónica con Morano fuese filtrada por ella misma a la prensa, Sarkozy no se fía. “No hace falta que rectifiques, basta con que suavices tus declaraciones”. Tal fue la propuesta de Hortefeux que la propia exministra rechazó y chivaría a los medios ipso facto. Y es que Morano, que tras la derrota de 2012 encabezó la Asociación de Amigos de Nicolas Sarkozy, ya no bebe los mares por el expresidente desde que éste le hiciese partícipe de su intención de convertirla, en caso de llegar al poder en 2017, en su... Secretaria Nacional de la Formación Profesional y el Aprendizaje. Un puesto que ya ocupó hace doce años, y que significaría doblegarla a las órdenes de Nathalie Kosciusko-Morizet, nueva vicepresidenta con la que Morano mantiene una pésima relación.

Lo cierto es que los resbalones mediáticos de Morano se han ido acumulando hasta convertir a la aliada de Sarkozy en una molestia para el partido. Sonada fue la broma del humorista Gérald Dahan que, imitando tras la derrota electoral de 2012 la voz de Louis Aliot, vicepresidente del Frente Nacional y marido de Le Pen, llevaría a Morano a una trampa radiofónica, y con ella, a un nuevo cataclismo mediático. “Creo que Marine Le Pen tiene mucho talento”, aseguraba al teléfono la exministra de Sarkozy. “Y tenemos intereses comunes. La derecha y la izquierda no es lo mismo... Van a meternos [los socialistas] el voto de los extranjeros. ¿Se da usted cuenta? ¡No tengo ganas de que mi país se convierta en el Líbano!”

En el caso raza blanca y desoyendo la voz de quien un día fue su líder, la exministra, en un ejercicio de sinceridad o de política kamikaze, reiteraba su opinión en directo, en Europe 1.

Una mujer "combativa"

Pero Sarkozy no quería torear más. Aun sabiendo que el riesgo de agitar a una exaliada podía resultar fatal, el divorcio político era ya inevitable. Para el expresidente, mantener a quien fue su mano derecha lejos de los micrófonos y de sus 140 caracteres es hoy sinónimo de llegar limpio a las elecciones regionales que tienen lugar en diciembre, de ahí la firmeza con que el partido ha respondido, de manera casi unánime, a la ofensa de este último episodio. No fue tal la reacción cuando, en junio de este mismo año y en plena crisis migratoria, un Sarkozy vanagloriado entre carcajadas y aplausos comparaba la llegada de los migrantes a Francia como “una fuga de agua en la cocina”.

Juzgada por la misma Comisión Electoral que ella misma dirigió en el pasado, Nadine Morano veía el 7 de octubre sancionado su comportamiento con la retirada de su candidatura a la elección regional en Meurthe-et-Moselle, un nuevo misil en la guerra interna del partido que dificultará su presencia en las primarias de Les Republicains. “Prefiero una crisis pasajera, y poder invertir en el futuro”, aseguraba Nicolas Sarkozy este miércoles tras la exclusión de quien fuera su ministra hasta 2012.

“Después de lo que ha sucedido, dudo muchísimo que Nadine Morano obtenga el apoyo de algún parlamentario”, confiesa para EL ESPAÑOL el portavoz de su partido. Y es que para que un miembro de la formación aspire a presentarse a las elecciones primarias, que tendrán lugar en noviembre de 2016, es necesario obtener el apoyo de 20 parlamentarios, lograr 250 firmas de representantes del partido (regionales, municipales...) y 2.500 firmas de adherentes.

La caza de brujas

Así define lo acontecido Karim Ouchik, presidente del SIEL (partido aliado del Frente Nacional) y Consejero de Marine Le Pen de la Cultura y la Francofonía. Tal ha sido el hermetismo del partido de Sarkozy ante lo que en la prensa francesa denomina “el caso Morano”, que la exministra se ha visto obligada a encontrar su apoyo en la derecha de la derecha.

El discurso al que hace referencia la exministra no es otro que el pronunciado por Charles de Gaulle el 5 de marzo 1959: “Está muy bien que haya franceses amarillos, franceses negros, franceses morenos. Eso muestra que Francia es un país abierto a todas las razas que tiene vocación a ser universal. A condición de que se trate de una minoría. Si no, Francia ya no sería Francia. Somos ante todo un pueblo europeo de raza blanca, de cultura greco-latina y de religión cristiana”.

¿Qué hay de negativo en citar a quien fue presidente de la República? Se preguntan los escasos apoyos de Morano. “Marine Le Pen se ha mostrado muy discreta con respecto a este tema, pero personalmente asumo que Nadine puede contar con mi apoyo incondicional. Francia es desde un punto de vista histórico un país de raza blanca, sin que esto signifique que las razas se jerarquicen, o que haya unas mejores que otras. Es como decir que Senegal es un país de raza negra”, declara para EL ESPAÑOL Ouchick. Cuando le recuerdo que Morano ha sellado su frase mostrando su rechazo a una Francia musulmana, este aliado de la extrema derecha guarda silencio. Después retoma su defensa. “Nadine Morano aborda dos problemas diferentes. Por un lado está la evidencia sobre la raza blanca. Por otro, la inquietante expansión del islam. Porque no son seres abstractos [los musulmanes], son portadores de un modo de vida, de unas costumbres y de una forma de vestirse que no están en concordancia con las francesas. Y esto produce en los ciudadanos una ansiedad sobre la seguridad de nuestra cultura”.

Que empiece el baile

El terreno era movedizo para el expresidente. ¿Cómo castigar un discurso que pone en entredicho la imagen del partido a puertas de las elecciones regionales sin despreciar a los electores que se ven representados en las palabras de Morano? El juego de malabares no era sencillo. Once días han hecho falta para alejar a la indomable Morano de su puesto como cabeza de lista de Meurthe-et-Moselle. Pero, ¿tenía Sarkozy otra alternativa? Gaspard Estrada, analista político e investigador en campañas electorales en Europa y América Latina, reconoce para EL ESPAÑOL la ardua tarea de Nicolas Sarkozy frente a su exaliada. “Se trata de un antiguo jefe de Estado, que además aspira a volver a serlo. Desde ese punto de vista, y ante la imagen que los medios y las redes sociales han enviado de las palabras de Nadine Morano, no tenía otra elección”.

Pero en cuestiones políticas, ningún movimiento es en vano. Tal y como subraya Estrada, Nicolas Sarkozy es consciente de que los últimos sondeos sobre las primarias de 2016 sitúan a Alain Juppé, del ala centrista del partido, como favorito a representar a Los Republicanos en la carrera hacia el Elíseo. Por ello ha renegado del “huracán Morano”, para no encasillar su imagen en una derecha sin concesiones.

Un movimiento estratégico que también encontramos en la firmeza con la que Nadine Morano se ha negado hasta el último instante a firmar una carta de disculpa por lo acontecido. Y es que en Meurthe-et-Moselle, el Frente Nacional registró en sus últimas regionales celebradas en 2010 nada menos que el 15,64% de los votos, por detrás del 31,06% de la lista en la que participaba la formación de Morano. Así explica Gaspard Estrada el coqueteo de la exministra con una derecha sin complejos: “Ha intentado en el plano regional acercarse a los electores del Frente Nacional, aunque ello significase descuidar en el plano nacional a sus votantes tradicionales”.

Pero, si los principios que la exministra ha mantenido durante once días no concuerdan, como bien me confirma el portavoz de Les Republicains, con la formación política, ¿por qué excluir su candidatura de las regionales y dejar que Morano continúe en el partido, además, como eurodiputada? “No somos un partido estalinista”, asegura. “No vamos por ahí cortando cabezas”.

Para Gaspard Estrada la exclusión de Morano sólo en las regionales confirma que se trata de un falso órdago una conclusión simple, que explica la ausencia de apoyo mediático hacia Nadine Morano: “No prioridad del partido de Sarkozy posicionarse a favor de ella. Todavía no. Hoy, lo esencial es preservar una imagen centrista, mostrarse unidos cara a las regionales de diciembre”. Eso sí, mantener a la Republicana rebelde cerca podrá ser interesante a medida que la carrera a las primarias vaya concretándose. Y es que hubo un tiempo en que la franqueza de Morano era un punto más que positivo en su carrera política, encarnando a una Francia rural, de dialéctica directa, independientemente del fondo de su discurso. “Hasta que éste entró en contradicción con la estrategia de su mentor”, subraya Estrada. Ahí, Nadine la incondicional pasó a convertirse en una incómoda piedra en el zapato sarkozysta.

“En el futuro los apoyos evolucionarán y los candidatos que quieran debilitar a Sarkozy no dudarán en mostrarse favorables a las posturas de Morano, no para hacerla ganar, sino para hacer perder al expresidente”, opina.

En cuanto a Morano, días antes de conocer su exclusión, no escatimaba en alevosía: “Sarkozy, ni siquiera merece la pena que sueñe con presentarse a la presidencial. Acabaré con él”.